José Ignacio Torreblanca

Desglobalización

Por: | 11 de febrero de 2016

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* Fotografía: Complejo hotelero de Bretton Woods

“Vamos a traer de vuelta los puestos de trabajo que se han ido a China y obligar a Apple a fabricar sus ordenadores aquí”. “Vamos a bloquear el tratado de libre comercio con el Pacífico y defender los salarios americanos de la competencia desleal de Asia”. Si un despistado se diera estos días un paseo por New Hampshire y escuchara los discursos de Donald Trump y Bernie Sanders, los candidatos favoritos de republicanos y demócratas, pensaría que allí se está celebrando la reunión anual de los movimientos anti-globalización o discutiendo sobre la vía al socialismo en el Siglo XXI.

Pero no, ni estamos en Porto Alegre ni los manifestantes despliegan un colorido mosaico de banderas reivindicativas de los derechos de los indígenas, el fin de la pobreza o la condonación de la deuda. Estamos en New Hampshire, nada menos que el Estado que en 1944 alojó la Conferencia de Bretton Woods. Allí, los representantes de 44 jefes de estado y de gobierno, entre ellos Keynes, pusieron los cimientos del orden mundial vigente. Entendían, con razón, que el proteccionismo comercial y los controles sobre flujos de capitales y cambio de divisas habían prendido la chispa de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, su objetivo era cerrar el paso al nacionalismo económico, considerado como una amenaza a la paz, social e internacional.

Tanta visceralidad en contra del libre comercio sorprende no sólo por provenir de Estados Unidos, uno de los países que más se ha beneficiado de la globalización alumbrada en Bretton Woods, sino por darse con igual virulencia en ambas orillas del espectro ideológico, republicano y demócrata. Pero quizá no hay tanto de lo que sorprenderse. Los partidarios de la desglobalización tienen en común estar en la extrema derecha y en la extrema izquierda. Donald Trump y Bernie Sanders, Vladimir Putin y Marine Le Pen, el ultracatólico polaco Jaroslaw Kaczynski y el izquierdista francés Arnaud Montebourg. Pocos analistas han reparado en el número de veces que en su rueda de prensa postulándose como vicepresidente, Pablo Iglesias anunció hasta en tres ocasiones que un objetivo central de ese futuro gobierno sería “recuperar la soberanía”. ¿Para dársela al pueblo? ¿O para quedársela ellos? Que cuento más viejo.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 10 de febrero de 2016

Hay 7 Comentarios

Es evidente que con la globalización a unos le va bien y a otros le va mal.
Es normal que los que se beneficien de ella quieren más de lo mismo.
De igual manera es normal que los que se sienten perjudicados por ella busquen alternativas.
En noviembre nos enteraremos cual es la opinión mayoritaria de los ciudadanos americanos al respecto.
Aquí en Europa es posible que nos empecemos a enterar antes. Es normal viendo que llevamos ya casi una década de recortes, de estancamiento y de problemas políticos y sociales que van en aumento.

Muy buen artículo y, cierto; es una realidad totalmente. Un saludo

Pretender la desglobalización en el sentido de la autarqía es como pretender la pronibición de las nuevas tecnologías. Ahora bien, Breton Woods tampoco es ya suficiente.

Estoy de acuerdo que es un personaje de extrema izquierda en ese contexto, sin embargo, según como lo pintas, parece que lo sitúas en la extrema izquierda europea.

Para cuento viejo el de los globalistas antinacionales y antisociales que, en nombre del libre comercio, nos abocan a la destrucción de la soberanía y la identidad nacional, como de la igualdad y los derechos sociales, para conducirnos a un mundo de individuos desarraigados, explotados y desiguales en beneficio de unos pocos. Todo mi apoyo a los soberanistas desglobalizadores.

Bernie Sanders es de extrema izquierda ... en Estados Unidos. Todo tiene su contexto.

A Bernie Sanders lo pones como ejemplo de extrema izquierda? Así nos va. Creo que en otra cosa te quedas corto, todo el mundo es partidario de la desglobalización, no sólo los extremistas. El 99% de la gente aceptaría encantada volver al paradigma pre-globalización, o sea a la década de los 90.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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