Jose Reinoso

Sobre el autor

es el corresponsal del diario EL PAÍS en China, lo que le ha permitido viajar de este a oeste y de sur a norte (dong xi nan bei) para escribir sobre lo que ocurre en este país de más de 1.300 millones de almas. También ha cubierto acontecimientos claves en otros lugares de Asia, una región hacia la cual se ha desplazado inexorablemente el centro de gravedad geopolítico del mundo en los últimos años.

Eskup

Archivo

enero 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

“China no tiene dinero”

Por: | 26 de noviembre de 2011

Coches en la calle Guijie, en Pekín, muy popular por sus restaurantes (J.R.)

Los taxistas suelen ser un buen termómetro para palpar una ciudad. Y más en China. Por un lado, se pasan horas y horas oyendo la radio, lo que les da acceso a la versión gubernamental de lo que ocurre cada día. Y, por otro, están en contacto continuo con la gente y escuchan miles de conversaciones ajenas al cabo del año.

En Pekín, además, trabajan jornadas interminables, casi sin descanso semanal, y son profundos conocedores de la ciudad y sus habitantes. Para poder sentarse al volante de un taxi, es necesario poseer hukou (户口, permiso de residencia) de la capital.

Los taxistas de Pekín no ven con buenos ojos a los conductores de fuera. Muchos aseguran que el caos del tráfico se debe en buena parte a los waidiren (外地人);  es decir, a los no nacidos en la ciudad. Afirman que no saben conducir y no tienen educación.

Así me lo decía el otro día uno -a quien no pregunté el nombre, pero a partir de ahora llamaré Zhao- cuando le señalé los coches aparcados en triple fila en la calle Guijie -una de las más populares de la ciudad por sus restaurantes especializados en cangrejos picantes y sus farolillos rojos-, y los atascos que se forman simplemente porque la gente no se para a pensar en los demás.

Seguir leyendo »

Minibús mortal

Por: | 21 de noviembre de 2011

China es un país enorme: más de 1.300 millones de habitantes, dos tercios de los cuales residen en las zonas rurales. China es un país que crece a una velocidad y con una dimensión sin precedentes en la historia de la humanidad. Y es también un país donde el proceso de desarrollo ha creado enormes desigualdades entre el campo y las ciudades.

Muchos de los habitantes de las zonas rurales son niños dejados atrás por sus padres, quienes han emigrado a las grandes ciudades en busca de trabajo y los han confiado al cuidado de parientes, normalmente los abuelos. Estos envían cada día a los críos a clase a pie, en bicicleta y, cada vez más, en minibuses escolares, debido al cierre de muchas pequeñas escuelas.

El Gobierno central ha incrementado el gasto en educación en los últimos años –en 2011, un 16%, hasta 296.000 millones de yuanes (34.570 millones de euros)-, y las partidas que transfiere a las administraciones locales no han dejado de subir. Pero las cifras globales esconden grandes desequilibrios, con muchas zonas rurales en las que escasean los fondos de forma crónica.

El aumento de la escolarización, el incremento de la demanda de transporte, y el poco margen que genera el negocio de los minibuses escolares, según sus dueños, han llevado a muchos colegios a utilizar vehículos obsoletos, con serios problemas de seguridad, y cargarlos de niños hasta niveles inimaginables.

Veamos ahora por qué he hecho esta introducción. El miércoles pasado, una furgoneta que se dirigía a una guardería en Qingyang (provincia noroccidental de Gansu) chocó de frente contra un camión de transporte de carbón. Murieron en el acto y en las horas que siguieron 19 niños más el conductor y un profesor. El vehículo transportaba 64 personas (62 niños de tres a cinco años más los dos adultos), cuando tenía solo nueve plazas. El conductor del camión y su acompañante resultaron ilesos.

 

Portavoces del Gobierno local aseguraron que los asientos de la furgoneta habían sido quitados –una práctica que es frecuente para sustituirlos con hileras de bancos de madera-, y que el vehículo circulaba a velocidad excesiva en medio de la bruma.

Los parientes de los niños dicen que sabían que el minibús iba sobrecargado habitualmente, y que lo habían denunciado; pero es probable que les contestaran si estaban dispuestos a pagar más por el servicio. La guardería tenía más de 700 estudiantes, pero solo contaba con cuatro furgonetas, a todas las cuales se les habían eliminado los asientos para aumentar la capacidad.

Seguir leyendo »

Repollos patrióticos

Por: | 11 de noviembre de 2011

Zhang Shengli, vendedor de repollos, en Pekín, en noviembre de 2011 (J.R.)
Cada año, al llegar noviembre, Pekín se hunde en los prolegómenos del largo y duro invierno. El frío comienza a invadir la ciudad, los pequineses tiritan en casa porque hasta el 15 de este mes no arrancan por ley las calefacciones centrales, y el cielo luce en ocasiones un azul intenso como solo lo hace en otoño en esta ciudad de grises y ocres.

Pero hay algo que define quizás más que nada la antesala del invierno en la capital china. A primeros de noviembre, llegan los repollos patrióticos. Oleadas de camiones desembarcan cargados de la característica verdura blanca y verde, que durante el maoísmo y los primeros años del proceso de reformas económicas fue casi el único vegetal fresco que podían consumir los pequineses en invierno. Las pilas de repollos –bai cai o da bai cai (gran repollo)- aparecen de la noche a la mañana por calles y callejones de algunos barrios, arropados bajo lonas, para quedarse una veintena de días.

La costumbre sobrevive en la capital. Sus habitantes acuden a comprar el popular ingrediente con el que confeccionan un amplio abanico de platos, como sopa de repollo, repollo en salsa agridulce, repollo con tofu, repollo con mostaza, repollo con gambas secas, y, cómo no, empanadillas de repollo.

Seguir leyendo »

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal