José Ignacio Torreblanca

La guerra de los manifiestos: tu dices federalismo, yo digo piyama

Por: | 22 de julio de 2014

 

 

Abro esta entrada con la fantástica canción de Ella Fitzgerald y Louise Armstrong – Let’s Call the Whole Thing Off sobre una pareja que no se entiende y que pronuncia las mismas palabras de forma diferente (verán la letra al final de esta entrada).

Ello me sirve para analizar los dos manifiestos sobre Cataluña y la reforma de la Constitución que hemos conocido esta semana: el primero, “Una España federal en una Europa federal” ( Descargar Manifiesto federal); y, el segundo “Libres e iguales” ( Descargar Manifiesto libres e iguales), cada uno de ellos apadrinado por personalidades muy relevantes de la vida política y del mundo de las ideas en España.  Algunos (véase la tribuna de Francesc Carreras en el Diario ELPAIS, “Manifiestos complementarios) han querido ver más puntos en común que diferencias. No obstante, la mayoría de comentarios han señalado que los dos manifiestos parten de lugares completamente distintas y, por tanto, llegan a conclusiones bastante incompatibles entre sí.

El primer manifiesto se sitúa en la órbita federalista, el segundo en la órbita liberal. Como argumentaré a continuación, el federalismo, como ideología, sospecha del nacionalismo, por lo que no ofrece un punto de encuentro valido con los independentistas. El problema del liberalismo es el contrario: que ignora que los derechos liberales sólo son posibles (por suerte o desgracia) en el marco del Estado-nación. Eso explica la contradicción de que muchos de los que se dicen liberales y critican a los nacionalismos desde el liberalismo, en el fondo son nacionalistas que no saben que lo son.

Una primera observación que creo que merece la pena hacer es que el federalismo puede ser una ideología o una teoría. Por poner un ejemplo: el comunismo es una ideología; como tal prescribe cómo deben organizarse las relaciones entre clases sociales, el poder político y el sistema económico. Lo mismo puede decirse del liberalismo, que prescribe que la sociedad debe organizarse en torno al principio de libertad individual. También el nacionalismo es una ideología, para la que la identidad colectiva (al contrario que el liberalismo) es el valor más importante.

Nótese que la diferencia entre ideologías y teorías es que las ideologías no pueden ser sometidas a verificación empírica, pues se mueven en el ámbito del “deber ser” mientras que las teorías, aunque pueden tener un componente prescriptivo, lo hacen sobre la base de la evidencia empírica. Por tanto, mientras que una ideología prescribe que “A es moralmente superior a B”, una teoría diría “después de probar A y B, hemos llegado a la conclusión de que A funciona mejor que B”. 

Lo curioso del federalismo es que, como ideología, conviene la pena recordar, el federalismo es, ante todo, una reacción tanto contra los nacionalismos como contra los Estados-nación. El federalismo no es sino una manera de nombrar el proyecto cosmopolita de Kant para una “paz perpetua” entre los pueblos y los individuos. Esa “paz perpetua”, dicen los federalistas sólo se alcanzará cuando los Estados-nación, que son el enemigo a batir, acepten “federarse”, es decir, juntarse con otras unidades superiores, renunciar a la guerra y explorar la de forma conjunta la provisión de bienes públicos (recomiendo, para no alargar la explicación, la lectura del manifiesto por una democracia global, apadrinado por el movimiento federal mundial y reseñado en este blog).

A lo que voy: el federalismo sospecha del nacionalismo, identifica a los Estados como problema y les pide renunciar a su soberanía y autonomía en aras de un bien superior.  El proyecto europeo es federalista precisamente en ese sentido anti-nacionalista: fueron los nacionalismos los que llevaron a Europa a su suicidio político y moral así que al terminar la Segunda Guerra Mundial, las gentes de bien decidieron poner coto a la soberanía de los Estados y sustituir el nacionalismo por el supranacionalismo.

Por eso es importante distinguir entre los federalismos de ida y los federalismos de vuelta, o si se quiere, el federalismo hacia arriba y el federalismo hacia abajo. Los primeros tienen que ver con unidades estatales preexistentes que deciden sumarse y constituir una unidad superior. Típicamente constituyen primero confederaciones y luego, de forma pacífica o violenta (que de todo ha habido), federaciones. Ese es el caso de Estados Unidos,  pero también el de la Unión Europea. En el primer caso, con una renuncia explícita a la soberanía (los estados americanos no retienen el derecho a marcharse de la federación); en el segundo (la UE) con un proceso que pretende ser plenamente respetuoso con la permanencia de los Estados miembros como Estados-nación pero a la par aceptando muy serias limitaciones de soberanía (entre ellas la primacía del derecho comunitario sobre el nacional y de los tribunales europeos sobre los nacionales).

Los federalismos de vuelta son, como en el caso, de España, procesos de descentralización o devolución de competencias desde el centro a la periferia. Como en Canadá, España o Alemania, esos procesos tienen como finalidad bien el satisfacer las aspiraciones de autogobierno de un grupo que se siente diferente o no se identifica totalmente con la nación principal (de ahí el término “nacionalidades”) o, también, el aspirar a una mejor organización de las competencias de gobierno sobre la base del viejo principio de subsidiariedad, rescatado en el ámbito europeo en la década pasada en una formulación que sostiene que toda transferencia de competencias a una entidad superior debe estar justificada sobre la base de la eficacia (dicho de otra manera, que salvo prueba en contrario, las competencias deben ejercerse por la administración más cercana al ciudadano).

