José Ignacio Torreblanca

El futuro de Merkel, en manos de 475.000 socialistas

Por: | 09 de diciembre de 2013

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El jueves 12 conoceremos el sentido del voto de los 473.000 militantes del SPD a los que la dirección del Partido les ha pedido que ratifiquen el acuerdo de coalición que permitirá a Angela Merkel formar su tercer gobierno. Muchos confían en que se impondrá la disciplina, pero no todos las tienen consigo: como se ve en el video de Deutsche Welle que abre esta entrada (pinche aquí para reproducirlo), a los votantes socialistas les disgusta mucho ser fagocitados otra vez por Merkel.

La política alemana es como una puerta giratoria. Al día siguiente de conocerse la abrumadora victoria de Angela Merkel, la mayoría de las portadas de los periódicos, especialmente los más afines ideológicamente, se llenaron de exclamaciones y alabanzas por la rotundidad de la victoria obtenida por la Canciller. Y con razón: en una Europa donde, como consecuencia de la crisis, todos los gobiernos salen por la puerta de atrás, Angela Merkel rozaba la mayoría absoluta.

 

Pero con el paso del tiempo y el transcurso de las negociaciones para formar gobierno, la victoria de Merkel ha quedado más matizada al verse obligada a pactar con los socialdemócratas, que han vendido caro su apoyo pese a haber obtenido sólo el 26% en las encuestas. El acuerdo de coalición del 27 de noviembre, un mamotreco de 183 páginas, es calificado ahora como una prueba más del carácter camaleónico de Merkel y su capacidad para saltar por encima de las líneas de partidos, robar votos en campo contrario y volver al punto de partir (¿recuerdan la “conversión” de Merkel a las energías renovables y al campo antinuclear después del accidente de Fukushima?).

Pues lo mismo dicen ahora sus críticos: los empresarios ponen el grito en el cielo porque Merkel haya aceptado elevar los salarios (instaurando, por fin, el salario mínimo, que previsiblemente se establecerá en 8.50€ la hora) y subir algunas pensiones (especialmente las de las mujeres más mayores). Dicen los empresarios,

Ingo Kramer (BDA) o Ulrich Grillo (BDI), que el salario mínimo pone en peligro cientos de miles de puestos de trabajo mientras que la subida de las pensiones significa que el aumento de la edad de jubilación hasta los 67 habrá sido en balde, pues los ahorros que se iban a producir se perderán.

Con esos argumentos, se esperaría que los votantes del SPD se mostraran convencido de que han logrado un buen acuerdo, pero pesa más la experiencia negativa del anterior gobierno de coalición 2005-2009, que acabó en desastre electoral para los socialdemócratas. Dicen los sondeos que los votantes del SPD están perfectamente divididos entre partidarios y detractores del acuerdo. ¿Qué les podrá? ¿La responsabilidad de co-gobernar Alemania en un momento difícil y aportar estabilidad? ¿O el deseo de no reforzar a Merkel?

Hay 5 Comentarios

@Aliosha, la crisis en algunos países (del sur) no sólo es coyuntural, sino sistémica (economías financiarizadas, dependencia del crédito). Merkel sólo hace lo que sabe, defender los intereses de los alemanes a corto plazo (ellos tuvieron que afrontar una durísima reforma con Schroeder, y eso en los años del "todo va (pasablemente) bien". El problema es que las naciones del sur no pueden reformarse y competir a la vez en un contexto tan rígido como el euro. Sin liquidez, sin ahorro y sin un consumo potente, sus economías menos industriales se resienten al no poder competir con la calidad y la competencia alemanas, que rebajó de forma pactada sus costes y ahora apunta al exterior de la UE. Los alemanes simplemente, han sido más avisados, y ojo, que ellos también sufren el nuevo contexto económico: minijobs, más carestía de vida, y sobre todo la inseguridad de la clase media a largo plazo.)
No, el problema es que no sabemos poner contrapeso a Alemania, un país mucho más organizado, más poblado, altamente industrializado y que por ahora, sólo quiere salvar su economía. Alemania tarde o temprano tendrá que considerar si debe liderar de forma responsable al resto de Europa, o continuar defendiendo sólo sus intereses. Francia hace tiempo que no puede (o quizás no quiere sino aprovechar el impulso alemán) o no ha podido transformarse en el contrapeso.
El Anchluss a nivel europeo hace tiempo que se consumó.

