José Ignacio Torreblanca

Catalunya y España: ¿amor o dinero?

Por: | 21 de octubre de 2013

9.375,7 millones de euros. Esa sería, según el informe “La deslleialtat de l’Estat respecte de Catalunya”(Descarga Deslealtad aquí) hecho público el 15 de octubre por la Generalitat de Catalunya, la cifra de la discordia. Supongamos por un momento que la cifra fuera cierta, exacta o justa (son tantas las perspectivas posibles…). O incluso imaginemos una situación en que, fuera o no fuera cierta, acordáramos darla por buena en aras de resolver el conflicto que tenemos planteado.

No es una cifra tan elevada. Tengamos en cuenta que sólo tapar el desastre del Banco de Valencia ha costado unos 6.000 millones de euros, el de Nova Caixa Galicia 8.981, Cataluyna Bank, 12.048 y el de Bankia unos 23.000. Lo que es peor,  la mayor parte de ese dinero se perderá ya  el Estado ha inyectado dinero pero no se ha quedado con las acciones de los bancos. Pero en este caso el rescate sería inverso: Cataluña tiene un PIB  cercano a los 200.000 millones de euros, casi el 20% del PIB de España, que sin duda perderíamos sin Cataluña lograra la independencia.

Hagamos pues un cálculo: sobre una población total de 46,7 millones de habitantes, restamos los 7,57 millones de personas que viven en Cataluña, lo que nos deja la población del resto de España en 39,1 millones. Dividimos  los famosos 9.375 entre esa cantidad y nos sale una cifra de 239 euros. Ese sería el coste per cápita para cada español no residente en Cataluña: no se qué piensan ustedes pero es menos de lo que se paga por el seguro a terceros del coche, se parece sospechosamente al impuesto de bienes inmuebles o a alguna de las derramas de la comunidad de vecinos que pagamos habitualmente. Si además pudiéramos pagar en varias mensualidades, o se pudiera introducir un factor corrector por renta o similar, la cosa podría tener solución.

 

Sí, lo escrito hasta aquí es irónico. Nadie piensa seriamente que 9.375 millones pudieran arreglar el problema, que ese sea el origen del problema, y por tanto su solución. Lo que pone de manifiesto el error cometido por la Generalitat al cuantificar el problema en unas cifras con las que no va a convencer a nadie. Al centrarse el debate en la cifra se quita el foco de los problemas de fondo y se impide una discusión verdadera.

Cierto que el informe de la Generalitat incluye muchas más cosas: una dimensión “humana” y una “dimensión legal y política”. En ambas se incluyen cuestiones de bastante enjundia (véase gráfico) pero también algunas bastante disparatadas (como, véase en la columna inferior izquierda, acusar al Estado de “banalizar el fascismo y el nazismo”, sic ¡?).

Captura de pantalla 2013-10-20 22.08.13

 

Pero, a mi juicio, lo peor de la larga lista de demandas que incluye el informe, así como de la mayoría de los mensajes que emanan de la Generalitat estos días es la ausencia de intento interlocución con el resto de los ciudadanos españoles que viven fuera de Cataluña. Somos muchos los ciudadanos de este país que, como ha dicho Fernando Vallespín, conocemos, respetamos y amamos a Cataluña. No nos duele ni nos cuesta expresar ese re-conocimiento tantas veces como sea necesario. Entendemos que haya agravios sin resolver, sentimientos heridos y problemas cuya solución lleva pendiente demasiado tiempo. Y creemos que puede y debe haber un acuerdo amplio y generoso con todo el mundo que evite la ruptura no ya del país, sino de la convivencia y el tirar por la borda todo lo logrado por la España democrática, que es mucho, y mucho más teniendo en cuenta nuestra historia. En otras palabras, como sabemos que el problema va más allá del dinero, pedimos que no se plantee en esos términos. Simplificando, si el problema es de dinero, entonces no es de amor, lo cual es falso.

Puede que este sea un reproche injusto, porque al fin y al cabo, en esto Gobierno y Generalitat son simétricos: el primero intentando dibujar el conflicto como un enfrentamiento entre la gente de bien que vive bajo la Constitución del 78 y unos inconscientes y demagogos; el segundo dibujando el enfrentamiento entre un pueblo, el catalán, y un Estado insensible y poco menos que inhumano. Pero el reproche es necesario para dar paso a una petición: porque conocemos, estamos dispuesto a reconocer, y por eso pedimos que también se nos reconozca como algo más que como al “otro”. 

Hay 39 Comentarios

Tal como están las cosas, creo que lo más realista es aceptar que Cataluña se va a independizar, y emplear las energías en aprovechar las ventajas que la secesión tendrá para España que, si se mira con apertura de ideas, no serán pocas. En lo político y en lo humano, qué duda cabe que será un buen palo para los que hemos nacido y crecido con una imagen de España que ya no volverá a ser la misma, no podremos evitar sentirnos psicológicamente amputados. Pero en lo económico no todo tiene por qué ser negativo, imaginemos la deslocalización/repatriación de buena parte del capital industrial hoy ubicado en Cataluña, que muy posiblemente cruzaría el Ebro. ¿Tendría sentido que Barcelona siguiese siendo la capital cultural y editorial del mundo hispanohablante? ¿Las alimentarias catalanas, una vez aclarado su estatus de empresas extranjeras, estarían en condiciones de competir desde Cataluña en el mercado español contra franceses y alemanes? Tendrían que abrir sucursales en España. El turismo europeo que busca la marca España (sea esto lo que sea, lo que desgraciadamente sabemos que es) no la hallará ya en la Costa Brava, tendrá que ir un poco más al sur. Algunas estadísticas mejorarían automáticamente, como por ejemplo la inmigración ilegal o la integración de la minoría islámica (muy radicada en Cataluña).
Yo creo que no podemos evitar ya esa independencia. Por varias razones, porque la mayoría de los catalanes hoy son independentistas (incluso muchos reconocen que los han convencido), porque esa ola nacionalista ha coincidido (o quizá es efecto) con un gobierno inane, dormilón y casposo en Madrid (que me recuerda al Sagasta del 98, véase el paralelismo) y, algo que me causa desazón, que los catalanes han decidido seguir a un ejemplar de politicastro e la peor calaña, y que le creen o se han empeñado en creerlo, el amigo Mas y sus secuaces politiquillos, expertos en juntar palabras altisonantes para hablar sin decir nada, y que siguen obteniendo réditos de envolverse en una banderucha, a estas alturas.

Yo seguiré siendo español, aunque mi patria será la España de mi niñez con un cachito de menos. Los almogávares de Montaner o el rey don Pedro en Muret no van a desparecer de mi memoria de niño. Pero sin Cataluña también podemos vivir, y no necesariamente peor.

Decir, a partir de lo escrito por el articulista, que también somos muchos los catalanes que conocemos, respetamos y amamos a España, y que al mismo tiempo queremos que Catalunya disponga de un estado para gestionar los problemas. Entendemos que la relación Cataluña - España implica actualmente un desgaste tan grande y continuado que, en un contexto con tan graves problemas sociales, no tiene sentido. Por ello muchos catalanes ya no reconocemos a España como nuestro país. España queda cerca geográficamente e institucionalmente, pero lejos políticamente, y muchos queremos pasar la página de Alfonso Guerra, el “cepillador”, del Constitucional y sus sentencias, y de Ibarras, Rajoys y de sus entornos políticos y mediáticos, que se empeñan en, primero, no reconocer ni el problema (que, por cierto, no es Artur Mas) ni a las personas que apoyamos la secesión; y segundo, en ridiculizar o insultar a los que no reconocemos este estado español como nuestro, como hoy cuando hoy, por ejemplo, Rajoy dice –según informa EL PAÏS- que vendrá a Barcelona a resolver temas importantes (la inmigración, obviamente, lo es), y “de lo demás”, no se va a ocupar. Que tengan buen día.

