José Ignacio Torreblanca

Ruptura generacional

Por: | 16 de enero de 2016

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En España hay algo más de cuatro millones de electores nacidos antes de 1938. Son los niños de la guerra, tienen más de 77 años y representan el 12% del censo. Detrás vienen los casi nueve millones nacidos entre 1939 y 1959. Son los niños de la autarquía, tienen entre 57 y 76 años y suman el 25% del censo. Les sigue una generación formada por los reformistas: nueve millones y medio, de entre 42 y 56 años, nacidos entre 1959 y 1973, el 28% del censo. Cierran la lista los ciudadanos nuevos, los mayores de edad nacidos después de 1974, que son algo más de 12 millones y que representan el 35% del censo.

La clasificación es obra de Jaime Miquel, sociólogo, encuestador y autor de La perestroika de Felipe VI, un libro imprescindible para entender lo que le está pasando a la España nacida de la Constitución del 78. Apoyado en un alud de datos sobre el comportamiento electoral y la cultura política de los españoles, Miquel sostiene que el factor que mejor explica la actual reconfiguración de la política española es la ruptura generacional (el PP, por ejemplo, obtiene más de la mitad de sus votos entre los mayores de 65 años y el PSOE entre los mayores de 54).

Afirma Miquel que el declive electoral del PP y del PSOE, y con ellos del bipartidismo, solo puede ser entendido desde la falta de capacidad de esos dos partidos de representar la cultura política de unos ciudadanos nacidos en democracia que desprecian los usos y hábitos de la política tradicional, caracterizada por el clientelismo, la sumisión a la autoridad, la corrupción, la falta de transparencia y la negativa a rendir cuentas. Según Miquel, la cultura política del posfranquismo choca radicalmente con la dominante entre los jóvenes de hoy, urbanos y educados, que es abierta, participativa, informada y crítica. Del análisis de Miquel se deduce que los nuevos votantes no se sitúan ni a la izquierda ni a la derecha, ni tampoco están abajo esperando un líder populista que les guíe. Sencillamente están “enfrente”. Si Miquel no se equivoca, la pregunta no es qué reformas pactar con los nuevos ciudadanos sino qué rupturas.

 

Nota: el gráfico de Jaime Miquel, autor de "La Perestroika de Felipe VI" (RBA). Jaime Miquel expuso su tesis sobre la ruptura generacional en la UNED el 17 de diciembre de 2015. Para ver su exposición en vídeo, pinche aquí.

Hay 7 Comentarios

Parto de mi opinion que los numeros como al usica suenan bien o mal segun quien los interprete. Se habla de cambio generacional y uno de los partidos emergentes en sus simbolos e ideas nos recuerda politicas pasadas y fracasadas
Un comentarista habla que hay muchos que ven la politica como un modus vivendi, mientras no busquemos una soluciona los sueldos de los cargos elegidos siempre la politica sera una gran tentacion, en otras ocasiones he propuesto que todo cargo electo gane lo mismo que ganaba antes de asumir ese cargo y se calcula haciendo un promedio segun su declaracion de haciende de los cuatro años anteriorse a asumir su cargo, que es dificultoso no lo niego pero doctores tiene la politica y hacienda para hacerlo y bien, asi evitariamos a muchos que llegan a la politica no a defender una idea sino un sueldo
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenos Aires

Torreblanca, no hagas caso a esa discretización de "las generaciones electorales" le falta nitidez. ¿¡dónde está el "ideario" que tenían los niños de la guerra desde los 18 a los 41!? ¿¡cómo se asume tal cosa!? ¿¡se trasmite!? ¿a quién? ¿cómo? ¿ es asimilado por el sujeto ¿¡paciente!?, se acumula, se es consciente de una posible trasformación idearia acorde a tal discretización tetraédrica? En fin..., trazo grueso que, sospecho, de mala gana, intencionadamente o no, lleva a engaño o a confusión o a falta de perspectiva o...

