José Ignacio Torreblanca

Los cuatro errores del ama de casa suaba

Por: | 25 de noviembre de 2013

 

“No se puede vivir por encima de nuestras posibilidades”. Si una frase puede resumir el pensamiento político dominante de esta crisis, esta sin duda es la candidata al primer premio. ¿Cuántas veces han escuchado a todo tipo de líderes, pronunciarla? Pinchen en los siguientes enlaces y lean, por ejemplo, a Mariano Rajoy empleando la frase, al primer ministro británico David Cameron, o el mismo Presidente de la Comisión, José Manuel Barroso.

Pero, sin duda, a la hora de buscar el original, nadie mejor que Angela Merkel. Las hemerotecas registran que la Canciller alemana es la máxima exponente de esta filosofía y la que más y mejor la ha utilizado para conectar con la filosofía vital de un gran número de alemanes y, también, por qué no decirlo, para hacer algo de populismo. Aquí la tienen, en el vídeo que abre esta entrada, un extracto de su discurso ante la conferencia de la CDU en Stuttgart el 1 de diciembre de 2008, comentando la caída de Lehman Brothers y contraponiendo la ingeniería financiera de los operadores de Wall Street con la sabiduría del ama de casa suaba* que sabe que “no se puede vivir por encima de las posibilidades de uno”.  Una frase repetida una y otra vez, hasta la saciedad, durante esta crisis: vean, por ejemplo, el discurso de despedida del BCE de Jean Claude Trichet, o esta entrevista del 17 de junio en CNN, donde vuelve a insistir en el mismo concepto.

 Según Robert Skidelsky, Profesor Emérito de Economía en la Universidad de Warwick y autor de una biografía monumental de John Maynard Keynes, la Canciller, y todos sus seguidores, cometen un error básico, de primero de carrera, llamado “falacia de composición”. No es una exageración, mis alumnos de primer curso de Grado en Ciencia Política de la UNED lo estudian en la página 46, capítulo 3 del manual, es decir en el primer semestre del primer año. Adjunto las pruebas.

 

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 Según Skidelsky, Merkel y sus seguidores caen en un error muy básico, pero de graves consecuencias: pensar que lo que es bueno para una persona es bueno para un colectividad. En este caso, según ya observara Keynes, que el ama de casa suaba sea frugal no es un problema, pero que Merkel pida a todos los alemanes, y los europeos, que sean como ella sí. ¿Por qué? Por la llamada “paradoja de la frugalidad”: si todo el mundo intenta ahorrar más en los malos tiempos, la demanda agregada disminuirá, con lo que se reducirán los ahorros totales, por la disminución del consumo y del crecimiento económico.

Como señala Skidelsky, esto significa que “si el Gobierno intenta reducir su déficit, las familias y las empresas tendrán que apretarse el cinturón y el resultado será una reducción del gasto total. La consecuencia de ello será que, por mucho que el Gobierno recorte su gasto, su déficit apenas disminuirá. Y, si todos los países aplican la austeridad simultáneamente, una menor demanda de los productos de cada uno de los países provocará un menor consumo nacional y extranjero, con lo que todos se encontrarán económicamente peor”.  ¿Les suena?

 El ama de casa suaba es la primera falacia de esta crisis. La segunda, según Skidelsky es “el gobierno no puede gastar lo que no tiene”. Las familias, dice, no son como los países, las primeras no pueden imprimir moneda ni emitir deuda, los segundos sí.  La tercera falacia la resume como: “la deuda nacional representa impuestos aplazados” y, la cuarta falacia, “la deuda nacional es una carga para las generaciones venideras”.

Les recomiendo de verdad que lean el artículo (está en castellano) y que no dejen de reparara en esta frase, muy sibilina pero muy elegante, a la británica, que Skidelsky deja sembrada en el texto donde explica la segunda falacia.

“Este argumento no es aplicable a un gobierno que no tenga un banco central, caso en el que afronta la misma limitación presupuestaria que el ama de casa suaba”.

