José Ignacio Torreblanca

La guerra de los manifiestos: tu dices federalismo, yo digo piyama

Por: | 22 de julio de 2014

 

 

Abro esta entrada con la fantástica canción de Ella Fitzgerald y Louise Armstrong – Let’s Call the Whole Thing Off sobre una pareja que no se entiende y que pronuncia las mismas palabras de forma diferente (verán la letra al final de esta entrada).

Ello me sirve para analizar los dos manifiestos sobre Cataluña y la reforma de la Constitución que hemos conocido esta semana: el primero, “Una España federal en una Europa federal” ( Descargar Manifiesto federal); y, el segundo “Libres e iguales” ( Descargar Manifiesto libres e iguales), cada uno de ellos apadrinado por personalidades muy relevantes de la vida política y del mundo de las ideas en España.  Algunos (véase la tribuna de Francesc Carreras en el Diario ELPAIS, “Manifiestos complementarios) han querido ver más puntos en común que diferencias. No obstante, la mayoría de comentarios han señalado que los dos manifiestos parten de lugares completamente distintas y, por tanto, llegan a conclusiones bastante incompatibles entre sí.

El primer manifiesto se sitúa en la órbita federalista, el segundo en la órbita liberal. Como argumentaré a continuación, el federalismo, como ideología, sospecha del nacionalismo, por lo que no ofrece un punto de encuentro valido con los independentistas. El problema del liberalismo es el contrario: que ignora que los derechos liberales sólo son posibles (por suerte o desgracia) en el marco del Estado-nación. Eso explica la contradicción de que muchos de los que se dicen liberales y critican a los nacionalismos desde el liberalismo, en el fondo son nacionalistas que no saben que lo son.

Una primera observación que creo que merece la pena hacer es que el federalismo puede ser una ideología o una teoría. Por poner un ejemplo: el comunismo es una ideología; como tal prescribe cómo deben organizarse las relaciones entre clases sociales, el poder político y el sistema económico. Lo mismo puede decirse del liberalismo, que prescribe que la sociedad debe organizarse en torno al principio de libertad individual. También el nacionalismo es una ideología, para la que la identidad colectiva (al contrario que el liberalismo) es el valor más importante.

Nótese que la diferencia entre ideologías y teorías es que las ideologías no pueden ser sometidas a verificación empírica, pues se mueven en el ámbito del “deber ser” mientras que las teorías, aunque pueden tener un componente prescriptivo, lo hacen sobre la base de la evidencia empírica. Por tanto, mientras que una ideología prescribe que “A es moralmente superior a B”, una teoría diría “después de probar A y B, hemos llegado a la conclusión de que A funciona mejor que B”. 

Lo curioso del federalismo es que, como ideología, conviene la pena recordar, el federalismo es, ante todo, una reacción tanto contra los nacionalismos como contra los Estados-nación. El federalismo no es sino una manera de nombrar el proyecto cosmopolita de Kant para una “paz perpetua” entre los pueblos y los individuos. Esa “paz perpetua”, dicen los federalistas sólo se alcanzará cuando los Estados-nación, que son el enemigo a batir, acepten “federarse”, es decir, juntarse con otras unidades superiores, renunciar a la guerra y explorar la de forma conjunta la provisión de bienes públicos (recomiendo, para no alargar la explicación, la lectura del manifiesto por una democracia global, apadrinado por el movimiento federal mundial y reseñado en este blog).

A lo que voy: el federalismo sospecha del nacionalismo, identifica a los Estados como problema y les pide renunciar a su soberanía y autonomía en aras de un bien superior.  El proyecto europeo es federalista precisamente en ese sentido anti-nacionalista: fueron los nacionalismos los que llevaron a Europa a su suicidio político y moral así que al terminar la Segunda Guerra Mundial, las gentes de bien decidieron poner coto a la soberanía de los Estados y sustituir el nacionalismo por el supranacionalismo.

Por eso es importante distinguir entre los federalismos de ida y los federalismos de vuelta, o si se quiere, el federalismo hacia arriba y el federalismo hacia abajo. Los primeros tienen que ver con unidades estatales preexistentes que deciden sumarse y constituir una unidad superior. Típicamente constituyen primero confederaciones y luego, de forma pacífica o violenta (que de todo ha habido), federaciones. Ese es el caso de Estados Unidos,  pero también el de la Unión Europea. En el primer caso, con una renuncia explícita a la soberanía (los estados americanos no retienen el derecho a marcharse de la federación); en el segundo (la UE) con un proceso que pretende ser plenamente respetuoso con la permanencia de los Estados miembros como Estados-nación pero a la par aceptando muy serias limitaciones de soberanía (entre ellas la primacía del derecho comunitario sobre el nacional y de los tribunales europeos sobre los nacionales).

