Jose Reinoso

Escorpios y Virgos, absténganse por favor

Por: | 06 de diciembre de 2011

Si a finales de la década de 1990 salían de las universidades chinas alrededor de 800.000 graduados anuales, la cifra en 2011 rondará los 6,6 millones. Son más de seis millones de jóvenes llenos de ilusión, pero también de inquietud, que, tras años de educación en régimen casi colegial, llegan al mercado del trabajo dispuestos a abrirse camino en este país en el que la competencia por el empleo es muy dura.

A este ejército recién salido del horno de chicas y chicos en busca de un puesto acorde con su formación, se suma alrededor de otro millón de universitarios que no encontraron trabajo en años anteriores. Queda dibujado así un panorama, cuando menos, complicado para las autoridades, que, a pesar del fuerte crecimiento de la economía, tienen dificultades para generar suficiente oferta laboral cualificada.

La tasa de paro entre los graduados chinos fue del 13% en 2009 -una cifra, que, si crece más, puede suponer una amenaza para la estabilidad social, según han advertido los expertos-, y algunos informes aseguran que para los jóvenes que han acabado los estudios y son de origen rural la situación es aún peor. El 35% estaba desempleado ese mismo año.

Una mujer china busca empleo en una feria de ofertas de trabajo en Hefei, capital de la provincia de Anhui (AFP)El Gobierno es consciente del problema y sus implicaciones. De ahí que haya convertido la creación de empleo en una de sus prioridades. Los planes oficiales pretenden impulsar el desarrollo de más compañías tecnológicas y de conocimiento, así como dar incentivos a las pequeñas y medianas empresas que contraten a jóvenes universitarios o que ofrezcan prácticas. También quiere animar a los graduados a que busquen trabajo en las zonas rurales y en provincias alejadas, algo que muchos no quieren hacer porque, una vez probadas las mieles –o las hieles- de la gran ciudad, ahí quieren quedarse. Algunos jóvenes son aconsejados incluso por sus padres para que permanezcan o se muden a las grandes metrópolis –Pekín, Shanghai, Guangzhou y Shenzhen, entre otras-, ya que piensan que ofrecen mejores oportunidades para triunfar.

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“China no tiene dinero”

Por: | 26 de noviembre de 2011

Coches en la calle Guijie, en Pekín, muy popular por sus restaurantes (J.R.)

Los taxistas suelen ser un buen termómetro para palpar una ciudad. Y más en China. Por un lado, se pasan horas y horas oyendo la radio, lo que les da acceso a la versión gubernamental de lo que ocurre cada día. Y, por otro, están en contacto continuo con la gente y escuchan miles de conversaciones ajenas al cabo del año.

En Pekín, además, trabajan jornadas interminables, casi sin descanso semanal, y son profundos conocedores de la ciudad y sus habitantes. Para poder sentarse al volante de un taxi, es necesario poseer hukou (户口, permiso de residencia) de la capital.

Los taxistas de Pekín no ven con buenos ojos a los conductores de fuera. Muchos aseguran que el caos del tráfico se debe en buena parte a los waidiren (外地人);  es decir, a los no nacidos en la ciudad. Afirman que no saben conducir y no tienen educación.

Así me lo decía el otro día uno -a quien no pregunté el nombre, pero a partir de ahora llamaré Zhao- cuando le señalé los coches aparcados en triple fila en la calle Guijie -una de las más populares de la ciudad por sus restaurantes especializados en cangrejos picantes y sus farolillos rojos-, y los atascos que se forman simplemente porque la gente no se para a pensar en los demás.

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Minibús mortal

Por: | 21 de noviembre de 2011

China es un país enorme: más de 1.300 millones de habitantes, dos tercios de los cuales residen en las zonas rurales. China es un país que crece a una velocidad y con una dimensión sin precedentes en la historia de la humanidad. Y es también un país donde el proceso de desarrollo ha creado enormes desigualdades entre el campo y las ciudades.

Muchos de los habitantes de las zonas rurales son niños dejados atrás por sus padres, quienes han emigrado a las grandes ciudades en busca de trabajo y los han confiado al cuidado de parientes, normalmente los abuelos. Estos envían cada día a los críos a clase a pie, en bicicleta y, cada vez más, en minibuses escolares, debido al cierre de muchas pequeñas escuelas.

El Gobierno central ha incrementado el gasto en educación en los últimos años –en 2011, un 16%, hasta 296.000 millones de yuanes (34.570 millones de euros)-, y las partidas que transfiere a las administraciones locales no han dejado de subir. Pero las cifras globales esconden grandes desequilibrios, con muchas zonas rurales en las que escasean los fondos de forma crónica.

El aumento de la escolarización, el incremento de la demanda de transporte, y el poco margen que genera el negocio de los minibuses escolares, según sus dueños, han llevado a muchos colegios a utilizar vehículos obsoletos, con serios problemas de seguridad, y cargarlos de niños hasta niveles inimaginables.

Veamos ahora por qué he hecho esta introducción. El miércoles pasado, una furgoneta que se dirigía a una guardería en Qingyang (provincia noroccidental de Gansu) chocó de frente contra un camión de transporte de carbón. Murieron en el acto y en las horas que siguieron 19 niños más el conductor y un profesor. El vehículo transportaba 64 personas (62 niños de tres a cinco años más los dos adultos), cuando tenía solo nueve plazas. El conductor del camión y su acompañante resultaron ilesos.

 

Portavoces del Gobierno local aseguraron que los asientos de la furgoneta habían sido quitados –una práctica que es frecuente para sustituirlos con hileras de bancos de madera-, y que el vehículo circulaba a velocidad excesiva en medio de la bruma.

Los parientes de los niños dicen que sabían que el minibús iba sobrecargado habitualmente, y que lo habían denunciado; pero es probable que les contestaran si estaban dispuestos a pagar más por el servicio. La guardería tenía más de 700 estudiantes, pero solo contaba con cuatro furgonetas, a todas las cuales se les habían eliminado los asientos para aumentar la capacidad.

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Repollos patrióticos

Por: | 11 de noviembre de 2011

Zhang Shengli, vendedor de repollos, en Pekín, en noviembre de 2011 (J.R.)
Cada año, al llegar noviembre, Pekín se hunde en los prolegómenos del largo y duro invierno. El frío comienza a invadir la ciudad, los pequineses tiritan en casa porque hasta el 15 de este mes no arrancan por ley las calefacciones centrales, y el cielo luce en ocasiones un azul intenso como solo lo hace en otoño en esta ciudad de grises y ocres.

Pero hay algo que define quizás más que nada la antesala del invierno en la capital china. A primeros de noviembre, llegan los repollos patrióticos. Oleadas de camiones desembarcan cargados de la característica verdura blanca y verde, que durante el maoísmo y los primeros años del proceso de reformas económicas fue casi el único vegetal fresco que podían consumir los pequineses en invierno. Las pilas de repollos –bai cai o da bai cai (gran repollo)- aparecen de la noche a la mañana por calles y callejones de algunos barrios, arropados bajo lonas, para quedarse una veintena de días.

La costumbre sobrevive en la capital. Sus habitantes acuden a comprar el popular ingrediente con el que confeccionan un amplio abanico de platos, como sopa de repollo, repollo en salsa agridulce, repollo con tofu, repollo con mostaza, repollo con gambas secas, y, cómo no, empanadillas de repollo.

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Pasión por la manzana

Por: | 28 de octubre de 2011

Hace unas semanas, me encontraba en Pekín en un pequeño restaurante de comida casera frecuentado por estudiantes y veinteañeros, a la espera de un sencillo, pero sabroso, plato de tallarines, cuando me di cuenta de que los cinco jóvenes –chicas y chicos- que estaban consultando su teléfono móvil a mi alrededor lo hacían todos deslizando el dedo arriba y abajo sobre la pantalla de un iPhone.

Mientras muchos extranjeros que conozco se conforman con un móvil pasado de moda, que utilizan durante años, es corriente ver a chinos con teléfonos que cuestan más que su salario mensual y cambian con frecuencia. Porque, en pocos países del mundo, la pasión por el último modelo tecnológico se une a la importancia de aparentar y ostentar como en China.

Circula por aquí la historia de un rico empresario de provincias que devolvió el coche de superlujo -pero de marca poco conocida- que se había comprado porque no lograba despertar la admiración de su entorno y lo cambió por un Mercedes, más barato, pero de famoso nombre.

Cuando en mayo pasado se puso a la venta la iPad 2 en China, los forofos de la marca de la manzana se abalanzaron a los comercios para intentar hacerse cuanto antes con un ejemplar del último modelo de la tableta de Apple. La pasión desatada por el paralelepípedo táctil fue tal que en la principal tienda de Apple en Pekín se produjo un violento tumulto entre los vendedores y los clientes que intentaban saltarse la cola, que terminó con la puerta de cristal del establecimiento destrozada y cuatro personas  en el hospital.

Las expectativas ante la iPad 2 eran tan grandes que algunos potenciales clientes vendían sus lugares en la fila, mientras otros cedían la tableta reicén adquirirla a cambio de pingües beneficios.

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Ladera sombría, ladera soleada

Por: | 28 de septiembre de 2011

Yin Yang 2 Uno de los fenómenos que más sorprende al extranjero que se instala en China y abre la mente con curiosidad a esa inmensa cultura que se despliega ante sus ojos es el conjunto de prácticas, pensamientos y filosofías de los que seguramente haya oído hablar en su país pero apenas alcance a comprender. Yin y yang, feng shui, taichi (tai ji chuan), chi kung (qi gong), taoísmo (dao jiao), los cinco elementos (wu xing), medicina tradicional (zhong yi), entre otros, se asoman tarde o temprano a la vida de quien vive en China.

Muchos extranjeros pasan por el país asiático de espaldas a estas y otras sabidurías como gotas de aceite sobre las que resbala inmiscible el agua de la cultura china. Pierden así la oportunidad de profundizar en una de las más importantes civilizaciones, cuya herencia se extiende por Asia, desde Japón a Vietnam, de la misma forma que la Grecia clásica ha dejado su huella desde el Mediterráneo hasta América.

La mayoría de los chinos conoce el concepto del yin y yang, pero, ¿cuántos han ahondado en su significado, su historia y sus aplicaciones en este país que durante largo tiempo dio la espalda a sus clásicos y tradiciones? La castración intelectual desencadenada durante la Revolución Cultural (1966-1976) de Mao Zedong y el fervor con que se volcó la población –ignorando la cultura- en busca de dinero y desarrollo a cualquier precio cuando en 1978 Deng Xiaoping puso en marcha el proceso de apertura y reforma, han pasado factura. Según algunos intelectuales chinos, los problemas existentes hoy en China se explican por la ruptura del equilibrio entre el yin y el yang.

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Sobre el autor

es el corresponsal del diario EL PAÍS en China, lo que le ha permitido viajar de este a oeste y de sur a norte (dong xi nan bei) para escribir sobre lo que ocurre en este país de más de 1.300 millones de almas. También ha cubierto acontecimientos claves en otros lugares de Asia, una región hacia la cual se ha desplazado inexorablemente el centro de gravedad geopolítico del mundo en los últimos años.

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