José Ignacio Torreblanca

Lo que la Monarquía le debe a la democracia

Por: | 11 de junio de 2014

CoronaCon motivo de la abdicación del Rey se ha escrito, justificadamente, sobre lo mucho que la democracia le debe al Rey. Pero quizá ha llegado el momento de hablar también sobre lo que la Monarquía le debe a la democracia.  Al final de esta entrada esbozo cuatro propuestas concretas, pero déjenme primero contextualizarlas.

 Desde el proceso de Transición hasta el golpe de Estado del 23-F, pasando por múltiples otros momentos de la vida política de este país, el Rey Juan Carlos y el progreso democrático de España han estado íntimamente asociados, en España y fuera de ella.

Pero también es cierto que, como señalé en una entrada anterior (“Resistir la tentación”), en los últimos años, ni la institución de forma colectiva ni la persona del Rey en su conducta individual han destacado por su ejemplaridad. Este problema, señalaba, no es excepcional a la institución monárquica, pues como sabemos, el resto de las instituciones de nuestro país han estado y están aquejadas de problemas similares en cuanto a su falta de calidad democrática, escaso sometimiento al control ciudadano y ausencia de ejemplaridad.

En el caso de la Monarquía, como en toda otra institución política, es muy fácil ver que existe una correlación muy estrecha entre sus problemas y el grado de opacidad y protección que se le brinda: sabemos que cuanto más opaca es una institución y más se la blinda del control exterior, más tiende a desviarse de los fines que tiene asignado y más espacios se abren para la corrupción. 

Por razones conocidas, en España vivimos con la paradoja de que la Monarquía se haya sostenido hasta la fecha sobre el sentido común de los republicanos, o el de los republicanos con sentido común, si se quiere, no de los monárquicos convencidos. Dicho de otra forma, republicanos son, por lógica y naturaleza, un gran número de los españoles, pero eso no los ha convertido automáticamente en partidarios de la República como forma de organización de la Jefatura del Estado. Con su exagerado empeño en blindar a la Monarquía de toda crítica o posibilidad de rendición de cuentas, los monárquicos militantes han sido, sin duda, sus peores enemigos.

En una democracia, una magistratura hereditaria es un anacronismo. Pero es un anacronismo con el que, como señalé en una entrada anterior (¿Son las repúblicas más democráticas, o más progresistas?), muchas democracias avanzadas conviven. ¿Por qué lo hacen? Porque seguramente consideran que los beneficios que les proporciona esa institución, sean simbólicos o prácticos, son superiores a los costes, económicos y democráticos. En España, como hemos visto en la reciente encuesta de Metroscopia, que sólo daba a los partidarios de la Monarquía un 49% (frente a un 36% de partidarios de la República), y en la caída de la valoración de la Monarquía, que ha pasado de 7.46 a 3.72 en un periodo muy breve de tiempo, existe un importante problema de desafección con la institución.

 Es fácil adivinar que, dada la situación a la que hemos llegado, si la Monarquía quiere seguir formando parte del futuro democrático del país, deberá plantearse una profunda renovación. Esa renovación ayudaría a reconectar la institución con la ciudadanía pero, sobre todo, introducir mayores estándares de exigencia democrática en su funcionamiento. Abro el debate aquí con cuatro sugerencias muy concretas.

Primera, la cuestión de la inviolabilidad, actualmente recogida en el artículo 56.3de la Constitución. Bien sea mediante reforma de la Constitución o bien mediante desarrollo legislativo, las Cortes deben precisar con toda claridad que la inviolabilidad del Rey sólo afecta al ejercicio de sus funciones constitucionales, en ningún caso a su vida privada. La inviolabilidad tiene lógica pues el Rey refrenda los actos del Gobierno: dado que no se puede negar a refrendar esos actos resultaría absurdo juzgarle por ellos si en esos actos hay desviación de poder o irregularidad alguna. Para el resto de cuestiones, el Rey, como el resto de miembros del Gobierno, debería simplemente estar aforado.

Segunda, el procedimiento de destitución. Aunque, en principio, la Jefatura del Estado se asigne de por vida al Monarca, debe existir un procedimiento regulado por el que las Cortes Generales pudieran destituir al Rey si estas estimaran que ha dejado de cumplir sus funciones adecuadamente o con la honorabilidad y ejemplaridad que se suponen. No hablamos aquí de juzgar delitos, sino de un procedimiento político, lo que los anglosajones llaman “impeachment”, es decir un “juicio político”.  En la actualidad, el artículo 59.2 dice: “Si el Rey se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales…”. Esa formulación debiera cambiar para que esa inhabilitación pudiera partir del Parlamento.

