José Ignacio Torreblanca

¿Elecciones de cambio, continuidad, o ruptura?

Por: | 19 de diciembre de 2015

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A los expertos les gusta distinguir entre elecciones de cambio y de continuidad. A una de cambio le tiende a seguir una de continuidad. En 2000, los votantes confiaron en el ganador del 96 (el PP) y en 2008 revalidaron al ganador de 2004 (el PSOE). Según ese patrón, las elecciones del 20-D tendrían que ser de continuidad. Pero según los datos de los que disponemos, más de un 70% de los votantes están barajando votar a opciones de cambio y menos del 30% apuestan por la continuidad (el PP).

Esta primera anomalía, unas elecciones de cambio después de unas de cambio (las de 2011), es muy probable que se vaya a completar con otras. Para empezar, no podemos descartar que se rompa otra regularidad histórica: la que ha hecho que hasta ahora gobernara en solitario el partido que quedara primero. Nuestro sistema electoral y de partidos siempre ha enviado a La Moncloa al líder del partido más votado y le ha dado una mayoría parlamentaria estable.

Aunque sólo ha habido mayoría absoluta en cuatro de las once elecciones generales celebradas, en ninguna de las otras siete o el Gobierno ha caído o se ha visto forzado a convocar elecciones anticipadas por haber perdido el apoyo parlamentario con el que fue investido. Esto se ha debido al hecho de que nunca el primer partido ha tenido menos de 156 escaños (Aznar en 1996) y nunca el segundo ha tenido menos de 107 (AP en 1982) [corrección: el PSOE tuvo 103 en 1977). Sin embargo, la media de las encuestas da hoy cifras de escaños muy inferiores tanto al primero como al segundo.

En un sistema parlamentario, las elecciones no las gana quien queda primero, sino aquel que al final se muda a La Moncloa. Pero esta vez puede que tardemos mucho en saber quién ha ganado las elecciones, quién va gobernar y cuánto tiempo va a estar en el Gobierno el que lo haga. Por no saber, ni siquiera sabemos quién será segundo, tercero o cuarto, ni si el segundo, tercero o cuarto se alinearán de una forma u otra. ¿Elecciones de cambio con cuatro partidos entre el 30% y el 15%? ¿O elecciones de ruptura con todo lo conocido?

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 19 de enero de 2015

Hay 3 Comentarios

1.Han sido unas votaciones de cabreo contra la corrupción de los dos principales partidos... y una declaración por parte de los votantes de que quieren cambios radicales para acabar con esa vergüenza nacional.
2.Han sido unas elecciones en las que se ha favorecido el populismo al poner el foco en las consecuencias (los recortes) en lugar de en las causas (el mal funcionamiento de España que hace que se hayan producido desequilibrios fundamentales... que han obligado a los recortes.
3.Han sido unas elecciones en las que a todos... políticos y medios de manipulación, les ha interesado más la demagogia (cada uno la suya) que la discusión seria de programas para cambiar la situación.
4.No hubo debates sectoriales en profundidad donde se pudieran contraponer los programas, y los compromisos, de los distintos partidos en relación a temas como la economía, la educación, la sanidad, las pensiones, la energía, la seguridad de los españoles ante las amenazas del terrorismo jihadista y del crimen organizado, los problemas internos de la sociedad española... alarmante incremento del consumo de drogas, de ninis, los desequilibrios en el crecimiento y desarrollo de las CCAA, la solidaridad entre las distintas regiones Y SUS LÍMITES.... etc, etc, etc.
Fue una campaña en la que se vendieron muchas burras pero en las que no se abordó ninguna solución... sino al contrario.
C´s. con su neoliberalismo se quedó muy corto con sus espectativas y Podemos capitalizó el descontento y consiguió "colocar" a las TAIFAS como producto político...
En definitiva... unas elecciones que no solucionaron nada, que lo han complicado todo... y que nos van a meter, otra vez, en la inestabilidad.

El Gran Acuerdo Nacional bajo la dirección de Pedro Sánchez

Hay que dar por descartado un gobierno PSOE-PODEMOS por las razones ya conocidas y suficientemente debatidas en los medios de comunicación. Los sectores económicos, lo que llamamos "Bruselas" y en general los analistas "serios y responsables" ven solo dos alternativas: o un gran acuerdo PP-PSOE, al que se le agregaría Ciudadanos, con Rajoy de Presidente o nuevas elecciones generales probablemente en Mayo.

Analicemos primero el Gran Acuerdo Nacional (GAN) con la continuidad de Rajoy al frente del gobierno. Para empezar significaría una bofetada al 70% del electorado que voto en contra de la corrupción del PP y su indecente Presidente. Se repite constantemente que el PP ganó las elecciones pero no se aclara que estamos en un régimen parlamentario, no presidencialista como Francia, en donde la fuerza más votada si no obtiene la mayoría absoluta tiene que acordar con otras fuerzas los votos parlamentarios suficientes para formar gobierno. En este caso la mayoría, el 70% de los votantes, NO quiere a Rajoy de Presidente.

Por otro lado, y muy importante para el futuro democrático de España, la continuidad del PP-Rajoy es un acicate para las fuerzas centrífugas que han puesto en peligro la unidad de España ("Rajoy-PP como multiplicador de independentistas") y significaría la fuga de los votantes del PSOE hacia las fuerzas antisistema y antidemocráticas aglutinadas en torno a Pablo Iglesias-Monedero-Podemos al producirse "la traición" del PSOE. (recordar al PASOK y el proceso de ascensión de Syriza al gobierno de Grecia). Esta solución es echarle gasolina al fuego.

La segunda salida, nuevas elecciones generales, en la práctica sería el diferimiento del anterior punto pero agudizados sus elementos polarizantes. Tanto el PP como Podemos apuestan por esta alternativa, más el segundo que el primero. Unas nuevas elecciones llevarían a la disminución de las fuerzas tanto de Ciudadanos, quizá su desaparición como en el caso de UPyD, así como del PSOE. El PP recuperaría el voto díscolo que se fugó a Ciudadanos, y Podemos absorbería la indignación y rechazo de las bases del PSOE. La polarización extrema, además de las consecuencias para la economía española en un momento que se está luchando por superar la crísis, es la peor salida y a ella hay que evitar llegar en lo posible.

¿Qué hacer, entonces? muy simple: un GAN pero bajo la batuta del PSOE y de Pedro Sánchez. Ante la imposibilidad y la inconveniencia de un pacto de izquierda con Podemos en ascenso y los peligros ya analizados de un GAN bajo el mando de Rajoy la única alternativa seria, responsable y políticamente viable es el pacto PP-PSOE-CIUDADANOS. La elección de Pedro Sánchez por mayoría simple con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PP permitiría ensayar poner en práctica las políticas prometidas tanto del PSOE como de Ciudadanos y que en algunos casos podrían coincidir con el PP. No puede haber una reforma constitucional sin el apoyo del PP y su mayoría absoluta en el Senado pero si una reforma consensuada con ellos. Lo mismo puede argumentarse con respecto a otras medidas coincidentes en unos casos con Ciudadanos y en otros con un PP reformado y modernizado sin Rajoy y sus adlateres.

Un gobierno "de izquierda" desbarajustaría la línea ascendente de Podemos y abre la puerta de las divisiones , propias de toda izquierda doctrinaria, principista y en algunos casos marxista-leninista al agudizar las contradicciones internas, exacerbadas al perder la perspectiva de obtener el poder. Este GAN con seguridad tendría unos condicionantes en cuanto a tiempo y políticas que por supuesto deben ser acordadas entre las partes. Un acuerdo de esta magnitud requiere del apoyo de los poderes que de verdad deciden y tienen verdadera influencia: comenzando por la Corte, los grandes banqueros, empresarios y medios de comunicación, la socialdemocracia y democracia cristiana de Europa y ¿por qué no? el sector modernista de la Iglesia del Papa Francisco.

Mariano Acevedo R.

La ciudadanía española llevamos votando ya un tiempo y hemos visto como nos luce el pelo a cada cual en su casa y en su sitio.
Sobre todo a fin de mes.
Independiente de lo que se nos prometa en las arengas publicitarias de los mítines.
Porque luego pasa lo que pasa, que por culpa de ésto o aquello o de la situación estratégica del momento hay que cortar por lo sano, y lo sano siempre somos la gente que pagamos los impuestos de forma segura.
El dinero fiable.
Sin discusión y sin posibilidad de protestar a nadie.
Una mayoría obediente que trabaja y paga todo lo que le echen, aunque sean rescates bancarios.
Hoy somos España un país estable a pesar de lo que nos digan las malas lenguas, eso lo han podido ver los mercados que se han dado cuenta que sin un buen caldo no hay olla.
En estas votaciones pasará como en otras veces, no hay milagros, solo el dinero del erario público que se recauda de forma sistemática.
Y no nos interesan los experimentos, ni tampoco todas las promesas milagreras que nos prometen el maná.
El maná somos la gente de la calle.
Que solo iremos mejor bien administrados por equipos de responsables públicos estables y dirigidos.
Desde políticas de consenso.
De legalidad, de respeto por la gente ciudadana, y por la modernidad y puesta al día de nuestras instituciones y legislaciones.
Evitando el timo de advenedizos amparados detrás de la responsabilidad pública, del concepto de la patria o de la bandera, de la idiosincrasia o de la historia.
Pero que luego dan el sablazo y se llevan los dineros fuera del país, y evaden impuestos.
Se votará dignidad, respeto y solvencia desde la inteligencia de no empeorar.
Evitando las canciones del verano para no dormir.


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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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