José Ignacio Torreblanca

Pueblo, estado, enemigo: viaje a las entrañas del populismo

Por: | 14 de octubre de 2014

POPULISMO 2014Pueblo, Estado, enemigo. Ese es el cóctel imbatible del populismo, me dice uno de mis interlocutores. Escribo estas líneas desde Buenos Aires, invitado a hablar en varios foros sobre qué le pasa a Europa y cuál es su futuro. Sin duda, para quienes como yo se sienten atraídos por el auge de los populismos en la vieja Europa y quieran bucear en los orígenes de este fenómeno, este es el sitio clave.

Son tres los elementos que arman el populismo, dicen los locales.

Primero, el pueblo siempre tiene razón (aunque no la tenga) porque se enfrenta a una élite corrupta que secuestra su bienestar derechos y libertades. Nada puede pues detener a la mayoría en una democracia: todas las instituciones que típicamente limitan el poder de esta mayoría (la prensa libre, el estado de derecho, la oposición, los controles políticos, la división de poderes) están de más y deben hacerse a un lado.

Segundo, el Estado siempre tiene razón frente al mercado. Da igual que se equivoque y genere escasez en lugar de crecimiento, que combata la pobreza con subsidios y subvenciones que la acentúan y que se coma los ahorros de la gente con políticas inflacionarias: los mercados son malvados y debe ser domesticados o, mejor, estatalizados.

Tercero, el gobierno nunca fracasa por sus errores, sino por culpa de conspiradores, generalmente externos pero con aliados internos, que obstaculizan o impiden el éxito en sus programas. El populismo es nacionalista pues siempre busca un enemigo exterior (los mercados financieros, Occidente) y se envuelve en la bandera. Gobernar para satisfacer a la mayoría supone tomar medidas contra estos conspiradores, arrinconarlos y expulsarlos de la política.

El flujo de las ideas va en ambos sentidos: mientras muchos en América Latina buscan en la vieja Europa la inspiración para construir localmente una cultura democrática basada en los derechos fundamentales, otros en Europa buscan en América Latina la inspiración para construir proyectos populistas. España, que durante mucho tiempo quiso exportar a Latinoamérica su proyecto democrático, abierto, integrado y de cohesión social, se encuentra ahora con que algunas de las ideas y proyectos que han visto la luz a este lado del Atlántico en las dos últimas décadas (el zapatismo mexicano, las dinámicas participativas  anti-globalización de Porto Alegre, o las auditorías  de la deuda llevadas a cabo en Ecuador) tienen un enorme ascendiente sobre partes importantes de la izquierda española. Ideas de ida, ideas de vuelta.

Hay 23 Comentarios

Populismo, sintéticamente definido, es un término de uso poco común en español, con inconfundibles connotaciones políticas peyorativas, que es de una gran ambigüedad (por pretender carecer de identificación ideológica manifiesta), que recurre siempre a un equívoco "pragmatismo político" (para evitar tener que dar explicaciones al soberano y desviarse del programa electoral), que se muestra dicotómico, que es fingidamente antielitista, etc., etc.
Durante el siglo XX y lo que va del XXI, fundamentalmente en América Latina, esta palabreja (o "neologismo") fue utilizada con asiduidad por la parte conservadora (de derechas) de la sociedad para caricaturizar y desacreditar políticamente a cualquier movimiento político progresista (de izquierdas).
El portavoz del statu quo que nos ocupa, es decir, nuestro estimado y nunca bien ponderado profesor-columnista vudú, que afirma por ejemplo "...otros, en Europa, buscan en América Latina la inspiración para construir proyectos populistas..."), como ocurrió el siglo pasado en América Latina, ante la aparición de partidos o movimientos progresistas y de izquierdas, colabora y agita los fantasmas del "populismo".
Haciendo un paralelismo con el arte, sus "charlas" en América Latina, señor profesor columnista-vudú, me recuerdan a las que, también el siglo pasado, fueron a dar los surrealistas franceses a México, cuando muchos sabemos que los mexicanos fueron insuperables surrealistas y México mismo siempre ha sido surrealista. Ir a vender surrealismo a la casa del surrealista... No tiene usted vergüenza. Surrealista es esta realidad, donde los autodenominados tecnócratas, como usted, salen ahora -¡oh! casualidad- a dar clases de populismo.
Quédese en su casa señor profesor. Basta ya de charlatanería. Nada puede usted enseñar a los pueblos de América Latina porque ellos saben muchísimo más que usted de populismo sin haber ido siquiera a la escuela primaria.

