José Ignacio Torreblanca

Traficantes de emociones

Por: | 19 de octubre de 2015

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La historia del león Cecil corrió como la pólvora por las redes sociales, indignando a millones de personas. Lo mismo ocurrió con el vídeo sobre el traficante de niños ugandés Joseph Kony, que detenta el récord mundial de viralidad (70 millones de visualizaciones en cuatro días). Y más recientemente, las imágenes del niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, yaciendo ahogado en un playa turca, también conmovieron al mundo.

Esas imágenes activaron las emociones de millones personas. Sin embargo, en los tres casos, el vínculo entre emoción y acción se desvaneció rápidamente. El caso del león Cecil, que ejemplifica los problemas económicos y morales que rodean a la caza, sea furtiva o “enlatada”, no está siendo de gran ayuda para cambiar el horizonte de extinción que enfrentan muchas especies africanas (sobre todo los rinocerontes, huérfanos de la empatía popular que el cine y la literatura han creado en torno a los leones). Por su parte, el vídeo sobre Kony tampoco ha servido para dotar de más recursos a la misión con la que Naciones Unidas intenta estabilizar la República Democrática del Congo ni para llevar al ugandés Kony ante la justicia internacional. Respecto al conflicto sirio y la crisis de asilo y refugio, a la vista de todos está el hecho de que, reunión tras reunión, el Consejo Europeo no ha conseguido lo esencial: establecer corredores seguros para impedir que niños como Aylan se ahoguen cruzando el Mediterráneo.

 Todo esto, nos dice Byung-Chul Han, un coreano de nombre imposible doctorado en filosofía en la Universidad de Friburgo con una tesis sobre Martin Heidegger y autor de un inquietante libro (“Psicopolítica”), se debe a que las redes sociales no sirven para organizar la solidaridad ni para generar reflexión conducente a la acción, sino para comerciar con nuestras emociones. Nuestras emociones, tan auténticas y loables, son la materia prima (que encima suministramos gratuitamente) de un inmenso negocio consistente en recopilar dichas emociones, estudiarlas, agregarlas y así vender a otros la información con la que nos puedan ofertar productos de consumo. Las emociones se han convertido en una mercancía y las redes sociales en el mercado donde se trafican.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 17 de octubre de 2015

Hay 9 Comentarios

Es verdad que todos los medios de comunicación son una vía que nos hacen florecer nuestras emociones más escondidas.
Cuando ví las imágenes del niño y las innumerables personas ahogadas, sentí un inmenso dolor.
Tendríamos y tendrían que encontrar soluciones YA, las personas que pueden , a esta barbarie.

En el caso de las fotografías vinculadas al drama de la inmigración masiva, la explicación es obvia. Se ha usado y abusado tanto de fotografías impactantes para hurgar en la emotividad del lector o televidente y provocar una respuesta en determinado sentido, que ya surten poco efecto.
Se ha visto en el telediario como cuando los húngaros cerraron la frontera, un señor refugiado agarraba un niño (no se sabe si suyo) se lo echaba al hombro, y cargaba contra la barrera de policías. Se han observado niños que convenientemente aleccionados ofrecían galletas a los policías para que los fotógrafos captasen la escena. Esta machacona insistencia por influir en la opinión a golpe de impacto fotográfico cansa y satura. E incluso en las que son reales, como la tragedia del niño ahogado, el efecto pasa rápido. Es simple saturación.

Me impactó muchísimo la imagen del niño y las numerosas personas ahogadas, es un inmenso dolor.
Es verdad que como han hecho varios comentarios anteriores, parece que estemos viendo una película, pero la realidad es otra.
Tendríamos y tendrían los que mandan, concenciarse de la barbaridad humana que estamos pareciendo y mirar de poner solución YA.

El uso y la influencia de las redes sociales se están sobredimensionando. Siempre son los mismos tratando, analizando, opinando, sobre los mismos temas, incluso se han creado robots capaces de emitir mensajes de forma automática para aumentar de forma falsa el número de usuarios. La importancia de las redes sociales es mucho más baja de la que se le da, hasta el punto de que si se las privara del concepto de gratuidad muchas de ellas desaparecerían.

Las emociones mueven los corazones no los brazos para ayudar y en los tres casos que don Jose Ignacio nombra siguen igual y seguiran mientras no muevan nuestras conciencias y estas nos lleven a la accion. Con la celerida que se suceden las imagenes en los medios de comunicacion de hoy ya pocos recuerdan esas imagenes suplantadas por otras de igual o mayor dramatismo. Acciones y no emociones es lo que necesita este mundo saturado de imagenes que se suceden como en el cine y como en este, pensamos que todo es ficcion y que esas cosas solo pasan en el cine o en la televion y en lso medios
Jose Luis Espargebra Meco desde Buenos Aires

Magnífica referencia Byung-Chul Han. Aunque sospecho que el señor Hun es mucho mas ambicioso en su "psicoplítica" de lo que la entrada del blog se muestra, literalmente coja. Las redes sociales serían una nova en el firmamento de la sociedad de la información. Hoy día es imposible la subsistencia de cualquier idea sin una herramienta tan básica como la industria de la comunicación. Los periodistas no son monjes ni los medios recintos de clausura, son parte fundamental y herramienta contemporanea del poder y la transmisión de las ideas que vienen a provocar los acontecimientos que este solicita. Mucho antes que Han, Heidegger ya se dio cuenta que el periodismo era un medio para apropiarse y divulgar ideas. Despectivamente llamaba periodista a Sartre, divulgador de propio Heidegger y su existencialismo.


La crítica de Han no está dedicada a la nova, redes sociales, ni siquiera a la super nova; sociedad de la información (que predijo Heiedegger), sino a una forma nueva de pode y sus técnicas; el neoliberalismo. El fenómeno político más importante del siglo XX y lo que va del XXI. Como su propio nombre indica, "Psicopolítica; Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder" (que es el título largo de la obra), Han critica la sociedad (neoliberal), dopada del positivismo "me gusta", donde la libertad se ha convertido en una coacción que se manifiesta aquí y allá, con patologías como el burnout o la depresión, propias de la época. Según Han, hemos pasado de consumir objetos a consumir emociones. Mediante la manipulación de estas emociones que se canalizan (no tanto las redes sociales que serían una fuente de datos nueva, como sí la sociedad de la información que ejerce una influencia más efectiva sobre nuestra emociones), hasta controlar el grado de indignación mayor o menor con el que se quiere dopar a un hecho para, en definitiva, provocar otros que venga a nutrir al propio sistema. Es posible que lo que ha venido en llamarse "redes sociales" por si solas no sean capaces de generar una acción, pero convenientemente apoyadas con un buen fuego de cobertura mediático (entre otros menos confesables), si son capaces de provocar primaveras y revoluciones allí donde interesa hacerlo (como hemos visto y seguiremos viendo), detrás de las cuales se ocultan los agentes que entre bambalinas controlan el sistema.


También en España hemos tenido episodios donde han influido mucho estas redes sociales, como el célebre "pásalo" de 2004 que provocó (según algunos expertos), el vuelco electoral en las elecciones del 14 de marzo, que dio la victoria al psoe de Zapatero. No siempre es posible, desde el poder, controlar las emociones que en medio de la crisis se pueden transformar en fenómenos de patología social colectiva como la indignación (15M), aunque es fácil dados la ingente cantidad de medios con los que este (poder), cuenta, reconducir la situación a un terreno mas favorable donde se pueda neutralizar los elementos más díscolos, así llamados radicales (o como se dice ahora, antisistema), de la forma más inteligente que existe como es hacerlos partícipes del propio sistema y cosificarlos a él, hasta convertir una idea como la libertad, en una cosa como un partido político. Es decir un engranaje más de la maquinaria del poder neoliberal. El tráfico de las emociones es canalizado mediante el trafico de la información hacia intereses políticos (psicoplolítica) que es el nuevo paradigma de poder, el Neoliberalismo.

1.Las imágenes del niño ahogado nos conmovieron... porque las vimos. Las innumerables fotos de innumerables niños ahogados, asesinados...etc que tienen los medios y que no vemos, porque no interesa que se vean, no nos pueden conmover... Es el viejo "Lo que no sale en la tele... no existe". Luego los que controlan la tele tienen un poder inmenso sobre la ciudadanía indefensa....
2.Con respecto a lo de siria, como con respecto a lo de Libia, donde también hay niños que sufren y mueren... hubiera sido suficiente con que "los de siempre" no se hubieran empeñado en tirarles abajo la casa destruyendo su estado.
3.EEUU, Francia y Gran Bretaña, ahora disimulan, pero han sido elementos decisivos en el desastre actual... y usted, señor Torreblanca, lo sabe exactamente igual que lo sabemos todos los demás.

"un inmenso negocio consistente en recopilar dichas emociones, estudiarlas, agregarlas y así vender a otros la información con la que nos puedan ofertar productos de consumo". La sofisticación es, incluso, mayor. change.org confecciona perfiles según las causas que nos conmueven y vende estos paquetes de datos a organizaciones, ong, etc que pueden estar interesadas en nosotros como afiliados, donantes, etc. Por ejemplo: firmo peticiones sobre temas de mujeres, mis datos van a organizaciones sobre ese tema (que estén dispuestas a pagar por ellos), En la industria de la bondad, el producto somos nosotros.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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