José Ignacio Torreblanca

Hablemos de desigualdad

Por: | 06 de junio de 2015

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Mientras Europa se americaniza, Estados Unidos se europeíza. Mientras que en Europa el debate se centra en la competitividad, la desigualdad salta al centro del debate político en Estados Unidos. Allí hay una intensa movilización para elevar el salario mínimo federal, actualmente situado en unos míseros 7,25 dólares la hora. La ciudad de Los Ángeles ha abierto el camino, decidiendo elevar el salario mínimo obligatorio de 9 a 15 dólares la hora basándose en un sencillo razonamiento: si dos adultos trabajando a tiempo completo a cambio del salario mínimo no pueden llevar una vida decente y criar a sus hijos proporcionándoles vivienda, salud y educación, entonces el salario mínimo se convierte en un subsidio encubierto a las empresas, pues el Estado tiene que intervenir masivamente con costosas políticas sociales para sacar de la pobreza no sólo a los que no trabajan, sino a los que también lo hacen. No hablamos sólo de Estados Unidos: en cuatro países de la UE (uno de ellos es España) hace falta trabajar más de 70 horas cobrando el salario mínimo para salir del umbral de la pobreza.

Unos bajos salarios, se nos suele decir, implican una alta competitividad y, por tanto, mayor crecimiento mientras que unos salarios altos son un obstáculo para el buen funcionamiento de la economía. Pero entonces, qué explica que McDonalds y Burger King puedan vender hamburguesas en Dinamarca pagando 21 dólares la hora mientras que en Nueva York sus empleados cobran sólo 9?

La desigualdad nos debe preocupar por muchas razones. En el plano personal es injusta, pues trunca las vidas de las personas, que ni pueden realizarse en sus aspiraciones ni cumplir con la ambición de legar una vida decente a sus hijos. En el político, las diferencias extremas de renta son incompatibles con la democracia, pues por mucho que el voto tenga un efecto igualador en el acceso al sistema político, los más ricos siempre tendrán más capacidad que los más pobres de lograr que ese sistema funcione a su favor. Y en el económico, la desigualdad es ineficiente, pues supone tener que destinar ingentes recursos a paliar la pobreza en lugar de a fomentar la educación y la innovación. Si la desigualdad es injusta, amenaza a la democracia y daña a la economía, ¿por qué hablamos tan poco de ella?  @jitorreblanca

Hay 10 Comentarios

Las grandes fortunas no son el resultado de la "habilidad, ingenio y esfuerzo".


Por lo general, con honrosas excepciones, son el producto de los contactos políticos privilegiados, de la evasión masiva de impuestos, de la guerra y la dominación de unos sobre otros (por eso en EEUU los negros son más pobres que los blancos), de la corrupción, la captura de bienes públicos y, en general, del poder político.


El caso ruso (que a Torreblanca le encantaría sacar a relucir porque odia todo lo que viene de allí) es paradigmático. No existe ninguna gran fortuna rusa que se deba al trabajo, puesto que TODAS son producto del saqueo al Estado de los años '90.

La desigualdad se ha fomentado en España porque el gobierno de Rajoy así lo ha querido. Su Reforma Laboral es la culpable. Para crear competitividad no es necesario rebajar los sueldos hacia cotas inhumanas. Antes de la crisis había sueldos razonables que permitían vivir dignamente a las familias y no hablo sólo de la construcción.
En regiones donde la construcción ha ocupado un tercer lugar (Euskadi) los sueldos siempre han sido ecuánimes con las horas trabajadas. Un trabajador que se sienta bien pagado trabajará con más ahínco y productividad para la empresa que le paga que aquel que se siente explotado.
El rendimiento de uno y otro interfiere en los beneficios de cada empresa.
Los sueldos de los trabajadores pueden ser reducidos a la mínima expresión pero las retribuciones de los empresarios o ejecutivos de banca pueden aumentar en porcentajes tan altos que no justifican su productividad.
Tenemos el caso de Caixa Galicia, con los ejecutivos sentados en el banquillo, que explican al juez, con un cinismo irredento, que estaba justificado el pago de la indemnización de 5 millones de euros a uno de ellos.
Esas cantidades nunca están justificadas, y pongo un ejemplo: Goirigolzarri, cuando salió del BBVA, fue indemnizado con más de 50 millones de euros. Quizás la institución entendía que sus méritos para con el banco justificaba tal pago. El sueldo que tenía este señor rondaba varios millones al año. Bien, Gorigolzarri accedió a sanear Bankia, y lo está consiguiendo, por un sueldo de 600.000 euros, creo. ¿Se justificaban los emolumentos del BBVA? No parece. ¿Es justo el sueldo que cobra ahora en Bankia? Todo hace creer que así es.
En una empresa de productividad directa, es tan necesario como importante que los operarios cobren unos sueldos dignos, si es así, recaerá en un producto final de primera categoría que se podrá exportar con facilidad.
Los chinos se han convertido en la segunda potencia mundial económicamente hablando, a base de tener unos sueldos de miseria trabajando 70 horas semanales y de fabricar productos de segunda o tercera clase. ¿Queremos nosotros ser como los chinos?

Estados Unidos, en su peculiar manera de entender las libertades económicas, ha puesto a correr por los mismos senderos a los veloces y a los lentos. Oh, sorpresa: los primeros en llegar son los más preparados física y mentalmente, en tanto que los otros siempre llegarán después.

Cuando gane Podemos y nos pongamos con ellos al nivel de Dinamarca estaremos en el país de Cucaña y las hamburguesas de MacDonalds y BurgerKing serán fuente de igualdad.
Pero, mientras tanto, los márgenes de maniobra son los que son y ninguno de los partidos en liza tiene la varita mágica para conseguir en un pis pas que la Teoría de la Justicia de Rawls encuentre su plasmación en España.
Sobre todo, si tenemos en cuenta que la sociedad del bienestar en nuestro país se quedó a medio camino en la época de las vacas gordas mientras cantábamos como cigarras.
Ahora, en la de vacas flacas, cuando intentamos ser de nuevo hormigas hacendosas nos fallan los pertrechos y nuestro poquito de welfare state se ha encogido aún más.

El término "desigualdad" es una trampa semántica, lleva a la argumentación clásica derecha-izquierda. Quienes quieren la igualdad quieren, sin mayor esfuerzo, aquello que los que triunfan han conseguido con habilidad, ingenio y esfuerzo. Es una falacia pero funciona. Lo que ha sucedido en los últimos decenios es que ha desaparecido, en occidente, la opción al progreso social. Una familia española de los 60 guardaba en una caja las letras del piso ya pagadas junto con las que quedaban por pagar. La disminución de la última era la medida exacta de su progreso social. Ahora, con contratos de una semana, ha desaparecido la opción. Es un cambio semántico, creo que importante. Piketty habla de eso. El oligopolio de la riqueza no es sólo desigualdad, es un ataque a la esperanza de mejorar.

Yo creo que últimamente se habla mucho de ella en España. Otra cosa es que los medios lo obvien o se dediquen a calumniar a quienes ponen la cuestión de la desigualdad sobre la mesa.

Seguramente se deba a que una misma hamburguesa en Dinamarca cuesta el doble que en New York.


Son numerosas la causas de desigualdad, una de ellas, importante, es el libre comercio, pues provoca que empresas y el propio Estado busquen incrementar la competitividad, respecto a países con un nivel de vida más bajo, reduciendo los costes laborales. Otro importante factor generador de desigualdad es la inmigración, la entrada de población trabajadora inmigrante provoca también que bajen los salarios, especialmente de puestos de trabajo que requieren menor cualificación.

Tema importante donde los haya. Por ejemplo, quizás se debería estudiar un poco por qué extraños mecanismos Europa se está americanizando. ¿Tendrá algo que ver en ello la UE?

La desigualdad es una injusticia de acuerdo, pero tambien un motor de superacion, pues si todos ganamos igual no tiene sentido esforzarme por mejorar, lo que hay que lograr es que las diferencias sean minimas y que la escala salarial mas baja alcance para una vida digna que no es solo casa vestido y comida sino estudios y porvenir para los hijos y desde luego ocio. Para eso la sociedad actual que tiene como objetivo acumular riqueza y bienestar para pocos debe cambiar a una politica distributiva justa
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

El descontento llega cuando se examina la pirámide de la sociedad y se observa que se arrima mucha ayuda a una pare solo de la producción, y poca al esto de la mano de obra trabajadora.
Que luego pierden las casas y la seguridad familiar por falta de capacidad de respuesta
Multiplicándose por dos la miseria en la gente de la base de la sociedad.
Y la riqueza de la cúspide por diez.
Pagando lo impuestos para que la sociedad sea cada día más desigual y descompensada.
Exhibiendo los miedos como la única receta que mantiene el rebaño dentro del redil.
Y la sonrisa en los labios.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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