Tercera, debería suprimirse el delito de “injurias a la Corona” actualmente tipificado en el 490.3 y 491 del Código Penal. El Jefe del Estado tiene derecho al honor y a la intimidad, pero no debe gozar de una protección específica o distinta que la de otros miembros del Gobierno. La Monarquía debe aceptar que las críticas a la institución, aunque no les gusten y en ocasiones puedan parecer ofensivas, son consustanciales a la democracia. O explicado al revés, que nada hace más daño ni lo pone más fácil a sus detractores que el hecho de que alguien pueda ser multado o enviado a la cárcel por insultar al Rey.

Cuarto, la Corona debería someterse al mismo régimen de transparencia y control en sus cuentas que cualquier otra institución del Estado. Dado que se financia con fondos públicos, la transparencia debe ser la misma. Aunque la Constitución señale que el Rey recibe una asignación y este la distribuye “libremente” (art. 65.1) en modo alguno puede interpretarse de ahí que eso le exime de rendir cuentas de sus gastos.

La Constitución será reformada en algún momento y sometida a referéndum. Esa reforma incluirá el cambio en la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión (art. 57.1). Lo lógico sería aprovechar para modernizar y actualizar la institución desde una perspectiva democrática más acorde con los tiempos y nuestro entorno.

En su análisis de la encuesta de Metroscopia para ElPAIS, el sociólogo José Juan Toharia concluye: “¿Cabe deducir de estos datos que los españoles dan por zanjada, definitivamente, la disyuntiva monarquía-república? No necesariamente”. Esa es precisamente la cuestión: esa tensión democrática es buena, porque habla de la madurez de la ciudadanía, que es pragmática al respecto, y es buena para la Monarquía, porque le obliga a ser más exigente consigo misma de lo que le exigen los monárquicos. 

Hay 9 Comentarios

Preferiría preguntar lo siguiente:¿Qué le debe la Monarquía a sus ciudadanos/súbditos?

Estupendo artículo e interesantes comentarios. El problema que tenemos es que la historia de la monarquía en España en el Siglo XX (su final espontáneo y su vuelta en las circunstancias en las que volvió) no es la misma que la de la monarquía británica a la que a tantos les gustaría poder considerar equivalente. Y esto tiene consecuencias. Nos guste o no. Y parece que las va a seguir teniendo, por cierto, durante bastante más tiempo. Ojalá un día demos con la solución. La sombra del ciprés es alargada. Pero no infinita.

Perdonen me voy a ir por las ramas, don Jose Ignacio en su entrada de hoy muy interesante y clara, dice:En este pais, nuestro pais y en España, seria bueno que no tuvieramos miedo a hablar y escribir España y no usar otras expresiones que dicen lo mismo pero no expresan lo mismo y lodigo porque no entiendo que se hable de la roja y no de la seleccion española y si eso se hace en medios serios y de gran difusion tanto en España como en el extranjero como El Pais digital la cuestion ya se torna grave, aqui me dicen gallego que es coma se llama a los españoles en Argentina nadie me dice eres de ese pais o cosa por el estilo, se empieza por eso y se termina desterrando la denominacion España y español y luego nos extrañamos de la desafeccion de las nuevas generaciones.Y desde luego estoy de acuerdo que la monarquia este sujeta al control parlamentario expresion de la voluntad popular
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

Se dice, gracias a la monarquía (al ciudadano Juan Cárlos), hemos tenido el mayor período de estabilidad y prosperidad. Si todo esto se le atribuye al rey, también habrá que adjudicarle la crisis y la tragedia humana que arrastra. A las duras y a las maduras.
Por otro lado, lo de cuanto debe la monarquía a la democracia es para hacérselo pensar. Creo que la democracia le debe mucho más a la dictadura de Franco, que a fin de cuentas fue quién la restituyó, que a la democracia.