Lo que no tiene sentido es mezclar federalismo y secesión o autodeterminación, que es lo que muchos independentistas hacen. Si lo que se pretende es lograr el reconocimiento de una nación con derechos de estatalidad (un Estado-nación) que voluntariamente pueda federarse con el resto de España o, por el contrario, libremente separarse, entonces no estamos hablando de federalismo. Dicho de otra manera, hablar seriamente de federalismo requeriría que los independentistas renunciaran de antemano a la secesión. Porque si ese es el objetivo, entonces hablar de federalismo carece de sentido.

España ha emprendido, desde 1978, los dos caminos de forma simultánea. Por un lado ha cedido competencias a la Unión Europea para integrarse en un marco superior, por otro ha llevado a cabo un proceso de profunda descentralización, probablemente único en el mundo considerando el punto de partida unitario de la España de Franco. No hay razón para que no siga profundizando en los dos, pero estaría bien hacerlo de forma menos ideológica y de forma más empírica, es decir, examinando caso por caso y de forma abierta cómo debe funcionar la atribución de competencias.

Mi conclusión es que el debate de principios entre liberalismo, nacionalismo, federalismo o independentismo no nos llevará a ningún sitio. ¿Por qué no nos sentamos a resolver los problemas prácticos que tenemos, que son muchos, e identificar las soluciones, sin nominalismos?  El gobierno federal de Estados Unidos mantiene competencias de supervisión muy fuertes sobre sus estados (piensen en la agencia federal de aviación estadounidense, FAA, la agencia de seguridad alimentaria o el propio FBI,) a la vez que deja la organización de la educación en manos de los condados (ayuntamientos).

Después de los manifiestos, debería venir un análisis sosegado de qué funciona y qué no: una competencias se podrían ahondar, otras recuperar, otras reenviar al ámbito europeo. En España, una reforma de la Constitución podría avanzar en la descentralización en algunos temas, la financiación, sin duda, pero también debería incluir una reforma muy profunda de las instituciones de cooperación horizontal entre sus territorios, que es una de las asignaturas pendientes de nuestra descentralización. Esas instituciones deberían ser “federales” en el sentido estricto de la palabra, es decir “de todos”, no del gobierno central o de las autonomías (piensen por ejemplo en la absurda convivencia entre agencias estatales y autonómicas de meteorología, que deberían ser sustituidas por una agencia federal de meteorología).

Ella Fitzgerald dice pijama y Louis Armstrong dicen piyama, pero en el fondo es la misma prenda. Como en la canción, why don’t we call this whole thing off?

 

Things have come to a pretty pass
Our romance is growing flat,
For you like this and the other
While I go for this and that,
Goodness knows what the end will be
Oh I don't know where I'm at
It looks as if we two will never be one
Something must be done:

Chorus - 1
You say either and I say either, You say neither and I say neither
Either, either Neither, neither, Let's call the whole thing off.

You like potato and I like potahto, You like tomato and I like tomahto
Potato, potahto, Tomato, tomahto, Let's call the whole thing off

But oh, if we call the whole thing off Then we must part
And oh, if we ever part, then that might break my heart

So if you like pyjamas and I like pyjahmas, I'll wear pyjamas and give up 
pyajahmas
For we know we need each other so we , Better call the whole off off
Let's call the whole thing off.

Chorus - 2
You say laughter and I say larfter, You say after and I say arfter
Laughter, larfter after arfter, Let's call the whole thing off,

You like vanilla and I like vanella, You saspiralla, and I saspirella
Vanilla vanella chocolate strawberry, Let's call the whole thing off

But oh if we call the whole thing of then we must part
And oh, if we ever part, then that might break my heart

So if you go for oysters and I go for ersters, I'll order oysters and cancel 
the ersters
For we know we need each other so we, Better call the calling off off,
Let's call the whole thing off.

Chorus - 3
I say father, and you say pater, I saw mother and you say mater
Pater, mater Uncle, auntie, let's call the whole thing off.

I like bananas and you like banahnahs, I say Havana and I get Havahnah
Bananas, banahnahs Havana, Havahnah, Go your way, I'll go mine

So if I go for scallops and you go for lobsters, So all right no contest we'll 
order lobseter
For we know we need each other so we, Better call the calling off off,
Let's call the whole thing off.

Hay 44 Comentarios

@Jorge: (Sobre el primer comentario de Fuss) Es curioso lo que gusta la metáfora del matrimonio al nacionalismo para explicar la secesión a través del divorcio. Comparar el matrimonio que une a una pareja con la Constitución que une a más de 45 millones de personas (porque los derechos y los deberes son para las personas, sólo los terremotos unen y separan regiones) es como comparar un avión de papel con un Airbus A380... que no se nos olvide que este último no lo podemos hacer volar lanzándolo con la mano.

La metáfora del matrimonio resulta útil como otro ejemplo de relación entre dos partes que pueden decidir seguir juntas o no según si les conviene, y que incluye componentes sentimentales, legales, económicos, organizativos... vamos, que tiene una similitud más que razonable con el conflicto España-Catalunya. Sirve además para ilustrar de forma elocuente el disparate que supone el mantener la indisoluble unidad de la sagrada nación española incluso contra la voluntad de los catalanes. Si uno propusiera mantener un matrimonio aunque una de las partes quisiera romperlo, la gran mayoría diría que esa imposición es inaceptable. Y sin embargo, esos mismos aceptan imponer la unidad de España a los catalanes. La incoherencia es evidente, y para ilustrarla resulta útil la analogía.

