José Ignacio Torreblanca

Pruebas de la presencia de militares rusos en Ucrania

Por: | 03 de septiembre de 2014

 
Order_of_Suvorov_(Russia)[Este video ha sido añadido con posterioridad a la creación de esta entrada: es una grabación de una columna mecanizada rusa dentro de Ucrania que incluye 13 tanques, 42 vehículos de combate blindados y 31 camiones de transporte. Las señales en la autopista indican que se trata de la autopista M04 / I40 dentro de Ucrania, los distintivos de las unidades y los uniformes son también rusos.]

Esta es la "Orden de Suvorov", una de las máximas distinciones militares rusas. Homenajea el valor y la destreza militar de Aleksandr Vasílievich Suvórov (1729-1800), un general ruso famoso por sus victorias contra los turcos en, precisamente, Crimea, al que el Zar le concedió el título de Generalísimo. Fue establecida en 1942 por el Soviet Supremo de la URSS para galardonar a las tropas que en su lucha contra el enemigo (alemán) mostraran un valor excepcional. El primero en recibirla fue el Mariscal Zukov, comandante en jefe del ejército rojo durante la segunda guerra mundial. 


Captura de pantalla 2014-09-02 16.52.42

Y este es el Decreto Presidencial del 18 de agosto del corriente en el que el Kremlin concede a la 76 División de Asalto Aerotransportado (Paracaidistas), la Orden de Sujorov. La concesión de dicha condecoración ha coincidido con las denuncias por parte del gobierno ucraniano acerca de la presencia de hasta cuatro batallones de blindados en su territorio, las fotografías aéreas suministradas por la OTAN y el apresamiento de una decena de soldados rusos en territorio ucraniano, que Moscú justificó como resultado de la desorientación de una patrulla, que habría cruzado la frontera "accidentalmente". Sin embargo, en el Decreto Presidencial, se habla del "coraje y heroísmo" de los soldados de la división y de su "éxito en misiones de combate". 

Troopers

 Más elementos. Esta es la tumba del Sargento Mayor Leonid Kishatkin, perteneciente a la 76 División de Paracaidistas de Pskov. Como muchos de los integrantes de su división, dejó de comunicarse con sus familiares el 15-16 de agosto. Su cadáver fue entregado a su familia sin más referencias sobre las causas ni el lugar de su muerte. La fotografía la tomó un periodista ruso, Alexei Semyonov, de un periódico local de Pskov. Otros periodistas rusos, del diario Gazeta Novaya, visitaron el cementerio de Pskov y pudieron comprobar la existencia de más tumbas de soldados de esa división fallecidos a lo largo del mes de agosto (acceso aquí, en inglés). Ante la perenigración de periodistas, rusos y extranjeros al cementerio de Pskov, para verificar estas noticias, individuos sin identificar han comenzado a bloquear el paso a los periodistas y a amenazarlos. En este vídeo se ve como el coche de unos periodistas es golpeado y zarandeado.

Bmd

Otro elemento en disputa tiene que ver con la captura por parte del ejército ucraniano de dos blindados de transporte rusos (tipo BMD-2), que habrían resultado dañados y abandonados tras un intercambio de disparos entre los dos ejércitos. Aunque el número del blindado (en la parte izquierda, 275) había sido borrado, dentro de él se encontró la documentación del vehículo así como de los que lo operaban, incluyendo la cartilla militar del Teniente Pavel Popov. Los papeles del vehículo lo identifican como asignado al Regimiento 234 de Paracaidistas de la División 76 con base en Pskov. Gracias a las redes sociales rusas, se ha podido verificar que la identidad de estos soldados corresponde con militares de dicho Regimiento (ver noticia completa).

Suma y sigue. El ejército ucraniano, que a finales de julio llevaba la iniciativa contra los rebeldes pro-rusos, de repente se encuentra a la defensiva en mútiples frentes. El Kremlin, de nuevo, en un alarde de cinismo típico de la época soviética disimula sólo a medias. Parafraseando a Rajoy: "salvo algunos cosas que son ciertas, todo es falso"..... Las madres y mujeres de los militares muertos en Ucrania exigen saber la verdad, pero nadie les hace caso.

