José Ignacio Torreblanca

Una Europa alemana

Por: | 06 de mayo de 2013

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EL PAIS publicó ayer domingo una entrevista con Ulrich Beck, el sociólogo alemán a quien seguramente asociarán con el concepto de “sociedad del riesgo” (véase su libro homónimo de 1986). Beck ha defendido en su trabajo la idea de un cosmopolitismo global entiende la construcción europea con un experimento a escala continental de esa idea de sociedad global que debería suceder a los viejos Estados (véase “La Europa cosmopolita”, de 2006, junto con Edgar Grande).

Como no podía ser de otra manera, la crisis del euro ha capturado la atención de Ulrich Beck, que contempla con sumo pesar hasta qué punto el experimento europeo, único en su ambición, escala histórica y significado, se encuentra en peligro. En el contexto de las actuales discusiones sobre el papel de Alemania (véase la columna que publiqué en la edición impresa el pasado viernes con el título de “Mala Sangre”), resulta de enorme interés la lectura del libro de Beck “Una Europa alemana”, publicado por Paidós en noviembre pasado.

El libro de Beck es, ante todo, un libro valiente, pues su autor expone sus tesis, muy críticas con la política llevado a cabo por Alemania durante la crisis del euro, a sabiendas de que será criticado tanto por unos como por otros. Pero en ese consiste la honestidad intelectual, en pensar y criticar independientemente de argumentos basados en la identidad nacional la utilidad política.  ¿Cuáles son los elementos centrales de la reflexión que nos plantea Beck?

En primer lugar, la preocupación por cómo la crisis erosiona las democracias europeas: tanto en los países deudores como en los acreedores, los ciudadanos sienten que se toman decisiones sin su consentimiento y que la democracia se vacía de contenido (un argumento parecido al que expuse con Mark Leonard en “Choque de democracias”). Estamos ante un conflicto entre dos lógicas, dice Beck, la lógica del riesgo y la lógica de la democracia pues el riesgo, en realidad el miedo, nos obliga a tomar medidas que socavan la democracia. Lo que ocurre cuando los problemas cotidianos se convierten en problemas europeos mientras que las respuestas siguen siendo nacionales es “la quiebra del orden social y político”. En Europa ha aparecido una “nueva clase baja”: la que forman países como España, Italia y los demás países intervenidos que “tienen que aceptar recortes en su soberanía y vulneraciones en su dignidad”.

En segundo lugar, la preocupación por el papel de Alemania, la obsesión por el cumplimiento de las reglas y el liderazgo de Angela Merkel. Alemania quiere ser un país normal, no tener más responsabilidades que los demás, defender sus intereses como hacen todos. Pero ese anhelo no es real, dice Beck , pues “Alemania se ha convertido en un país demasiado poderoso como para permitirse el no poder tomar decisiones”. “Merkiavelo”, como denomina Beck a Angela Merkel, ejerce el poder en Europa mediante la economía, de forma indirecta y hasta involuntaria.  La fuerza coercitiva de Merkel señala Beck, no procede de la lógica de la guerra sino de la lógica del riesgo: “la estrategia del rehusar, del no hacer, del no invertir, no proporcionar crédito y financiación”. A cada paso, Merkel termina salvando a Europa, pero lo hace con recetas caseras, de tal manera que los electores alemanes puedan estar tranquilos pues el resultado es una “Europa alemana gobernada por la fórmula mágica del ama de casa suaba: el ahorro”.

Libramos una batalla (en Alemania y en otras partes), dice Beck, entre los “ortodoxos del Estado-nación”, que quieren conservar las reglas vigentes y “los arquitectos de Europa” que quieren cambiar las reglas. La mayoría de las cosas que necesitamos para salvar Europa, lamenta Beck, están prohibidas por las leyes pero  “hay momentos indicados para la pequeña política, para que se cumplan las reglas, y momentos para la gran política, para cambiar las reglas”, dice Beck.

En tercer lugar, la ceguera política y social de aquellos que imponen las recetas económicas, como si el euro fuera solamente una construcción económica. Europa es mucho más que el euro, es una construcción basada en la historia y en la cultura. “En la altanería de los europeos del norte frente a los supuestamente vagos e indisciplinados europeos del sur se revela precisamente un brutal olvido de la historia y in alto grado de ignorancia cultural”, critica Beck. Beck lamenta que Alemania haya pasado del “lastre de la historia” al “lastre de la maestría”. Los alemanes, dice, están empeñados en “reeducar al Sur de Europa en lo tocante a la virtud del ahorro y la conciencia de la responsabilidad”. La Europa alemana, se queja Beck, sustituye la participación igualitaria por la dependencia jerárquica, pero la historia de Europa hace inasumible esa visión para los demás.

Alemania no manda, educa. Pero como se queja Beck, “el titubeo, el adiestramiento y el aleccionamiento continuado destruye la confianza recíproca de los ciudadanos” y concluye advirtiendo de que en esa Europa “no merecerá la pena vivir”.

