José Ignacio Torreblanca

27 estrategias de seguridad resultan poco estratégicas

Por: | 01 de mayo de 2013

EstrategiaHay lecturas que serían un delicia si no fuera por la cortedad de miras y estulticia que revelan. Es el caso del trabajo “Europe’s Strategic Cacophony” (“La cacofonía estratégica de Europa”) de mis colegas en el European Council on Foreign Relations, Olivier de France y Nick Witney. No es una novela, pero se lee como un drama.

Y eso que la materia es ardua y más bien tirando a espesa. Porque, quién sería tan masoquista como para leerse las 27 estrategias de seguridad nacional de los 27 Estados miembros de la UE.

Sí, esos mismos Estados que en el Tratado de Lisboa (2009) nos dijeron que estaban “RESUELTOS a desarrollar una política exterior y de seguridad común que incluya la definición progresiva de una política de defensa común que podría conducir a una defensa común [..] reforzando así la identidad y la independencia europeas con el fin de fomentar la paz, la seguridad y el progreso en Europa y en el mundo, tener una política exterior y de seguridad común”.  

Pues resulta que esos mismos 27 Estados miembros, pese a ser conscientes de que el peso relativo de Europa en el mundo está en declive, lo que exigiría una mayor coordinación; pese a ser consientes que gastan demasiado poco en defensa y que, además, gastan mal, lo que también exigiría una mayor coordinación; y pese a estar atravesando una severísima crisis económica que pide a gritos una racionalización del gasto en defensa, no han dedicado el más mínimo tiempo en los últimos años a sentarse a pensar de qué manera pueden armonizarse y complementarse sus estrategias de seguridad nacional.

 

En su demoledor análisis, de France y Witney nos dejan con cinco tipos de Estados. Primero, los “estrategas”, es decir, la gente que se toma en serio el planeamiento, no sólo como ejercicio intelectual sino como una guía para la acción. En un mundo ideal, todos deberían ser así: planificas para la acción, lo que supone que tus compras de armamento, programas de entrenamiento y doctrinas militares encajan perfectamente con tu visión del mundo y los desafíos que enfrentas.

Son, previsiblemente, Francia y el Reino Unido, pero también Finlandia, Suecia y la República Checa, lo que demuestra que el tamaño no es un problema: cualquier que se lo proponga puede pensar estratégicamente y ser coherente con el resultado de sus conclusiones.

A continuación, en segundo lugar, tenemos a los “globalistas”. Son aquellos que parecen disfrutar analizando lo complejo que es el mundo, lo multi-dimensional que son los riesgos y lo importante que son los valores y principios. Sin embargo, da la impresión de que el esfuerzo intelectual, o bien llega al agotamiento o bien está totalmente desconectado de la ejecución y el planeamiento. El pensamiento va por un lado, la acción por el otro. Son los Países Bajos, España, Alemania, Hungría y Eslovenia.

Les siguen, en tercer lugar, los “localistas”. En lugar de grandes visiones sobre el mundo y la seguridad, estos países se preocupan de lo clásico: la defensa de su territorio, y no prestan mucha atención a nada más. Son Bulgaria, Dinamarca, Polonia, Rumanía y los Bálticos. En una especia de “que piensen ellos”, confían sus doctrinas y visiones a la OTAN, a la que siguen mansamente sin hacer muchas preguntas.

En cuarto lugar tenemos a los “abstencionistas”, países que por vocación o por dejadez se dejan llevar y no prestan mucha atención a los temas de seguridad. Ahí destacan Bélgica, Luxemburgo y Portugal, pero también Austria y Malta que, para su felicidad, ni siquiera se molestan en tener ministerios dedicados monotemáticamente a la defensa. En una categoría aparte dentro de ese grupo destacan Italia y Grecia: Italia porque desde 2002 no se ha molestado en actualizar su estrategia de seguridad y Grecia porque sus documentos de estrategia se remontan al siglo pasado (“para qué”, deben preguntarse, “si el enemigo es el mismo”).

El documento contiene una serie de propuestas para superar esta situación. Es evidente, con todo, que el déficit de la voluntad es el más importante. Los 27 podrían coordinarse mejor, pero para ello tendrían que pensar que tienen algún desafío de seguridad en común que les une. Que hasta ahora no se hayan tomado en serio esta cuestión no deja de resultar un escándalo de primera magnitud.

Hay 7 Comentarios

¡Muy buenas a todos!

Nick Witney es uno de los observadores más agudos y preclaros a la hora de hablar de Defensa. Y aunque no he tenido tiempo de hincarle el diente al documento, sí quería entrar, si me lo permiten, al debate.