Los federalismos de vuelta son, como en el caso, de España, procesos de descentralización o devolución de competencias desde el centro a la periferia. Como en Canadá, España o Alemania, esos procesos tienen como finalidad bien el satisfacer las aspiraciones de autogobierno de un grupo que se siente diferente o no se identifica totalmente con la nación principal (de ahí el término “nacionalidades”) o, también, el aspirar a una mejor organización de las competencias de gobierno sobre la base del viejo principio de subsidiariedad, rescatado en el ámbito europeo en la década pasada en una formulación que sostiene que toda transferencia de competencias a una entidad superior debe estar justificada sobre la base de la eficacia (dicho de otra manera, que salvo prueba en contrario, las competencias deben ejercerse por la administración más cercana al ciudadano).

Lo que no tiene sentido es mezclar federalismo y secesión o autodeterminación, que es lo que muchos independentistas hacen. Si lo que se pretende es lograr el reconocimiento de una nación con derechos de estatalidad (un Estado-nación) que voluntariamente pueda federarse con el resto de España o, por el contrario, libremente separarse, entonces no estamos hablando de federalismo. Dicho de otra manera, hablar seriamente de federalismo requeriría que los independentistas renunciaran de antemano a la secesión. Porque si ese es el objetivo, entonces hablar de federalismo carece de sentido.

España ha emprendido, desde 1978, los dos caminos de forma simultánea. Por un lado ha cedido competencias a la Unión Europea para integrarse en un marco superior, por otro ha llevado a cabo un proceso de profunda descentralización, probablemente único en el mundo considerando el punto de partida unitario de la España de Franco. No hay razón para que no siga profundizando en los dos, pero estaría bien hacerlo de forma menos ideológica y de forma más empírica, es decir, examinando caso por caso y de forma abierta cómo debe funcionar la atribución de competencias.

Mi conclusión es que el debate de principios entre liberalismo, nacionalismo, federalismo o independentismo no nos llevará a ningún sitio. ¿Por qué no nos sentamos a resolver los problemas prácticos que tenemos, que son muchos, e identificar las soluciones, sin nominalismos?  El gobierno federal de Estados Unidos mantiene competencias de supervisión muy fuertes sobre sus estados (piensen en la agencia federal de aviación estadounidense, FAA, la agencia de seguridad alimentaria o el propio FBI,) a la vez que deja la organización de la educación en manos de los condados (ayuntamientos).

Después de los manifiestos, debería venir un análisis sosegado de qué funciona y qué no: una competencias se podrían ahondar, otras recuperar, otras reenviar al ámbito europeo. En España, una reforma de la Constitución podría avanzar en la descentralización en algunos temas, la financiación, sin duda, pero también debería incluir una reforma muy profunda de las instituciones de cooperación horizontal entre sus territorios, que es una de las asignaturas pendientes de nuestra descentralización. Esas instituciones deberían ser “federales” en el sentido estricto de la palabra, es decir “de todos”, no del gobierno central o de las autonomías (piensen por ejemplo en la absurda convivencia entre agencias estatales y autonómicas de meteorología, que deberían ser sustituidas por una agencia federal de meteorología).

Ella Fitzgerald dice pijama y Louis Armstrong dicen piyama, pero en el fondo es la misma prenda. Como en la canción, why don’t we call this whole thing off?

 

Things have come to a pretty pass
Our romance is growing flat,
For you like this and the other
While I go for this and that,
Goodness knows what the end will be
Oh I don't know where I'm at
It looks as if we two will never be one
Something must be done:

Chorus - 1
You say either and I say either, You say neither and I say neither
Either, either Neither, neither, Let's call the whole thing off.

You like potato and I like potahto, You like tomato and I like tomahto
Potato, potahto, Tomato, tomahto, Let's call the whole thing off

But oh, if we call the whole thing off Then we must part
And oh, if we ever part, then that might break my heart

So if you like pyjamas and I like pyjahmas, I'll wear pyjamas and give up 
pyajahmas
For we know we need each other so we , Better call the whole off off
Let's call the whole thing off.

Chorus - 2
You say laughter and I say larfter, You say after and I say arfter
Laughter, larfter after arfter, Let's call the whole thing off,

You like vanilla and I like vanella, You saspiralla, and I saspirella
Vanilla vanella chocolate strawberry, Let's call the whole thing off

But oh if we call the whole thing of then we must part
And oh, if we ever part, then that might break my heart

So if you go for oysters and I go for ersters, I'll order oysters and cancel 
the ersters
For we know we need each other so we, Better call the calling off off,
Let's call the whole thing off.

Chorus - 3
I say father, and you say pater, I saw mother and you say mater
Pater, mater Uncle, auntie, let's call the whole thing off.

I like bananas and you like banahnahs, I say Havana and I get Havahnah
Bananas, banahnahs Havana, Havahnah, Go your way, I'll go mine

So if I go for scallops and you go for lobsters, So all right no contest we'll 
order lobseter
For we know we need each other so we, Better call the calling off off,
Let's call the whole thing off.

Hay 44 Comentarios

Sr. Torreblanca, se agradece que se tome la molestia de responder a los comentarios, pero le aviso de que el sistema de modificar el comentario al que responde resulta poco claro, y además no facilita el ver que ha habido una respuesta. Uno no suele leer sus propios comentarios anteriores.


Sobre sus respuestas, ha cambiado ud. la condición que daba. Ud. decía que el federaismo conllevaba la renuncia al derecho a la autodeterminación. Ahora dice que el federalismo no conlleva el derecho a la autodeterminación, pero no dice que conlleve excluirlo, lo cuál ya es una diferencia significativa. Puede existir federalismo con derecho a la autodeterminación.


Y aún así, mi argumento sigue en pie: la autodeterminación es un incentivo para que un estado en el cuál hay varios sujetos políticos (llámele naciones si quiere) funcione mejor. Sin ese estímulo, el federalismo que se sabe indisoluble puede perfectamente caer en la tentación de minimizar el autogobierno de esas partes y volver al centralismo habitual, despreciando los deseos de esas partes. Es lo que ha sucedido con el estado de las autonomías.


Es cierto que la autodeterminación raramente se contempla explícitamente en los sistemas federales (o en cualquier estado). Pero también es cierto que en los sistemas democráticos existe la convicción implícita que un deseo de independencia por parte de la mayoría de la población de un territorio debería ser atendido. Las referencias a la sentencia del TC de Canadá o al referéndum escocés son obvias. ¿Cree ud. que si la mayor parte de la población de un lander alemán quisisera celebrar un referéndum de autodeterminación, el gobierno federal se negaría?


Sobre que una reforma federal sería para bloquear el independentismo, eso es evidente, y es precisamente uno de los defectos de esas propuestas y de la exigencia que ud. hace. Si el federalismo es para bloquear la independencia, en cuanto los soberanistas renuncien a la autodeterminación desaparece el interés en el federalismo.
Y precisamente ahí me da ud. la razón: para que ese federalismo exista y funcione es necesaria la autodeterminación. Sin ella, sin la necesidad de bloquear la independencia, desaparece el interés en el federalsimo.


Fíjese ud. además en un concepto muy interesante que ud. plantea: reconocer el derecho a la autodeterminación sería facilitar la independencia, es necesario negar ese derecho para mantener la unidad de España. Es decir, ud. mismo no confía en que esas propuestas federales puedan ser lo bastante atractivas para los catalanes como para que una Catalunya con el derecho de autodeterminación reconocido decida libremente mantenerse en España. Si ud. mismo no cree en ellas, ¿cómo espera que crean los soberanistas? Les está pidiendo que renuncien a la posibilidad de salirse de un sistema que ud. mismo asume que no va a dar respuesta a sus aspiraciones.


Insisto en mi planteamiento: el derecho a la secesión es una herramienta y una garantía ante los abusos del estado. Cualquier sujeto político que forme parte de un estado querrá conservarla. Así lo hacen los estados de la UE, que sólo permanecen en ella cuando es favorable a sus intereses, y por eso la UE se esfuerza para resultar razonablemente beneficiosa para todos. ¿Cree ud. que la UE funcionaría mejor si los estados no pudieran abandonarla, si estuvieran sometidos irrevocablemente a las decisiones de Bruselas?


Yo creo que para que una sociedad con múltiples socios funcione, es necesario que todos se sientan beneficiados por esa sociedad, y para garantizar eso es necesario que cada socio pueda abandonarla si cree que su pertenencia no le es beneficiosa. Esa necesidad de que funcione para todos es una garantía para que sea así. Si una sociedad considera necesario blindarse para poder seguir unida, es que tiene poca confianza (o pocas intenciones) en que resulte satisfactoria para todos sus socios. ¿No está ud. de acuerdo, sr. Torreblanca?


Es por eso que el poner como condición inexcusable para el federalismo la renuncia a la autodeterminación no puede ser para mejorar el funcionamiento del sistema federal, sino un objetivo en sí mismo: evitar la independencia, incluso a riesgo de perjudicar el funcionamiento de ese sistema federal.


Por supuesto, eso implica asumir que Catalunya es un socio, es una sujeto político. Si se parte del axioma de que es sólo una parte de España, sin personalidad propia, entonces todo lo dicho no es aplicable. Pero precisamente el hecho de que estemos hablando de que Catalunya pueda independizarse, el que exista un muy amplio movimiento político que cree que Catalunya tiene derecho a decidir por sí misma (bastante más amplio que el independentismo), es una muestra clara de que es un sujeto político. No es "el brazo" de España, sino una persona propia y entera por sí misma. Eso es algo que muchos en España no asumen, y eso desde luego dificulta afrontar el tema.

Don Sísifo:
Las concepciones identitarias y sus diversas salidas políticas, planteadas a lo largo de los dos pasados siglos, estaban basadas en el estado de un mundo que la evolución científica y sociológica contemporánea (muy acelerada en las dos pasadas décadas) ha dejado atrás. ¿Qué sentido tiene hablar de un “Volk” restringido a la minucia cultural de unos usos determinados o al reducido espacio de una región geográfica cuando los flujos culturales, económicos y humanos apenas pueden ser confinados por las fronteras y, cada día que pasa, resultan más evidentes los problemas globales de la Humanidad? Su único sentido atañe a la sociología política: el mantenimiento de centros de decisión fragmentados para permitir el sustento de cierto número de banderías con distinto grado de control oligocrático del poder.
Cualquier “solución” planteada desde la contemplación del pasado como algo actual, en suma, tiene la apariencia de un bucle de retroalimentación que refuerza la persistencia de conflictos y antagonismos que el siglo XXI ha vuelto anacrónicos. Siempre habrá, por supuesto, una base atávica en el comportamiento del ser humano, una irracionalidad esencial que resulta muy difícil hacer patente ante quienes no perciben la medida en que su afectividad pueda ser manipulada en contra del curso general de los problemas humanos del presente.
Ocurre en muchos lugares, no sólo en Cataluña, pero no por ello deja de tratarse de un fenómeno contrario al mismo fundamento del tiempo en que vivimos. Es un error no combatir los nacionalismos en cuanto tienen de excluyente, obtuso y periclitado. Si una virtud tenía –y aún tiene- la Constitución de 1978 es que convertía en inclusiva la diversidad y en mutua, la solidaridad entre territorios; si un defecto ha tenido su desarrollo posterior es que ha dejado en parte la creación de las estructuras institucionales que demanda todo estado moderno en manos de quienes han tratado de minimizar tal virtud.

"Pero el modelo de democracia Airbus A380 en que hemos venido a dar no me gusta"
Publicado por: pepe111 | 22/07/2014 21:13:56
-> Pues nos sentamos y vemos como lo re-diseñamos para que nos guste a los dos... pero yo no me subiría en un avión de papel...

Para Damián: ¿podría usted aclararnos cual es su filosofía de fondo? porque los dos primeros párrafos son magníficos, pero de repente se ha puesto a hablar de práctica con unas interpretaciones obviamente basadas en alguna filosofía que no ha explicado.

Es curioso lo que gusta la metáfora del matrimonio al nacionalismo para explicar la secesión a través del divorcio. Comparar el matrimonio que une a una pareja con la Constitución que une a más de 45 millones de personas (porque los derechos y los deberes son para las personas, sólo los terremotos unen y separan regiones) es como comparar un avión de papel con un Airbus A380... que no se nos olvide que este último no lo podemos hacer volar lanzándolo con la mano.

Publicado por: Jorge | 22/07/2014 14:21:0

Pero el modelo de democracia Airbus A380 en que hemos venido a dar no me gusta

Continua la nana.
Despertaran Vds. alguna vez ? O tendran q vivir otro desastre sin aprender de los errores pasados?
Sientan catedra en democracia. Hablan y hablan y se callaron durante 40 anyos!!!
Pueden opinar desde ayer y ya lo saben todo de la democracia.
Eso es Espana! El pais del tu mas! De la ignorancia, de la picaresaca y el del q la culpa es siempre de los demas.
Pero barrer la casa, q lo hagan otros!
Triste pais.

Todo muy bien, José Ignacio, medidas, competencias, agencias, ideologías, constituciones. Todo eso fantástico. El problema es que todas esas cosas tocan al individuo humano, aquí y ahora, en la cama o en la playa, en el bar o en la oficina, sólo de refilón, en compración con lo que el individuo siente como más inmediato, como primario y primigenio de su vida diaria, que es la lengua en que ese expresa y se entiende con los semejantes que tiene delante, detrás y a los lados. En comparación con eso, todo lo demás son castillos en el aire de la filosofía política. La canción maravillosa que nos ofreces es profética. La lengua es lo que cuenta: el cómo dice uno patata o pijama es lo que al final le hace sentirse hermano de su semejante o ajeno al extraño. Y no hay más que hablar. Y cuando lo queráis aceptar, tratarlo, analizarlo, y llegar a la solución de este problema profundo, íntimo, y anterior a todos, y una vez identificada, abrazarla y empeñarse en su aplicación, entonces empezaremos a ... hablar. Hasta entonces, parole.

Cuando el rio suena es que lleva agua.
Siendo mayores de edad, es algo que se viene oyendo desde hace bastante tiempo y por los mismos motivos casi siempre, a consecuencia de unas supremacías o de carencias económicas.
De obligado cumplimiento.
No solo es el sentimiento cultural o moral, añejo de tener que esconderse la propia identidad por el hecho de ser y parecer uniformes.
Sabiéndonos gallegos, canarios, andaluces, castellanos, extremeños, asturianos, cántabros, vascos, navarros, riojanos, murcianos, aragoneses, catalanes, baleares, ceutíes, melillenses, madrileños o valencianos.
Cada cual con sus estatutos y con todas las idiosincrasias y particularidades reconocidas.
¿Entonces?
Es la administración de los bienes comunes, y el gasto lo que conlleva el rife rafe, ante la paridad.
En función de poder saludarnos unos a otros con respeto y con educación hola vecino.
Como en una escalera de propietarios, cada cual en su casa y Dios en la de todos.
Porque así nos evitamos suspicacias, y desafueros o miradas por encima del hombro.
Ya que nadie es menos ni más que nadie.
Siendo solo vecinos, y pagando el recibo de la escalera cada mes puntualmente, todo el mundo contento.
Colaborando en el mantenimiento solidariamente desde una normativa que nos une a nivel nacional.
Pero cada cual que se administre y que ejerza su individualidad, respetando el entorno.
En el progreso, en el comercio y en la cultura.
Como gente mayor de edad.

Interesantísimo artículo, que va al fondo de una cuestión central de la política contemporánea, de candente actualidad en España y en Europa. Lamentablemente el autor se deja llevar por su declarada ideología federalista y antinacionalista, que le hace pasar por alto elementos fundamentales: 1) Respecto al manifiesto "Libres e Iguales", observa con gran agudeza la flagrante contradicción entre su supuesto universalismo liberal y su contenido objetivamente nacionalista, explicable por los persistentes complejos del nacionalismo español para manifestarse abiertamente como tal, y que no puede ocultar que, si el liberalismo es genéricamente compatible con el nacionalismo, actualmente al liberalismo de la globalización le estorban los Estados-nación y las soberanías nacionales en su proyecto de capitalismo sin fronteras. 2) La ideología federalista antinacionalista con la que se identifica el autor, y que parece inspirar a los autores del manifiesto "Una España federal en una Europa federal", solo puede predicarse de lo que llama "federalismos de ida" (como el europeísmo), que pretenden superponer entes políticos sobre comunidades nacionales preexistentes, ignorando la imprescindible base identitaria de toda comunidad política, lo que hace inviables tales "supranacionalismos" por artificiales y antidemocráticos. Lo que llama "federalismos de vuelta" no solo no se oponen al nacionalismo sino que lo presuponen: EEUU o Alemania son Estados-nación organizados de manera federal, y es por eso que los estados federados o länder no tienen ningún derecho de secesión o autodeterminación, incompatible con la soberanía nacional única de la federación. El hecho es que las comunidades políticas contemporáneas no pueden desligarse de su base identitaria si no quieren ser castillos en el aire que acaban derrumbándose estrepitosamente por muy buenas que sean sus intenciones.

"Mi conclusión es que el debate de principios entre liberalismo, nacionalismo, federalismo o independentismo no nos llevará a ningún sitio. ¿Por qué no nos sentamos a resolver los problemas prácticos que tenemos, que son muchos, e identificar las soluciones, sin nominalismos?"

Este es el error más importante del Sr. Torreblanca. Cuando uno quiere resolver un problema, lo primero que tiene que hacer es aclararse en cuál es su filosofía de fondo y cuáles son sus límites. Muchas veces este paso se realiza de forma inconsciente, pero siempre está ahí. Por ejemplo, si quiero comer, tengo ciertos límites en los que normalmente no pienso: no haré el gorrón con los Hare Krishna y me niego en principio a comer carne humana e insectos si no es en caso de desesperación extrema.
Del mismo modo, uno no se puede poner a resolver problemas prácticos si no tiene una filosofía de fondo que le sirva de límite, o si tiene posiciones filosóficas antitéticas con los compañeros con los que le toca redactar una nueva constitución.
Yo no sé en qué país vive usted, pero en el mío, unos líderes caciquiles regionales corruptos, que a base de propaganda han logrado instilar en el alma de gran parte de sus paisanos una ideología basada en el odio tribal y xenófobo, inventándose falsos agravios y hablando del martirologio de los héroes caídos en 1714, amenazan con quedarse con un cacho del país "porque ellos lo valen", saltándose la legalidad y la voluntad expresa del parlamento central, representativo de la soberanía popular. ¿Ocuparnos de los problemas prácticos? Empiece con ese...

Si el nacionalismo fuera un asunto de racionalidad política, de como mejor servir a los ciudadanos, Europa se hubiera ahorrado unos 100 millones de muertos solo entre el 1 de agosto de 1914 y el 1 de agosto de 2014. El nacionalismo es una cuestión de marketing, una basura fácil de vender e imposible de entregar, donde se hace creer a mucha gente que se merecen lo que les falta (¿a quién no le falta algo?) y que aquello que les falta les ha sido arrebatado por alguien brutal y poderoso. El victimismo en que todos podemos recaer adoptando la manera de imaginar de la infancia, donde éramos pequeños e impotentes ante la dictadura de los adultos. El patriotismo es una forma de felicidad compartida que tienen en común los borrachos separatistas en Donetsk, quienes jalean las bombas de Israel desde la colina de Shderot o los separatistas de cualquier tipo. La pregunta patriótica por excelencia es extorsiva y siempre la misma: ¿eres de los nuestros o estás a favor del enemigo (lease España, los terroristas, Ucrania o lo que sea)?. La desgracia son los socialdemócratas que caen en la trampa de esta extorsión: no ganan nada y son cómplices de destruir la convivencia para siempre. El 31 de julio son 100 años del asesinato de Jean Jaurés, que murió por estas cosas.

El gran fracaso de nuestro modelo de Estado es la asimetría. Cada CCAA tiene un nivel competencial diferente y "a la carta" e inlcuso el País Vasco y Navarra disfrutan de unos privilegios fiscales completamente antidemocráticos.
Antes de decidir el nivel de descentralización, lo prioritario es reformar la Constitución para que todas las CCAA tengan exactamente las mismas competencias y así poder garantizar que todos los ciudadanos disfrutemos de los mismos derechos.

"los derechos liberales sólo son posibles (por suerte o desgracia) en el marco del Estado-nación"
No termino de entender por qué una constitución federal no puede recoger los derechos y libertades con las que se identifican los liberales. Agradecería de verdad una explicación.

(Sobre el primer comentario de Fuss) Es curioso lo que gusta la metáfora del matrimonio al nacionalismo para explicar la secesión a través del divorcio. Comparar el matrimonio que une a una pareja con la Constitución que une a más de 45 millones de personas (porque los derechos y los deberes son para las personas, sólo los terremotos unen y separan regiones) es como comparar un avión de papel con un Airbus A380... que no se nos olvide que este último no lo podemos hacer volar lanzándolo con la mano.

Está bien la aclaración sobre qué es una cosa y la otra. El problema es...¿cómo sabemos empíricamente cual es el mejor sistema? Porque resolver los problemas prácticos que tenemos implican una apuesta sobre la que no hay muchas experiencias disponibles. La actual situación de globalización económica no tiene parangón, aunque la crisis sí tiene un ejemplo importante en la del 29, pero hay muchas diferencias también. No es como tratar una gripe, que hay millones de casos de experiencias terminadas para tener unas ideas claras (pero aún así, subsiste incertidumbre para cada paciente). Las medidas no se pueden experimentar en laboratorio y los resultados pueden tardar decenios en poderse valorar. Al final, las soluciones no pueden realmente independizarse de la ideología, como el conocimiento y la ciencia se basan en paradigmas que en última instancia dependen, a veces en muy alto grado, en opiniones muy poco científicas, así que son resistentes a los hechos, y como ejemplo pongo los economistas neoliberales.

Yerran quienes creen que las iniciativas planteadas por catalanistas y vasquistas equivale a una pugna entre nacionalismos: entre un nacionalismo español y unos nacionalismos periféricos. Ese es el aspecto que las oligocrácias políticas establecidas entorno al victimismo y la xenofobia quieren dar a un dilema de mayor enjundia, cuyo fundamento, del lado de los independentistas, tiene en realidad el rancio aspecto de la cogitación reaccionaria. Lo que aquí está en juego es la modernidad del ámbito político, el respeto a los ciudadanos como sujetos libres e iguales, el progresivo desvanecimiento de ese dañino fantasma romántico, el “Volk” enraizado en el terruño, en definitiva, la consideración de un patriotismo progresista como forma de transición hacia la integración de la Humanidad en estructuras cada día más inclusivas.
La Constitución Española permite la evolución de la realidad actual, la que vivimos hoy- no la de un ayer centenario, tan lejano que quienes lo habitaran en su día habrían de hallar este presente nuestro incomprensible- hacia ese futuro en que los problemas humanos que afectan a todo el planeta puedan ser enfrentados mediante la implementación de soluciones comunes y una progresivamente más extensa, eficiente solidaridad. Es una constitución respetuosa con la diversidad, que la promueve incluso, y que garantiza el derecho de los individuos a cultivar sus tradiciones locales sin que ello suponga detrimento al deseable sentido comunitario, ese conocimiento y práctica de una convivencia que ha de fundar cualquier evolución integradora, basada en el carácter interdependiente de las relaciones socioeconómicas y culturales, en este baqueteado planeta nuestro ya tan pequeño, por abarcable y conocido.
La nación de naciones, por tanto, equivale a una reincidencia en el error secular de convertir a los individuos en esclavos de los mitos , en el rebaño de los demagogos que construyen sobre esas mixtificaciones irracionales discursos de exclusión, un bucle anacrónico que pretende proyectar hacia el futuro las mismas taras emocionales que arrastran a los grupos humanos hacia la irracionalidad de conflictos fundados en la pugna por imponer la imaginaria preeminencia de unas costumbres sobre otras y, al cabo, propician la persistencia de antagonismos tan destructivos como los que la Humanidad ya ha padecido abundantemente en el pasado. La concepción liberal parte del individuo y, en ella, los estados-nación tienen carácter meramente instrumental, estructuras políticas cuya validez depende de que cumplan con la función de garantizar derechos para cada uno de los ciudadanos, siempre libres e iguales; en definitiva, para el liberalismo, los seres humanos no están confinados por la historia porque crean la historia en el presente y, por eso, propenden a la extensión de una realidad compartida más allá de las fronteras, una sociedad abierta que evoluciona con los tiempos.
En otras palabras, el manifiesto federal vale para el mundo del siglo XIX; el liberal, para el del siglo XXI.

Quizá lo primero sería eliminar prejuicios, escucharse un poquito más y conciliar lo inconciliable...
Se llama política, no?
Sí carecemos de intelectos suficientemente conformados para educar y sacar de la ignorancia a los ciudadanos y al mismo tiempo le damos la palabra a los q solo funcionan con emociones o religiones...
Quizá la catarsis q llevó mencionando en estos foros del País varios años sea más de actualidad q nunca.
Sin esa catarsis, las diferencias entre las autonomías prósperas y las demás ya no se miden sólo por el PIB sino por el retorno intelectual q obtienen unas y otras.
Si unas autonomías se acomodan de la solidaridad nacional y no desarrollan el conocimiento y la industria con el dinero q le dan los demás y prefieren un clientelismo endogamico q cercena la demografía y la esperanza de sus ciudadanos...
Si otras autonomías prefieren la corrupción como norma y los partidos q conforman la espina dorsal del sistema de las autonomías viven de ella....
Si los intelectuales están impregnados de un régimen q duro 40 años y q aún nos pudre la vida...
Sí nadie identifica la carencia de democracia y todos defienden la ley q encubre a los q la la crearon y facilita su enriquecimiento...
Como es posible q siga habiendo más de 200.000 cuerpos sin identificar en las cunetas y q, izquierdas y derechas, no consideren moral q sea el Estado quien sufrague los gastos de apertura de las fosas?
En conclusión, hay un orden para ideologías y teorías también. Primero la dignidad y la moralidad, luego el respeto de los demás, siguiendo con un mito fundador legítimo y no partidario, luego con un acuerdo de principio y principios y acabar con una constitución q no este impuesta por unas élites camufladas q nunca dejaron de ser lo q siempre han sido...
En conclusión y en el orden de las cosas, antes q Federación o secesión, primero constitución, luego respeto de las reglas y al fin, en un diálogo positivo y no concierto de grillos, decidir...
Tener miedo de lo q decida una sociedad madura, industrial (industriosa) e instruida como la catalana no solucionara el problema de ignorancia y picaresca de todos los iberos.
Abrir el debate, sin condiciones, dentro de la ley para modificar sustancialmente la constitución es sólo cuestión de valor y de estructura intelectual q abra el proceso societal q España necesita : Catarsis ... Y el federalismo o sucesión discurrirán por los caminos q les corresponden y no por el de la ignorancia y la presunción...