¿Hay esperanza? Sí, dice Beck. Estamos obsesionados con la Europa vertical de las instituciones, que es una casa llena de habitaciones vacías e ignoramos constantemente la Europa horizontal, la de los ciudadanos que se mueven libremente por Europa, especialmente los jóvenes y que se sienten europeos. Lo que necesitamos es emparejar dos avances en la integración europea: el de la seguridad y el de la democracia. Europa debe “asegurar” a sus ciudadanos (como lo hace la Seguridad Social) y a la vez, darles verdadera voz democrática en las instituciones europeas. Necesitamos un nuevo contrato social y político basado en la responsabilidad compartida (quienes emiten deuda conjuntamente no pueden decidir en solitario sobre ingresos y gastos) y en la solidaridad.

“Desesperadamente utópico e ingenuo” confiesa Beck. Puede, pero mucho mejor que las alternativas: un compló tecnocrático para culminar la unión política a espaldas de los ciudadanos o, en sentido contrario, una revolución populista para deshacerse del euro.  Mejor la utopía de una “Primavera Europea”.

 

Hay 8 Comentarios

Lambda, como bien dice nessie citando a Anderson la nación es una comunidad imaginada, pero para ser viable requiere tener unos mínimos elementos identitarios que le sirvan de base (aunque después se mitifiquen o reelaboren por los nacionalismos): una lengua común, una religión común, un origen étnico compartido o una historia común. El continente europeo carece de cualquiera de esos elementos (que sí se dan en las múltiples naciones que lo integran) y por eso el federalismo europeo es inviable y antidemocrático (los pueblos lo rechazan cada vez que hay un referendum, aunque luego su voluntad no es respetada por los europeístas). En cuanto al Imperio Romano, como bien dices, se basó en imponer una única lengua y un poder sobre pueblos más atrasados a los que pudieron asimilar en una época muy anterior a los nacionalismos, aunque no puede decirse que fuera un imperio europeo sino mediterráneo, pues no incluyó amplias zonas del continente y sí lo hizo con el norte de África y Próximo Oriente. Precisamente el único europeísmo viable y democrático es el que permita una cooperación económica (y en algunos temas de seguridad) entre las naciones europeas, pero siempre asumiendo y respetando la inalienable soberanía e identidad de las naciones, cuya cooperación ha de ser siempre libre, voluntaria y sin subordinación a entes supranacionales artificiales como la UE. En definitiva, y como sabiamente decía el general De Gaulle la Europa de las Patrias. Ir más allá como pretende el federalismo europeo es desconocer la realidad de Europa y los sentimientos, intereses y deseos de sus pueblos.

¿Europa,Utopia o entelequia? Hasta ahora solo entelequia en la mente de algunos gobernantes que pretenden unir pueblos sin antes haber muerto las naciones, Europa muchas naciones y u estado cuando lo logico es hacer primero una nacion que todso nos sintamos europeos y luego formar el estado y desde luego una Europa alemana es quizas la utopia yrevancha de Alemania luego de sus derrotas en las llamadas guerras mundiales y va camino de lograrlo pues es en la actaulidad el motor de Europa. El euro y que no haya fronteras no es suficiente para formar una unica Europa aun subsisten sentimientos nacionales y hasta tanto esten presentes sera dificil la Europa de los pueblos con raices tradciones cultura y religion comunes,
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

¿Europa,Utopia o entelequia? Hasta ahora solo entelequia en la mente de algunos gobernantes que pretenden unir pueblos sin antes haber muerto las naciones, Europa muchas naciones y u estado cuando lo logico es hacer primero una nacion que todso nos sintamos europeos y luego formar el estado y desde luego una Europa alemana es quizas la utopia yrevancha de Alemania luego de sus derrotas en las llamadas guerras mundiales y va camino de lograrlo pues es en la actaulidad el motor de Europa. El euro y que no haya fronteras no es suficiente para formar una unica Europa aun subsisten sentimientos nacionales y hasta tanto esten presentes sera dificil la Europa de los pueblos con raices tradciones cultura y religion comunes,
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

@eurorealista, la Nación es una idea-motor, que justifica e impulsa las comunidades. Lo que se suele ignorar es que requiere cierto grado de compulsión ideológica, en base a una ideología o una cosmovisión compartida. Un ejemplo de esto es la capacidad que tenemos de simbolizarla. Es casi una ritualización de una convención social. Actos como jurar una bandera lo demuestran. La UE sencillamente no ha terminado de desarrollarlos, es demasiado joven. El imperio romano, que recordamos de forma augusta, no descansó en expandir un modus vivendi, una administración y una lengua hasta la asimilación o aculturación de los otros pueblos, asegurando que pese a la irreductibilidad de la diversidad de identidades originales bajo el Imperio, éstas podían relacionarse y viajar perfectamente bajo su égida. Las Naciones que hoy conocemos han cobrado forma en un proceso similar ( con sus más y sus menos, símiles o no) sólo que confinadas a espacios geográficos que las mismas han determinado en el curso de la historia.

