José Ignacio Torreblanca

El malestar democrático con la Unión Europea

Por: | 12 de junio de 2013

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Hoy se presenta en Madrid el “Informe sobre la Democracia en España 2013” editado por la Fundación Alternativas y la Editorial Catarata El informe trae un título nada ambiguo: “Un gran salto hacia atrás”. Lo presentan Pere Portabella, Belén Barreiro, Joaquín Estefanía y Felipe González (véase la convocatoria en la página web de la Fundación y la página de la editorial con la descripción del libro y sus autores).

El libro incluye un capítulo, del que soy autor, con el título “El malestar democrático con la UE” donde se reflexiona sobre la paradoja qué supone el singular hundimiento de la confianza en la UE por parte de la ciudadanía española precisamente en un país donde el europeísmo ha sido y es una seña de identidad nacional.

El hecho es que por primera vez en nuestra historia, Europa ya no es vista como la solución a nuestros problemas, sino como un problema en sí mismo que debe ser solucionado. Esto nos pilla desprevenidos, porque España se ha caracterizado por tener un “consenso acrítico” sobre la integración europea: sociedad civil, empresas, sindicatos, medios de comunicación y partidos políticos; todos han sido pro-europeístas, de la izquierda a la derecha, de los centralistas  a los nacionalistas. El resultado es que, de tanto estar de acuerdo sobre Europa nos hemos olvidado de debatirla, de entender que Europa tiene que ser dirigida y gobernada, que hay decisiones mejores y peores y que, como siempre, gobernar es elegir e influir.

Pero lo que antes era deseable (el debate europeo) hoy es imprescindible. Si bien nunca ha habido en España un déficit democrático atribuible a la integración europea, la actual crisis del euro sí que nos permite (¿o nos obliga?) a reflexionar sobre el impacto de la política europea sobre la calidad de nuestra democracia y, a su vez, sobre la propia legitimidad de la UE. Para entender este fenómeno, tenemos que adoptar una cuádruple perspectiva.

Primero, la UE se deslegitima por sus malos resultados. Europa se ha convertido en la única región del mundo que no crece y que no sale de la crisis, se sumerge más aún en ella, lo que aleja a la ciudadanía de ella.

Segundo, la UE se deslegitima por partidista, o ideológica. Cierto que la construcción europea ya estaba escorada hacia el liberalismo económico pero con la crisis esa deriva se ha acentuado más aún, provocando la insatisfacción de una parte importante de la izquierda europea.

Tercero, la UE se deslegitima porque no responde ante los ciudadanos. ¿Quién decide? ¿Quién es la Troika? ¿Qué ocurre cuando la Troika se equivoca? Una dimensión esencial de la democracia es la posibilidad de que los electores obliguen a los gobiernos a rendir cuentas por sus errores. Pero en Europa no hay gobierno, elecciones ni electores (las elecciones al Parlamento Europeo son, en este sentido, una ficción política).

Cuarto, la UE deslegitima porque acaba interviniendo en todos aquellos asuntos que son más sensibles políticamente: pensiones, fiscalidad, mercados laborales, sin tener un mandato claro para ello. Incluso, como en el caso de España, se cambia la Constitución con urgencia y agostidad sin explicar muy bien a la ciudadanía por qué se hace. Y cuando los gobiernos no respetan los acuerdos (recuérdese la Grecia de Papandreou, la Italia de Berlusconi o la España de Zapatero) son desestabilizados hasta que se pliegan o son derribados y sustituidos por gobiernos tecnocráticos.

Este estado de excepción tecnocrático en el que vivimos debe acabar ya, argumenta el capítulo, que animo a que lean y discutan. La salida de la crisis no sólo requiere reforzar el euro y sus instituciones de gobernanza económica, sino reforzar la democracia, en casa y en Europa.

Hay 5 Comentarios

El consenso sobre la UE fue pactado por elites politicas, empresariales y mediaticas del pais, bombardeando a la poblacion con propaganda europeista para que nunca critiquemos a la UE, por eso los españoles estan tan aborregados sobre la union europea

La democracia, o gobierno del pueblo, esta gravemente enferma. El virus que le ha inyectado el poderoso grupo financiero, que gobierna el mundo, parece estar haciendo efectos. Mucho circo (sexo, juego y chismes) y mucha desinformación, para que la gente no sepa, o no pueda, reflexionar la realidad.

