José Ignacio Torreblanca

Tres desafíos para una Europa dividida

Por: | 30 de mayo de 2013

Brainstorming
Segunda entrada del paso de Café Steiner por una Bruselas inusualmente soleada. Por una vez, la tormenta fue de ideas, aunque para cumplir con la tradición acabó lloviendo a cántaros. Reunión de expertos de  un buen número de países de la UE en el European Policy Centre para hablar de los desafíos de Europa y sus posibles futuros. Muy presente en todas las discusiones las amenazas que sufre el orden económico, político y social europeo.

Sólo enumerarlas y jerarquizarlas ya produce preocupación. La paz social es sin duda la más preocupante de ellas. Si se encuentra en entredicho, argumentan los expertos, es como resultado de los altos niveles de desempleo, las presiones sobre el Estado social y el aumento de las desigualdades y, en consecuencia, la extensión del sentimiento de injusticia social.

Si las desigualdades entre ciudadanos amenazan la paz social, las divergencias económicas entre los estados de la UE pone en entredicho la igualdad entre los estados y, en consecuencia, el propio proyecto de integración europea, que necesita generar un horizonte de convergencia económica y prosperidad compartida.

El tercer elemento que más preocupa es el exterior. Los déficits internos, tanto económicos y sociales, podrían, al menos hipotéticamente, ser compensados con políticas eficaces. Desgraciadamente no es así pues, como sufrimos todos los días, la UE carece de las instituciones políticas o económicas que le permitan superar esta crisis de un forma rápida, eficaz y equitativa.

Pero, ¿qué ocurre con el declive relativo de Europa frente al exterior? Cada año que pasa sin crecimiento y sin cohesión social es una año perdido que hace más inviable mantener el modelo social y económico europeo en un mundo tan complicado como competitivo. Cuando salgamos de esta crisis (supongamos que lo hacemos), todavía tendremos que enfrentar esos desafíos, demográficos, energéticos, ecológicos y tecnológicos que la crisis tapa, pero que están ahí. Ensimismados por la crisis interna, y enzarzados en reproches y acusaciones, los europeos tienden a olvidar que los desafíos exterior que enfrentan son comunes a todos ellos, y que sólo saldrán de esta unidos. La miopía de la clase política europea, enzarzada en este ejercicio autodestructivo, clama al cielo: por eso necesitamos más tormentas, de ideas.

Hay 5 Comentarios

La UE europea fue un intento de superar los nacionalismos. Misión imposible, a la mínima de cambio afloran y encima hay una estructura que no puede actuar, atada como está a las condiciones políticas de cada nación. Solo responde a los intereses de la plutocracia. Ya decía Freud que los sueños, diurnos incluidos, era simplemente una via de escape a deseos insatisfechos. A la frustración no remediable, vamos. Y lo de Europa, sueño es.

¡Danger ahead!.
Esta expresión, muy utilizada por los militares europeos, describe perfectamente la dramática situación de la UE y su declive. Los dirigentes de la UE perciben que hay peligro delante, pero se resisten a asumirlo siendo incapaces de adoptar decisiones para evitarlo.

La UE empezo la casa comun europea por el tejado, primero deben unirse los pueblos y aceptar que somos eso un pueblo y luego las instituciones comunes mientras eso no suceda nos unimos a la UE porque pensamos sacar ventajas como asi ha sido para muchos paises y asi nos va cada cual a lo suyo y asi no construiremos nunca una UE fuerte y con peso en este mundo globalizado
Jose Luis Esparebra Meco un español desde Buenos Aores

Realmente es una crisis de liderazgo, los países grandes que están reaccionando poseen un gran peso presidencial, lo que permite a veces tomar decisiones rápidamente.
La UE ha tenido décadas para su desarrollo político y fiscal, que este esté todavía en cierta "infancia" sólo demuestra la renuencia de los estados nacionales. Lo cual ha provocado que al final el peso específico, real, se encuentre en los países europeos con mayor peso de población y economía. Sólo así se entiende que Alemania pueda imponer una política económica, en connivencia con Bruselas. Esto es muy grave, porque significa que no se está mirando por la Unión como un todo, sino como una supeditación de territorios. Imaginemos, que un día tenemos un Presidente y un Parlamento ( elegidos mediante sufragio universal en toda Europa)y un departamento fiscal único, asi como una diplomacia y una defensa coordinadas. Sencillamente, la crisis de deuda sería resuelta de un modo muy distinto.
Se entiende que Alemania, FR y UK no quieran perder poder e influencia. Pero el caso es que a nivel internacional, ya lo están teniendo. Ese desgaste hace más difícil resistir tanto la marea de un mercado globalizado como aplicar una política exterior relevante. Si algo ha demostrado la UE es la capacidad de defender los intereses comerciales europeos en un frente común, y trasladar eso a un peso económico real de toda la eurozona.

Según parece el gran problema es la enorme pérdida de competitividad de la UE, que ya afecta de forma importante a economías tan fuertes como la francesa. Ayer el presidente de la CE, D. Barroso, proponía para mejorar la competitividad de la las pymes de Francia mayor valor añadido y bajar costes laborales. Lamentablemente, el valor añadido no es algo que se pueda logar de un día para otro, y requiere además de tiempo dinero, invertir en lo que se conoce como I+D+i.
Me gustaría equivocarme, pero interpreto que dentro de la UE hay un sector de la elite gobernante que es partidario de igualar en numerosos aspectos la UE a otras zonas menos desarrolladas del mundo. Por ejemplo, ganar competitividad reduciendo el Estado de bienestar, reduciendo servicios públicos o su calidad y reduciendo salarios. Ello impide que se propongan otras ideas como solución para superar la crisis.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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