José Ignacio Torreblanca

Consenso y conflicto

Por: | 03 de marzo de 2016

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Alabamos el consenso y elogiamos a los líderes políticos cuando son capaces de alcanzarlo. Y repudiamos el conflicto y nos lamentamos cuando lo impregna todo. Es comprensible que a algunos les pueda resultar doloroso, incluso cínico, pero la realidad es como es: la política es tanto conflicto como consenso. En unas ocasiones la política debe ser conflicto y expresarse a través de él; en otras debe ser consenso y visualizarse como tal. Respecto a cuándo conviene uno u otro, hay que ser pragmático: bien manejado y dependiendo las circunstancias, un buen conflicto puede ser tan útil como un buen consenso. Quien no lo entienda o se niegue a aceptarlo no durará mucho en el mercado político.

El conflicto es útil para galvanizar a las bases, cohesionar a los votantes, reforzar la identificación con los líderes, cimentar las identidades y poner a los demás a la defensiva. El consenso es útil para comprar tiempo, seducir a los reticentes, ensanchar los apoyos, ganar en respetabilidad y limar las aristas más agresivas del liderazgo. Alguien interesado en el consenso minimiza las diferencias. Alguien interesado en el conflicto no solo las magnifica sino que convierte el debate en una lucha por la supervivencia: nosotros contra ellos, todo o nada, ahora o nunca.

Negociar, pactar, consensuar, es repartirse una diferencia. Si A y B tienen que repartirse 100 unidades de algo, el espacio intermedio para el acuerdo es enorme. Si el poder negociador de A no es muy alto, cualquier cantidad por encima de cero será aceptable. Hoy quizá acepte 40, pero si no cierra la puerta, mañana puede que llegue a 60. Sin embargo, las diferencias morales no se pueden negociar: nos permiten quemar los puentes que nos conectan con nuestro potencial aliado, ahora adversario, de ahí la utilidad de traducir las diferencias políticas en categorías morales. Si algo es bueno, su contrario tiene que ser necesariamente malo. ¿Y cómo se reparte lo malo? Esta semana, las fuerzas políticas no se van a dividir entre vieja y nueva política sino entre los que piensan que necesitan el conflicto para sobrevivir y los que vinculan su supervivencia al consenso.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 2 de marzo de 2016

Hay 4 Comentarios

Todo parece un juego, y tal vez lo sea, pero es un juego con muchos efectos colaterales, y no precisamente positivos.

No debería hacerse esa separación entre fuerzas políticas, sino más bien que pueda haber conflicto entre unas y otras pero teniendo la mente abierta para llegar a consensuar.

Se me plantea la siguiente duda ¿Qé es preferible un mal consenso o un buen conflicto? Desde luego lo mejor seria un buen consenso antes que un mal conflicto, Ud don Jose Ignacio que sabe de esto tendra sin duda la respuesta. Cuando los puentes se rompen los ingenieros tanto civiles como miliatres han encontrado la menera de hacer pasar a la otra orilla sus seguidores o sus tropas. Tal vez nos este faltando un buen ingeniero como lo fue Adolfo Suarez que sepa construir puentes para lograr un buen consenso antes que un mal conflicto
Jose Luis Espargebra Meco un español desde Buenozs Aires

No sé si se refiere a seso, pero el debate de ayer en el Congreo, en mi opinión, ha dejado claro dos cosas. Primera, los denominados partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, han nacido para complicar la vida política española, dificultado la gobernabilidad, creando inestabilidad política, e intentando así presionar y chantajear a las hasta ahora mayorías a nivel nacional, PP y PSOE. Los dirigentes de los emergentes, y sus voceros del mundo periodístico, intentan hacer creer a la opinión pública que el fraccionamiento a la italiana del mapa político español, debilitando así el bipartidismo, es algo bueno, algo falso y totalmente lejos de la realidad, como está dando a conocer la actual situación de España. Segunda, en el Congreso no hay una mayoría clara, ni de derechas ni de izquierdas, ni parece que sea fácil de lograr, no debido a diferencias ideológicas, sino principalmente al poder, los cargos públicos, que desean obtener las diferentes fuerzas políticas.


PP y PSOE podrían formar una coalición a la alemanda, logrando un acuerdo sobre políticas a aplicar, pero ambos partidos a día de hoy quieren ocupar la presidencia. Sánchez ha ofrecido a Podemos un acuerdo sobre políticas comunes, pero Pablo Iglesias ha dicho que necesita garantías, es decir, exige que le den puestos en el próximo Gobierno de España, algo que no puede aceptar el PSOE. Primero porque es un trozo demasiado grande de la tarta. Segundo porque el descontrol que provocaría en el Gobierno de España, por ejemplo en exteriores y defensa, ministerios que exige Iglesias, supondría a corto plazo su desaparición del mapa político español.


España está en una situación difícil, y preocupante, en la que lo que surgen no son nuevas oportunidades sino nuevas amenazas. Amenazas como la de que España caiga en un periodo largo de ingobernabilidad, o que un partido de ideología comunista, Podemos, pueda entrar a formar parte del Gobierno de España. Una situación, que como reconocía ayer el presidente en funciones, Mariano Rajoy, provoca que aumente la inestabilidad política y la incertidumbre, y con ello la desconfianza exterior hacia España. Si España tiene que ir a nuevas elecciones generales, como mínimo seis meses con un gobierno en funciones, seis meses de alta incertidumbre y desconfianza exterior, son muchos, algo que contribuirá a incrementar el déficit, y provocara consecuencias negativas para la economía española y el mercado laboral. Situación difícil, con importantes amenazas, que la sociedad española solo puede superar de dos formas. Una, mediante un consenso político que a día de hoy todavía parece más difícil que la situación misma. Dos, con un evidente fracaso de Podemos y sus confluencias, es decir, que el fracaso de Podemos y sus diferentes marcas allí donde han logrado entrar en las instituciones y gobernar sea tan difícil de ocultar y disculpar que impida que Podemos pueda seguir recibiendo el apoyo que recibe, de otras fuerzas políticas y mediático, y por tanto también electoral.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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