¿¡ruptura generacional!?

https://www.youtube.com/watch?v=MbW8RWJD9z0

En mi opinión, la denominada ruptura generacional se está utilizando como argumento falaz para reivindicar cambios, cambios que por otro lado representan la recuperación de ideas de antiguas ideologías.


Lo emergentes no están creciendo por sus ideas y las soluciones que proponen, sino únicamente por el autodesgaste del bipartidismo, auto desgaste de PP y PSOE causado por enfrentamientos internos, equivocados relevos generacionales, e intereses económicos que pesan más que los ideológicos, y conducen a canalizar el voto hacia partidos como Podemos.


Vivimos una época en la que hay un exceso de llamémosle vocación política, un exceso de gente que quiere vivir de la política, ignorándose que democracia no es sinónimo de que todo el mundo pueda vivir de la política, los cargos públicos son los que son, lamentablemente, limitados. Y ello está contribuyendo también a un dañino fraccionamiento del mapa político español.

No termino de estar de acuerdo con eso de las rupturas; estoy de acuerdo en que ha cambiado su forma de ver el mundo puesto que ellos han crecido en democracia y no han conocido, por ejemplo, el miedo, pero no se trata de romper sino de conocer que ha pasado con las generaciones anteriores, qué ha cambiado, qué tenemos y qué podemos conseguir, es decir, no se puede dejar atrás el pasado, al menos, aun que sólo sea eso, hay que tenerlo en cuenta.

España ya no es la reserva espiritual de Europa, eso lo saben todos los partidos por el continuo deterioro de los usos en política, que han hecho siempre de la capa un sayo, exentos de responsabilidades.
Legalmente.
Algunos en el colmo de la más hortera ramplonería se escudan diciendo que eso siempre se ha hecho aquí, que lo hace todo el mundo lo de malversar con lo público, que la costumbre lo hizo legal.
¿Sabe Vd. con quien está hablando?
Dejando muy claro de forma pública que la gente en la España pre democrática nos quedamos atontados por el miedo a la porra, y asustados para siempre.
Entre romerías y jaculatorias quedaba todo resuelto para el personal de a pie, in saecula saeculorum.
Aunque pasaran hambre, eso era lo de menos, altiva la mirada, lejanos los horizontes.
El tronío y la estampa por delante, y hablar siempre alto como si fuéramos sordos de nacimiento.
A grito pelado, las arengas en las plazas.
Las nuevas generaciones han sido siempre el caldo de cultivo de los encantadores de ideas, a quienes se les podría vender humo en ese periodo tonto de la juventud, sostenidos desde el hogar paterno.
Solo que ha cambiado una cosa muy importante en los tiempos actuales, la velocidad de la información.
En España y en el mundo.
Los medios informativos metidos en el bolsillo de toda la gente desde que se tiene uso de razón, y las marcas primeras que salpican los productos del consumo.
Que valen un dineral.
Inalcanzables, cuando se está en el paro o se trabaja en precario sin derecho al pataleo.
¿Y casarse? Un dineral.
¿Y los hijos? Ni pensarlo.
Ahí ha surgido una revolución tecnológica más potente que la industrial de hace dos siglos.
Y no se han puesto las pilas nuestros ínclitos líderes políticos, estancados en lo que se ha hecho siempre.
En España, lo de llevarse doblado bajo el brazo el recorte de las comisiones por los favores prestados.
Eso, aquí siempre se ha hecho por todo el mundo, es algo institucional ya se sabe, consustancial con el cargo.
¿Y los recortes?.
Se los merecen, no hay más que verlos, lo piden a gritos.
Los jóvenes y los viejos, ellos y ellas.
Españoles todos y a mucha honra.
Pero la velocidad es diferente, y eso se ha de notar por fuerza en todos los aspectos.
Ya se está viendo de hecho.

La división por años tomando la guerra como criterio quizá tenga menos utilidad que si tomásemos como eje la edad de jubilación.
¿cuantos españoles tienen 65 o más años? Porque esos sí tienen características e intereses con gran similitud.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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