Por supuesto, esa analogía sólo es válida si uno considera que Catalunya es un sujeto político propio (llámale nación), con capacidad para decidir por sí mismo sobre qué le conviene, incluyendo con quién se "casa" (asocia en un estado). Para los nacionalistas españoles que creen que Catalunya es sólo una región de España, sin capacidad propia de decisión, y que los catalanes sólo son españoles residentes en el noreste, suele ser más apreciada la metáfora del brazo que quiere separarse del cuerpo.
Me parece bastante comprensible que los catalanes, en general, prefieran verse como una persona completa, con capacidad de decisión y raciocinio, que no sólo como una parte secundaria, importante si quieres pero prescindible, de un cuerpo que es España.

Sobre que sólo los terremotos unen o separan regiones, en ese sentido no hay ningún peligro de que Catalunya y España se separen aunque Catalunya se independice (descartando una catástrofe sísmica, o las predicciones del ministro Margallo de que una Catalunya independiente pasaría a vagar por el espacio exterior), y por lo tanto, según tu criterio, no hay riesgo de separación, como no están separadas España y Francia. Quédate pues tranquilo en ese sentido. ;-)

Y sobre aviones, el avión catalán no es de papel, es un avión perfectamente capaz de volar y de llevar en él a los ciudadanos catalanes. En eso están de acuerdo todos los economistas. Que vuele mejor o peor que el Airbus Español (que más que un 380 sería un modelo viejo y con mantenimiento deficiente, si quieres mantener esa analogía), eso sería discutible. Pero que tiene capacidad de volar por sí mismo está muy claro.
Y entonces llegamos a lo más importante: hacia dónde va ese avión. Porque aunque el avión español fuera un Airbus 380 de todo lujo, si a donde va no es a donde los catalanes quieren ir, entonces no es el avión adecuado para los catalanes. Mejor un Airbus más pequeño que esté pilotado por los catalanes y les lleve a donde ellos decidan. ¿Eso te parece una decisión poco racional?

Y los federalista... buscando la equidistancia: si los Libres e Iguales dicen que 2 más 2 son 4 y los nacionalistas dicen que 2 más 2 son 6, entonces 2 más 2 son 5, no seamos radicales.

Savater expresa mejor la idea de que no es nacionalista el manifiesto liberal: defienden la Constitución no porque sea española y exprese las esencias de un alma colectiva, mística, inmortal... sino por algo mucho más sencillo: porque es la fuente de nuestra ciudadanía, el fundamento de nuestros derechos de ciudadanos.

Don José Ignacio, usted dice: "El problema del liberalismo es el contrario: que ignora que los derechos liberales sólo son posibles (por suerte o desgracia) en el marco del Estado-nación"
Discrepo de su afirmación. El liberalismo político pretende que los derechos liberales sean posibles dentro de un marco cada vez mayor, con lo cual la idea de un estado-nación queda totalmente diluida, tal es el caso de la senda de la Unión Europea; los nacionalistas niegan los derechos individuales, los subordinan a un ser espiritual superior, su nación (pura fantasía para cubrir sus crímenes)

Evidentemente cuando en un post anterior hablé de "fundar otra cosa" no expresé bien lo que quería decir. Me quedo con regenerar y en poner más cuidado con las palabras. Y ojalá que en ambas cosas coincidamos.

La palabra que más se está utilizando no es refundación sino regeneración

Bien; del mismo modo que me parece poco justificado hablar de "refundación democrática" de Inglaterra o Francia, y exactamente por las mismas razones, me lo parece en el caso de España. Todas tres (¿y quién no?) tienen defectos que corregir. Pero empezar de cero, como ya dije en una nota anterior, ni es posible (tal supuesto "cero" no existe) ni fácil que mejore las cosas: suele ser equivalente a operar sin controles, aún no fabricados para una realidad supuestamente "nueva". Y el resultado, un coste altísimo para acabar peor de lo que se empezó. Y los ejemplos históricos cansarían, de tantos como son.

Amigo pedro ramos, si es Vd. tan suyo en todo lo demás como lo es al juzgar mis palabras efectivamente será difícil que nos entendamos. No he dicho nunca, porque no lo creo, que estemos más cerca de Somalia que de Francia o Inglaterra (según Global Democracy Ranking, España en el lugar 17, Reino Unido en el 14 y Francia en el 16). Y en cuanto a bienestar, Eurostat dice que estamos en el 92% de la media europea y con tendencia a caer.
.
Desde luego es importante conocer dónde nos colocan los equipos de expertos pero creo que también es necesario saber dónde nos colocamos nosotros mismos: Hace unos meses una encuesta de Metroscopia decía que el español medio no se siente a gusto con la democracia tal y como funciona actualmente.
.
Y la cosa no es estática, puede empeorar. Para ir concretando, me preocupa que podamos retroceder todavía más en libertades civiles, en el funcionamiento de las instituciones, en igualdad social y en el asunto de esta entrada del blog en la que estamos: la aceptación de una misma identidad colectiva para todos

Amigo "pepe111", no tengo ninguna duda de que, en efecto, cuando habla de "fundar otra cosa" no se refiere a Inglaterra o Francia, convencido como parece estarlo que que ambos países son modernas democracias sólidamente asentadas, y España una especie de Estado fallido a la que sólo falta el nombre para serlo de veras; algo así como Somalia o Etiopía.