Pase lo que pase perderá Europa. Merkel es como Berlusconi. Ambos no tienen solución salvando las enormes diferencias claro.
La política de Merkel no deja de ser un "populismo a la germana", se ha convertido la presidenta en un extraño símbolo nacional, un arquetipo que diría Jung del inconsciente colectivo.
Si se ha caracterizado Merkel desde que está gobernando en Europa es por insuflar el nacionalismo sutilmente, con su política exterior de acreedora bancaria sin piedad. Ahora todos se echan las manos a la cabeza con el éxito de Le Pen, Wilders, Nigel Farage y Junqueras. Pero ellos no son más que los productos de la política exterior de Merkel, que recuerdan los tiempos de the Iron Lady.
La virtud en casa, los peligros y el miedo siempre fuera. Hay un correlato bastante claro desde el punto de vista ideológico entre la Reina Victoria, Thatcher, y Merkel, aparte de que las tres son mujeres, las tres profesan un extraordinario amor al poder y al imperio.
El problema es que el discurso xenofóbico de que los mediterráneos somos unos vagos y nos encanta endeudarnos ha calado desde Munich hasta Helsinky.
Ya será difícil quitarnos ese estigma que tan fácilmente ha incorporado la CDU junto con los Liberales a los pueblos mediterráneos. Una vergüenza sin duda, que se alimenten estereotipos discriminatorios por parte de líderes europeos de grandes potencias.
Sin duda todos los conflictos interterritoriales en la Unión Europa son más causa de la nefasta política exterior de la canciller que de la crisis económica, que muy probablemente ya habría desaparecido si no estuviera gobernando Alemania.
Un desastre de política que tendremos otros cuatro años con nosotros. Gracias Deutschland, por votarla.

Que diferencia con los partidos españoles, ¿alguien se imagina esa situacion aqui? pues esa es la razon por la que Alemania es Alemania, Suecia es Suecia y España, en fin, es incluida en los PIGS. Quien no se respeta a si mismo que no espere respeto por parte de los demas paises, y todo falla cuando empezamos por ser positivos y ha olvidarnos de ser criticos.

Es cierto que los 'Jusos' (la generación jóven del SPD) está en contra de la Gran Coalición, no así la mayoría de correligionarios del partido, éstos saben de antemano que de oponerse a una Gran Coalición, los conduciría al fracaso al convocar a unas nuevas elecciones. La ciudadanía alemana no le dio la mayoría de votos a la SPD, sino a la CDU/CSU y forzar así a un gobierno de Gran Coalición. Días previos a las elecciones generales en Alemania, se llevaron a cabo elecciones en Baviera, en dónde la CSU ganó con mayoría absoluta, significando un gran respaldo a la 'unión hermana', la CDU de Angela Merkel. El descontento de los 'Jusos' es que se comenta que el contrato de Gran Coalición, es un catálogo de buenas intenciones. El SMI de € 8,50/hora estaría concentrado en las profesiones de servicios: camareros, peluqueros, agentes de ventas o asesorías telefónicas, dependientes, cocineros o limpiadores y a partir del 2015, aunque los agentes sociales podrán acordar un periodo de transición de dos años.

¿Alguien quiere apostar 5€ a que sale "No"?. Pareciera que los ciudadanos están dejando de pensar que el socialismo "responsable" sirva para frenar el retroceso de los derechos sociales o para impulsar a Europa hacia la innovación, el crecimiento y el empleo. Piensan que solo sirve para ocuparse de sus "asuntos internos" y fracasar de cara a los ciudadanos. Pongamos que hablo de Madrid...
SI esta coalición fracasa, saldrá, tal vez, un Renzi alemán. Ya sé que en la bolsa no hay que apostar a lo que uno quiere que salga sino a lo que hará el mercado, pero, creo que el mercado está cambiando de tendencia.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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