La conclusión está clara: si no tienes un banco central propio, entonces sí que te tienes que comportar como un ama de casa suaba. Lo dice (casi) Keynes…

Hay 6 Comentarios

@Ivanhoe, ¿y porqué crees que ese comportamiento no fue reprendido antes? Había interés. En España la burbuja era obvia desde el año 2004 (y desde antes, también), y nadie quiso pincharla entonces, ni tampoco después.

A nivel global, la cosa funcionó de forma parecida. Crédito fácil.

El gran fallo, es que no nos hemos diversificado en las tareas económicas: el peso de la construcción y el sector del turismo es muy fuerte.

Comprendería las reformas del PP si también ayudaran a relocalizar la fuerza de trabajo, pero no. Ni hay reciclaje laboral, sólo despidos más fáciles (lo que no sería malo si no fuese por la cultura empresarial que hay, que considera al trabajador como una pieza, no como una inversión), y para más inri, la educación pública (vital para un estado sano) y la investigación (vital para poder competir y prosperar como sociedad) están relegadas.
En conjunto, las reformas están enfocadas a atraer la inversión volátil y a beneficiar el desarrollo de grandes empresas y de las SICAV. Y por supuesto, los bancos, a pesar de estar capitalizándose entre el BCE y el Estado (pagando a los bancos alemanes y franceses, pero apenas reactivando con su crédito la economía de mediano tamaño, como las pymes), no soltarán crédito como antes.

Tampoco veo a nadie explicando en que sectores laborales se va a basar la España post- crash inmobiliario. ¿Turismo? Está cerca de tocar techo, y está buscando adaptarse al paulatino agotamiento de su modelo primigenio, el sol-playa. ¿Industria? Las fábricas de coches están adaptándose todavía a la situación, y no creo que sirvan como colchón. La industria española de consumo, apenas puede competir con China. Hace poco petó Fagor... Y la industria avanzada todavía no genera suficiente tracción.
En este sentido, globalmente,no hay una visión del modelo productivo que queremos porque nunca lo hemos debatido.
Se ha hecho lo que caía en el momento.

Es muy, muy difícil. Pero recortando el consumo interno (despido barato, bajada salarial, aumento de horas por trabajador en la práctica) y sin crédito que reactive la economía a pie de calle, el caso se convierte en una pared de cristal: vemos donde queremos estar, pero algo parece que nos detiene o nos aleja.

La ironía es que el Estado tiene herramientas para subsanar esos recortes, la eficacia contra la corrupción y el desfalco: según Enrico Falciani, el Estado Español podría recuperar 200.000 millones de euros que han sido evadidos al fisco.

Pero claro, ¿lo hará una clase política (en los grandes partidos) que está imbricada también numerosas tramas de corrupción, y que ni por asomo se plantea purgarse por dentro? Inmovilismo.

Por cierto, la Ley de Seguridad Ciudadana recientemente aprobada parece demostrar que el Gobierno es consciente de la olla a presión: se está poniendo la venda antes de la herida.

No lo sé, pero dentro de cinco años, lo que veremos en España será muy distinto de lo que creíamos que podíamos tener. Hay un conflicto soterrado, en el que el modelo de Estado, y el modelo de sociedad se debatirá mucho, aunque no de forma pública. Si estalla o no, depende de si el grado de determinación social ( es decir, el acuerdo de mínimos irrenunciables que supone una sociedad) superará las posibles diferencias ideológicas.

Sin esto, nada que hacer, salvo protestas aisladas.

Lo que Merkel (y resto de personajes) quieren decir (entiendo), no es tanto que todos debamos ser como el ama de casa suaba de forma uniforme. Cierto es que si todos fuéramos como ella, todos ahorrando y nadie pidiéndo préstamos, el sistema se hundía. Lo que quieren decir es que lo que hace un lustro se consideraba "normal": endeudarse, adquirir propiedades al precio que fuera, viajar como mínimo a Turquía de vacaciones... no se aguantaba. Ha habido un exceso de este comportamiento y una falta de comportamiento "suabo". Y esto nos ha llevado a la situación actual. El nivel de endeudamiento privado en España confirma que, efectivamente, esto ha sido así. Pienso.