En un artículo publicado en este mismo periódico hace unos días se decía que según el índice de Calidad Democrática elaborado por The Economist, España figura en su ránking por delante (por ejemplo) de Francia. Y en el índice de Desarrollo Humano de la ONU (que atiende a variables como sanidad, educación, igualdad de la mujer y otras), España consta por delante, por ejemplo, del Reino Unido.

Claro que ésa es la España real, que nada tiene que ver con el espantajo infantil que cierto irredentismo gusta de agitar ante sus fieles para enardecer a la parroquia. Me temo que el problema es ése: yo hablo de la España real, una democracia moderna con sus virtudes y defectos (como todas), pero perfectamente equiparable a Francia o Inglaterra. Y usted de una España inexistente, sólo comparable a Somalia o Etiopía. Y así es muy difícil entenderse, claro.

Yo llamaría impostores a todos aquellos que han gozado de la "mamella" pública con alevosía, a sabiendas o no: desde Rajoy hasta Pujol, pasando por todo el hemiciclo. No hay mucha distancia la verdad. De sobre en sobre... y tiro porque me toca. Qué España ladina, señor... Un día pasará una espada de fuego a podar y cauterizar, con o sin venia nuestra. Vaya Historia la de España. Somos muy "listos", pero no creo que precisamente inteligentes, la verdad. Al menos de forma colectiva. Lo horrible de veras, de veras, es leerse un artículo de Galdós, y ver que se puede suscribir coma por coma, punto por punto, con la actualidad española. No puede ser casualidad. Canta demasiado. ¿Tan poco hemos aprendido?

A veces, duele tener razón; en tales ocasiones, la verdad parece ceniza entre los dientes: una dosis grumosa de amargura. La revelación universal de la desnudez del rey convergente resulta una visión tan patética, tan desagradable se presenta ante los ojos la expresión de quienes descubren la realidad de lo que uno les decía y no creían, que ese estado anímico puede ser apenas equiparado con el bien conocido disgusto frente a la visión de las carnes flacidas del monarca y sus abundantes descamaciones. Pero no es esta la única posibilidad de amargura; aun ante la evidencia innegable de un inusitado testimonio (“sí, estoy desnudo; ¿y qué?”), habrá quien prefiera la ceguera, habrá quien niegue la patología que revelan llagas y escoriaciones porque, claro, la auctoritas del rey era de un país de otro mundo y sólo con los ojos del sentimiento cabe juzgar la dimensión de cuanto la mentira de los ropajes de oro y las pelucas blondas proclamaba sobre la grandeza de la nación y el destino manifiesto de sus más preclaros hijos. Si Pujol ha sido un impostor, su impostura ha sido y es Cataluña; ¡nada menos!

Señor Pedro Ramos | 26/07/2014 20:39:2: cuando hablo de "fundar otra cosa" no me refiero a Francia o Inglaterra sino a España, más concretamente a la de los "españolistas al uso".
.
Para que no siga jugando a fabricarse el maniqueo conmigo y para, de paso, ser más elegante que Vd. en el debate, le diré que prefiero como interlocutor al señor Jorge antes que a Vd., por la razón que se desprende de un sencillo diálogo que mantuve con él unos posts atrás. Vea:
.
"Pero el modelo de democracia … en que hemos venido a dar no me gusta"
Publicado por: pepe111 | 22/07/2014 21:13:56
"Pues nos sentamos y vemos como lo re-diseñamos para que nos guste a los dos..."
Publicado por: Jorge | 23/07/2014 9:42:3

Tiene "pepe111", por lo que dice, ciertas ideas que son de lo más curioso. Su deducción acerca de los "españolistas al uso" me hace sospechar que él sea un independentista, no sé si "al uso" o quizás "al abuso", de los que piensan (hay muchos) que todos los que no son independentistas 1) son "españolistas" (o conmigo o contra mí; no saben imaginar otra cosa), y 2) se alegran de cualquier mala noticia que pueda perjudicar a sus contrarios.

Se equivoca en ambas cosas. Yo no soy independentista, pero tampoco soy "españolista", igual que un inglés contrario a la independencia de Escocia no es por eso "inglesista" (?), sino que puede ser meramente inglés. Y no me alegro de una noticia como la de Pujol, que no sirve ni como demostración de que "en todas partes cuecen habas". Eso es algo evidente. Hay corrupción y abuso de poder tanto a este lado del Ebro como al otro; y sólo el delirante lavado de cerebro propio de cierto independentismo puede agitar los espantajos, equivalentemente falsos, de una España donde todo es maldad y una Cataluña donde todo es bondad. Uno y otro son sitios reales, no espantajos demagógicos, y por tanto hay en ellos, como en cualquier otro, cosas buenas y cosas malas.

Y la solución no está en "fundar otra cosa". No hace falta una nueva Inglaterra, una nueva Francia o una nueva España, sino sólo perseguir y combatir en lo posible la corrupción o el abuso, que no están (otro espantajo) tan íntimamente imbricados con España o Cataluña que sea preciso desecharlas y empezar de cero, ni en uno ni en otro caso.

