Jose Reinoso

Minibús mortal

Por: | 21 de noviembre de 2011

China es un país enorme: más de 1.300 millones de habitantes, dos tercios de los cuales residen en las zonas rurales. China es un país que crece a una velocidad y con una dimensión sin precedentes en la historia de la humanidad. Y es también un país donde el proceso de desarrollo ha creado enormes desigualdades entre el campo y las ciudades.

Muchos de los habitantes de las zonas rurales son niños dejados atrás por sus padres, quienes han emigrado a las grandes ciudades en busca de trabajo y los han confiado al cuidado de parientes, normalmente los abuelos. Estos envían cada día a los críos a clase a pie, en bicicleta y, cada vez más, en minibuses escolares, debido al cierre de muchas pequeñas escuelas.

El Gobierno central ha incrementado el gasto en educación en los últimos años –en 2011, un 16%, hasta 296.000 millones de yuanes (34.570 millones de euros)-, y las partidas que transfiere a las administraciones locales no han dejado de subir. Pero las cifras globales esconden grandes desequilibrios, con muchas zonas rurales en las que escasean los fondos de forma crónica.

El aumento de la escolarización, el incremento de la demanda de transporte, y el poco margen que genera el negocio de los minibuses escolares, según sus dueños, han llevado a muchos colegios a utilizar vehículos obsoletos, con serios problemas de seguridad, y cargarlos de niños hasta niveles inimaginables.

Veamos ahora por qué he hecho esta introducción. El miércoles pasado, una furgoneta que se dirigía a una guardería en Qingyang (provincia noroccidental de Gansu) chocó de frente contra un camión de transporte de carbón. Murieron en el acto y en las horas que siguieron 19 niños más el conductor y un profesor. El vehículo transportaba 64 personas (62 niños de tres a cinco años más los dos adultos), cuando tenía solo nueve plazas. El conductor del camión y su acompañante resultaron ilesos.

 

Portavoces del Gobierno local aseguraron que los asientos de la furgoneta habían sido quitados –una práctica que es frecuente para sustituirlos con hileras de bancos de madera-, y que el vehículo circulaba a velocidad excesiva en medio de la bruma.

Los parientes de los niños dicen que sabían que el minibús iba sobrecargado habitualmente, y que lo habían denunciado; pero es probable que les contestaran si estaban dispuestos a pagar más por el servicio. La guardería tenía más de 700 estudiantes, pero solo contaba con cuatro furgonetas, a todas las cuales se les habían eliminado los asientos para aumentar la capacidad.

Según la Sociedad China de Educación, el número de accidentes de autobuses escolares ha crecido sin cesar desde que se puso en marcha la política de desmantelar algunas escuelas en las zonas rurales para combinarlas con otras. Los negocios ilegales de transporte en vehículos a menudo sobrecargados han proliferado en estas regiones porque ofrecen precios inferiores que los autobuses oficiales de los colegios.

Como en otras cuestiones de seguridad en China, los responsables miraron durante años hacia otro lado. Suele ocurrir, hasta que se produce una tragedia y las autoridades reaccionan. En gran parte, para calmar la ira de las familias y de los internautas en los microblogs, que se han mostrado escandalizados por el accidente.

El Ministerio de Educación ha ordenado ahora que se lleve a cabo una campaña nacional de supervisión de la seguridad de los autobuses escolares y que se retiren aquellos que no pasen los controles. Tres altos funcionarios del condado de Zhengning –donde se encuentra Qingyang- están bajo investigación: el vice gobernador, el jefe de la policía de tráfico y el director de Educación. La guardería –privada- ha sido cerrada y el director ha sido detenido. En su lugar, abrirá una escuela pública, que contará con un autobús de 45 plazas, donado por una compañía petrolera. Las familias cuyos niños fallecieron recibirán 436.000 yuanes (50.930 euros) cada una como “compensación y consuelo”.

Pero, ¿hasta qué punto la campaña de seguridad será implementada? ¿Y qué ocurrirá con otras guarderías del país en las zonas rurales, donde es habitual la misma práctica? ¿Recibirán también autobuses nuevos donados por una petrolera?