 

 

 

 

 

 

Hay 9 Comentarios

No si al final habrán sido los marcianos con sus platillos volantes los que derribarob el MH-17. Poca verguenza.

Que bueno! policias de fronteras estonios descubren delincuentes rusos introduciendo "armas" en el pais y estos se escapan llevandose de rehen a uno de los aduaneros. Y resulta que son de los servicios de seguridad rusos acusando al pobre de espionaje. Que tomara Putin para mantenerse joven que le hace estar tan hiperactivo? con esos delirios de grandeza y a esa edad, aun querra jugar a la guerra a lo grande, y contra eso...sanciones "economicas"; otro lenguaje no existe para Occidente hoy en dia...mejor seria darle miedo a caer en ridiculo ante su sociedad, tan amante de la fuerza. En solo unas semanas Merkel ha envejecido mas que en años.

¿Esta es la prueba? ¿Como la presentada por condoleezza rice de las armas de destrucción masiva de Iraq? .-) .-) .-) :-) .-)
.-)

Para información interesante sobre La nueva Guerra Fría que puede convertirse en Guerra Caliente entre EEUU y la UE contra Rusia, leer al siempre tan interesante Vicenç Navarro: http://www.vnavarro.org/?p=11260

Torreblanca, harás bueno y demócrata a hermann Tertsch. . .

Last week, The Atlantic published a 24-point plan for ending the conflict between Russia and Ukraine—the product of a meeting between Russian and American experts and former officials on the Finnish island of Boistö. Now, a group of American and European experts and former officials, coordinated by David Kramer of Freedom House, has written a response, rejecting the Boistö agenda and urging Russia to end its aggression against Ukraine.

http://www.theatlantic.com/international/archive/2014/09/response-boisto-peace-plan-ukraine-russia-us/379428/

We the undersigned firmly reject the “24-step plan to resolve the Ukraine crisis” published on August 26 by The Atlantic in the United States and Kommersant in Russia. This ill-conceived plan emerged from a Track II initiative involving Russian and American participants who met recently on the Finnish island of Boistö, and was supported by the Finnish Ministry of Foreign Affairs, the Carnegie Corporation of New York, and the Institute of World Economy and International Relations (IMEMO) in Moscow.

We reject the decision to exclude Ukrainians from this initiative. Such a decision reinforces the worst instincts that prevail in Russia—and possibly even among some Americans—that Ukraine is not a truly independent country and that Russia can, with U.S. endorsement, determine its fate. That nobody from Ukraine was invited to participate disqualifies this initiative from any serious consideration.

Beyond that most fundamental problem and without addressing every objectionable “step,” four additional points are worth raising.

First, the initiative treats the Russian and Ukrainian sides as equals and fails to recognize Russia as the aggressor, having invaded Ukraine. This equivalence is particularly glaring in the plan’s call for the “withdrawal of regular Russian and Ukrainian army units to an agreed distance from conflict zones.” Ukraine has neither attacked Russia nor sought to limit its sovereignty. Ukrainian authorities have every right, indeed responsibility, to confront hostile, foreign forces on their territory. Russia must remove all of its forces from Ukraine and stop attacking and invading its neighbor.

Second, the initiative raises a number of “humanitarian and legal issues” as well as “social and cultural issues” that are the business of Ukrainians first and foremost, not Russians or Americans. Again, the exclusion of Ukrainians from this process is unacceptable.

Third, the signers of this initiative seem to have accepted the absorption of Crimea into Russia, despite the fact that Moscow has broken international law, contravened border treaties, and taken the peninsula by force. We find unacceptable recommendations that in practice would create another frozen conflict in Europe, with all that this implies for the internal and external security of Russia’s neighbors. We similarly reject the initiative’s call for “discussion of the settlement of legal issues pertaining to the status of Crimea,” for this is not merely the height of injustice but a dangerous precedent.

Fourth, the initiative calls for permanent guarantees of Ukraine’s “non-bloc status.” Such constraints on Ukraine’s security relationships—including those established under NATO’s Partnership for Peace and the 1997 NATO-Ukraine Distinctive Partnership—are a serious infringement of national sovereignty. They would also give the impression of rewarding the Putin regime for its outrageous actions, and this, too, is wholly unacceptable.

