José Ignacio Torreblanca

Cónsules y consultas

Por: | 21 de abril de 2016

Captura de pantalla 2016-04-21 11.50.28Si hubiera que dar un premio al referéndum más tramposo de la historia, sin duda se lo llevaría el convocado por Pinochet en 1978 para preguntar a la ciudadanía (extracto) “si respaldaba al Presidente Pinochet en su defensa de la dignidad de Chile frente a la agresión internacional desatada en contra de nuestra Patria”, ofreciendo una casilla para el Sí que representaba una bandera chilena y un poco más abajo a la derecha una casilla oscura para el No. Extrañamente, un 78,6% votó a favor.

Eso en la categoría dictatorial. En la democrática, el premio se lo llevaría Alexis Tsipras, que el año pasado preguntó a los griegos “si debería ser aceptado el plan de acuerdo que fue presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional ante el Eurogrupo el 25.06.2015 y que se compone de dos partes que constituyen su propuesta unificada”. Tan seguro debía estar de que la gente no entendía nada que por si acaso puso la casilla del No encima de la del Sí, logrando un 61% de los votos.

 A golpe de discurso enardecido sobre los males de la democracia representativa se nos pretende convencer de que preguntar siempre es más democrático que no hacerlo y que los referendos y consultas siempre profundizan la democracia. ¿Pero preguntar siempre es democrático? ¿Sin más? No exactamente. Depende de quién pregunte, qué pregunte, cómo pregunte y a quién pregunte.

Ni las elecciones (mecanismo típico de la democracia representativa) ni las consultas (mecanismo típico de la democracia directa) son en sí mismo democráticas. Las dictaduras, seguro que no se les ha olvidado, se hartan tanto de celebrar elecciones como consultas populares. Para ser democráticas, las elecciones deben ser libres, justas y competitivas, es decir, deben dar a los votantes una oportunidad real de cambiar de Gobierno. Algo parecido les pasa a las consultas: para que tengan sentido, las opciones que se plantean deben ser igualmente posibles y deseables para los votantes e igualmente asumibles para quienes convocan la consulta. Un truco muy sencillo antes de votar en una consulta es preguntarse para qué consulta el cónsul. 

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 16 de abril de 2016

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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