Si "pepe111", en lugar de los tópicos que le han metido en la cabeza, acudiera a la inteligencia y el sentido común, no se le ocurrirían esas "soluciones" maximalistas, que suponen, según la vieja expresión inglesa, tirar el niño con el agua sucia del baño, y quedarse sin nada para empezar desde un cero inexistente, porque quienes empezarían serían seres humanos, tan sujetos a la avaricia, la sed de poder y demás fallos de la condición humana como los anteriores (de hecho, es probable que fueran incluso los mismos), y desde una "ciudad sin ley" que haría mucho más fácil y más impune la repetición de esas conductas.

El federalismo como sinónimo de mayor descentralización es únicamente un concepto creado para poder aumentar el poder de las elites gobernantes locales. La descentralización no aumenta la eficiencia de la gestión, todo lo contrario, en la gran mayoría de los casos la disminuye, aumentando el gasto y poniendo competencias en manos incompetentes, un claro ejemplo lo tenemos en lo que ocurre en España con la educación universitaria, una excesiva descentralización ha incrementado su coste y disminuido su calidad.


No considero que el principio de subsidiariedad sea bueno, positivo, en si mismo, depende del grupo de poder, político, que lo utilice. En la gran mayoría de los casos se utiliza únicamente para aumentar el poder de las elites gobernantes locales. Ese continuo que lo resuelvan los de abajo, que lo resuelvan los poderes locales, la administracion local, favorece la corrupción, genera incapacidad para solucionar problemas importantes de los ciudadanos, y favorece que se cometan abusos, favorece comportamientos tiránicos de grupos de poder locales.

Ahora Pujol: Los españolistas al uso engordarán
Deberíamos españoles y catalanes -cualquier cosa que ello sea- escapar juntos del trampantojo y fundar otra cosa.

Hola, amigos. Es la solución del capricho y la rabia infantil: levantarse de la mesa, salir bufando y dar un portazo de despedida. Todo porque las cosas no se hacen como yo quiero. Y ese yo es el señor MAS y sus entornos. Están jugando con fuego desde hace tiempo y se van a quemar. Lo malo es que otros muchos saldrán chamuscados, tal vez todos. Si presumen de demócratas, permitan que la gente del común que vive en Cataluña nos sienta la amenaza de no ser independentista y lo exprese como quiera. ¡VIVA CATALUÑA LIBRE Y SIN CORRUPCIÓN! ¡VIVA ESPAÑA SIN RAJOY EN EL PODER!

Muchos son mis desacuerdos con el Gobierno actual. Pero quien firma "lambda" olvida, no sé si deliberadamente, que (como le recuerda "Witness"), el Gobierno catalán, tanto el actual como los pasados, no tiene más motivos para sentirse orgulloso de su gestión, y sí bastantes para la vergüenza. El informe al que "Witness" enlaza, y que yo conocía, es una prueba más, entre muchas otras, de ello. Añándanse a esto los problemas creados exclusivamente por el independentismo, y de los que el propio "Witness" también pone ejemplos. El resumen: lo que "lambda" dice tendría algún sentido si, después de criticar a la clase política española, recordase que la catalana no ha demostrado en nada ser mejor: yo diría que todo lo contrario. Tal como cuenta la película, es puro sectarismo: querer ver la realidad sólo con un ojo. Y si tenemos dos es para algo, oiga.

Don Pedro:
Cuanto dice está muy puesto en razón. Nadie ha hecho más daño a Cataluña que los nacionalistas catalanes. Los estragos causados por el despilfarro identitario y por la corrupción de los partidos más acendradamente –anacrónicamente- soberanistas han deparado esa huida hacia adelante emprendida por Mas y sus apoyos menos sensatos, que no encuentran otra forma de gestionar su propia ineptitud política y económica. Es de lamentar que tanta incuria intelectual y moral de los nacionalistas haya ocasionado daños que pueden ser duraderos en la mentalidad tradicionalmente abierta de la gran mayoría de los ciudadanos de Cataluña; también mueve a la pena comprobar cómo los mismos arteros procedimientos del pasado (la deformación de las conciencias de los jóvenes, la manipulación de la opinión pública por medio de la propaganda, el control de la prensa a través de subvenciones y amenazas más o menos veladas, la agitación callejera de los menos ecuánimes, etc), tantas veces vistos en otras sociedades al cabo castigadas por su misma incapacidad para desprenderse de los hilos con que eran manejadas como marionetas, han encontrado mentalidades receptivas entre los menos conscientes del tiempo en que vivimos.
Una demostración clara de cuanto digo es el estudio europeo sobre la calidad del gobierno en las distintas regiones del continente, comparadas por medio de un índice que combina datos sobre nivel de corrupción, seguridad jurídica, eficacia en la gestión pública y transparencia.
http://ec.europa.eu/regional_policy/sources/docgener/work/2012_02_governance.pdf
Como se puede comprobar en el ranking recogido en la pag. 20 de dicho informe, Cataluña ocupa el último puesto entre las regiones españolas en cuanto a la calidad de su gobernación, por debajo del valor medio para el conjunto de España. En concreto, Cataluña está en el puesto 130 y hasta Andalucía se sitúa diez lugares por encima de la finca de los Pujol y cia.
No quiero ni pensar qué sería de los pobres ciudadanos que perdieran el amparo de España y quedaran ya para siempre bajo el yugo de la xenofobia independentista.

Entre acusaciones de infantilismos, de secesionistas, y de estólidos "somos españoles", me temo que nadie capta que el verdadero origen de todo esto es el desengaño, y la búsqueda desesperada de opciones ante una clase política (que también está moviendo ficha). Los catalanes, o al menos una parte importante de ellos, se siente a disgusto con la España actual. Y muchos españoles de otras regiones también se sienten incómodos ante la deriva de la clase política tradicional, que se arrebuja entre tecnicismos y un populismo maniobrero a ratos. Yo les reconozco a los independentistas una virtud: la de forzar la mano para romper la baraja. Y es que hace falta. El inmovilismo es letal.

Ponía el párrafo que copio a continuación en respuesta a un comentario de "sisifo" del que se desprendía que Cataluña (independiente) era la Mayor Maravilla de Todos los Tiempos, y España la Casa de los Horrores, pero en serio. Puede verse que Hanna es exactamente de la misma escuela del Blanco y Negro: Nosotros, bueeeeeenos, Ellos maaaaaalos. Copio:

"Lo que en este periódico se decía hace bien pocos días, de que España, según el índice de Calidad Democrática elaborado por The Economist, figura en su ránking por delante (por ejemplo) de Francia, y en el índice de Desarrollo Humano de la ONU (que atiende a variables como sanidad, educación, igualdad de la mujer y otras), por delante, por ejemplo, del Reino Unido, debe parecerles el cuento chino más increíble de todos los tiempos; como ellos saben perfectamente, sólo se reflejaría la realidad (la delirante "realidad" que se han, o les han, metido en la cabeza) si España figurase en ambos casos en el último puesto. Y, supongo, Cataluña (independiente) en el primero, para modelo, asombro y admiración de las generaciones presentes y futuras. ¿Que los Hechos, la Razón o la Verdad dicen otra cosa? Peor para ellos, oiga".

Véase que, para la amiga Hanna, del todo incapaz de percibir los mil matices de la realidad, tanto española como catalana, España (EspaÑa, como ella prefiere) es exactamente esto: una casa en la que

"la madre se ha ido aterrorizada tiempo ha, y quien grita, papá, es un enloquecido borracho irresponsable, que le da una paliza al hijo cada vez que dice que quiere, no ya vivir como la gente de su edad, sino sobrevivir, y que lo amonesta verboso y brutal con el gastado e inútil consejo de que se guarde de las malas compañías que lo incitan a la rebeldía y a abandonar la casa del padre sin razón a la vista, sencillamente porque sí".

Y sigue: "el único problema que habría planteado Catalunya en todo tiempo no habría pasado de un leve y saludable tensioncilla con España, siempre que EspaÑa fuera tan poco y al tiempo tanto como una nación europea civilizada más, en lugar de una jaula de grillos por civilizar en la que algunos, con todo, se entienden a la perfección, porque cada uno va a lo suyo, y lo suyo, curiosamente, coincide siempre con lo suyo del más poderoso, jamás con lo nuestro".

Ya digo: Cataluña (independiente) bueeeeeena, España maaaaaaala. Qué tenga que ver semejante colección de disparatados infantilismos (hay niños, de los de verdad, que no caerían en semejantes simplezas) con la inteligencia o la simple realidad, averígüelo, si para tanto le da la paciencia, el curioso lector.

Lo obvio, me temo, es que Hanna y Sisifo, y tantos como ellos, son el producto acabado de años de adoctrinamiento, sobre mentes que acaso en otras circunstancias hubieran adquirido o desarrollado alguna capacidad para pensar críticamente, pero que es obvio que en las que se encuentran han visto tal posibilidad cercenada de raíz. Da todo bastante pena, la verdad.

Hola, amigos. El referéndum de ARTUR MAS, sobre el "derecho a decidir" de los catalanes es una trampa, es un CHANTAJE a Cataluña. Como todos los malos gobernantes, le pone nacionalismo a problemas que son de economía y buena administración. ARTUR MAS ha convertido el gobierno catalán en una DICTADURA CAMUFLADA contra los que no quieren independencia. CATALUÑA ES ESPAÑA Y ESPAÑA ES CATALUÑA. ¡ABAJO EL CHANTAJE DE ARTUR MAS! ¡VIVA CATALUÑA LIBRE! ¡VIVA ESPAÑA!

En fin, ya saben, el padre gritándole al nene, y algunos al lector, que por qué se va de casa, por todos los diablos, si en casa se vive p**** madre, aunque la madre se haya ido aterrorizada tiempo ha, y quien grita, papá, sea un enloquecido borracho irresponsable, que le da una paliza al hijo cada vez que dice que quiere, no ya vivir como la gente de su edad, sino sobrevivir, y que lo amonesta verboso y brutal con el gastado e inútil consejo de que se guarde de las malas compañías que lo incitan a la rebeldía y a abandonar la casa del padre sin razón a la vista, sencillamente porque sí.
.
Eso dije, y aun añado que el único problema que habría planteado Catalunya en todo tiempo no habría pasado de un leve y saludable tensioncilla con España, siempre que EspaÑa fuera tan poco y al tiempo tanto como una nación europea civilizada más, en lugar de una jaula de grillos por civilizar en la que algunos, con todo, se entienden a la perfección, porque cada uno va a lo suyo, y lo suyo, curiosamente, coincide siempre con lo suyo del más poderoso, jamás con lo nuestro.
.
La regla es de tres y, por lo mismo, tonta en su sencillez: conforme más sube el nacionalismo español, más suben los 'nacionalismos periféricos'. Y de hecho, hubo unos añitos en los que, aun sin poder llenarnos la boca de democracia, o de libros leídos, con todo, los españolistas parecían diluidos en la bendición de no tener que oírseles siquiera y en los que todos nos sentíamos más o menos ligeros de equipaje y casi conformes con lo que había, no mucho, pero que llenaba la tripa. Fue llegar el PP, esas boquitas que para hablar prescinden de la razón, el seny y la sensibilidad, y decir uno de sus más conspicuos miembros que había que españolizar Catalunya -y no solo, y además paran de decir-, y hasta a mí, que no soy catalana, se me pusieron los pelos de punta, no ya por el peligro de siempre, el nazionacatolicismo, sino por el mal gusto... Pues eso, que para qué seguir, si somos muchos los que conjugamos el verbo españolizar a la 'wertfección'.
.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/10/actualidad/1349859896_604912.html

Es evidente que España ha ido mucho más lejos de lo que cabía esperar en descentralización, y desde luego más lejos que la mayoría de los Estados democráticos, empezando por sus dos vecinos Francia y Portugal.
Pero no ha servido de nada. El nacionalismo catalán hace tiempo que desembocó en una espiral de victimismo-reivindicación-victimismo que ninguna concesión, ningún cambio en la configuración del estado y ninguna especial buena voluntad por parte del gobierno central puede detener.

La dinámica de la "construcción nacional" sin prisa pero sin pausa se inició ya en la época de Pujol, y simplemente tiende a acelerarse con el tiempo, según el guión previsto, con la Conselleria de Educació, Tv3 y las innumerables subvenciones al conglomerado secesionista laborando a pleno rendimiento .

Obviamente desde el nacionalismo catalán, se busca responsabilizar a "los demás" (el gobierno central, "Madrit", Castilla, los españoles en general) de la situación: bien porque hacen esto... o porque no hacen aquello... o porque lo hacen tarde..., o porque no lo hacen convencidos...da igual. Siempre aparecerán motivos de queja convenientemente sacados de quicio. Se trata de una variante más del imprescindible victimismo, y es común a cualquier movimiento nacionalista. Estos supuestos e imperdonables "agravios", que como las cabezas de la Hidra, apenas se satisface uno aparecen otros tres más graves dispuestos a tomar el relevo, (¿quien se acuerda ya de los "papeles" de Salamanca?) hay que tomarlos como lo que son: la consecuencia de esa dinámica emprendida por el nacionalismo catalán hacia la secesión, nunca como la causa.

Si a esto le añadimos el precedente de las recientes independencias en Europa del Este, empezando por el alegal y estúpidamente patrocinado desde Occidente caso de Kosovo, ya tenemos todos los ingredientes para lo que está pasando. Y a nadie medianamente informado y con una inteligencia media debería sorprenderle.

El federalismo quizá sea una buena solución para España, partiendo de la base de que para hacerlo viable habría que reducir el número de Comunidades (¿que pinta Castilla dividida en nosecuantos trozos?). Pero NO va a solucionar ni el caso catalán, ni el vasco.

" ¿Qué pondría usted entonces en común en una federación?"


Aquellos asuntos que afectaran significativamente a varios estados y por lo tanto requirieran decisiones conjuntas. Para eso es para lo que sirve el federalismo, y no simplemente para ahorrar costes. Y aún algunos de esos asuntos podrían ser gestionados bilateralmente, habría que estudiar cada caso.


Si no hay asuntos en los que la toma de decisiones conjuntas sea mejor para todos que la toma de decisiones por separado, entonces no hay motivo para crear organismos federales. El federalismo es un medio, no un fin en sí mismo. Pero claro, si ya partimos del hecho de que el federalismo es un medio para evitar la independencia de Catalunya, entonces las posibles ventajas o inconvenientes de su funcionamiento práctico pasan a ser secundarias. Que es lo que se va viendo de las propuestas federales: pocas plantean un análisis de sus ventajas, la mayoría parten de posiciones ideológicas. O mejor dicho, de una posición ideológica: la defensa de la indisoluble unidad de la sagrada nación española como objetivo básico.

"pensaba que todo el mundo estaría de acuerdo en que tener 17 agencias metereológicas es un absurdo, máxime cuando todas trabajan con los datos de los mismos satélites"


Lo siento, pero ese tipo de asunciones me siguen pareciendo sintomáticas de esa mentalidad española. El argumento que ud. da sobre los datos sería exactamente igual de aplicable a la agencia metereológica española, que podría igualmente eliminarse en favor de una agencia metereológica europea o mundial. Y sin embargo no se escuchan muchas propuestas en ese sentido. Sólo se aplica esa consideración a las autonómicas, pero no a la estatal. Se ve como algo normal que exista esa agencia estatal, nadie la cuestiona, pero sí se cuestiona la existencia de las autonómicas. Lo estatal es lo que debe existir por defecto, lo autonómico tiene que justificarse.
Hace ud. como el ínclito político recientemente retirado que argumentaba contra la agencia metereológica catalana diciendo que “las isobaras no se paran en el Ebro”. Se ve que las isobaras sí que se paran en los Pirineos.


Repito mi pregunta: ¿por qué no pueden existir 17 agencias autonómicas y desaparecer la estatal? ¿Ha hecho ud. un análisis comparativo de costes y beneficios? ¿Ha calculado cuánto costaría a una agencia estatal dar el mismo servicio que dan ahora esas agencias autonómicas? ¿Ha evaluado si el servicio sería más eficiente, más adaptable, más atento a las necesidades de los ciudadanos, más eficaz en responder a necesidades puntuales?
Me atrevo a suponer que no ha hecho ese análisis. Y sin embargo, ud. da por sentado que tener 17 agencias es "un absurdo", e incluso le sorprende que haya quien no lo vea así. Sin tener datos ud. se inclina automáticamente por la solución centralizadora, y no ya como la mejor (que podría serlo si el estudio así lo indicara), sino como la única razonable. Esa es la actitud que resulta significativa.


Dice ud. Que esa agencia “no sería del gobierno central sino de la federación, es decir, de todos”. ¿Y eso cómo se articula? ¿Estaría gobernada por representantes de las 17 autonomías? ¿Deberían ponerse de acuerdo en su financiación y gestión? ¿Tiene en cuenta el hecho de que en una España bipartidista, donde las autonomías muy probablemente estarían gobernadas en su mayoría por el mismo partido del gobierno central, y por lo tanto esa “agencia federal” seguiría el dictado de ese partido, es decir, del gobierno central? No digo que no pueda hacerse (aunque en España sería más difícil), pero ¿sería la mejor opción? ¿Es tan evidente?


Y lo más importante: ¿esa agencia federal daría a cada comunidad lo que cada comunidad quiere? Algunas comunidades pueden querer un tipo de información metereológica, otras pueden querer otro. Algunas pueden tener más interés y querer invertir más en ese campo, otras pueden querer ahorrarse costes. ¿Estaría de acuerdo La Rioja en pagar un estudio sobre cómo predecir lluvias en el mediterráneo según los cambios en las corrientes marinas? Si resulta que 14 comunidades quieren gastar poco en esa agencia, y Catalunya quiere invertir más en ello, ¿debería entonces Catalunya renunciar a esa aspiración? ¿Por qué?


Ahí está el quid: ¿por qué todas las comunidades tienen que querer lo mismo en este campo (o en cualquier otro)? ¿Por qué si alguna quiere algo distinto, debe renunciar a ello y conformarse con lo que quieran las demás?

Sr. Torreblanca, ud. está ignorando el principio de subsidiariedad, que dice que cada asunto debe ser gestionado por la admón. más cercana a los ciudadanos posible. Para ud. funciona el principio contrario: por defecto las cosas deben estar centralizadas (sea en un organismo central, sea en un organismo conjunto) , y hace falta buscar una justificación para descentralizarlas.


Es ese tipo de mentalidad, muy habitual entre los españoles, la que hacen muy poco creíbles esas reformas federales. Porque para que funcione un estado federal hace falta que sus miembros quieran que el estado funcione de manera federal. No sirve de nada reformar el Senado para que luego PP y PSOE voten en bloque en el Senado como hacen en el Congreso. No sirve de nada establecer agencias federales que sólo sirvan para rebajar el grado de autogobierno al grado de la autonomía que menos autogobierno quiere, o incluso a la media de las autonomías, que casi siempre será menor que el de las autonomías “históricas”.
Con una actitud tan uniformista y homogeneizadora que hace que le parezca “absurdo” (no ya que esté en desacuerdo, sino que le parezca absurdo) que una comunidad pueda querer un tipo de información metereológica distinto al de otras comunidades, un estado federal no funcionaría. Ud. mismo lo está demostrando.

Muy revelador lo de "sisifo": "Despertarán, tendrán, sientan, pueden". Ustedes. Que él, y todos los que son de su bando, jamás han "dormido", lo saben todo por ciencia infusa desde que nacieron, y en fin, entre ellos la palabra "autocrítica" es tan desconocida como la necesidad a la que alude. Para él, obviamente, la realidad se divide en Nosotros (perfectos) / Ellos (catastróficos sin remedio). Qué alivio el ser irreprochable, qué maravilla, oiga.

Ante eso, no cabe desde luego más que una respuesta: la secesionista. Ni siquiera una separación: una huida de semejante desastre, para que al menos podamos salvarnos nosotros. Los demás, que se hundan en su maldad, tan constitutiva como irremediable. Hay muchos "sisifos" en la Cataluña actual, tan egoístas y ciegos como él, tan convencidos como él de que ellos son, no los buenos, que eso es poco, sino los Absolutamente Maravillosos. ¿Cómo razonar con semejante ceguera?

Lo que en este periódico se decía hace bien pocos días, de que España, según el índice de Calidad Democrática elaborado por The Economist, figura en su ránking por delante (por ejemplo) de Francia, y en el índice de Desarrollo Humano de la ONU (que atiende a variables como sanidad, educación, igualdad de la mujer y otras), por delante, por ejemplo, del Reino Unido, debe parecerles el cuento chino más increíble de todos los tiempos; como ellos saben perfectamente, sólo se reflejaría la realidad (la delirante "realidad" que se han, o les han, metido en la cabeza) si España figurase en ambos casos en el último puesto. Y, supongo, Cataluña (independiente) en el primero, para modelo, asombro y admiración de las generaciones presentes y futuras. ¿Que los Hechos, la Razón o la Verdad dicen otra cosa? Peor para ellos, oiga.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal