José Ignacio Torreblanca

Karlsruhe

Por: | 12 de febrero de 2014

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Ciudad que alberga la institución de moda: el Bundesverfassungsgericht o Tribunal Constitucional alemán, que nos tiene en vilo durante toda la crisis del euro con sus sentencias sobre si las decisiones clave adoptadas para salvar el euro son constitucionales o no.

Si puede decir esa palabra (Bundesverfassungsgericht) de corrido, entonces no tenga duda: será admitido en los mejores salones de la vida política europea. Merece la pena invertir algo de tiempo en decirlo bien pues la alternativa, Karlsruhe, es igualmente atrangantosa (si me permiten el palabro), aunque es una salida elegante: “Karlsruhe ha dicho”, “lo que Karlsruhe quiere decir”, etc, también puede servir para darse algo de postín.

No se si alguno de ustedes ha tenido la oportunidad de visitar dicha ciudad, pero en principio parecería una urbe amable. Su mismo nombre, el “Reposo de Carlos”, algo así como nuestro Yuste cacereño donde se retirara nuestro Emperador Carlos, es una invitación a la paz y tranquilidad.  Y según las descripciones habituales, se trata de una de la ciudades más soleadas y cálidas de Alemania. El mismo tribunal parece inofensivo: como es típico en la arquitectura de la Alemania Federal, todo son cristales y sencilleces, para abundar en la idea de un poder sencillo, cercano y transparente.

 

Pero detrás de esa calidez lo que hay es una verdadera guerra fría jurídica: la que libran los jueces del Bundesverfassungsgericht contra las instituciones europeas, a las que escudriñan minuciosamente. Sean las decisiones del Consejo, Comisión, Parlamento o, ahora, el BCE, los jueces del Constitucional alemán se han arrogado desde hace tiempo la “última palabra” sobre Europa. “Arrogar” es la palabra clave pues a decir de unos, sus sentencias y pronunciamientos destilan una arrogancia insuperable, mientras que para otros, estamos ante unos humildes servidores de la conciencia democrática alemana de la posguerra, marcada por la deriva de un régimen democrático a uno totalitario.

Véase, por ejemplo, la última sentencia sobre el programa de compra de deuda de los estados miembros (OMT) aprobado por el Banco Central Europeo. ¿Ante qué estamos? Unos dicen que se trata de una seria advertencia del Constitucional alemán sobre el papel que está desempeñando el BCE en esta crisis, desbordando continuamente su mandato con el fin de salvar el euro.

Para unos, salvar el euro es necesario, pero si lo hacemos mediante el recurso a un continuo estado de excepción jurídico y violando las normas en las que se asienta el edificio europeo, estaremos, en el fondo, contribuyendo a socavar los fines de la integración europea, que no son otros que el de constituir una comunidad de derecho. Las reglas son importantes, diría, y no precisamente por estética, sino porque sin ellas no hay convivencia.

Para otros, toda regla es contingente, emana de un conocimiento imperfecto de la realidad y ha sido elaborada por humanos falibles que carecen de información perfecta sobre la realidad. Cuando se lanzó el euro, teníamos una información. Ahora, tenemos más y mejor información, sabemos más y somos conscientes de nuestros errores. ¿No es lo lógico cambiar las reglas para que se adecúen a la realidad? ¿O es mejor cambiar la realidad para que se adecúe a las reglas?

Lo ideal sería cambiar las reglas con tiempo y de acuerdo con reglas sobre como cambiar las reglas pero qué ocurre cuando estás delante de un abismo, como estuvimos en 2012 y el euro estaba a punto de quebrar. El Presidente del BCE, Mario Draghi, se plantó delante de los mercados y les dijo que “haría todo lo que fuera necesario” para salvar el euro. No dijo, fíjense bien, “haré todo lo que con el Tratado de Lisboa y el mandato del BCE pueda legalmente hacer”. Por eso hablamos de Karlsruhe, o más bien del Bundesverfassungsgericht, porque allí donde la política se cruza con el derecho surge la democracia, ¿o el estado de excepción?

 

P.S. Recomiendo: ¿"Quién asegura la democracia"? de Daniel Innerarity y "No es el Bundebank, son los jueces" de Francisco Rubio Llorente.

Hay 5 Comentarios

solo una arista...¡¡para señalar lo diáfano,claro,sencillo,transparente,de la moderna arquitectura alemana,sea Hannover,Berlin o Dresden,únicas ciudades que conocí el 2003,pero ..... cuadrada...¡¡¡¡

@frydman & @Francisco Tostón de la Calle, tomad nota:


August Heinrich Hoffmann von Fallersleben - autor del himno de Alemania "Las Lied der Deutschen", nació en 1798 en Fallersleben, Wolfsburg, Baja Sajonia, Alemania - profesor universitario de Filología Alemana y Poeta. Desde 1952 se canta únicamente la 3ra estrofa: Einigkeit und Recht und Freiheit / Für das deutsche Vaterland! / Danach lasst uns alle streben / Brüderlich mit Herz und Hand! / Einigkeit und Recht und Freiheit / Sind des Glückes Unterpfand –Blüh im Glanze dieses Glückes,Blühe, deutsches Vaterland!

Amigo Frydman: En ningún renglón del himno alemán se habla o se reza lo de "Deutschland über alles" y su música no es de una alemán sino de un austríaco.

Hola, amigos. Yo recomendaría repasar la regla evangélica que da Jesucristo: "No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre". El hombre es la realidad; el sábado es el "Bundesverfassungsgericht". Pero el hombre europeo es también y en igualdad de condiciones, el griego, el portugués, el italiano y el español. Exactamente lo mismo que el alemán. Para recordarle eso a los alemanes está Rajoy si no se le olvidara cada vez que habla con la señora Merkel.

Bueno, para empezar, alguna institución europea debería adoptar alguna ¿resolución?¿decisión?¿declaración? o lo que sea que rece: los ciudadanos de ningún país de la UE pueden arrogarse condición de superioridad sobre los demás ciudadanos. Los gobiernos de los países de la UE tomarán todas las medidas necesarias para que sus instituciones y símbolos promuevan las actitudes o sentimientos de sus ciudadanos en ese sentido. Los himnos nacionales que, como el alemán, recen"Deutschland über alles" deberán ser abolidos antes del 2026 (¿unión bancaria 2025?: quitar la canción de Bismarck en 2026). Los niños alemanes lleban dmasiado tiempo cantando un himno que es apropiado para una selección de futbol.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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