Interesante debate. Me alegro de ver que las preguntas que formulé han sido indirectamente contestadas. @María Dolores, lamentablemente, uno de los axiomas de la democracia era que la libre expresión (los medios de comunicación ) eran un cuarto poder, un contrapeso. Desgraciadamente, no es del todo así. Gran parte de la prensa escrita o audiovisual depende de la financiación de grandes grupos accionariales, como Prisa o Mediaset. Esa prensa tiene mucha más difusión que medios más modestos, y sobre todo, algo que en teoría política se estudia mucho, fomenta los llamados "estados de opinión". Por ejemplo, a mi me ha parecido exagerado el circo mediático que se ha montado con el Ébola en España, a todas luces inclemente con la privacidad de la enfermera y su esposo. Un tratamiento muy distinto del que se le dio al caso habido en EEUU. Si bien nuestro caso ha servido para sacar a la luz la mala praxis política en asuntos de Sanidad, tampoco ha generado un debate serio sobre el problema, sino un vodevil donde la reflexión se pierde, y las responsabilidades se diluyen entre el marasmo. Y con esto, pasa con otros problemas o contenciosos, como el catalán. Sencillamente, la prensa atiende a un público, no una función, como nos gustaría creer. Hay poco periodismo de investigación, y se aceptan como normales las ruedas de prensa sin preguntas, o incluso se pactan (caso real). Algo impensable en otros países.

Las instituciones que el autor cita como limitadoras del Poder (la prensa libre, el estado de derecho, la oposición, los controles políticos, la división de poderes), devalúan el análisis y el propio artículo, pues sobradas muestras hay de que la prensa no es libre, el estado de derecho sirve a las oligarquías, la oposición se confunde con el gobierno y viceversa -turnismo-, los controles políticos son ineficaces, precisamente porque los copan políticos que se tapan entre ellos y la división de poderes, me sorprende que un politólogo desconozca la verdadera dimensión de la división de poderes, y concretamente en España, donde la tendencia desde la muerte del dictador fascista, ha sido la de que sus herederos poco a poco acaparen el poder controlando el gobierno, que a su vez controla el poder judicial y que a su vez el propio sistema ha desnaturalizado al poder legislativo, Cualquier manual de ciencia política de primer curso lo explica claramente-

Saludos

Echále la culpa a la Argentina.
Así siempre vas a quedar bien.

Decir que el populismo se simplifica en esos tres puntos es confundir a la población. No sabemos exactamente lo que significa populismo.
No conviene confundir el Gobierno con el Estado y con el pueblo.
El Estado lo conforman en conjunto de órganos de gobierno de un país soberano. El Gobierno de la nación, el de las autonomías (en el caso de España, de Estados Federales en otros países, etc.), Diputaciones y alcaldías. Así pues el Estado está formado por el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. O sea, todos somos el Estado. En este caso el Estado tiene que tener razón siempre frente a los mercados. Es obvio. El Estado no puede estar equivocado en su totalidad porque sería incontrolable. El Estado no genera escasez o subvenciones mal estipuladas, eso lo hace el Gobierno elegido democráticamente que sí se equivoca o acierta. Las políticas inflacionarias estilo argentinas las promueve el gobierno, no el Estado.
El pueblo, cuando vota, no se equivoca, o sea, que tiene razón siempre, vamos. Excepto para Anguita, que como no le votaban lo suficiente decía que el pueblo estaba equivocado. Y por cierto, el pueblo somos todos, no solamente el pueblo llano, como dice Blesa.
Decir que el gobierno nunca fracasa por sus errores sino por sus conspiradores es resumir el discurso de Chávez en pocas palabras. Chávez veía fantasmas donde no los había y arrinconaba a sus detractores hasta expulsarlos. El camionero Maduro es el ejemplo extremo de esa política dictatorial, que no populista.
Decir que algunos en Europa recurren a Latino América
para construir populismo en el antiguo continente es confundirse. Esos algunos quiénes son ¿Podemos?
Si es lo que se quería decir, dígase.