Muy acertada la enumeración de cuatro elementos clave que deslegitiman a la UE, aunque falta el principal: Europa no es un país, una nación o un pueblo sino un heterogéneo continente integrado por múltiples y diversos países, naciones o pueblos irreductibles a unidad. Ese es el factor clave que hace radicalmente inviable la pretensión europeísta, que se impone sin o contra la voluntad de ciudadanos y pueblos, y es lo que provoca un creciente rechazo a esa imposición europeísta artificial y antidemocrática en casi todos los países que la sufrimos. Ojalá también los españoles superemos nuestros complejos eurosumisos y recuperemos nuestra dignidad nacional para luchar por nuestra soberanía como nación y por nuestros derechos como ciudadanos frente al engendro de Bruselas.

"Accountability". Me encanta esta palabra inglesa, que en España no tiene una traducción directa. Podríamos decir, que es la capacidad de ser sujeto a responsabilidad por las decisiones que se toma.
Me encanta, porque es algo que echo en falta en una clase "funcionarial" transnacional, que abarca desde instituciones financieras, (FMI, BCE, etc) hasta políticas (UN, UE, etc...). Muchas veces esta gente, que vive en unos círculos sociales muy apartados de las realidades nacionales, toma decisiones o recomienda cursos de acción de forma "impepinable" a los países. Son gente cuyo sueldo y modus vivendi viene de las importantes sumas de dinero que dan países de todo el mundo para esas organizaciones. Es sorprendente cómo pueden dictar durísimas medidas, y sin embargo, renegar de cualquier responsabilidad que puedan tener para con esos dictados.
Es en cierto modo, una clase "dirigente" o "rectora" (en tanto que guardiana de cierta ortodoxia económica o política) a la que el ciudadano jamás podrá pedir responsabilidades. Sencillamente, es sorprendente el papel de "middle man" que acaban adoptando los estados nacionales en muchos casos en relación a esas estructuras transnacionales, y en muchos casos, asumiendo el coste de esas decisiones frente a los ciudadanos.
¿Porqué se asumen sus dictados como forma única de reacción frente a la situación económica? ¿Porqué el Estado acaba plegándose a esas convenciones?

En mi opinión el "ecónomos" no puede disociarse de la perspectiva ideológica ni política. Como bien dijo Aristóteles, "el ser humano es un animal político". No podemos evitarlo. La misma forma económica de la que disfruta Occidente tiene bases ideológicas y políticas evidentes. Por lo cual, ésta puede transformarse también por esos cauces, que son expresión del trasfondo social. Las decisiones del FMI parten de una base teórica y práctica, que utiliza métodos matemáticos y estadísticos complejos, pero debe también mucho a los argumento ideológicos que han recorrido la economía de los últimos tiempos, las teorías que defienden, por nombrarlas de forma coloquial; la autoregulacion de los mercados, "la mano invisible de los mercados", la desregulación (tan nefasta en términos financieros)...Teorias que ahora están más sujetas a debate que antes, pero que sin embargo; definen claramente las líneas maestras de decisión de esos organismos transnacionales, y por ende, la forma y discursos del mercado global (la globalización).

Del soldado Schwejk se decía: "su forma especial de atender a las órdenes de sus superiores y la forma de ejecutarlas deja dudas en el lector acerca de su posible estupidez o sabiduría".
La política produce efectos sobre las vidas concretas de los ciudadanos, sus victimas. No así sobre las de las elites que deberían ser los arquitectos de los cambios necesarios para dejar de dañar el destino de millones. Quienes tienen poder aprovecharán las grietas del sistema para transgredir su mandato en busca de todo el poder posible(¿está obama leyendo mi mail?).
El sistema europeo creó un modo de gobierno donde se puede hacer lo que los ciudadnos NO quieren. Trichet no sufre por sus desmanes, ni Rehn, ni Durao. Nosotros sí. Nada cabe esperar de los arquitectos, no tienen motivación alguna para arreglar aquello que no les perjudica. Y tampoco tenemos manera alguna de que una lucha democrática nos permita cambiar de arquitectos.
Solo nos queda el camino del soldado Scwejk, hacernos los locos desobedeciendo con la apariencia de obedecer. Le felicito por el libro. Aunque cada día que pasa la democracia me va pareciendo una entelequia del orden de la santísima trinidad.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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