Porque el caso de Qingyang no es único. En septiembre, pasado trascendió el caso de otro minibús atestado de niños en otra ciudad, que, afortunadamente, fue interceptado por la policía antes de que ocurriera una tragedia. En él, viajaban 64 críos, cuando la capacidad era para ocho. El vídeo sobre este suceso, incluido aquí abajo, permite imaginar cómo iba abarrotada la furgoneta accidentada la semana pasada.

 

Sobrecargar los vehículos de pasajeros es frecuente no solo en el transporte escolar. Mientras los grandes autobuses de línea que peinan China son controlados exhaustivamente, los minibuses en regiones alejadas, muchos de ellos ilegales, se saltan a menudo las estrictas normas. He viajado en zonas remotas, y otras no tanto, sentado en un taburete de plástico en el pasillo, instalado sobre la carcasa que cubre el motor junto al conductor, e incluso de pie junto a la puerta. Unos trayectos más largos –durante horas-, otros más cortos.

En una ocasión, el minibús en el que viajaba se detuvo en medio de una llanura, y el cobrador nos dijo a varios pasajeros que nos bajáramos y montásemos en otro que venía semivacío detrás. Desconcertado, seguí sus instrucciones. El primer minibús arrancó, y al rato le siguió el segundo. Al poco de pasar un control de policía, nos paramos de nuevo. Allí nos estaba esperando el primer autobús para recuperar a sus viajeros y volver a instalarlos en los taburetes en el pasillo. Todavía recuerdo la sonrisa de complicidad con que me recibió el conductor cuando subimos. No lo vi, pero, con toda seguridad, algunos billetes pasaron de manos del cobrador de un vehículo al del otro; o, simplemente, fue un ‘hoy por ti, mañana por mi’.

En otro viaje, tuve menos suerte, ya que nos obligaron a descender y a caminar casi un kilómetro por el arcén, hasta pasar a pie el control de tráfico y llegar donde nos estaba esperando nuestro autobús. ¿No sabían nada los agentes de lo que ocurría, probablemente cada día, delante de sus ojos?

En el caso del minibús siniestrado en Qingyang, todo el mundo parecía estar al corriente de las circunstancias. Pero hay otra cosa que me ha llamado también la atención. La cifra de 62 niños que transportaba no parece casual. Es casi igual al número de críos -64- que fueron encontrados por la policía en ese otro minibús en septiembre, y parece estar relacionado con la afición china por el ocho.

Ocho (八) es el número de la suerte en el país asiático, ya que se pronuncia ba, parecido a fa, carácter que implica fortuna porque forma parte de la palabra facai (发财, hacerse rico). El doble ocho (baba) es aún mayor símbolo de fortuna. Y qué es el número 64 sino el resultado de multiplicar ocho por ocho. Quizás los responsables de la guardería de Qingyang pensaron que pasar el minibús de ocho plazas a ocho por ocho plazas les traería buena suerte y riqueza.

Nota: Casi 70.000 personas murieron en accidentes de tráfico en China en 2010, según la policía; pero un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado este año asegura que la cifra real puede ser muy superior, ya que, según las autoridades sanitarias, es casi el doble.

Hay 2 Comentarios

Solo un consejillo de españolito residente en China a ídem:
no dejes nunca que un conductor use el móvil , fume o vaya
viendo una película mientras conduce. Al subirte, tú muéstrale su número de matrícula apuntado en un papel,
verás como le cambia el color y también se vuelve un poquitín más formal. Basta de abusos! Basta de irresponsabilidad! Basta de caraduras!
Gracias, saludos, Popchán.

Ya lo dijo Trotsky"la revolución de los pobres termina en la pasteleria de Cándido y Fdez Toxo". No sería mala idea mandar para China a los 250.000 liberados sindicales de este Estado fallido. Con derecho a dietas por supuesto y bajo la supervisión y la cara de asco del Gobernador del Banco de España. Y en ese plan. Ninguno.

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Sobre el autor

es el corresponsal del diario EL PAÍS en China, lo que le ha permitido viajar de este a oeste y de sur a norte (dong xi nan bei) para escribir sobre lo que ocurre en este país de más de 1.300 millones de almas. También ha cubierto acontecimientos claves en otros lugares de Asia, una región hacia la cual se ha desplazado inexorablemente el centro de gravedad geopolítico del mundo en los últimos años.

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