Me parece que los elementos que conforman el populismo tal como lo definen “los locales” de Argentina a los que alude Torreblanca pecan por pintar un retrato facilón y simplista a base de brochas gordas. Veamos el reverso de estas pinceladas, más bien de estos brochazos. Primero, “el pueblo siempre tiene la razón”. Efectivamente, en democracia el pueblo siempre tiene la razón cuando se opone a cualquier iniciativa o grupo de interés que coarte su capacidad para autogobernarse. Parece que a estas alturas hay a quien le cuesta entender que el pueblo es soberano y cualquiera que se interponga entre el pueblo y su derecho a decidir su destino político o sus politicas de gobierno es un elemento antidemocrático que conviene mantener a raya. Segundo, “el Estado siempre tiene la razón frente al Mercado”. Ciertamente, este segundo elemento va de suyo. El Estado, por definición, vela por los intereses de la mayoría; los mercados, por los de la minoría. Como resulta que la minoría es la más poderosa en términos económicos y presiona al Estado en detrimento de los intereses de la gran mayoría, el Estado siempre tendrá razón cuando oponga a los intereses mezquinos y exclusivos de esas élites minoritarias los intereses legítimos y democráticos de las amplias mayorías ciudadadanas. Tercero, “el gobierno nunca fracasa por sus errores, sino por culpa de conspiradores”. Nadie duda de que cuando hay conspiradores poderosos con influencia suficiente éstos pueden desestabilizar y dar al traste con las iniciativas del Estado (al margen de que el Estado pueda cometer, como efectivamente ocurre en ocasiones, sus propios errores). El Estado puede errar pero eso no quiere decir que no haya intereses muy poderosos que pueden, en efecto, hacerlo fracasar. Siempre que el Estado afirme su autoridad política frente a la economía tendrá razón. A los gobernantes democráticos los elige el pueblo y tienen legitimidad para gobernar; a los mercados no los elige nadie, solo la lógica nefasta del capital. Estos rasgos parecen componer una fotografía del grupo de Podemos. Creo que Podemos puede ser, como todo, susceptible de una crítica. No creo, sin embargo, que acusarlo de populista sea una crítica ajustada a su realidad. Y, por cierto, ¿qué eso de populismo? Veo y leo mucho sobrel populismo pero aún no me he topado con una definición satisfactoria del término.

Una respuesta para Javier: "que combata la pobreza con subsidios y subvenciones que la acentúan" ¿Los subsidios a los pobres acentúan su pobreza? y eso, ¿Exactamente cómo funciona?. Le explico cómo funciona. El autobús urbano en Buenos Aires (colectivo) cuesta unos 10c€. Cuándo el gobierno tiene dinero paga la diferencia, que se negocia en los despachos (negocio en los despachos=corrupción). Cuando el gobierno NO tiene dinero, imprime y lo paga con inflación, imprimiendo dinero. Si un jubilado gana hoy 3000, esos tres mil valen dentro de un año 2000 y no alcanzan para nada. Si, mientras tanto, la subvención a los colectivos o los trenes no cubre los costes reales (los recambios se compran en el mercado) las empresas no mantienen los trenes y mueren centenares. Los subsidios siempre traen pobreza + corrupción + ineficiencia. Le pido que me crea, estoy dispuesto a explicárselo con todos los detalles que quiera. Argentina es pobre porque lleva 70 años inventando el dinero.

Jose Ignacio, todos tus argumentos serían válidos en la Europa de la postguerra, cuando el Estado tenía un papel importante en la economía y el gobierno, por miedo al comunismo soviético, también esgrimía la banderita del "pueblo" como emblema propio. En Sudamérica estamos viendo el desarrollo de Estados con independencia de criterio, lejos de los gobiernos serviles de los noventa. El sanbenito de populismo, que pueden achcárselos a México o Colombia, se los mandan directamente a "los de siempre".

Lo que pasa es que ahora hay que decidir qué es realmente populismo, porque lo de que el gobierno nunca fracasa por sus errores, eso lo sostienen firmemente tanto PP como PSOE, lo de que el estado siempre tiene razón frente al mercado, aquí es cierto que tanto PP como PSOE opinan que es exactamente al revés, pese a las evidencias de que nuestra miseria actual es culpa de unos mercados dementes y unos plutócratas más adictos al dinero que los heroinómanos a la heroína, con lo que está claro que la alternativa a defender a los pueblos machacados es de los dinerismos, por contraposición al populismo consistente en intentar defender un poco a los pueblos, compuestos por seres humanos frente a esta barbarie; ese populismo, pues efectivamente, no se corresponde a un PPSOE que sigue la voz de su amo (no entro en los indudables problemas prácticos que suscita conseguir no obedecer la voz de su amo, pero no intentarlo es propio de perros). Y completamente de acuerdo con que el pueblo no siempre tiene razón. Ahí están 9 gobiernos de PPSOE para demostrarlo.

Excelente artículo.


No hay nada nuevo: ¡la culpa la tienen los Estados Unidos y sus multinacionales!

Esta bien preocuparse por el futuro. Pero el problema actual es aquello que nos lleva al populismo, es decir, el fallo del Estado y el secuestro de las instituciones por parte de una elite extractiva. Si no se arregla el presente, el populismo dara igual; vendra solo. Quizas por parte de quienes nos quieren proteger de el y ya tienen el control de las instituciones.

Y hablando de populismo, ahí en Argentina saben algo de eso, ¿eh?

Nacho, es obvio que eres una persona tolerante. Incluso muy tolerante: a veces los comentarios que se publican aquí son francamente agresivos contigo, y sin embargo ahí están. Pero ¿no sería posible controlar al menos que se refieran, aunque sea indirectamente, al mismo tema que tu artículo? [Gracias! Lo intento, de verdad, aunque alguno se me pase. Aprobar los comentarios desde el teléfono tiene sus riesgos]

Francamente, el análisis del autor parece un tanto tramposo. Digamos que se da a entender que esa "cierta izquierda" española que sigue con interés determinadas iniciativas políticas americanas, al mostrar dicha simpatía, estaría comprando ya todo el pack autoritario y conspiranoico con el que se define al populismo de aquella región.
Un tanto ridículo, por otro lado, resulta ya a estas alturas lo del proyecto abierto, integrado y de cohesión cuando (o si) con él se quiere designar el modelo actual del Estado español. Habrá proyecto, lo que desde luego no hay es realidad.
Quizás no esté de más ahondar (en lugar de quedarse en los boilerplates de turno) en la relación entre miseria y populismo.
Por lo demás, léase la última columna de Sanchez-Cuenca en infolibre.

Muy interesante esto de los populismos. Sin embargo, en mi opinión, lo que hoy habría que analizar con urgencia -más aún en países como España- son las bases y el alcance de los regímenes cleptocráticos.

Podemos darle la vuelta a esos argumentos:

1) el pueblo nunca tiene la razón : una masa confusa de individuos no puede tener una comprensión uniforme de los problemas que la aquejan.

2)el mercado siempre tiene la razón: es el mejor gestor de las relaciones económicas y necesidades humanas, y por ende sus exigencias han de ser satisfechas (las de los agentes económicos preponderantes)

3)el estado siempre falla: como esta dirigido por individuos con una visión limitada y personal de los problemas de la sociedad, y responde de forma burocrática, responderá de forma equívoca ante las necesidades percibidas de la población .

Por supuesto, estas afirmaciones llevadas al extremo se vuelven falacias. Lo que demuestra que no podemos hacer afirmaciones categóricas. Es mejor hacer lo siguiente:

La pregunta necesaria es: ¿qué es el Estado? ¿Estado y sociedad son inseparables?¿porqué el Estado ha de tener simbolismos que lo entronquen ideológicamente con la sociedad de la que se sustenta? ¿Qué relación une a ambos conceptos realmente? ¿Las conclusiones extraídas se pueden aplicar de forma universal, independientemente de las culturas humanas?


En mi opinión, el Estado es el orden que la sociedad considera darse a sí misma, por imposición o acuerdo implícito, al margen del marco económico. Por eso, si existieran ejércitos o policías privadas, o sistemas judiciales de pago, ya no habría Estado, ni tampoco sociedad. Habría un neofeudalismo de corporaciones económicas. Irónicamente, el capitalismo, sólo puede existir con un Estado y un marco jurídico. Quita al Estado y del anarcocapitalismo saltamos directamente al neo feudalismo de las corporaciones y de los grandes propietarios.

La protesta en Latinoamérica o Suramérica suele tener que ver con el antagonismo de las masas pobres frente a los intereses políticos y económicos locales que han ignorado o directamente suprimido sus voces, o les han negado poder decisorio e incluso autonomía política. Los populismos como el chavismo de Chávez , o el peronismo, nacen de una cultura del liderazgo personalista o carismática, algo comprensible dado que el desarrollo de la democracia interna en las sociedades (algo muy distinto de la democracia formal que entendemos políticamente) así como el asamblearismo como método de expresión popular de interés político no ha sido tan extenso, ni ha sido integrado de forma formal en los gobiernos desde las Independencias, sino más bien los sucesivos gobiernos han copiado las formas políticas de las democracias occidentales del XIX, al estilo francés o ingles. En suma, la expresión política quedaba en manos del criollismo en muchos casos, y por ende, la perpetuación de la influencia económica y política de clase. Actualmente, la pujanza del indigenismo como identificación cultural y aglutinante político de ciertas comunidades, contrasta con el tradicional rechazo interno de las elites, cuya imagen está asociada a la "blancura" o hábitos de consumo y estilo de vida europeos o norteamericanos. Esa fractura interna de cosmovisiones, provoca que los populismos sean reincidentes, e incluso también aniden transversalmente entre elites y masas pauperizadas. No hay que olvidar que la gran distancia entre estratos sociales en Suramérica provoca una gran percepción de las divisiones sociales y poderes adquisitivos, así como niveles de vida. La clase media no es un aglutinante poderoso, salvó algunas excepciones, y por tanto no puede influir tanto en su visión del Estado de forma completa en todo el continente, más mesurada e inclusiva.

¡Fíjate adónde nos ha llevado el ultraneolibalismo, de austeridad sin fin y tarjetas "jetas" para que la alternativa sea esa. Le decía un alcalde Sevillano lleno de pavor tras perder las elecciones al Alfonso Guerra la misma noche electoral; " en mi pueblo ha ganado un loco, pero loco loco" , la respuesta de Guerra tras una mirada condescendiente fue ; "Pues aplícate el cuento..." . Quizá mejor aquel chiste de Gila del pasajero que se sube en Atocha en el tren de Alicante , pero el tren iba a la Coruña. El revisor impávido ante el error del pasajero al observar su billete le advierte ; tiene que bajarse en la próxima estación, se ha equivocado de tren . A lo que el pasajero, con actitud arrogante responde; " A mi que me cuenta, hable con el conductor, hable con el conductor". El pajero es RAjoy, Merkel y la troika, los revisores somos la sociedad europea.

Sigue sin poder superar su obra maestra: "El varón, arma de destrucción masiva". De todos modos un mensaje muy acertado: Nuestra cualificada e integérrima clase política sabe más. Por lo tanto, chusma: a votar y a callar. Y sobre todo no dejéis de leer la prensa corporativa.

"que combata la pobreza con subsidios y subvenciones que la acentúan" ¿Los subsidios a los pobres acentúan su pobreza? y eso, ¿Exactamente cómo funciona? porque uno, en su ignorancia de no neoliberal, pensaba que los subsidios a los pobres les evitaban caer en las peores consecuencias de la pobreza (exclusión, marginalidad, hambre) y, en consecuencia, les proporcionaba una base más sólida desde la que proyectarse por encima de ella. Claro que yo, como no soy neoliberal, debo ser idiota y lo he entendido todo al revés...

