José Ignacio Torreblanca

Lo imposible

Por: | 01 de febrero de 2016

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Quienes presionan al PSOE para que facilite la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno demuestran no haber entendido nada de lo que ha pasado en este país en los últimos cuatro años. Porque con todo lo dura que ha sido y está siendo, la gestión de la crisis económica no constituye el principal elemento en el haber o el debe del Gobierno saliente.

Los estudios demuestran que los votantes son conscientes de que la gestión de la economía es una cuestión compleja y, por tanto, de que el éxito o el fracaso en la creación de empleo no depende exclusivamente de los políticos, sino de múltiples factores que están más allá de su control. Pero los votantes sí que atribuyen a los políticos la responsabilidad por la corrupción (también, por cierto, sobre la desigualdad): saben que socava la democracia y que no es atribuible a la globalización, la perfidia neoliberal o la hegemonía alemana. En esta cuestión de la corrupción, además del desempleo o la desigualdad, España ha batido todos los récords. Nuestro país, no se olvide, ha logrado en la pasada legislatura algo sin precedentes: caer diez puestos de una sola tacada en los índices de corrupción internacional, una hazaña solo igualada por países como Gambia, Malí, Guinea-Bisáu y Libia.

 La corrupción requiere la complicidad o la negligencia de los políticos, de ahí que sea inevitable responsabilizarles por ella. Además de ser endógena, estamos viendo que es estructural al sistema y, aún peor, está siendo amparada desde la política. Al crear redes de clientelismo, redistribuir recursos económicos y promocionar a unos políticos a costa de otros, ha permitido ganar elecciones y seguir reproduciéndose hasta capturar áreas cada vez más amplias de la contratación pública, íntegramente bajo sospecha hoy. Si la corrupción existe es porque la política se ha beneficiado de ella. Por tanto, sólo cuando la corrupción implique la pérdida del poder podremos comenzar a acabar con ella. La corrupción es la primera amenaza a nuestro sistema democrático y la primera tarea que deberá acometer el próximo Gobierno. Y esa es precisamente el área donde el desempeño de Rajoy ha sido más negligente.

Hay 7 Comentarios

Está demostrado que la evolución de la economía de un país tiene mucho que ver con quien gobierne, con su ideología, políticas, y sobre todo con el ambiente social y político que cree. Por ejemplo, en un país como España en el que decrece a seguridad jurídica es imposible que haya una tendencia a que se incrementen las inversiones serias, entendiendo por serias inversiones al largo plazo, dedicadas a crear riqueza y empleo, y no únicamente especulativas.

Acertado análisis de la situación de la política española.
La corrupción ha pasado a ser una característica de la clase política española. Como decía ayer en un artículo de prensa Garrigues Walker, la clase política española, la casta política, se ha convertido en un estamento que se resiste con unas y dientes a todo proceso modernizador y regenerador. Y es que, los dirigentes políticos, se juegan mucho haciendo más abierto el mundo de la política. Muchos de ellos, elevadamente mediocres en su profesión si es que la tienen, se juegan sus sueldos. Todos, los beneficios de la corrupción y el reparto de las subvenciones del Estado, dinero del que no solo se benefician ellos sino también su entorno, familiares, colaboradores, apoyos.


La política española es principalmente corrupta. Es evidente que requiere regeneración. Lógicamente dicha regeneración no va venir de un partido como Podemos, de ideológica comunista, pues partidos afines, de similar ideología que Podemos, solo gobiernan en estados antidemocráticos, estados fallidos, o en estados en los que la corrupción es más elevada que en España. La regeneración de la vida política española la debe de hacer el Poder Judicial con una actuación oportuna, independiente, imparcial, eficaz, y sobre todo justa. Oportuna, es fundamental que los delitos se investiguen y juzguen con rapidez, utilizando el tiempo mínimo necesario, no por el contrario dilatándolos en el tiempo para ver cómo se puede aminorar la pena del presunto culpable. Cuando la política conoce la realización de un delito, recabadas la necesarias pruebas debe juzgarlo de forma inmediata, y no dedicarse a investigar si esa persona cometió o no un delito cuando estaba en la cuna, algo que en la gran mayoría de los casos solo persigue ampliar eternamente los plazos. Siendo lo anterior evidente, el problema es como regenerar una justicia española cuya actuación carece de independencia e imparcialidad, y no es oportuna ni justa.

Realmente esa es la verdad, que la corrupción en todos los pueblos del mundo a generado la crisis; y, por ende el atras, para combatir este mal, debemos lugar en conjunto ?

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La actitud que ayer contemplé por parte de Rajoy, el PP, Iglesias y Podemos, me causaron repulsión. Los peperos dándose por ofendidos con el Jefe del Estado porque no le hizo el ofrecimiento para obtener la presidencia del gobierno y los podemitas porque Pedro Sánchez no contó con ellos para aceptar el encargo del Rey. Ambos comportamientos producen asco. El denominador común que les abarca se denomina hipocresía.

Comparto completamente su análisis de la política española.
Lo que está pasando en España lo describe perfectamente la siguiente anécdota: Dos políticos están tomando café en una cafetería, posiblemente la cafetería de alguna institución importante del Estado. Uno le dice al otro “acabo de …..” Y el otro le contesta “Que corrupto eres, anda paga el café”.


La política española está podrida, y lo grave no es solo eso sino que dicha situación empieza a provocar consecuencias muy negativas para el conjunto de la sociedad. La política española necesita regeneración. Evidentemente, dicha regeneración no la va a realizar Podemos, con una ideología comunista que solo gobierna en estados considerados fallidos, poco democráticos o todavía más corruptos que España. La regeneración de la vida política española solo la puede realizar el Poder Judicial, con una actuación oportuna, eficaz, imparcial y justa, y contando con la colaboración de las principales fuerzas políticas. El problema es como regeneramos previamente el Poder Judicial. Un Poder Judicial cuya actuación carece de la necesaria independencia e imparcialidad, y que no es ni oportuna, ni eficaz, ni justa.

Llevas toda la razón, ole, ole y ole.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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