Cuanta palabra. Nos invitan, como viene siendo habitual, a que hablemos de lo mismo, a que pensemos sobre si es la democracia la que está en deuda con la monarquía o viceversa. Ese debe ser el discurso correcto y sobre lo que debemos ocupar nuestro intelecto. Cualquier otra cosa, que se salga de estos márgenes, no tiene cabida en esta democracia tan particular que tenemos en España, si acaso algo exótico para presumir magnanimidad con las minorías de los que, se atreven a verbalizar un pensamiento diferente.
Yo creo, y siempre lo he dicho, que todo tiene que ver con algo fundamental en derecho, como es el derecho del vencedor. Vea victis, que decían los romanos, ¡ay de los vencidos!. Poco importan los argumentos de los vencidos. Aquí suelo citar a Unamuno y su "venceréis pero no convenceréis" Por supuesto se equivocaba. Resulta imposible que alguien que ha vencido y que dispuso de cuatro décadas para convencer, no consiga ese objetivo.
A pesar del discurso aburrido y la palabrería a la que nos tienen acostumbrados políticos y periodistas, hay un murmullo contagioso que recorre la grada, que ha hecho poner nerviosos a mucha gente. Pero también que ha conseguido escenificar la catástrofe que se avecina, para los que a pesar de todo (la crisis), no habían sentido aún sobre sus propias carnes el vértigo del precipicio. Mientras la mayoría estaba probando la caída libre y la dureza del abismo. Así muchos han salido de una suerte vea victis social e ideológico al que nos había condenado, y que ha hecho a mas de uno plantearse sus principios.
He oído la intervención de nuestros líderes políticos en la escena y he terminado horrorizado. Sobre todo la intervención del, hasta ahora líder el PSOE, Rubalcaba, diciendo poco menos que era antidemocrático votar cualquier otra cosa que no fuese un voto afirmativo, a la ley de abdicación del rey. Claro que su discurso estaba muy en entre dicho, tratándose de una persona que acaba también de renunciar a su puesto de dirigente. Las razones de su renuncia no nos las han explicado, si bien quién más quién menos sospecha, (el murmullo que acompaña a Rubalcaba se parece al que acompaña al hasta hoy rey de España), por donde pueden ir los tirios. En un último servicio a los suyos ha hecho un discurso impropio de una persona de su talento. En un análisis más sosegado hoy hemos visto en lo que se ha convertido la clase política española.
Como hay miedo del murmullo y como la catástrofe se anuncia ya en todos los diarios, el gobierno se apresura no solo a dejar atado y bien atado al jefe del estado entrante, hay que proteger al saliente por si acaso. Hoy todo el mundo habla sin tapujos y se puede leer la cinta del día a día como libro abierto. No sabemos si los gobernantes no se fían de que el murmullo vaya subiendo de tono y alcance al viejo rey, o si es que del que no se fían es del viejo rey. Fuera como fuere, hay que aforarlo inmediatamente por si las moscas. Todo esto da idea de la histeria que recorre la bancada política. Parece que se ha producido un "click" y de repente ya no se controla la situación, y en vista de que la metroscopia no da una, lo que quiere decir que el pueblo miente, no hay que tomar riesgos innecesarios. El sufragio, que parecía estar tan controlado, de repente se ha convertido en una bomba de relojería de tal modo que hasta Rubalcaba nos dice cual debe ser nuestro sentido del voto, si es que somos demócratas. Otro argumento muy recurrente, como aquel del largo período de prosperidad que gracias a ......(rellénese con lo que se estime oportuno) hemos tenido, que se parece mucho a lo de los pantanos de Franco.

EL CONGRESO APOYA CON EXTRAÑA RAPIDEZ LA ABDICACIÓN.

Acabo de leer “La utilidad de lo inútil” de Nuccio Ordine. Un librillo entretenido, del que por sentirme utilitarista no comparto todo lo que en él se defiende. En dicho librillo el autor utiliza una cita de Pierre Hadot, que me parece muy oportuna para este artículo, dice:


“Y es precisamente tarea de la filosofía
el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil
o, si se quiere, enseñarles a diferenciar
entre dos sentimientos diferentes de la palabra utilidad”.


En mi opinión no hay nada inútil, si algo existe es siempre porque es útil, útil para alguien, útil para algo. Por ejemplo, el estudio de lenguas muertas, la poesía, determinadas ciencias, la propia filosofía, existen, y sobreviran en la época materialista en que vivimos porque para alguien y para algo son útiles. Lo mismo ocurre con la forma de gobierno denominada monarquía, a pesar de ser incompatible con el concepto de democracia y con el principio de que la soberanía reside en el pueblo y únicamente en el pueblo, sigue sobreviviendo en nuestra época porque es útil, muy útil para un sector de la sociedad de cada uno los Estados que la tienen por forma de gobierno.

La monarquía existe porque es muy útil a un sector social con mucho poder en cada uno de los Estados en que existe. Únicamente por eso, buscar otro tipo de argumentos para justificar su existencia es irracional, algo totalmente inútil, una verdadera pérdida de tiempo.

El Rey ha dicho que abdica, y que su hijo el príncipe Felipe, muy bien preparado según dicen, no se para que, se hará cargo de la Jefatura del Estado. Y para dar sustento constitucional a dicho acto el Gobierno de España de acuerdo al artículo 57.5 de la Constitución del 78 ha aprobado de la forma más rápida posible, reduciendo al mínimo el debate sobre el tema, una ley orgánica. Ley orgánica a través de la cual los actuales representantes de las Cortes Generales, como no podía ser de otra forma, aceptan la decisión del Rey y le dan su apoyo.

El debate sobre la Ley de Abdicación que se ha celebrado hoy en el congreso de los diputados y la posterior votación han transcurrido como se esperaba. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, respaldado por su partido, el PP, el cual cuenta con mayoría absoluta, ha intentado justificar la utilidad de la Casa Real, haciendo numerosos halagos tanto a la finura del actual Rey como al príncipe Felipe, del cual insisten en que está muy bien preparado. Afirmando que sin la participación del Rey, sin su pilotaje, la democratización de España hubiera sido más difícil, más complicada o incluso imposible. Según el presidente Rajoy el Congreso debe dar su apoyo al tránsito generacional de la Corona porque esa es la voluntad de los españoles recogida en la Constitución desde que esta fue sometida a referéndum en el 78. Por otra parte el líder del PSOE, principal partido de la oposición, también ha dado su apoyo a La Ley de Abdicación, justificando su decisión con el argumento de que sigue respectando el pacto constitucional acordado en el 78 por su partido, el cual incluía la aceptación de la Monarquía, la aceptación de que la Jefatura del Estado fuera ejercida con carácter hereditario por la familia de los Borbones.

El resultado de la votación ha sido de 299 votos a favor, 19 en contra, y 23 abstenciones. Es indiscutible por tanto que hoy por hoy, por una razón o por otra, la Casa Real de los Borbones sigue disfrutando del apoyo de las principales y mayoritarias fuerzas políticas del país. Lo cual me lleva a hacerme algunas preguntas ¿Si la Corona, los Borbones, cuentan con tanto respaldo político, para que tanta rapidez en adoptar una decisión de enorme transcendencia para España? ¿Por qué no han tramitado la ley dando más opción al debate, no solo dentro del Congreso de los Diputados, sino también en la sociedad española, a nivel ciudadano, en otros entes de poder de la sociedad española? ¿Qué temen? Evidentemente no es otra cosa que el rechazo social. La clase política española con extraña y anormal rapidez, tal vez acertada, por miedo, para evitar consecuencias no deseadas, intenta imponer un futuro que teme que no es aceptado por la gran mayoría de la sociedad española.

No estoy seguro, pero posiblemente la decisión adoptada hoy por las fuerzas políticas mayoritarias españolas haya sido la más conveniente. Un pacto como el que permitió en el 78 que España sea hoy una Monarquía Parlamentaria no se puede romper de un día para otro. Los Borbones restauraron la Monarquía en España porque en el 75 tenían mucho poder y apoyos, tanto nacionales como internacionales. Hoy dichos apoyos se han reducido, la institución de la Monarquía es responsable de muchos de los abusos que se han producido desde su restauración en España, los Borbones han, metafóricamente hablando, mordido mucho y a muchos ciudadanos españoles, perdiendo apoyos y ganando rechazo y odio en la sociedad española. A nivel internacional la gestión realizada por la Casa Real de los Borbones también ha decepcionado. Pero en contra de lo que creen algunos pequeños partidos políticos españoles, los comunistas, y alguno que otro más, yo sí creo que la Institución de la Monarquía todavía tiene mucho poder, poder para morder, poder para ordenar abusos, poder para anular la vida de un ciudadano privándole del derecho a trabajar.