Con nacionalistas no hay arreglo. Desde que tengo uso de razón, no he oído por parte de representantes de Cataluña, avalados una y otra vez por los votantes, nada que no sea, no un elogio, ni siquiera un calificativo neutral hacia España y lo español. Todo han sido insultos y escarnio hacia nosotros. Dicen que su problema es con el Estado pero no, es con los españoles. Dice un interviniente que no se puede banalizar el nazismo con comparaciones inexactas, estoy de acuerdo, pero, ¿que es llamarnos a todos los españoles fachas, franquistas, además de cavernícolas, sucios, mangantes, etc, etc? El nacionalismo no tiene voluntad de acuerdo, a cada cesión ha respondido con una nueva petición cada vez más desaforada. Y para muestra un botón: En el apartado de educación que se muestra en esta página dice que el gobierno pone al castellano en situación de superioridad. ¿Como se puede decir eso por pretender, con sentencias judiciales favorables, que el idioma más hablado en la comunidad, cooficial con el catalán, tenga una hora más en el programa escolar siendo la situación actual que no es lengua vehicular en la enseñanza y su aprendizaje se realiza en la calle o en la casa en situación similar al bereber, el chino o el aymara?

El problema no es vivir bajo el paraguas de la C78 o fuera. El problema es q haya tardado tanto la segunda transicion (laq nos alejara de los mercadeos inhumanos e ideologicos de los "padres" de la C78) y q aun se siga demorando...
Si aun nadie entiende q el tiempo q pasa aleja la oportunidad de una vidad en comun... Es q los espanoles viven en un "burbuja" o en el limbo.
Sin memoria, sin grandes cambios en la organizacion territorial, sin un cambio de actitud radical frente a la corrupcion normalizada... No hay curacion posible.
Y ahi nos duele....

Haces mal los cálculos. Catalunya pide un trato fiscal justo, ordinalidad, limites en las balanzas fiscales. Por ejemplo, si se limitase al 4% el déficil fiscal, respecto al 9% que se reconoce en las únicas balanzas publicadas, entonces hablamos del 5% de 200.000M€ al año (PIB catalán aprox), o sea 10.000M€/año. los 9000M€ del informe se refieren a cosas ya comprometidas con el modelo actual y que tampoco se pagan. Y es que llueve sobre mojado... y mucha gente sigue con la cantinela de que lo que pasa es que hay 4 millones de catalanes que son unos lelos manipulados por no sé qué cantos de sirena y blah, blah, blah. No hay más ciego que el que no quiere ver, ya os lo encontraréis.

El nacionalismo siempre lleva por malos y falsos caminos...no podría ser que, al igual que la religión, las nacionalidades se mantuvieran aparte del Estado? No es acaso Europa y su unión política la solución a los problemas de los nacionalismos europeos, incluido el aleman y frances? Europa se ha convertido en una merienda de listillos donde cada nación quiere copar a las otras. Y obligando a los húngaros de Eslovaquia o Rumanía a cantar el himo nacional en las escuelas, solo se lleva a que un día la situación sea al revés en el mismo territorio. Repetiremos la historía con gente como Barroso al frente?

Decir, a partir de lo escrito por el articulista, que también somos muchos los catalanes que conocemos, respetamos y amamos a España, y que al mismo tiempo queremos que Catalunya sea estado para gestionar los problemas. Entendemos que la relación Cataluña - España implica actualmente un desgaste tan grande y continuado que, en un contexto con tan graves problemas sociales, no tiene sentido. Por ello ya no reconocemos a España como nuestro país. España queda cerca geográficamente e institucionalmente, pero muchos millones de catalanes queremos pasar página, salir de España y así dejar atrás a Alfonso Guerra, el “cepillador”, del Constitucional y sus sentencias, e Ibarras, Rajoys y sus entornos políticos y mediáticos, que se empeñan en, primero, no reconocer ni el problema (que, por cierto, no es Artur Mas) ni a las personas que planteamos una respuesta soberanista al problema; y segundo, en ridiculizar o insultar a los que planteamos una respuesta soberanista, como cuando hoy Rajoy dice que vendrá a Barcelona a resolver temas importantes (la inmigración, obviamente, lo es), y “de lo demás”, no se va a ocupar. Duran le dijo a Rajoy que el problema le estallará en las narices, pero es que el problema ya ha estallado, sólo que algunos no lo verán hasta que sea demasiado tarde o grave. Que tengan buen día.

Habría estado bien que todas estas personas que conocen, respetan y aman a Cataluña se hubiesen pronunciado cuando el PP se lió a montar mesas petitorias en todo el teerritorio del Estado (¡incluso en Navarra y Euskadi!) recogiendo firmas contra los supuestos privilegios de los catalanes

Ojalá fuera tan fácil como eso. Hoy son 9 mil, mañana ya buscarán otra cifra. El nacionalismo catalán no tiene otra solución que la secesión. Y por cierto, ese 20% del PIB de España no se perdería en su totalidad, por la esperada dislocación de la mayoría de la industria actualmente instalada en Cataluña. Algunos pensamos que podría hasta ser rentable para los españoles.

CataluÑa que está usted escribiendo en castellano para un periódico global en castellano o por lo menos eso dicen.

El problema de Cataluña es simplemente económico. Si les dieran una buen acuerdo económico estoy segura que la gran mayoría votaría no separarse. Aquí tienen catalanes protestando por como les comen el coco: http://xurl.es/dabzr

Soy catalán y me gustaría poder seguir siendo español (no creo que ambas cosas sean incompatibles). Lamentablemente parece que a algunos les interesa ahondar en esa quiebra (Convergència, ERC, PP, Ciutadans, UPyD), cada uno por su lado, y pocos, muy pocos, plantean algo para evitarlo. Falta iniciativa política moderadora y sobretodo un fomento del respeto mútuo, pero desgraciadamente el PSOE parece estar desaparecido en esta cuestión, como en tantas otras (p.e. la defensa de los valores cívicos y de los derechos ante la ofensiva del PP y el ala más retrógrada de la Iglesia). Los únicos que se mueven en el alambre son ICV, que al menos se ganó el respeto de IU, compartiendo ambos grupos un verdadero y leal espíritu federal.

El nacionalismo habla en nombre de todos, aunque solo representa a una parte. Siempre que se plantea una frontera como solución de un problema político suceden, simultáneamente, varias consecuencias:
se "fabrican" extranjeros dentro de los límites (¿que son, hoy, los ciudadanos catalanes que se sienten y declaran españoles?
Se inicia una competición entre nacionalistas "moderados" y nacionalistas extremos, donde siempre ganan los extremos (¿eres de los nuestros o estás a favor de ellos?). El PSC está por desaparecer sin remedio por intentar ser nacionalista moderado, CiU es sobrepasado por ERC. Por ese mismo proceso, quienes se sienten catalanes y españoles quedan marginados. Un problema adicional es definir por donde pasa la línea, que para los extremos siempre está un poco más lejos. ¿Navarra?¿Aragón catalanohablante?. El nacionalismo es un hecho emocional fundado en un agravio fundacional (no un hecho objetivo). Todos los nacionalismos son iguales, ahora y siempre. No hay acuerdo racional posible con la extorsión emocional de quien se siente "injustamente despojado". Ese sentimiento infantil es una fuente muy eficaz de poder. Por ejemplo, y para cambiar de barrio, el agravio de los shiitas no deja de realimentarse desde hace 1200 años, Y por supuesto, los alemanes de 1933 se sentían muy agraviados y en peligro por los judíos.

Aunque le resulte disparatado, el Estado banaliza el fascismo cuando la representante del Estado en Catalunya condecora a miembros de la división azul que combatieron con Hitler. En España este tipo de actos referidos a Hitler o a Franco se producen con demasiada frecuencia.
El Estado banaliza el nazismo como banaliza el franquismo pero nos hemos acostumbrado a lo que en otro Estado sería gravísimo. El embajador de Israel ha condenado la banalización del nazismo cuando se le compara con el nacionalismo catalán, añado yo, sin que las instituciones del Estado (Poder Judicial) diga ni mu, más bien calla y otorga.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal