Jose Reinoso

Repollos patrióticos

Por: | 11 de noviembre de 2011

Zhang Shengli, vendedor de repollos, en Pekín, en noviembre de 2011 (J.R.)
Cada año, al llegar noviembre, Pekín se hunde en los prolegómenos del largo y duro invierno. El frío comienza a invadir la ciudad, los pequineses tiritan en casa porque hasta el 15 de este mes no arrancan por ley las calefacciones centrales, y el cielo luce en ocasiones un azul intenso como solo lo hace en otoño en esta ciudad de grises y ocres.

Pero hay algo que define quizás más que nada la antesala del invierno en la capital china. A primeros de noviembre, llegan los repollos patrióticos. Oleadas de camiones desembarcan cargados de la característica verdura blanca y verde, que durante el maoísmo y los primeros años del proceso de reformas económicas fue casi el único vegetal fresco que podían consumir los pequineses en invierno. Las pilas de repollos –bai cai o da bai cai (gran repollo)- aparecen de la noche a la mañana por calles y callejones de algunos barrios, arropados bajo lonas, para quedarse una veintena de días.

La costumbre sobrevive en la capital. Sus habitantes acuden a comprar el popular ingrediente con el que confeccionan un amplio abanico de platos, como sopa de repollo, repollo en salsa agridulce, repollo con tofu, repollo con mostaza, repollo con gambas secas, y, cómo no, empanadillas de repollo.

Venta de repollos en China en 1985 (China Daily)Pero los tiempos han cambiado. Nada que ver con hace 25 o 30 años, cuando, al caer los primeros fríos, se producía una verdadera invasión de repollos por toda la ciudad, que millones de familias se apresuraban a comprar. Los cargaban en carros tirados por burros, carretillas e incluso carritos de bebés fabricados con bambú, para transportarlos hasta sus viviendas, donde los almacenaban por centenares en escaleras, tejados y pasillos, convertidos en despensas al aire libre.

El repollo –antiguamente conocido como la verdura patriótica- sustentaba a las familias chinas durante los interminables meses de hielo y sol mortecino. También había cebollas y patatas, pero estas no son verdes y no ofrecían tanta variedad de recetas. “Cuando yo era joven, China era pobre. Sólo había repollos y patatas. Mi familia compraba 500 kilogramos de repollos cada invierno (unas 100 piezas). Había un cupo por persona”, explica Li, una vendedora de 54 años, ante una gran balanza, en una calle del viejo Pekín. “Ahora, encuentras todo tipo de productos frescos en los mercados”.

En aquellos años, el repollo estaba subvencionado por el Estado, que fijaba los precios. En 1988, la escasez de esta verdura desató una ola de pánico comprador, mientras que un exceso de producción dejó el año siguiente 80.000 toneladas arrumbadas en las calles. Las autoridades hicieron una llamada al patriotismo y ordenaron a oficinas gubernamentales, fábricas, colegios y Ejército que hicieran acopio, lo que puso fin a la crisis.

Hoy, el mercado opera más o menos libremente. En 1992, el Gobierno acabó con los subsidios, y cinco años más tarde desreguló los precios. El progreso económico  experimentado por China con el proceso de apertura y reforma lanzado por Deng Xiaoping en 1978 ha llenado la ciudad de restaurantes -establecimientos que durante mucho tiempo fueron considerados un lujo burgués-, y los comercios ofrecen multitud de verduras todo el invierno, incluidas muchas que los campesinos no conocían hace una década. Los repollos patrióticos se han abierto hueco en las estanterías, envueltos en plástico fino, junto a pimientos de un amarillo solar o berenjenas de un púrpura cardenalicio.

Con la revolución proletaria en el arcón de la memoria y los supermercados a rebosar, ya no se forman colas ante las torres de repollos. La gente no tiene necesidad de acumular en sus casas. Los clientes los compran sobre todo por nostalgia y tradición, como parte de un ritual que les transporta a un tiempo pasado. Muchos solo se llevan un par de piezas, que cargan en la bicicleta como quien carga un recuerdo de la infancia.

Un vecino transporta repollos en bicicleta en Pekín en noviembre de 2011 (J.R.)La señora Li, vendedora de repollos, en Pekín, en noviembre de 2011 (J.R.)“Los clientes son normalmente personas de más de 50 años, pocos son jóvenes”, afirma Li (a la derecha, en la foto), que es oriunda de la capital. Asegura que en su puesto venden cada día dos toneladas de repollos, que cuestan 56 céntimos de yuan (6 céntimos de euro) el kilogramo. El peso de uno ronda entre cuatro y 7,5 kilos. Algunos vienen de las zonas rurales del propio Pekín, otros de la cercana provincia de Shandong.

De repente, un Pontiac flamante se detiene junto a la acera y baja una mujer. Le pide a Li 50 kilos. “Me los ha encargado mi padre. Dice que el repollo es bueno para la salud”, asegura esta mujer de 38 años, mientras un empleado carga una pieza tras otra en el maletero del coche.

Pero este año las ventas renquean a causa del clima. “Hace menos frío de lo normal, y la gente no compra porque con estas temperaturas los repollos no se conservan bien”, explica Zhang Shengli (en primer plano, en la primera foto), de 38 años, encargado de otro puesto, varias manzanas más al sur.

Los repollos apilados sobre las aceras dibujan un paisaje en vías de extinción. Pero los viejos pequineses están orgullos de este vegetal de textura semicrujiente y forma de cáliz, que mide entre 10 y 20 centímetros de diámetro y hasta 40 centímetros de largo. Y algunos, cuando ven a un occidental interesarse por él, reaccionan con esa mezcla de rechazo y atracción que sienten muchos chinos por los extranjeros. “¡Tú no sabes cómo comer el repollo!”, me lanza una vecina. “No sé cómo cocinarlo, pero, comerlo, sí sé cómo comerlo”, le contesto tranquilo; a lo que la mujer asiente, apesadumbrada, por la lógica sencilla de la respuesta.

El artista chino Han Bing pasea un repollo en la plaza Tiananmen, en Pekín, en 2001 (Estudio Han Bing)La importancia de esta verdura y su relación con el pueblo llano han sido fuente de inspiración para algunos artistas, en particular para Han Bing, quien inició en el año 2000 una serie de actuaciones consistentes en pasear, primero por China y luego por otros países, un repollo atado a una cadena como si fuera un animal de compañía. Recuerdo haberle visto hace varios años en la inauguración de un complejo residencial de lujo en Pekín, arrastrando su mascota entre los modernos edificios,  despacio, ausente, ante la mirada extrañada de quienes allí se habían congregado.El artista chino Han Bing pasea un repollo frente a New City, en Wangjing (Pekín), en 2001 (Estudio Han Bing)

Han, de 37 años, hijo de campesinos, pretende impulsar el debate sobre la sociedad moderna y urbana china de la abundancia, en la cual, según escribió en una ocasión, “ver cómo los nuevos ricos despilfarran comida y pasean a sus perros consentidos para alardear de sus buenas fortunas” le hace sentirse “extraño”. “Cómo han cambiado nuestros valores”, afirmó. El artista ha paseado durante años su repollo por el metro, supermercados, la plaza Tiananmen y la Gran Muralla. Con su intervención, ha dado la vuelta a un símbolo por excelencia de las clases más humildes, con objeto de provocar la reflexión crítica y cuestionar los valores de la sociedad actual de su país.

Hay 8 Comentarios

Muy buen articulo y ya sabes si vez un repollo hay que comprarlo por que van a estar en peligro de extinción por los ciudades.

Excelente artículo, gracias por la información. No tenía ni idea de la importancia de esa verdura.

Pues sí, buen artículo Sr. Reinoso, más trabajado que los anteriores, aquí por Shenyang todo está plagado de repollos, a pesar de ser una gran ciudad se nota el cariz más rural.

dentro de unos días haré una entrada a mi blog hablando del tema, que tengo unas buenas fotos

http:/tallarindelamancha.wordpress.com

Pues sí, buen artículo Sr. Reinoso, más trabajado que los anteriores, aquí por Shenyang todo está plagado de repollos, a pesar de ser una gran ciudad se nota el cariz más rural.

dentro de unos días haré una entrada a mi blog hablando del tema, que tengo unas buenas fotos

http:/tallarindelamancha.wordpress.com

Muy interesante el articulo, la verdad. Me parecen fascinantes las fotografías Han Bing, que capacidad para utilizar un símbolo tan cotidiano, tan pequinés, tan sencillo... para expresar cosas tan complejas con tanta belleza.

Me ha recordado a lo que me dice mi abuela, que cuando era joven la angulas eran comida "de pobres", y que se pasaban de lunes a viernes muchos meses cenando "angulicas". Píllalas ahora.
Todos los secretos para seducir mujeres clickando sobre mi nombre.

Muy interesante, el repollo actúa como medidor de gran cantidad de indicadores sociales en evolución.

Por otra parte, ¡echo en falta una mayor frecuencia en las entradas del blog, China se mueve a mucha más velocidad de lo que podemos aprender aquí!

Impresionante como queda fuera de lugar en una ciudad algo tan natural como un repollo. Impresionante lo agresiva que resulta la ciudad.

Deicidido, este fin de semana me vuelvo al pueblo a comer algún repollo o alguna coliflor de la huerta de los amigos. Que estamos aún en la temporada.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Sobre el autor

es el corresponsal del diario EL PAÍS en China, lo que le ha permitido viajar de este a oeste y de sur a norte (dong xi nan bei) para escribir sobre lo que ocurre en este país de más de 1.300 millones de almas. También ha cubierto acontecimientos claves en otros lugares de Asia, una región hacia la cual se ha desplazado inexorablemente el centro de gravedad geopolítico del mundo en los últimos años.

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