El populismo nunca se fue de Argentina y ha vuelto masivamente a Europa. Sin necesitar la ayuda de Chavez, Castro, Morales o Kirschner. Podemos, Mas, Le Pen, Farage, Merkel lo han traído por sus propios medios. Merkel gana sus elecciones con argumentos populistas: los griegos nos roban y les obligaremos a pagar. Ese argumento es suficiente para que los los alemanes la voten y para que Europa no tenga un plan sensato que ofrezca esperanza a sus ciudadanos. Que países con 30% de pobreza voten peronismo (el creador de esa pobreza) tiene, dentro de lo absurdo, cierta lógica. Lo que no la tiene es que Caritas atienda 7 millones de personas en España. Ayer explicó lo del Ébola un médico, profesor de la UAM. Hablaba bien, se entendía todo. España (y Europa) son mucho mejores que sus políticos y mucho más rica (con capacidad de inversión) que lo que dicen sus miserables acreedores. El problema es el modo de elegir los representantes que nos hace víctimas de su pésima calidad. La disyuntiva entre democracia representativa y democracia participativa no debería ser tal. Hay (ya existen) mecanismos de participación que buscan la eficacia. La defensa a ultranza de "vota cada 4 años y joróbate" no deja de ser una postura ideológica.

Capturar una fuente de rentas es indispensable en todo proyecto populista. Por ello, las mejores maneras de combatir el populismo son la transparencia en el manejo de los recursos públicos y una cerrada defensa de la libertad de expresión y de crítica.

Un ejemplo entre muchos:

Leon Degrelle, un joven, militante fervoroso de la Acción Católica, utilizó esa organización para crear el movimiento REX (cuyo nombre se refiere a “Christus Rex”) y se le ocurrió aprovechar la devoción de las masas y las peregrinaciones como trampolín. Así que aquel joven agitador, apoyando a bombo y platillo en supuestas visiones marianas en una pequeña ciudad de Bélgica alcanzó una popularidad que, añadida, a sus proclamas fascistas, a sus condenas a todos los partidos y políticos del momento, a quienes, él exceptuado, tachaba de corruptos, dio visibilidad a su campaña para “Balayer les ordures politiques !”.

Pues fue él quien inventó la escoba como símbolo de lo que prometía: “barrer a esas basuras políticas”, leit-motiv que más recientemente ha empleado el Vlaams Block.

Degrelle invoca el “país real” (su periódico se llamaba así) contra todos los demás políticos belgas. Los 21 diputados obtenidos en las elecciones del 36 se le suben a la cabeza y se autoproclama cabeza de la oposición.
” Rex es un movimiento, es decir una fuerza activa animada por una corriente de ideas, Rex es un movimiento revolucionario, Rex es un movimiento popular”

Se sabe a qué le condujo su lucha por ese “país real” y su admiración por Mussolini y el Nacional Socialismo alemán: a acoger con los brazos abiertos a Hitler y a su arrasadora invasión de la Bélgica neutral, a la colaboración abierta con el ocupante, a organizar una batallón de 2000 combatientes belgas con uniforme alemán, la legión Valonia, lanzados a la lucha en el frente del Este (al estilo de la División Azul española), de los cuales sobrevivieron sólo 200. Fue el único extranjero condecorado por Hitlercon la Cruz de Hierro con hojas de roble.

(Ref: http://www.territoires-memoire.be/am23/523-leon-degrelle-et-le-rexisme)

Se sabe cómo acabó viviendo ricamente bajo el ala de Franco que le otorgó la nacionalidad española, se sabe que siguió pavoneándose de sus ideas y de su biografía, se sabe que siguió publicando en España, entre otras una obra titulada “Almas ardiendo”, final mistificación de un criminal de guerra nazi.

Se sabe que en España y en Europa todavía hay asociaciones nostálgicas que ensalzan su memoria

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal