José Ignacio Torreblanca

Cuando la voluntad de cambio es suficiente para provocar el cambio

Por: | 30 de septiembre de 2013

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Regreso de participar en el European Forum for New Ideas (EFNI) organizado por la Fundación polaca Lewiatan en la ciudad de Sopot.  Una vez más, como el año pasado, la calidad de los participantes y de los debates fue impresionante, destacando también en esta edición los polacos, entusiastas promotores de la idea de Europa en estos tiempos de retirada general.

La estrella invitada fue Lech Walesa que habló de la solidaridad en tiempos de crisis y, rememorando su lucha en los astilleros de Gdansk, a unos pocos kilómetros de donde estábamos, hizo un fantástico discurso sobre cómo la simple voluntad de cambio puede ser el arma más poderosa del mundo. Mirando atrás parece irreal lo que Walesa puso en marcha basándose simplemente en la certeza de que el régimen comunista, a pesar de su fortaleza aparente, era inferior moralmente. Walesa no era un hombre con una gran cultura, ni tampoco con grandes conexiones, ni tenía muchos medios a su alcance (veáse esta breve biografía preparada por el CIDOB). Todavía hoy, el bigote amplio y los mofletes inflados le dan una aire simpático, nada amenazador. Pero detrás de esa cara afable se escondía una increíble determinación.

Escuchándole, uno se pregunta de dónde salen estas personas. Los Mandelas, Walesas, Luther Kings, Gandhis, etc son personas que están hechas de carne y hueso, como nosotros, y que tampoco se distinguen mucho de nosotros. Son sencillos y accesibles, pero a la vez extraordinarios y a su paso dejan tras de sí una increíble estela de preguntas sin responder: de dónde obtienen las fuerzas, qué genera una visión tan poderosa, en qué se basa ese convencimiento tan íntimo no ya de tener razón, sino de estar en condiciones de cambiar algo que parece inamovible.

En demasiadas ocasiones no actuamos ante situaciones que sabemos que son manifiestamente injustas. Pensamos que nuestros esfuerzos son inútiles, que no darán fruto, que el sistema es demasiado grande y que siempre ganará. Puede que lo hagamos por comodidad, pero también por sentido común, por pragmatismo. Sin embargo, tenemos ejemplos sobrados de que las cosas se pueden cambiar. El comunismo, el apartheid, la esclavitud, ninguno de estos fenómenos cayó por la ley de la gravedad, sino por la acción de las personas. Y aún así seguimos pensando que cambiar las cosas es imposible. ¿Por qué?

Hay 4 Comentarios

¿de donde sale la voluntad?

Sin duda un líder que se niegue a ver el rey vestido es fundamental.
Por otra parte, en tiempos de Walesa la alternativa era fácil de visualizar, estaba cruzando la calle, en los países vecinos. Y eso ayuda.
Desde entonces "El sistema", para llamar de algún modo a eso que nos hunde en el desaliento, ha aprendido a no ir ni vestido ni desnudo y nos ha dejado sin una imagen capaz de convocarnos. En el artículo de Shaube del verano, él juraba que de ninguna manera quería una europa alemana (pero la conclusión era que había que aplicar los planes recesivos ya (no: invertir para crecer para poder pagar la deuda). O, con un ejemplo de otro mundo: Israel declara estar dispuesta a dolorosas concesiones a cambio de la paz y sigue plantando asentamientos.
Desde que los malos eran claramente malos ha pasado tiempo. El mensaje bivalente nos paraliza en el síndrome de frankfurt: entender las razones de nuestros captores, pensar que algo de culpa tenemos, que hemos provocado la violación.
Europa avanza hacia la intrascendencia y el empobrecimiento sin un plan de crecimiento, innovación y empleo que, con el 25% del PIB mundial, no tendría problema en financiar (parafraseando a Nixon: todo el mundo quiere euros, yo tengo la máquina que los imprime).
Y la principal víctima de la confusión es la socialdemocracia: si hay que elegir entre un "medio patriota, medio monetarista" y uno que lo es del todo, la elección Merkel es menos confusa. La socialdemocracia va a desaparecer en esa confusión. Ellos piensan que siempre tendrán un piso de 25% de los votos (con sus diputados, presupuestos, etc) pero, si siguen sin renegar del nacionalismo moderado para unirse en un proyecto transnacional, pueden desaparecer como en Grecia o Cataluña.
Un líder y una idea fácil de visualizar, quién los tuviera. Mientras tanto, el 0,1% sigue contando con el dinero para pagarse los gobiernos que le vienen bien (el gasto de una elección presidencial en USA pasó de 66 millones en 1976 a unos 5 mil millones ahora).

A long time ago in Gdansk Poles were building ships.

El sr. Torreblanca, en este artículo, se muestra como un digno representante de las bondades y éticas socráticas "que recubren..."..¿Y qué recubren? Mire: El sr. Obama, el otro día y en el mismo lugar donde habló Luther Kings, dijo algo parecido a esto" Hay que superar los límites jurídicos de las leyes contra el racismo"...Es decir, lo que se recubre es la realidad de lo que no han conseguido esas leyes "contra" el comunismo, el apartheid, la esclavitud, etc.El articulista ya ha leído el artículo: "Nadine Gordimer habla de la decepción sudafricana" (EP.21/9/2013)¿Han desaparecido, en las sociedades reales, esos sistemas "demasiado grandes?"Es posible que la respuesta a esa pregunta limite la fuerza de su apelación final.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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