Y es que debo admitir que me sorprende la posición que parece se mantiene en el artículo (y digo parece porque, de nuevo, aún no lo he leído), aquella de que la solución a los problemas de la UE en lo relativo a la Política Común de Seguridad y Defensa se arreglarían con una mayor convergencia de las Políticas de Defensa nacionales en breve plazo.

Y es que tras estudiar el tema se me ocurren muchos, muchos matices a este planteamiento.

En primer lugar, la política de Defensa ha servido y sirve (hasta extremos que pueden ser considerados espurios - pero este particular deberemos dejarlo para otra ocasión) como una política de empleo de la que dependen muchos puestos de trabajo. Fusionar por tanto la política de Defensa implicaría hacerlo con las industrias e implicaría unos ERE de aúpa (me vienen a la cabeza las fábricas de Trubia en Oviedo y de Málaga), no excesivamente bienvenidos en estos tiempos (de ahí la fuerte oposición de varios estados - entre ellos España - a la implementación de una Directiva 2009 de apertura del mercado de la defensa).

En segundo lugar, si bien Witney y France hablan de cuán costoso resulta mantener 27 diferentes ejércitos y 27 diferentes industrias (el paradigmático ejemplo de este descalabro es la existencia de cinco tipos diferentes de aviones cazabombarderos, 12 tipos de carros de combate, siete tipos de helicópteros en toda la UE) tengo para mí que no se debe hacer esta afirmación sin el refinamiento del punto anterior: que son defensas ineficientes sólo si se miran desde la perspectiva de la Unión pero que, en realidad, el interés nacional en este particular es mucho más complejo e incluye desarrollos tecnológicos nacionales, empleos generados en el propio país y la defensa ante riesgos y amenazas propios que la UE puede cubrir o no cubrir (p. ej., Ceuta, Melilla y Gibraltar para nosotros). Desde esa óptica, la eficiencia de la defensa aumenta ligeramente.

En tercer lugar, y a pesar de que todos más o menos sabemos en qué nuevo mundo estamos y qué riesgos se presentan (p. ej., escasísimas posibilidades de un conflicto entre estados, naturaleza transnacional e híbrida de las nuevas amenazas, etc.), lo cierto es que hay particularidades entre Estados que impiden una total convergencia estratégica. Por ejemplo, España y Francia no podrían ponerse de acuerdo en cómo tratar una crisis con Marruecos, además de que Ceuta, Melilla y nuestras plazas de soberanía tienen que ser defendidas: me imagino ya al candidato de la oposición en cualquiera de esas dos ciudades diciendo que cómo es posible que el partido en el gobierno ceda la protección y la seguridad de esa comunidad política a tecnócratas de Bruselas. Elecciones ganadas fijo. Por ejemplo, Suecia y Finlandia no desean deshacerse de capacidades convencionales de combate en el hipotético caso - no tan descabellado, al menos si uno debe ser un líder político responsable y cauteloso - de que Rusia plantee reclamaciones territoriales o adopte un tono beligerante. Y Suecia y Finlandia se preguntarían de qué lado estaría Alemania si los escarceos comenzasen. Por ejemplo, Gran Bretaña y Francia, por un lado, y Alemania, por otro, tienen opiniones muy distintas al respecto de cuándo emplear la fuerza en el extranjero, como ocurrió en 2011 en Libia y como está ocurriendo ahora en Siria.

En suma, que los 27 estados, por tanto, tienen diferentes necesidades de defensa. Y al ser éstas básicas, "irrenunciables, inalienables, intransferibles", núcleo de la razón de ser del Estado, sólo en un lejanísimo escenario en que todas las percepciones y las necesidades de Defensa sean prácticamente idénticas se puede concebir una verdadera PCSD.

En cuarto lugar, y si se forzarse de alguna u otra manera la creación de una PCSD hoy en día y sin la existencia de una clarísima amenaza común (p.ej., la URSS), dicha política común podría saltar por los aires en casi cualquiera de los conflictos que estamos viviendo: ¿actuamos en Siria? ¿Que harían los políticos alemanes ante una decisión común de la UE de intervenir en dicho país cuando su electorado se opone en gran medida al envío de tropas al exterior? En un caso tal que éste me encantaría, de nuevo, estar en la oposición y tener elecciones en breve plazo.