Nosotros solo sabemos que el salario lo rebajan para que la economía nacional no se hunda.
Como la mejor solución para salir a flote.
Y la privatización de la sanidad como un arreglo del despilfarro rampante y la malversación.
Y los recortes.
En educación, y los re pagos sanitarios, y la asistencia a discapacitados y la tercera edad, y los grandes lesionados, o disminuidos.
Y las familias sin sustento ni seguro, ni medios.
Que no pueden entrar en el casino, a jugarse la paga por insolventes.
Comprando con los cuatrocientos euros que reciben de ayuda, televisores de plasma.
Unos perdidos.
Y nuestra juventud mirando el tendido, preparada para sumar y restar de memoria o con máquinas.
Y leyendo de corrido.
Se van para Alemania, o Suiza, o Chile, o Australia o Japón, o Canadá.
Que alegría, por fin hablaremos idiomas en familia.
Pero de economía no entendemos ni papa.
Ni los hijos, ni las amas de casa.
A dos velas, es lo único.
Y sin casa.
Desahuciados.
Por no saber matemáticas, ni dos dedos de frente.
Nos hemos quedado sin pan.
Para tanta mortadela.

Es que es una confusión interesada. Muy práctica, por cierto, a la hora de cebar al publico no informado, o sin la información suficiente para hacer la discriminación entre un Estado, una empresa o un ama de casa suava.

Menudo tongo. Por otro lado, cada vez más, son los mass media los que más perpetuan este estado de cosas, sobre todo, porque la crítica y el análisis ceden ante la inmediatez.
Es parte del rápido desarrollo de las tecnologías de la información que hemos tenido, pero tampoco es excusa.
Porque da pista al patio de Monipodio. Donde esto no prospera con tanta facilidad es en sociedad donde el hábito educativo es crítico, y con iniciativa propia.

Si, pero que conste que esto no es crisis, que es estafa. Lo cuenten como lo cuenten.

Mientras esperamos que el tiempo o algún acontecimiento astral aparten de nosotros la monserga suave, de buenos modales y culpabilizadora, se me ocurren algunas cosas para echarle agua al vino, diluir un poco el euro.
Hay campos en los que hay que invertir: innovación, red inteligente- eficiencia energética entre otros. (¿alguien le puede explicar a Shaube lo de la bombilla de bajo consumo - invierto ahora para ahorrar mucho más, más adelante -?)
España podría pagarlo con bones o con bitcones. No se trata de emitir deuda para buscar euros en los mercados sino de pagar en España estas inversiones con moneda alternativa. Tal vez un bones de 1000 € a 10 años se pueda subastar hoy a 500, pero quien pueda guardarlo gastando en cambio sus ahorros (de qué viven las familias españolas ahora?), saldrá ganando. Se trata de que los españoles nos prestemos a nosotros mismos al margen del BCE y los mercados.
Tres comentarios: 1. quienes aceptaron los Bonex argentinos del corralito a cambio de sus dólares, cobraron todo en dólares y con intereses, al cabo de 10 años. 2. El efecto sobre los mercados de algo así puede afectar la cotización del euro a la baja, lo que puede ser un incentivo para desactivar la monserga. 3. España es una potencia en innovación política, (aunque lastrada por su depresión ancestral). España inventó, entre otras cosas, la guerrilla y la transición. Sin el ejemplo aportado por el modelo experimental de la transición, la disolución del bloque del este comunista hubiese sido mucho más trabajosa. Esto viene a cuento porque el mal ejemplo de los bones y los bitcones puede llegar a ser muy contagioso. El dinero no existe, es "valor atribuido" por la confianza. Viva España. Lo que en ningún caso hay que intentar es convencer al ama de casa suaba, porque la dama se crecerá en la negativa a conceder sus encantos.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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