En principio estoy de acuerdo con lo que expone en su comentario. Desarolla de una forma muy educativa y sistemática el concepto o la idea de federalismo, tan en boga actualmente.
A mi modesto entender el problema de base es de conocimiento. Nuestros próceres elegidos o elegibles, los actores individuales o colectivos de nuestro sistema político, los medios de comunicación con sus gurus, tertualianos, etc., y todo aquel que puede ofrecer una opinión, suelen lanzarse a describir problemas y ofrecer soluciones sin miramientos, sin ni siquiera reflexionar, aplicar el sentido común y sobre todo conocer, es decir, si hablo de "gato" conocer/saber/conceptuar "¿que es un gato?". El federalismo idenpendientemente de ideología o teoría, es un concepto con un desarrollo empirico muy variado, por tanto lo primero es saber a que nos referimos cuanto hablamos de federalismo; si se puede aplicar en nuestración; si se puede aplicar, cual es el modelo que mas se ajusta a nuestra necesidades; y finalmente poner encima de la mesa un propuesta coherente. Pero no, aquí lo importante es hablar sin decir nada. Aqui, tengo que darle la razón, y sin que sirva de precedente a Pablo Iglesias. Nos rige una "casta", pero una "casta de incultos" que además lo son por desgana y con alevosia que es lo peor, no por falta de capacidad. A partir ahí todo lo que vegan son fuego artificiales y es sumamente decepcionante que éstos puedan configurar el devenir, en este caso, de un pais.

[¡Vaya! Había traído al caso el ejemplo de la metereología porque pensaba que todo el mundo estaría de acuerdo en que tener 17 agencias metereológicas es un absurdo, máxime cuando todas trabajan con los datos de los mismos satélites. Pero veo que ni siquiera ahí. ¿Qué pondría usted entonces en común en una federación? Una agencia federal de metereología no sería del gobierno central sino de la federación, es decir, de todos].

"piensen por ejemplo en la absurda convivencia entre agencias estatales y autonómicas de meteorología, que deberían ser sustituidas por una agencia federal de meteorología"


Otro ejemplo de lo que quieren decir los nacionalistas españoles (que negarán ser nacionalistas, claro está, aunque sólo hablan de cómo articular el estado-nación España) cuando hablan de federalismo.


Ante la situación descrita, el sr. Torreblanca podría haber sugerido la supresión de la agencia estatal de meteorología, y dejar que las agencias autonómicas hicieran su trabajo. Pero no, para el sr. Torreblanca ,es evidente que habría que suprimir las agencias autonómicas para dejar sólo una "agencia federal", es decir, del gobierno central. No es que lo considere lo mejor en base a un análisis sobre el tema, es que para él es algo evidente, que no requiere explicación.


Es ese tipo de federalismo, sr. Torreblanca, el que interesa poco a los soberanistas, y un poderoso argumento a favor de tener el derecho de autodeterminación. Porque con "federalistas" cuyo primer reflejo es centralizarlo todo, hay que tener siempre la opción de salirse de ese tipo de federaciones.

[Gracias por su comentario. Sin embargo, insisto en mi argumento: el federalismo (al menos el democrático: Alemania, Estados Unidos, Suiza, Brasil....) no conlleva el derecho de autodeterminación. Son planos distintos de la discusión. Una reforma federalizante de la Constitución, no se engañe, es una manera de bloquear la independencia, no de facilitarla. El autor]

"hablar seriamente de federalismo requeriría que los independentistas renunciaran de antemano a la secesión. Porque si ese es el objetivo, entonces hablar de federalismo carece de sentido.".

Esto me parece un grave error conceptual. Es como decir que para hablar seriamente de matrimonio hay que renunciar de antemano al divorcio. Algunos creen eso, pero la mayor parte de la gente es capaz de tomarse en serio el matrimonio, y al mismo tiempo conservar la opción de romperlo si acaba viendo que no funciona. Incluso se puede decir que el divorcio ayuda a que los matrimonios funcionen mejor, dado que ambas partes tienen que esforzarse para que funcione, sabiendo que si no lo hace, habrá divorcio.

Se puede decir lo mismo del federalismo. Un estado, federal o no, que se sabe irrompible pierde incentivo para funcionar bien para todas sus partes. Aunque maltrate a una parte, eso no supone un peligro para la integridad del estado. En cambio, si esa parte tiene derecho a la secesión, si se siente maltratada abandonará el estado. Y eso supone un incentivo para que el estado busque funcionar bien para todos.

El derecho a la secesión es una herramienta y una garantía ante los abusos del estado. Cualquier sujeto político que forme parte de un estado querrá conservarla. Así lo hacen los estados de la UE, que sólo permanecen en ella cuando es favorable a sus intereses, y por eso la UE se esfuerza para resultar razonablemente beneficiosa para todos. ¿Cree el sr. Torreblanca que la UE funcionaría mejor si los estados no pudieran abandonarla, si estuvieran sometidos irrevocablemente a las decisiones de Bruselas?

En fin, me temo que esa exigencia del sr. Torreblanca no viene dada por los requisitos de un estado federal, sino por el deseo del sr. Torreblanca de que los independentistas catalanes renuncien a separarse de su España. Pero eso no es teoría del federalismo, eso es ideología de la indisoluble unidad de la nación española.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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