José Ignacio Torreblanca

Más democracia

Por: | 15 de abril de 2013

  Promesas politicasSi algo ha aprendido la ciudadanía en esta crisis es que el mayor problema de la democracia no reside necesariamente en aquello por lo que tantos lucharon históricamente, es decir, por poder elegir a sus gobernantes, sino en poder controlarlos, tanto de forma prospectiva, para que hagan aquello para lo que fueron elegidos, como de forma retrospectiva, para sancionarles por hacer aquello que no deberían haber hecho.

Traigo por eso a los lectores de Café Steiner un libro, “Las promesas políticas” de José María Maravall (Madrid: Galaxia Gutenberg 2013).  La preocupación central del libro es la calidad de la democracia, . Una democracia que no cumple con sus ciudadanos se deslegitimará; de ahí la relevancia de su primer capítulo, dedicado a las promesas políticas.

“Más” democracia no significa votar más veces. Organizar unas elecciones es sumamente sencillo. De hecho, España es una de las democracias que antes y de forma más transparente ofrece los resultados electorales. Pero controlar a los políticos para que cumplan aquellas promesas que les llevaron al poder: ese es el meollo de la cuestión. Ello requiere lograr una ciudadanía bien informada sobre lo que hacen sus políticos, lo que implica, además de medios de comunicación críticos, unas instituciones plurales e independientes, no sólo medio. También es imprescindible, señala Maravall, que exista la alternancia y el riesgo de ser desalojado del poder, que el poder, en definitiva, esté dividido

Otra cuestión importante tiene que ver con los sistemas electorales. Los proporcionales, suele creerse, son más justos que los mayoritarios, pues representan “mejor” a la ciudadanía. Pero Maravall introduce un consideración importante que viene, además avalada, por la evidencia empírica: los sistemas proporcionales, especialmente aquellos que terminan promoviendo gobiernos de coalición, acaban blindando a los políticos, pues no permiten castigar eficazmente a los partidos que una vez en el gobierno se desempeñan mal. Y, por último, señala Maravall, la democracia interna en los partidos no sólo es demandable por razones normativas, sino que, como demuestran los datos, mejora la posibilidades de victoria de los partidos.

Los otros dos capítulos tratan sobre hasta qué punto los partidos de derechas e izquierdas son iguales (es necesario que sean distintos para que votar sea sinónimo de elegir); si la igualdad importa o aumenta o se reduce dependiendo de quien gobierna (con un análisis en profundidad de la evolución de la socialdemocracia) y, para concluir, una interesantísima reflexión sobre hasta qué punto la política europea vacía o no las democracias nacionales en tanto en cuanto elimina la posibilidad de elegir políticas o cambiar de políticos. Más democracia requiere no sólo votar, sino elegir, en casa y en Europa.

Estamos ante un libro extraordinario en cuanto a su capacidad de transmitir de forma sumamente sencilla y pedagógica una serie de mensajes de enorme importancia y relevancia sobre lo que le está ocurriendo a nuestras democracias. Lo hace, en la mejor tradición anglosajona, apoyado en una impresionante cascada de datos pero sin descuidar un ápice una cuidadísima redacción. Y, mejor aún, combina el análisis técnico, la descripción de la realidad ( el “ser”, riguroso en el uso de fuente y datos, con una preocupación normativa de fondo (el “deber ser”) que recorre toda la obra señalando aquí y allá a todos aquellos que, obviando los datos, se empeñan en construir estereotipos.

“Las promesas políticas” es pues una obra imprescindible para cualquier ciudadano preocupado por la democracia, los partidos, el poder de los mercados, las instituciones, las ideologías o la igualdad, pero sobre todo, por cómo lograr que los políticos sirvan a los ciudadanos que les eligieron.

Hay 6 Comentarios

@leila,

Correcto. Así es. En el fondo, no es más que una necesaria coherencia interna. Pongámoslo en un ejemplo sencillo: Una tribu (imaginemos), normalmente tiene los roles claramente establecidos; los mejores hombres a la caza, aquellos demasiado mayores suelen quedar para enseñar y perpetuar saberes necesarios, etc.Esta especialización de tareas, o mejor dicho, el deber de realizarlas lomejor posible, no excluia necesariamente a los miembros de la tribu de las decisiones importantes. Pues, en el caso de la toma de decisiones suele haber un jefe, pero también se suele (en decisiones importantes o complicadas) tomar en cuenta en asamblea la opinión de los más mayores, sea como consejo o como voto decisivo.
En cualquier caso, rara vez en las tribus los participantes son ajenos a las decisiones, toman parte de ellas. Por necesidad, y por responsabilidad colectiva. Un principio no muy distinto del que guiaba a las polis griegas en su autogobierno. Es decir, todo aquel que se quisiera (o pudiera) calificar de ciudadano, tenia , por fuerza mayor, la responsabilidad de participar activamente en la vida politica de su ciudad.

Hoy día, lo vemos. Pese a que el Estado/ Nación es hoy día una entidad mayor que las de nuestros antepasados, lo mismo sigue siendo vigente. Si no participamos, vigilamos, reprobamos, o aportamos a la colectividad en su actividad politica, poco podemos reprochar a la misma.
Creer que la democracia se cuida sola, no nos hace mejor que meros súbditos. Hay que aprender y reconocer sus principios, y aplicarlos como si también formaran parte de nuestra vida cotidiana, transformandolos en valores. De lo contrario, lo que llamamos democracia se puede tornar en una cáscara hueca, arrastrada por el viento, y dejarnos frente a la intemperie sin previo aviso.

muchas veces interpretamos mal a la democracia y a las elecciones, creemos que con solo votar estamos cumpliendo, lamentablemente hoy en dia muchas personas ya ni eso hacemos, no valoramos el esfuerzo que desde hace años muchas personas hicieron para que Mexico fuera un país "democrático" por lo que nuestro deber es saber elegir bien a las personas que nos representaran, investigarla bien y estar convencidos de que esa persona llenara con las expectativas que tenemos para nuestro país, una vez que haya sido la elección, lo que deberíamos hacer es estar al pendiente de todos los asuntos del gobierno, interesarnos mas en el y no dejándonos llevar por las apariencias, pero nunca hacemos nada de eso; esta actitud viene de muchos años atrás y poco a poco va acabando con nuestra llamada democracia

Cuando los que manden no sean corruptos y no esten controlados por intereses superiores, entonces puede que haya democracia

más democracia ? de donde ? :))
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El mal no radica en el concepto democrático, ni en la definición del mismo, que se entienden con claridad meridiana.
El mal radica en el mal uso que se hace en general de los conceptos comúnmente aceptados y admitidos como buenos.
El fallo social nos viene por no respetar aquello que decimos ser y defendemos.
Defendemos la teoría.
Pero nuestra posición interesada y mercantil, piensa en lo inmediato, prefiere el pájaro en mano antes que mantener el cumplimiento de lo acordado como bueno.
El tabaco mata, el fumar perjudica gravemente la salud, es aceptado por todo el mundo.
Lo dicen las cajetillas de tabaco en letras grandes, y resulta que es verdad, dado la cantidad tan enorme de personas afectadas y sufrientes de enfermedades graves de corazón, pulmón, cáncer etc.
Con gran gasto al erario público en tratamientos y curas.
Y se vende el tabaco en todas partes porque genera con su venta puestos de trabajo, y con el consumo se pagan impuestos.
O sea.
Se dicta la norma, se desaconseja el uso, y luego se favorece el consumo y la venta.
Una actitud incongruente e incomprensible se mire por donde se mire.
Esa es la óptica con la que hemos de examinar nuestro comportamiento social en general.
Se acata una norma establecida como buena, y nuestra mala gestión nos empuja a hacer justo lo contrario para salir a flote a costa del sufrimiento indiscriminado.
Así somos.
Dios no escribe con renglones torcidos.
Los retorcidos somos las personas en el pleno ejercicio de nuestra libertad, que no estamos a la altura de las circunstancias ni lo hemos estado nunca.
Decimos que el tabaco mata, y luego lo ponemos a la venta por la necesidad de cobrar impuestos.
En lugar de pensar en alternativas de progreso limpias y saludables, le damos al vicio y de paso hacemos caja justificando la necesidad.
Se entiende claramente el porque de esta crisis, pero es que después de esta vendrá otra y luego otra.
No lo sabemos hacer de otra forma, ni parece ser que se quiera hacer.
Es nuestra condición humana.
Y parece triste reconocerlo.

EL MINISTRO DE ECONOMÍA, LUIS DE GUINDOS, TAMBIÉN VENDIÓ ‘PREFERENTES’: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2013/04/el-ministro-de-economia-luis-de-guindos.html

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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