Finalmente, de los problemas anteriores surge una corriente en el debate a nivel europeo que dice algo así como que "miren, señores, a corto plazo es imposible ponerse de acuerdo en todos estos problemas geopolíticos. Y quizás merezca la pena que nos vayamos agrupando entre nosotros, entre aquellos estados con similares visiones estratégicas y formemos "islas de cooperación" - à la Francia y Gran Bretaña por su tratado de 2010, à la Visegrado 4, a la NORDEFCO -". Porque quizá, en este área, un salto hacia adelante se parezca demasiado a un salto de fé.

Muchísimo se puede hacer converger en la defensa de los 27. Pero no soy de la opinión de que el grado sea ya absoluto.

El declive de la UE es innegable, ningún país, o mejor dicho ninguno de los actuales gobiernos de los 27 países se atreven ya a negarlo. El problema surge a la hora de decidir cómo afrontar dicho declive, pues mientras unos son partidarios de asumir que ha llegado el momento de otras sociedades y que hay que aceptar dicho declive y resignarse a perder poder mundial, otros son partidarios de adoptar medidas para invertir lo antes posible dicho declive. Pasa lo mismo en economía.
Lógicamente, hay un déficit de voluntad, no hay lo que militarmente se conoce como acción de conjunto, todo lo ocurrido en Afganistán, o muchas cosas que ocurren dentro de los territorios de algunos Estados miembros lo confirman. Hay déficit de voluntad porque amenazas y riesgos, aliados e intereses no son los mismos para los gobiernos de los 27 Estados miembros de la UE.
Los estrategas quieren y pueden, sus economías y sociedades se lo permiten. Los globalitas quieren pero no pueden, su análisis carece del suficiente respaldo económico y social en sus respectivos países. Tener unas Fuerzas Armadas con un alto nivel de operatividad es muy caro. Justificar ante la sociedad un alto gasto en defensa es muy difícil sino hay una razón que justifique el paso del planeamiento a la acción no teórica sino real. Me gusta la posición adoptada por los países definidos como localistas, pues conocedores de sus posibilidades, son realistas y consecuentes con sus alianzas.


Que existan países localistas o abstencionistas no resulta tan raro, son países pequeños que en caso de tener que aplicar políticas de defensa dependen mucho de sus aliados, son países pequeños que por mucho que dedicaran a la defensa siempre van a estar en minoría frente a los que "podrían ser sus enemigos".
Considero más preocupante los globalistas... dar vueltas y vueltas y vueltas para nada.

En serio Austria no tiene ni ministerio único de defensa? Qué cachondos¡¡¡ Entiendo a los globalistas ensimismados con la evolución del mundo, a mí me pasa también y por eso no me planteo dirigir la acción exterior de ningú país. Un poco de decisión por favor¡¡¡ Y si hay algún EEMM hippy pacifista camuflado que lo diga y lo discutimos oye. Coordinar y RACIONALIZAR el gasto europeo en defensa no podría ir en contra de los intereses de las respectivas industrias nacionales (y de unas más que de otras)? Es ese el problema?

¿Cual es el coste de ser incompetente para cualquier aparatchik europeo?. Nada de nada. Nadie le pedirá cuentas, pasará desapercibido, seguirá su carrera y cobrará sus pensiones. No tienen ningún incentivo, ni positivo ni negativo, y eso se extiende a todos los ámbitos, no solo a la defensa.
Chamberlain murió de cáncer a poco de comenzar la guerra que su incompetencia hizo posible, tal vez por el peso de su conciencia. ¿Alguien piensa que Barroso, Rompuy, Ashton sufren, al menos, de acidez?.

El mismo problema hay en España con las comunidades autónomas para cualquier sector de actividad pública. Lejos de coordinarse buscan cada una de ellas destacar siendo la más mejor del mundo mundial. Y se disipan esfuerzos, claro, en vez de hacer, por ejemplo, un único centro de investigación de cada materia y repartirlos por la geografía nacional, gastamos el dinero en tener 17 centros de cada materia.
Y además exigimos que lo paguen los alemanes, claro, porque nosotros tenemos derecho a todo.

Que Europa era una quimera montada para satisfacer intereses económicos poco claros, queda aquí bastante claro. Se empieza la casa por el tejado cuando la cohesión, la adhseión y la membrecía se define casi exclusivamente de forma económica. Pero seguimos sin sabar cómo se define una seguridad médica europea o cúal es la identidad europea y sus valores, o la noción europea de persona, de solidaridad o de seguridad etc, etc,. Europa parece una representación teatral con orquesta en el foso y tres apuntadores que confunde, entretiene y poco más. Muy cara para lo que ofrece.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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