José Ignacio Torreblanca

Nada de sorpresas en el programa de gobierno de la coalición alemana

Por: | 11 de diciembre de 2013

Sorpresa
En la entrada anterior en este blog trataba la cuestión del acuerdo de coalición entre la CDU y el SPD, que los votantes de este último partido están llamados a ratificar el próximo jueves. Recogía allí alguna de las críticas de los empresarios alemanes al acuerdo, por considerar que elevará los costes laborales y los impuestos, así como las reticencias de la militancia de base del SPD, temerosa de que Merkel, como hizo con el anterior gobierno de coalición (2005-2009, fagocitara políticamente a los socialdemócratas.

¿Pero qué dicen los expertos sobre el contenido de estos acuerdos? Muchos en España, y en otros países de Europa, tienen depositadas grandes esperanzas en este gobierno de coalición. Esperan que el gobierno imprima un cambio en la política económica alemana, orientándola más hacia el consumo y la inversión (los grandes déficits alemanes) y, en parte, desviándola de la austeridad extrema que hasta ahora ha venido imponiéndose a sí misma y a los demás. Ya sólo la subida del salario mínimo, dicen muchos, además de un elemento básico de justicia social, supondrá un aliciente al consumo y, en parte, a generar algo más de inflación.

 ¿Pero y si estuviéramos confundiendo nuestros deseos de ver un giro en Alemania con la realidad? Esta es al menos la tesis de mi colega alemán Sebastian Dullien, que en un análisis publicado el 29 de noviembre (“What does the German coalition agreement mean for the eurozone?”) se muestra sumamente escéptico sobre los efectos expansivos de estos acuerdos. Dullien argumenta de la siguiente manera.

 Primero, en lo referente al paquete de inversión pública pactado (23.000 millones de euros), Dullien señala que su impacto anual será de un mero 0.2% sobre el PIB y que, además, ese impacto se lo comerá en gran medida la inflación. Por tanto, lo más que se puede decir de este paquete es que invierte la tendencia, hasta ahora negativa, en lo relativo a la inversión pública.

Segundo, en cuanto al incremento en las pensiones, centrado en las madres con niños nacidos antes de 1992, con un coste calculado de 6.500 millones de euros anuales, se muestra escéptico sobre la posibilidad de que esa cantidad se traslade íntegramente al consumo, al ser sus beneficiarios fundamentalmente de clase media.

Tercero, en cuanto a la fijación del salario mínimo en 8.50 euros la hora, esta afectará a prácticamente el 20% de la población laboral (que hasta ahora gana menos de esa cantidad, alrededor de 7 euros/hora), con un impacto de 11.500 millones de euros. Aproximadamente la mitad de esa cantidad podría destinarse al consumo, pues el resto se irá en impuestos, disminución de márgenes, aumento de precios etc.

El incremento de la demanda que se deriva de todas estas medidas, estima Dullien, será de sólo 0.5%, lo que podría traducirse en un incremento del crecimiento anual en una décima (0.1%). No parece mucho. ¿Conseguirán todas estas medidas generar algo de inflación y hacer perder a Alemania competividad como para reducir el inmenso superávit comercial de Alemania? Según Dullien, Alemania tendría que irse a un 2-3% de superávit desde el actual 6%, pero este acuerdo sólo reducirá ese superávit en 0.5%.

La conclusión de Dullien es bastante pesimista: Alemania no va a cambiar su orientación con este nuevo gobierno. Si el acuerdo es aprobado por los militantes socialdemócratas podremos encontrarnos con, paradójicamente, un gobierno aún más fuerte y cohesionado. Eso puede, como señala Dullien, tener la ventaja de que en caso de entrar de nuevo en crisis y asomarnos al abismo, Merkel no tendrá excusa para dudar sobre el apoyo que tendrá en casa, pero al mismo tiempo, el acuerdo es un corsé con unos márgenes muy claros y muy rígidos de los cuales Merkel no podrá desviarse. Además en lo relativo a la unión bancaria, crucial para resolver el futuro de la eurozona, la coalición solidifica las reticencias a completar esa unión con un fondo de garantía de depósitos de ámbito europeo. Con este acuerdo los alemanes han optado por la estabilidad, y la tendrán. Nada de sorpresas. 

Hay 2 Comentarios

Creo que hay gente que se olvida de que los alemanes son gente eminentemente práctica. Y por lo tanto muy aversos al riesgo. Podrán cambiar algunos detalles, pero nadie dude de que si con el camino económico que han escogido les ha ido razonablemente bien y desde luego mucho mejor que los demás no van a arriesgarse a desbrozar otro nuevo. Y da igual lo que chillemos, pateemos y hagamos aspavientos los socios "del sur". Y punto.

Por supuesto que no debe sorprender a nadie el programa de gobierno de la Gran Coalición. Quién ganó las elecciones generales en Alemania? La CDU/CSU o el SPD? Alemania tiene muy claro el camino a seguir. Lo que no se entiende es que, hayan países como España que pongan grandes esperanzas en la política económica alemana a futuro, mientras la propia economía está por los suelos y es cómo si no importara - nadie hace esfuerzos por encontrar fórmulas para incentivarla, lo que ayudaría a la creación de puestos de trabajo, logrando reducir las vergonzosas cifras de paro. La banca española no concede créditos a las PYMES, creadoras de puestos de trabajo, pero, si invierte el dinero prestado del BCE para hacerse de la deuda soberana de su propio país, lo que considera muy lucrativo. Al respecto, el 'super' Mario Draghi ha lanzado advertencias. El BdE continúa sin cumplir con su deber de supervisión. Con relación a la Unión Bancaria, se han tomado las primeras decisiones, según el criterio de Alemania. A la CE no se le concederá ningún superpoder para decidir qué bancos hay que cerrar, separar o liquidar, llegado el momento.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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