There are many more problems with this initiative, but we have restricted ourselves to the most blatant ones. The bottom line is that Russia must end its invasion of and aggression toward Ukraine, withdraw its forces and fighters, rescind its annexation of Crimea, and end its use of energy and economic measures to punish Ukraine and its other neighbors. Russia will never become the civilized state its citizens deserve without such a transformation.

Until Russia does so, the West must ratchet up serious sanctions against the Putin regime and immediately provide Ukraine with the full support, including military equipment and intelligence cooperation, it needs and has requested to defend itself.

Ukraine is not simply a problem in the West’s relations with Russia. It is a country in its own right that is entitled to the prerogatives afforded to all sovereign states under the UN Charter and the 1990 Charter of Paris. Its borders and territorial integrity were solemnly recognized by the Russian Federation in the 1994 Budapest Memorandum and the 1997 Russia-Ukraine State Treaty. These are the pillars of security in Europe, and there will be serious consequences for other European states if they are disregarded or traduced.

We should consign to the dustbin of history the days of “condominium” between Russia and the U.S. in deciding the fate of other independent countries.

* * *

Hannes Adomeit: College of Europe

Anders Aslund: Senior fellow, Peterson Institute for International Economics

Iryna Bekeshkina: Director, Ilko Kucheriv Democratic Initiative Foundation; senior research fellow, the Institute of Sociology of the National Academy of Sciences

Stephen Blank: Senior fellow, American Foreign Policy Council

Falk Bomsdorf: Director, Friedrich-Naumann-Foundation, Moscow office, 1993-2009

Ellen Bork: Senior fellow, Foreign Policy Initiative

Anna Borshchevskaya: European Foundation for Democracy

Robert Brinkley: Former U.K. Ambassador to Ukraine

Vyacheslav Bryukhovetskyy: Chancellor, the University of Kyiv-Mohyla Academy

Matthew Bryza: Former ambassador; director, International Centre for Defence Studies, Tallinn, Estonia

Ian Brzezinski: Former deputy assistant secretary of defense for Europe and NATO policy

Yevhen Bystrytsky

George Chopivsky, Jr.: President, Chopivsky Family Foundation

Susan Corke: Eurasia program director, Freedom House

Lorne Craner: Former assistant secretary of state for democracy, human rights, and labor

Charles Davidson: Publisher, The American Interest

Jim Denton: World Affairs Journal

Nadia Diuk: Vice president, National Endowment for Democracy

Ambassador Paula J. Dobriansky

Marta Farion: President, Kyiv Mohyla Foundation of America

Ambassador Julie Finley: Former U.S. permanent representative to the OSCE

Oleksandr Fisun: Professor of political science, Kharkiv National University

Joerg Forbrig

Alison Fortier

Jeff Gedmin: Georgetown University

Carl Gershman: President, National Endowment for Democracy

Paul Goble

Alyona Getmanchuk: Director, Institute of World Policy, Kiev

James Greene: Former head of NATO Liaison Office, Ukraine

Janet Gunn: Former research analyst, U.K. Foreign & Commonwealth Office

Michael Haltzel: Center for Transatlantic Relations, Johns Hopkins University SAIS

Olexiy Haran: Professor of comparative politics, Kyiv-Mohyla Academy, Ukraine

John Herbst: Former ambassador; director of the Eurasia Center, Atlantic Council

William Hill: Public policy fellow, Kennan Institute; former OSCE head of mission in Moldova

Jeffrey Hirshberg

Volodymyr Horbach: Political analyst, Institute for Euro-Atlantic Cooperation, Kiev

Yaroslav Hrytsak: Professor, Ukrainian Catholic University, Lviv

Andrei Illarianov

Don Jensen: Senior fellow, Center for Transatlantic Relations, Johns Hopkins University SAIS

Adrian Karatnycky: Senior fellow and co-director, Ukraine in Europe Program, Atlantic Council

Richard Kauzlarich: Former U.S. ambassador to Azerbaijan and Bosnia and Herzegovina

Jamie Kirchick: Fellow, Foreign Policy Initiative

Evgeni Kiselev: Journalist

Igor Klyamkin: Vice president, Liberal Mission Foundation

Ivanna Klympush-Tsintsadze: Executive director, Yalta European Strategy; board member, Ukraine Crisis Media Center

Jim Kolbe: Senior transatlantic fellow, German Marshall Fund of the United States

A.F. Kolodii: Professor, dr., chair of political science and philosophy, Lviv Regional Institute of Public Administration; National Academy of Public Administration under the president of Ukraine

David J. Kramer: President, Freedom House

Robert McConnell: McConnell & Associates

Michael McFaul: Stanford University

Oleksiy Melnyk: Director, Foreign Relations and International Security Programmes, Razumkov Centre

Marie Mendras: Sciences Po

Leigh Merrick: British DA Kyiv; director, NATO Liaison Office in Ukraine, 1995-2003

Wess Mitchell: President, CEPA

Alberto Mora: 2014 advanced leadership fellow, Harvard University

Julia Mostovaya: Editor in chief, Zerkalo Nedeli

Alex Motyl: Rutgers University-Newark

Josh Muravcik: Fellow at Johns Hopkins University SAIS

James Nixey: Head, Russia and Eurasia Programme, Chatham House

Craig Oliphant: Foreign Policy Centre

Lesya Orobets: Member of parliament of Ukraine; secretary to Foreign Affairs Committee

Inna Pidluska: Deputy executive director, International Renaissance Foundation

Arch Puddington: Vice president for research, Freedom House

Anatoly Rachok: Director general, Razumkov Centre

Roy Reeve: Former British ambassador to Ukraine

Georgii Satarov: President of INDEM

David Satter

Randy Scheunemann

Oleh Shamshur: Former Ukrainian ambassador to the U.S.

James Sherr: Associate fellow, Russia and Eurasia Programme, Chatham House

Andriy Shevchenko: MP; first deputy chairman, Human Rights Committee, Kiev

Lilia Shevtsova: Senior associate, Carnegie Moscow Center

Yuriy Shveda: Associate professor, Lviv Ivan Franko National University

Roland Smith: Former British ambassador to Ukraine

Maria Snegovaya: Columnist, Vedomosti

Oleksandr Sushko: Research director, Institute for Euro-Atlantic Cooperation, Kiev

Strobe Talbott

William B. Taylor: Former ambassador to Ukraine; vice president, Middle East and Africa, United States Institute of Peace

Ed Verona: Senior advisor, McLarty Associates; former president, U.S.-Russia Business Council

Melanne Verveer: Former U.S. ambassador for global women’s issues

Kurt Volker: Executive director, McCain Institute

Christopher Walker: Executive director, International Forum for Democratic Studies, National Endowment for Democracy

Leon Wieseltier

Morgan Williams: U.S.-Ukraine Business Council

Michael Weiss: Editor in chief, The Interpreter; fellow, Institute of Modern Russia

Sir Andrew Wood: Associate fellow, Chatham House; former British ambassador to Russia

Yuriy Yakymenko: Deputy director general - director of political and legal programs, Razumkov Centre, Kiev

Walter Zaryckyj: Center for U.S.-Ukrainian Relations

Josef Zissels: Chairman, Association of Jewish Organizations and Communities of Ukraine; head, Congress of Ethnic Communities of Ukraine

Publicado por: Tanya Leta | 03/09/2014 22:53:56

Primero que nada lee a información de tu compañero Ernesto Ekaizer:

http://blogs.elpais.com/analitica/2014/09/bajo-la-direcci%C3%B3n-del-ex-alto-cargo-de-la-agencia-de-seguridad-nacional-de-estados-unidos-william-binney-foto.html

Ya veo que los anteriores comentarios ya te dan una cierta información de por donde desde luego no va lo que tu crees. El mundo no es tan rectilíneo como crees.

Así que pibe... te fuiste un mes de vacaciones sin saber muy bien de que iba el mundo, porque todavía creías que EEUU era la gran potencia. En un mes espero que por fin sepas que ya no existe ni EEUU como gran potencia, que solo existen potencias regionales y las piezas de ajedrez no están donde tu crees que están, así que ponte a estudiar que sino te quedas fuera del negocio.

NUEVA GUERRA FRIA ¿QUIEN ALIADO? ¿QUIEN ENEMIGO?
Recientemente, la Agencia Rusa de Información, Novosti, ha publicado que la OTAN, en la cumbre que celebrara en Gales, los próximos días 4 y 5 de Septiembre, tiene previsto aprobar un documento en el que dice que Rusia representa una amenaza para la seguridad euroatlántica. Además, el secretario general de la OTAN, Fogh Rasmussen, ha hecho público que en la próxima cumbre propondrá a los países aliados la creación de nuevas bases militares en Europa del Este, en el territorio de Letonia, Lituania, Estonia, Rumania y Polonia, con 300 a 600 militares en cada base. Así como la creación de una fuerza de acción inmediata con capacidad para actuar en menos de 48 horas. La agencia Novosti ha publicado también que algunos dirigentes rusos están proponiendo la creación de una alianza militar entre los países que constituyen lo que se conoce como los BRICS.


Como la energía, el poder tiene diferentes formas, nos dice Bertrand Russell en su libro “El poder”. El poder económico, el poder militar, el poder de la propaganda, son algunas de ellas. Todas ellas interdependientes, de tal forma que, por ejemplo, no puede haber poder económico sin poder militar, y viceversa, ningún país puede tener poder militar si no cuenta con el suficiente poder económico. El asunto del conflicto entre Ucrania y Rusia está poniendo de manifiesto que en pleno siglo XXI, en la era digital, el poder militar todavía sigue siendo la forma de poder determinante.


La política de seguridad y defensa no es una política aislada, sino que depende de otras y afecta de forma importante a otras, por ejemplo a la política económica, a la política comercial, etc. La guerra es un instrumento de la política al servicio del Estado, cuya utilización lo deciden las elites gobernantes de un país, pero sus consecuencias las sufren ciudadanos comunes, pues las elites no suelen ir a la guerra, incluso las elites militares, suelen quedarse en retaguardia. A pesar de ello, sobre política de seguridad y defensa hay muy poco debate público. Las elites políticas se reservan para ellos la discusión y decisión sobre seguridad y defensa, mientras utilizan a los medios de comunicación afines para distraer la atención de los ciudadanos hacia temas de menor importancia. El conflicto entre Ucrania y la Federación Rusa está poniendo de manifiesto que en la sociedad hay poco debate público sobre seguridad y defensa, a pesar de que la evolución del conflicto puede afectar de forma directa o indirecta, repercutiendo sobre la economía, a todos los ciudadanos de la UE.


En 1994 cuando los dirigentes políticos que controlaban la OTAN, entre ellos el expresidente Clinton, decidieron la creación de la Asociación para la Paz, para impulsar la ampliación de la Alianza integrando a países de Europa del este, ex miembros del disuelto Pacto de Varsovia, no hubo apenas debate público, se le hacía creer a la opinión pública que la ampliación solo iba a suponer poner una nueva bandera en la sede de la OTAN en Bruselas. Lógicamente, aunque la discusión sobre la ampliación y coste económico se silenció, hubo muchos expertos que se opusieron. Muchos políticos americanos retirados consideraron desde el primer momento la ampliación un error de proporciones históricas que agravaría la estabilidad europea. Hoy sabemos que tenían razón, Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría.


No hace mucho, ayer como quien dice, Rusia era considerada un socio de la OTAN. Para impulsar el acercamiento y la cooperación entre la OTAN y Rusia, en 1997 se firmó el Acta Fundacional OTAN-Rusia sobre relaciones mutuas, a través de la cual la OTAN se comprometía a no desplegar fuerzas militares en los territorios de los nuevos miembros de Europa del Este. En la misma línea, acercamiento y cooperación, en el 2002 se creó el Consejo OTAN-Rusia. A la vez que se promovía el acercamiento entre Rusia y los países de la OTAN, intensificándose relaciones de todo tipo, por ejemplo comerciales, la UE se implicó de forma equivocada en cosas como la Revolución Naranja en Ucrania y la Revolución Rosa en Georgia, enturbiando las relaciones entre Rusia y la OTAN, países que querían y quieren entrar en la OTAN, a pesar de que se oponían y se oponen todavía hoy los principales estados miembros. Hoy Rusia es una amenaza. Es evidente que las relaciones entre la OTAN y Rusia se han llevado de forma equivocada con exceso de confianza, y con equivocadas injerencias en las relaciones de Rusia con otros países.


Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría. Para poder ganar una guerra lo primero, y fundamental, es identificar y dimensionar el enemigo. Europa entra en una nueva guerra fría en la que el enemigo no está claro. Al caer el comunismo, una equivocada visión de lo que estaba ocurriendo favoreció que exdirigentes comunistas, ricos, millonarios, estrecharan relaciones con las elites gobernantes europeas, no con elites de su misma ideología, comunista, sino con elites con elevado poder económico, especialmente de lo que se conoce como la derecha política. De dichas nuevas relaciones soviético-occidentales surgieron nuevos actores políticos, híbridos, como en España son Podemos, Ganemos, etc. Actores políticos muchos de ellos hoy con voz y voto en el Parlamento Europeo. ¿Quién es el enemigo?


Europa vuelve a vivir una nueva guerra fría. Seguramente muchos ciudadanos se preguntaran ¿quién es el enemigo? Los servicios secretos rusos, la mafia rusa, o sectores de las elites gobernantes europeas, que en países como por ejemplo España, ordenan violaciones de los derechos humanos, y recurren a la medicina punitiva para convertir a través de abusos médicos a ciudadanos europeos en pusilánimes, para así impedir que puedan combatir. ¿Quién es el enemigo?


A partir del 2003 la UE intento adquirir mayor protagonismo en seguridad y defensa creándose para ello la Agencia Europea de Defensa. Dicha política ha fracasado completamente. El conflicto entre Rusia y Ucrania ha puesto de manifiesto que la UE carece de una defensa colectiva efectiva fuera de la OTAN. Además, la entrada de nuevos miembros y la evolución ideológica ha hecho que la OTAN, pierda operatividad al carecer de principios militares fundamentales en las operaciones militares, como son la acción de conjunto y la voluntad de vencer. En este contexto de baja operatividad, en el que no está claro quién es el enemigo, en la próxima cumbre de la OTAN su secretario general, Fogh Rasmussen, preguntara, otra vez, ¿Quién aliado? Por ejemplo ¿Quien está a favor de la creación de una fuerza de acción inmediata? A la que no pertenecerán lógicamente pusilánimes que han sido objeto de violaciones de los derechos humanos ordenados por elites gobernantes europeas.


La OTAN es necesaria, pero la actual OTAN es inútil, carece de operatividad, pues no llega con tener capacidades militares, hay que estar dispuesto a utilizarlas en tiempo oportuno. La OTAN carece de decisión para actuar. La actual OTAN ya solo es útil para ordenar y encubrir abusos contra ciudadanos de países miembros, para ordenar desde su seno o encubrir violaciones de los derechos humanos. En mi modesta opinión los países occidentales no deberían implicarse en el conflicto entre Rusia y Ucrania, no hay valores comunes con las elites dirigentes ucranianas. La defensa colectiva es útil si se basa en aliados leales. La OTAN en estos momentos no está constituida por aliados leales. Es evidente que la OTAN debería disolverse y los Estados Unidos, que representan alrededor del 65% de las capacidades de la NATO, debería de forma rápida, liderar la creación de una nueva alianza militar, con los mismos valores y principios que los defendidos en 1949 en el Tratado de Washington.

En círculos militares especializados se acepta que las supuestas pruebas aportadas como evidencia de la invasión rusa de Ucrania son inconsistentes. La portavoz del departamento de estado de EEUU así lo declara; "no podemos confirmar la penetración de tropas rusas en Ucrania". Pero aquí, el periodismo libre e intrépido, nos quiere convencer de que sí, Rusia ha invadido Ucrania. Como ya hiciera sobre los misles buk, en una serie de fotos y vídeos que nadie serio ha podido datar ni confirmar su procedencia y que son más que sospechosos cuando se analiza el entorno en el que parece haber sido filmado el lanzamisiles, ahora se nos asegura de la invasión rusa, con pruebas que ni siquiera el departamento de estado norteamericano acepta.
Por otro lado HRW acusó al Ejército ucraniano del uso indiscriminado de artillería y cohetes contra la ciudad de Lugansk, en el este del país, lo que constituye una violación al derecho internacional. Esto sin embargo no es motivo de análisis ni escándalo para el periodismo libre. Ni por supuesto hay madre alguna que pida justicia sobre estos hechos, faltaría más.
A pesar de la invasión, Ucrania ha declarado un alto el fuego unilateral en el este.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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