La UE de por sí, no nace de la fuerza, sino del acuerdo, y este es el camino más difícil. Y si encima, carece de lengua vehicular, tiene conflictos con los poderes locales dentro de sus confines, lo tiene doblemente difícil. En mi opinión, su error ha sido convertirse en una mera unión económica incompleta.

Abundando en los certeros comentarios de nessie, el discurso de Beck es ingenuo (algo imperdonable en un sociólogo que debe comprender la realidad que describe) y utópico (más bien antiutópico por antidemocrático) en el peor sentido de la palabra, pretendiendo forzar la realidad para crear un engendro con el que nadie se identifica y que a todos perjudica de alguna manera. Les guste o no, herr Beck y sr. Torreblanca, sin nación no hay unión posible y Europa no es una nación sino un continente integrado por múltiples y heterogéneas naciones irreductibles a unidad. Su disparatada "primavera europea" es tan antidemocrática como el compló tecnocrático (de hecho van en la misma dirección), y confirma que la única alternativa acorde con la realidad, los intereses y el sentir de los pueblos es lo que ustedes pretenden descalificar como revolución "populista" para deshacernos de la tiranía del euro y del engendro de la UE.

Un pequeño detalle a añadir al comentario de antes: es verdad que una nación es una comunidad imaginada, basada ampliamente además en mitología, pero el caso es que consigue unir a la gente y otorgarle poder. El racionalismo imperante en determinados sectores de intelectuales, además de tener también enormes problemas de validez, no une a nadie. Para ello necesita también volverse (más) un mito, y en igualdad de condiciones tiene mucha menos fuerza. Los humanos no somos seres racionales; a veces sí es cierto que conseguimos ser racionales, pero de forma limitada, en algún campo y durante algún tiempo. Y el sueño de la razón produce monstruos, frase válida en varias interpretaciones diferentes.

Efectivamente, utópico e ingenuo. En una situación de tremendo conflicto social entre las élites plutocráticas y los pueblos, una democracia localizada como tal a nivel europeo no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. La división de los europeos por naciones lo impide, y el convencimiento en Alemania de que los del sur somos una panda de vagos y maleantes bien lo muestra: una campañita en los medios y ya está arreglado. En estas condiciones no es posible una democracia como tal en todo el continente. El resultado es siempre el mismo que vemos: el dominio absoluto de las élites económicas, simplemente dejando unos cuantos rituales de apariencia democrática para maquillar un poco, y el pasotismo de los pueblos acerca de las elecciones europeas: se vota (quién se molesta) en clave exclusivamente nacional, único ámbito donde es posible algo de control democrático. Es perfecto que los europeos nos unamos para defender nuestros intereses comunes en el globo, pero este sistema ni funciona ni va a funcionar. Al menos, para cumplir algún objetivo de los que interesan a la gente de a pie.

“hay momentos indicados para la pequeña política, para que se cumplan las reglas, y momentos para la gran política, para cambiar las reglas”.
Hay momentos en que las reglas viejas se resquebrajan porque pierden su sentido. Entonces se trasgreden masivamente o se tergiversan en su cumplimiento. Alemania, sin romper las reglas, las tergiversó a su favor (como hace cualquier abogado). ¿Qué podemos hacer?. Alemania podría dirigir la regeneración económica europea si quisiera, facilitando la financiación a cambio de dirección y control. Hoy es más importante un ministerio de empleo y crecimiento europeo que cualquier otra cosa. ¿Que son un billón (trillón, el PIB de España) para Europa?. Alemania no lo hará por la mediocridad y la rigidez de sus dirigentes.
Ya que nada cabe esperar de Alemania y nada queda por hablar (No sé para que van los dirigents del sur al Consejo de junio, deberían excusarse) ¿Qué podemos hacer nosotros?.
Un par de deas para ir disolviendo el euro, impulsar la inflación en Alemania y comenzar un cambio.
España paga (dependencia, paga extra, I+D, protección de los bosques, red electrica inteligente, adaptación energética de edificios, etc) con "bones", bonos a 10 años negociables. No coloca deuda para pagar (eso es lo de ahora, aunque va para los bancos). Pide prestado a los españoles en lugar de quitarles. Paga con títulos a los españoles y sus empresas. Puede ser que esos títulos valgan poco "en la calle" . Quien necesite el dinero ya, perderá bastante, pero la economía comenzará a moverse. ¿dónde pone que España no puede emitir deuda, si lo hace a diario?. El asunto es no usar la deuda para mantener el statuquo corporativista y de enchufes que lastra España desde siempre.
Otra: Francia, Italia, España, Portugal, Grecia crean un papel de deuda mutualizada: "estonoesuneurobono". ¿dónde pone en los tratados que los países no puede tener asociaciones?.
Ya que nada se puede hacer con Alemania, hay que hacer sin Alemania. Algunas consecuencias: el euro baja y/o Alemania entra en razones.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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