Hay dos cosas que me han llamado la atención en relación con el debate sobre la Ley de Abdicación. Primera, mientras el presidente Rajoy hablaba en el Congreso de normalidad democrática, a unos cientos de metros, gorilas de la policía amenazaban y agredían de forma inútil e innecesaria a indefensos ciudadanos que únicamente querían ejercer su derecho a manifestarse y expresarse. ¿Normalidad democrática? No, vivimos en un ambiente de represión policial y judicial, en un ambiente en el que se produce lo que se denomina violencia de Estado, en un ambiente en el que el Estado, incluida la Institución de la Monarquía, es responsable de que se produzcan, con total impunidad, violaciones de los derechos humanos. Segunda, han sido dirigentes de partidos políticos con pequeño respaldo electoral los que han manifestado más interés y urgencia en convocar un referéndum para que el pueblo español se pronuncie sobre si quiere una Monarquía o una República como forma de Estado. ¿Por qué? ¿Por qué tienen tanta prisa en que España sea una República si ellos, como mínimo a corto plazo, no la presidirían? No lo sé, como simple ciudadano no integrado en una fuerza política, no creo que sea urgente cambiar la forma de Estado. Lo que si considero urgente y necesario es reformar lo que se conoce como el papel institucional de la Casa Real, es decir, el Titulo II de la Constitución del 78 y todo el contenido adicional tácito, oculto, que permite que la Casa Real sea responsable no solo de cosas como el caso Noos, sino también de numerosos abusos de poder y violaciones a los derechos humanos que se producen en la sociedad española.

Es necesario y urgente reformar el Titulo II, limitando el poder de la Casa Real. Y dejando claro cuál va a ser a partir de ahora el rol institucional de cada uno de sus miembros. En un Estado democrático es inaceptable que el mando supremo de las Fuerzas Armadas lo ejerza una familia, los Borbones. De igual forma la Casa Real, la institución de la Monarquía debe de dejar de jugar el rol que juega dentro del Poder Judicial, no es propio ni de nuestra época ni de un Estado democrático que el Titulo VI de la Constitución recoja que la justicia se administra en nombre del Rey. Además, algo todavía más preocupante, es cuál va a ser el papel institucional la futura Reina, Letizia Ortiz, siendo según fuentes periodísticas atea y abortista, sobre que va a poder decidir, en que va a poder representar al conjunto de la sociedad española, es decir, que poder va a tener en relación con importantes instituciones del Estado español.

Hace unos días en un programa de televisión el presentador pedía a unos niños que dijeran que era para ellos un Rey. Pensé, difícil pregunta, y pensando en la ajedrez, y recordando hechos de la historia, llegue a la siguiente definición “Un Rey es un dirigente cuya caída siempre provoca consecuencias” El Rey de España ha caído literalmente hablando pero no metafóricamente hablando, simplemente ha abdicado en su hijo, el príncipe Felipe, antes de pedir su total caída, el fin de la Monarquía, en mi opinión, es necesario ser prudente, comprobar si realmente existen medios, barreras, suficientes para impedir consecuencias no deseadas.


El aforamiento me parece una figura jurídica ventajista que se ha prodigado en exceso. La igualdad ante la ley ha de ser radical, extensiva , sin escaqueo que valga.
Es sencillo, del mismo modo que no se pudo juzgar a Mitterrand hasta que no abandonó su cargo, tampoco podemos juzgar al Rey... durante toda su vida mientras lo sea. Algo no me parece correcto en ese planteamiento.

"en los últimos años, ni la institución de forma colectiva ni la persona del Rey en su conducta individual han destacado por su ejemplaridad". ¿En los últimos años? Yo diría que es entonces cuando ha trascendido la poca ejemplaridad del rey pero ello no quiere decir que anteriormente fuera ejemplar, ni mucho menos, al menos si nos atenemos a determinados personajes con que se asoció a la figura del rey -De la Rosa, Mario Conde, los Albertos, Colón Prado de Carvajal, etc- sino que no lo supimos dado al formidable blindaje mediático al que se sometió a la familia real. El NYT -no hablamos de la Gacetilla de Pancorbo- habla de que el rey posee un fortunón de miles de millones de euros pero aquí hacemos oídos sordos. Mi impresión es que en torno a la figura del rey los españoles hemos sido tratados como menores de edad. Y lamentablemente -dados los halagos ditirámbicos que hacia su figura hemos tenido que soportar estos días- no parece que al respecto haya propósito de enmienda.

