José Ignacio Torreblanca

Un nuevo comienzo para Europa

Por: | 17 de julio de 2014

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En la edición impresa de este Diario de ayer publicaba un análisis sobre cómo Jean-Claude Juncker había logrado el apoyo de liberales, socialistas y verdes para su investidura como Presidente de la Comisión Europea (Jean-Claude habla italiano). 

Los compromisos que ha adquirido Juncker para los próximos cinco años han quedado plasmados en un documento titulado “Un nuevo comienzo para Europa: mi agenda para el empleo, el crecimiento, la equidad y el cambio democrático”. Ese documento ( Descargar New Start for Europe) es lo que quería discutir con los lectores de este blog.

En mi opinión, ese documento tiene que ser interrogado bajo una doble perspectiva. La primera sería la de si de verdad estamos hablando de una “nueva Europa”, de un “reset” o “renicialización” como gusta decirse ahora o, por el contrario, las prioridades marcadas por Juncker son continuistas.

Paralelamente, tiene sentido discutir si Juncker, un hombre que representa como nadie el establishment europeísta (primer ministro de Luxemburgo durante los últimos 18 años y, a la par, presidente del Eurogrupo en lo álgido de la crisis del euro), es un hombre capaz de liderar esa nueva agenda.

Respecto a la primera pregunta, las diez prioridades de Juncker son las siguientes:

La primera es el crecimiento y empleo, vía un paquete de inversión de 300.000 millones de euros apadrinado por la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones. Esta es la medida estrella del programa y con razón debe situarse en primer lugar. Esas inversiones, de tener lugar, tendrán un importante efecto, aunque falta un cuadro macroeconómico que sea capaz de cuantificar su impacto sobre el crecimiento y el empleo. No cabe duda de que Europa necesita esas inversiones (en infraestructuras físicas o redes informáticas, interconexiones energéticas o ciencia e innovación). Sin embargo, también sabemos que en el pasado, iniciativas parecidas han naufragado o perdido fuelle dada la escasa voluntad de algunos estados miembros y, también, debido a la burocracia de la Comisión Europea, lenta a la hora de poner en marcha estos proyectos. Por tanto, existen dudas legítimas sobre si Juncker podrá cumplir esta promesa de forma que tenga suficiente impacto.

La segunda promesa estrella se refiere al mercado digital. Ese mercado es una asignatura pendiente, y si lográramos integrarlo, dice Juncker, podríamos generar 250.000 millones adicionales de crecimiento. Para ello se propone, en los primeros seis meses, introducir en el Parlamento Europeo un “ambicioso” programa legislativo. De nuevo aquí tenemos que aplaudir la iniciativa, pues sin duda que el mercado digital es una de las nuevas fuentes de crecimiento y empleo, pero también sabemos cómo de lento y farragoso tiende a ser el proceso legislativo europeo. Por tanto, la propuesta puede prepararse en seis meses, pero su aprobación puede llevar hasta dos años, dependiendo de los estados y las empresas. Por tanto, aquí también, un aplauso y una interrogación.

La tercera promesa estrella es la “Europa de la energía”. Aquí también nos encontramos con algo no sólo indiscutible, sino  injustificable: el retraso europeo en crear un verdadero mercado interior de la energía, con las consecuencias de dependencia energética y geopolíticas (léase Rusia) por todos conocidas así como la necesidad de explorar el potencial completo de las energías renovables, algo que requiere cuantiosas inversiones en infraestructuras e investigación. ¿Podrá Juncker vencer las resistencias de algunos socios, léase Alemania, que no quieren mandar el mensaje erróneo a Moscú (al revés, lo que han hecho en los últimos años es incluir a Rusia en el mercado energético europeo y aspirar a la fusión de intereses empresariales: piensen en Gazprom, Gerhard Schröder y el gasoducto Nord Stream). Lo mismo con Francia: ¿aceptará por fin que España deje de ser una isla energética? Estén atentos a la nacionalidad del próximo Comisario de Energía para saber cuál es el compromiso real de Juncker con esta agenda.

La cuarta prioridad es la profundización del mercado interior, lo que Juncker pretende conseguir, primero, mediante un ambicioso programa de reindustrialización que de aquí al 2020 lleve el peso de la industria al 20% del PIB europeo (algo necesario pero seguramente irrealizable sin un apoyo político muy intenso por parte de los estados), una mayor integración de los mercados financieros (lo que Juncker llama una “Unión de Mercados de Capitales”), mejoras en las circulación de trabajadores y, punto importante siendo Juncker quien es y el papel tan negativo desempeñado por Juncker durante tantos años, una mejor cooperación entre administraciones públicas a la hora de combatir el fraude y la evasión fiscal.

En quinto lugar, Juncker ha prometido completar la agenda dejada por Van Rompuy respecto a la gobernanza del euro pero, de forma más importante, ha prometido sustituir la Troika por “una estructura más legítima democráticamente” y que responda mejor ante el Parlamento Europeo. Aquí hay un gran guiño de Juncker a la izquierda, al que añade su propuesta de introducir el salario mínimo en la UE y someter los programas de austeridad a una evaluación de “impacto social”.  Juncker ha dicho que cree en una “economía social”, ha reconocido que el ajuste presupuestario no ha sido equitativo y ha lamentado que “los especuladores se hayan enriquecido mientras los pensionistas se han empobrecido”. El guiño está hecho, ahora resta comprobar si refleja un cambio duradero.

En la sexta prioridad de Juncker, el acuerdo comercial con Estados Unidos también hay un guiño a Socialistas y a Verdes. “No sacrificaré los estándares europeos de seguridad alimentaria, privacidad de los datos o nuestra diversidad cultural en el altar del libre comercio”. Consciente de que la izquierda tiene desenterrada el hacha de guerra contra Estados Unidos en torno al próximo acuerdo comercial con EEUU, Juncker ha querido anticiparse. Y hace bien, porque sin los socialistas no conseguirá que el Parlamento Europeo ratifique ese acuerdo.

Séptima y octava prioridades de Juncker tienen que ver con los derechos fundamentales y con la inmigración, donde Juncker propone una política de asilo común y una política inmigratoria más atractiva y más funcional desde el punto de vista económico, es decir, evitando centrarse exclusivamente en la dimensión del control de fronteras. De nuevo, la pregunta es si, siendo este tema tan delicado en estos momentos y precisamente ante el auge de los movimientos xenófobos, si los Estados van a dejar a la Comisión hablar en nombre de Europa o van a preferir aplicando políticas nacionales que aunque ineficientes transmitan el mensaje al electorado de que todavía están al mando de la inmigración y de que pueden controlarla o regularla.

En su novena prioridad (la Unión en el mundo) Juncker hace una confesión: “no sentirse satisfecho con el funcionamiento actual de nuestra política exterior”. El debate sobre quién tiene la responsabilidad de esta carencia excede el espacio de esta entrada. Sin embargo, reconocer que se tiene un problema es sin duda el primer paso para solucionarlo. Queda todavía por ver a quién nombrarán los Estados Miembros para el puesto de alto representante: el perfil dirá mucho (vean este artículo recientemente publicado sobre el tema titulado “Oferta de empleo”).

Termino, aquí sí, decepcionado, con la mala tarea de aliño, casi parece que despachada con fastidio, con la que Juncker trata la cuestión de la profundización de la democracia en la UE. Un título ambicioso “Una Unión para el cambio democrático” detrás de cual no hay prácticamente nada. Decir a estas alturas que “los parlamentos nacionales son importantes”, que cree en la transparencia, o que pretende enviar representantes políticos, no técnicos, a los triálogos (como se conocen las negociaciones a tres bandas entre Comisión, Parlamento y Consejo) suena muy desenfocado. Juncker había dicho al comienzo de su intervención que la ciudadanía estaba dando la espalda a la Unión Europea. Y es cierto que una Unión que crezca y cree empleo ayudará enormemente a legitimarla ante los ciudadanos. Sin embargo, el volver a conectar con los ciudadanos requiere medidas mucho más ambiciosas.