Como en tantas otras ocasiones en que juzga los comportamientos y actitudes del monarca, gran parte de la prensa y de los tertulianos que ahora creen ser el centro de “la intelectualidad” establece el patrón de su vara de medir de acuerdo con las simpatías y antipatías propias, en general, muy poco racionales. Por traer a colación una referencia recurrente, la conducta de don Juan Carlos en el asunto de su cacería africana no es ejemplar por el simple hecho de que no tenía por qué serlo. En sus actividades y gustos personales, el Rey no tiene obligación de seguir el parecer, la afinidad o los intereses ajenos. Figuras públicas muy próximas a la estrategia político-empresarial de este periódico tienen aficiones parecidas a las de don Juan Carlos y ni la más leve palabra de crítica a surgido de estas páginas para deplorar su falta de "ejemplaridad" en el trato a la fauna cinegética castellano-manchega o andaluza.
El uso de la situación de crisis económica por la que atraviesa España como motivo para afear las actividades privadas del Rey tampoco está justificado. El mundo en que vive la familia real está mucho más limitado que el del común de los ciudadanos por motivos de seguridad tanto policial como política. Es lógico, por tanto, que sus miembros se desenvuelvan en aquellos ámbitos elitistas en que se pueda compatibilizar la protección de la monarquía con sus actividades privadas, por lejanos que esos ámbitos se hallen de las posibilidades de ocio de los demás españoles. Además, hay que tener en cuenta que son precisamente esos ambientes donde la influencia del prestigio regio puede tener mayor efecto en bien de la economía y la influencia de nuestro país.
Y es para garantizar la eficacia de la institución, su papel arbitral y su simbolismo integrador, por lo que está en el interés de todos proteger a los integrantes de la Familia Real de la demagogia y de la crítica exacerbada. El Rey es un mortal como otro cualquiera y, como tal, un hombre con virtudes y defectos. Para ventura de los españoles, después de siglos de poco afortunados ocupantes del trono - y no sólo del trono, sino de la Jefatura del Estado en toda clase de regímenes-, contábamos hasta ahora en ese lugar principal con alguien cuyas virtudes exceden a cualquiera que se pudiera considerar el número sus defectos. Por eso el tratamiento de la figura de don Juan Carlos como si fuera sólo digna de comidillas de comadre y pujos de puritano está tan poco puesto en razón.
Nadie puede afear a don Juan Carlos un comportamiento público que haya dejado en mal lugar a sus funciones. Al contrario, todos los españoles le debemos más de lo que podríasmos pagarle. ¿Alguien ha pedido la disolución del PSOE por los casos de corrupción habidos en su seno, vinculados incluso con la propia organización del partido?. ¿Alguien ha pedido la erradicación del PP por los abundantes ejemplos de una corrupción casi pareja a la socialista? ¿Alguien ha pedido la disolución de CiU, CC, PNV, IU por sus respectivos e igualmente graves casos de malversación de fondos públicos, tráfico de influencias y nepotismo? Nadie medianamente serio. Las instituciones están por encima de las personas y si existen manzanas podridas que haya que apartar del resto, para eso están los tribunales. La monarquía merece, por lo menos, el mismo respeto que los demás . Incluso si el Rey -que no es en absoluto el caso- estuviera implicado en algún feo asunto, la institución que encarna está por encima de él como lo está la corona británica, por ejemplo, en los escándalos del Príncipe Andrés o las faltas diversas del heredero de la corona.
Esta súbita eclosión de republicanismo que está apareciendo últimamente huele muy mal. Huele a deslegitimación del entero edificio constitucional, a oscuras intenciones de agitación de las conciencias para mejor manipularlas en una dirección determinada; en definitiva, a la transformación de un simple cambio de titular de la corona en algo más profundo y perturbador: en un conflicto anarquizante en el que puedan pescar los más desaprensivos para mejor servir su propia conveniencia.
Por lo demás, las propuestas de don Ignacio son bastante sensatas. No creo que sea necesario, sin embargo, un procedimiento específico de deposición; siendo aforado, basta aplicar el mismo procedimiento que con cualquier otro aforado y la reprobación de las cámaras debería ser suficiente para forzar la abdicación.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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