Mi conclusión es que el programa de Juncker es ambicioso pero incremental. Representa un europeísmo sólido y convencido pero probablemente es ahí donde chocará con los Estados. Muchas capitales no quieren progreso, quieren mayor control e incluso retroceso. Querrán diluir o retrasar esas propuestas. Y ahí es donde conoceremos por fin quién es Juncker: el hombre que se comprometerá y aceptará diluir su programa y descafeinar su presidencia o el hombre que se resistirá a ser ninguneado por sus antiguos colegas y querrá hablar en nombre de Europa. ¿Qué piensan ustedes?

 

Hay 9 Comentarios

Los compañeros de Torreblanca en Ucrania acaban de disolver el Partido Comunista, otra medida en su camino hacia la libertad, después de haberlos golpeado, abofeteado e insultado en el Parlamento.

Los ámbitos de convivencia suelen estar cohesionados por algún elemento sobreentendido, por alguna circunstancia sociopolítica que permea con naturalidad la vida de la población. En Rusia, el extenso territorio está dominado por una lengua abrumadoramente mayoritaria y una burocracia cercana, presente desde el tiempo de los zares; en China, sucede algo parecido con la adenda del PCCH, el partido que es el Estado, presente hasta en la más nimia porción de la existencia comunitaria; en EEUU, la democracia participativa y la lengua común confieren al individuo la conciencia de una ciudadanía compartida. En Europa, no existe nada semejante; las instituciones europeas se superponen a la vida cotidiana a demasiada altura como para poder ser percibidas como consustanciales a la vida de la población. La Unión Europea se ha hecho desde la cúpula del poder político nacional colocando otro estrato de argamasa exterior para que, desde fuera, parezca una sola techumbre lo que, desde dentro, aparece como una multitud de crucerías en capillas separadas, cada una con su altarcito y su parroquia. Quizá el proceso de construcción europea no hubiera podido realizarse de otra manera teniendo en cuenta cuál fuera la situación de partida tras siglos de conflictos y vicisitudes en una realidad sociológica parcelada por la compleja geografía continental. Pero ello ha generado inevitablemente que la UE haya adquirido una categoría de hecho aparte, de una especie de ominosa carga cuyo efecto no es unificante sino meramente ostentativo; superfluo y burocrático, en definitiva. Se ha demorado demasiado el establecimiento de un vínculo político directo entre el ciudadano y el poder europeo, han durado demasiado el antiguo techo y sus contrafuertes regionales, hasta el punto de que éstos se han visto reforzados por la descentralización administrativa de los estados convirtiéndose así en impedimento suplementario para el logro de la necesaria conciencia de una identidad común.
Europa se ha edificado sobre la democracia pero la UE está perdiendo la oportunidad de hacer de la representación política un motivo para el interés de los políticos en profundizar la propia representatividad de las instituciones continentales; como los políticos adquieren su poder de la rendición de cuentas ante sus votantes, los funcionarios europeos se han convertido menos en instrumentos para la unidad que en excusa para la obtención de votos por aquellos políticos cuya legitimidad emana directamente del ciudadano en un contexto nacional; legitimidad que usan precisamente para consolidar las posturas más nacionalistas y antieuropeas. Las políticas implementadas desde la Comisión no pueden contrarrestar esta impresión que hemos visto crecer en las pasadas Elecciones Europeas hasta el punto de provocar incluso en un partido presuntamente europeista como el PSOE la ruptura de la unidad de voto socialista en la Eurocámara. Un Ejecutivo que no trascienda los intereses nacionales y siga apostando por parcelas de poder en un marco nacionalista siempre tendrá a todos insatisfechos y propiciará el mantenimiento de la suspicacia ciudadana contra la superestructura burocrática de la Unión.

Curiosas las prisas con las que EL PAIS atribuye a la guerrilla prorrusa el misil que derribó al avión comercial de Malaysia cuando, si se comprueba que los colores de Malaysian Airlines coinciden con los del avión presidencial ruso, la explicación de que el misil iba dirigido contra Vladimir Putin parece la más plausible.

Pecunia non olet, Vespasiano dixit.

Bueno, a ver qué nos trae Juncker. Pero el problema en Europa es más profundo de lo que parece, dado que estamos en un periodo de transición a un cambio. No creo que una lluvia de dinero baste. Es otra cosa. Modos de vida, recursos, prioridades, cambios de relaciones entre agentes sociales, e incluso la necesidad de incorporar un cambio de relaciones politicas... y posiblemente el movimiento telúrico que todavía se resiste a destaparse. La pregunta es si lo estamos anticipando. EEUU sabemos que lo intuye, y lo sabe. ¿Y aquí?

Y con los euroescepticos que son bastantes y los antieuropeos que no son tantos pero se hacen notar que hacemos. Primero crear conciencia en el ciudadano europeo y hacerle ver las ventajas de la union en este mundo globalizado de lo contrario mucha estructura comunitaria y poca adhesion ciudaddana y asi no se construye la UE, ya he expresado mi opinion que se ha empezado la casa comun europea por el tejado y la mayoria no ve que ese tejado les cubra
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

Políticas de siempre defendidas ignorando su fracaso y las consecuencias negativas que provocan para las sociedades de los Estados miembros, sociedades cuya mayoría de los ciudadanos se opone al actual proyecto de la UE. Un conjunto de propuestas hechas para intentar contentar a todos un poco, a los del norte, a los del sur, a los sindicatos, a Podemos, etc.


El fracaso de la Agencia Europea de Defensa ha sido total e innegable. La UE es incapaz de tener una política de defensa colectiva fuera de la NATO. A pesar de ello el nuevo presidente de la CE, J. Juncker, sigue opinando que hay que impulsarla, lógicamente ello se debe a que Juncker pertenece a ese conjunto de dirigentes europeos que quieren algo imposible, una defensa colectiva no atlantista.


La inmigración es en estos momentos uno de los problemas más graves que tiene la UE, con claras consecuencias negativas provoca en las sociedades de importantes Estados miembros un enorme rechazo hacia UE. Juncker no es consciente del problema de la inmigración, seguramente porque a su país Luxemburgo no le afecta, así lo manifestó en su discurso. Según Juncker la UE necesita más inmigración, pero no dice que Estado la necesita. Por los Estados que entra sus gobiernos y sociedades dicen que no la necesitan, y por tanto Juncker propone repartirla, pero en el resto de estados, del norte, etc, dicen que tampoco la necesitan. Entonces ¿Quién, que Estado, necesita más inmigración? Evidentemente ninguno. Un descenso progresivo de la población no tiene por qué ser malo en sí mismo, la crisis ha confirmado que las empresas pueden incrementar la productividad reduciendo el número de trabajadores, incrementando la productividad por trabajador. No hay una relación directa entre la población de un país y su riqueza. Países muy poblados son muy ricos y en otros ocurre todo lo contrario. Todo depende de la gestión que se hace de los recursos humanos.

Muy importante la integración del mercado digital europeo dado que Europa está quedando retrasada respecto a los EE.UU. y Asia Oriental (Corea del Sur, Japón, Taiwan)
Respecto al mercado europeo de la energìa, Alemania tiene razón ya que Rusia es una parte esencial del mismo, y más que lo va a ser durante la próxima década tras la apertura de South Stream. Hablar de "dependencia" de Rusia es ridículo ya que quienes pagamos somos nosotros. El odio de Torreblanca contra Rusia parece anclado en el siglo pasado y no se corresponde con la necesaria e inevitable integración de Rusia en Europa, como han defendido Jacques Chirac, Gerhard Schroeder y helmut Schmidt. Contra Rusia, Europa terminará saltando por los aires. Rusia también es Europa, y no los EE.UU. por mucho que en la actualidad formemos un Protectorado Militar norteamericano ´que carece de soberanía.

Bueno, yo desde que Sarko dijo que había que refundar el capitalismo ya no me creo nada, pero por poner una pega interesante, ¿qué zonas de la UE se van a reindustrializar por iniciativa europea? ¿Grecia, Portugal, España, o nos van a dejar como siempre solo los servicios y trabajos de baja productividad y menor competitividad como el ladrillo, es decir, nos hacen dependientes?

Mucho más relevante de lo que dice Juncker es lo que calla Merkel.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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