Manuel Borja-Villel: "Comprar obra puede ser contraproducente"

Por: | 05 de diciembre de 2012

 

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Conversar con el director del Museo Reina Sofía es como hacerlo con un filósofo kantiano. Tiene una estructura de pensamiento lógica, precisa y ordenada. Sabe el museo (y la colección) que quiere y cómo construirlo. Y habrá quien comulgue con su visión, o no. Pero nadie le puede negar seriedad y rigor. Dos términos en nuestros días tan livianos como la madera de balsa.  Y es que en un tiempo en el que el mercado se ha impuesto a la academia, y en el que “el arte español no está porque no hay grandes coleccionistas nacionales ni influyentes ni poderosos galeristas”, describe Manuel Borja-Villel, son más las preguntas que las respuestas. Sin embargo, precisamente por la dificultad del momento, “la inacción” resultaría casi “reaccionaria”, asegura. Así que es tiempo de moverse. De ahí la puesta en marcha de la fundación del museo (incluye a 16 coleccionistas latinoamericanos y a la imprescindible Helga de Alvear), y de una mirada diferente a lo que se ha entendido canónicamente por coleccionar.

Pregunta. Uno de sus grandes empeños es coleccionar en red. Básicamente se basa en un sistema de préstamos con museos internacionales y coleccionistas de peso. Pero ¿es posible construir una colección cuando no tienes la propiedad de las obras?
Respuesta.
La idea no es que no tengas las obras, sino cambiar la prioridad. Normalmente la prioridad de los museos desde el siglo XVIII era la propiedad. Tener cosas básicamente para mostrarlas. Enseñar los tesoros de la humanidad. Ahí están los museos enciclopédicos que están ligados a los grandes imperios (Louvre, Pompidou, Metropolitan, British Museum). Este sistema basado en la posesión ha evolucionado. La mayoría de los grandes museos del mundo mostramos con un poco de suerte el 10% de nuestra colección. Entonces sucede que muchos compran obra para almacenarla, sobre todo cuando tienen una colección muy potente.

La venta indiscreta dos

"Hitchcock fue el primero que lo entendió todo", dice Borja-Villel. Quien ha mostrado La ventana indiscreta (en la imagen) junto a un rothko en el Reina Sofía. Una verdadera declaración de principios.

P. Esto genera sus riesgos.
R.
Cierto. Tú eres un artista más o menos joven, o de mediana edad; un creador que no estás en la cima de cierto discurso o del mercado, o, evidentemente, de cierto coleccionismo, y el que un gran museo te compre puede ser lo que los americanos llaman un kiss of death (beso de la muerte). Puede ser que te saquen de la historia. Esto ha sucedido con algunos artistas que nos sorprenderían, como Tàpies. Es un creador que sus mejores obras suelen estar en los museos americanos porque en los años 60 había una gran coleccionista suya que era Martha Jackson. Pues bien, el MoMA tiene dos o tres Tàpies muy buenos, pero están guardados y lo estarán por un tiempo. Así que es un tipo de colección que va en contra del propio principio del museo, que es mostrar exhibir, exponer.

P. Habla de redefinir el concepto de museo.
R.
Lo importante en un museo es generar conocimiento, visiones distintas del mundo, incluso comunidad de afectos; hablamos de crear nuevas formas de relación. Y en este sentido, el museo potencialmente es un lugar privilegiado en una sociedad en la que el espacio público se ha transformado en un espacio de publicidad. Los museos funcionan con esta contradicción basada en un sistema económico que se sustenta en la escasez. Con lo cual, comprar o adquirir obra termina siendo contraproducente.


James Coleman

El trabajo del artista James Coleman ha sido una de las muestras más sólidas del Museo Reina Sofía en los últimos años. Cortesía del artista y Marian Goodman Gallery, Nueva York / París; Simon Lee Gallery, Londres; Galerie Micheline Szwajcer, Amberes. © James Coleman

P. A lo que se suma el problema del enfoque…
R.
Estábamos acostumbrados a pensar que hay una visión más o menos única de la historia, que en el siglo XVIII y XIX era la occidental, la europeo-americana y que, de algún modo, todo lo que no estaba ahí se situaba, digámoslo así, un paso por detrás. Hoy sabemos que no es cierto. Existe una pluralidad de visiones del mundo. Si seguimos con un sistema de adquisiciones donde básicamente existen diez grandes museos que lo están acaparando, esto quiere decir que el sistema se empobrece.

P. Denos un ejemplo.
R.
MoMa, Tate, Pompidou están comprado mucho arte latinoamericano y asiático, pero es una apertura muy limitada porque siempre es la visión del norte. Luego hay otro aspecto, que es la idea del museo enciclopédico, como el Metropolitan. Pero esta idea de que haya un museo que lo vea todo es imposible. Solo puedes aproximarte a fragmentos. Cuando aplicas una metodología generalista no funciona. Por estas razones decidimos cambiar el enfoque hacia la estructura de red. Por su puesto no renunciamos a tener obra, pero no pretendemos tenerla toda. Es una clase de “posesión” donde no necesariamente lo tienes todo aquí, sino en esta especie de comunidad.

P. Y aquí encaja la recién creada fundación.
R.
Sí. La fundación del museo tiene tres objetivos: potenciar la red, garantizar la estabilidad y ayudar a que la gestión sea dinámica y sostenible en una época donde el dinero público va a escasear durante un tiempo. Aun así, este museo y el Prado son lugares privilegiados por todas las administraciones. La idea de la fundación es que fuera latinoamericana y española.


Fundación

Presentación de la fundación del Museo Reina Sofía y su patronato. En la imagen, Borja-Villel, Helga de Alvear, José María Lassalle, Patricia Phelps de Cisneros, Guillermo de la Dehesa y Juan Carlos Verme. Una mezcla de arte y economía. /Claudio Álvarez.

P. Y esto nos lleva a la división entre lo público y lo privado.
R.
La separación público-privada ha dejado de tener sentido. Lo público a menudo se comporta ya como privado. Cuando lo público de hecho es lo estatal, y lo estatal lo que hace es administrar lo de todos con una visión economicista, está haciendo que lo colectivo sea una empresa; estás utilizando la educación, la cultura, la sanidad como si fuera algo privado. Pero tampoco es el sistema privado anglosajón tradicional. Por ejemplo en Estados Unidos tienes unos patronos que son muy generosos. Con esa idea de devolver a la sociedad. Pero básicamente, de algún modo, lo que acaban es determinando la colección. Cuando solo puedes hacer lo que te ofrece lo privado, tu línea está condicionada porque hay un tipo de artistas que no va a estar. De hecho, no estaría si no hubiera un museo con sentido público. La fundación es otra cosa. Crea este espacio común donde se están investigando archivos. Aquí el grupo de fundadores posee la misión de impulsar la red, que tiene su propia voz.

P. Un cambio de paradigma.
R.
Poco a poco ha habido una fuga de lo público. En España se ha dado de golpe y de una forma extrema, pero en Alemania, con la unificación, ya se empezó a ver. Hubo una crisis y económicamente el país ya se ha recuperado, pero en términos de museos continúa igual. Los coleccionistas alemanes dejan la colección y el museo acaba siendo un cementerio de colecciones, que luego se quedan o se van. El coleccionista te da su colección utilizando un lugar público para una idea privada.

Hombres movimientos

Al igual que Elena Asíns, la pintora María Blanchard (imagen de su exposición en el Reina Sofía) es una artista que Manuel Borja-Villel ha recuperado para el expectador actual./Juan Carlos Hidalgo (EFE).

P. Ahora que habla de crisis económica, ¿qué ha fallado para que muchos museos en nuestro país sean un contingente sin contenido –o con un contenido muy menor–: las instituciones, quienes estaban al frente?
R.
En el caso de los museos ha habido una relación directa con la burbuja cultural, igual que la ha habido inmobiliaria. Y como la inmobiliaria está basada en la construcción. Durante bastante tiempo nos ha dado la impresión de que lo importante en cultura eran los edificios, que además regeneraban barrios y atraían turistas. En algunos casos ha funcionado; en otros, obviamente, no. Dicho esto habría que evitar algo que está ocurriendo, que es a veces esa perversidad de la política de demonizar la cultura. Parece que nosotros, que somos las víctimas, seamos los culpables. Cuando los culpables fueron los mismos que hicieron un aeropuerto en cada comunidad autónoma. Ahora bien, hay que recodar que hace 40 años en este país no había nada, pero nada. No teníamos obras de Picasso. Nada. Y de repente este museo es uno de los cinco mejores de arte moderno del mundo. La colección del Reina Sofía no es peor que la de la Tate, aunque todavía estemos lejos del Pompidou y del MoMA.

P. Pero algo de autocrítica siempre es saludable.
R.
Ha habido un cierto problema de querer ser, digamos, un alumno aplicado. Las colecciones de las empresas han sido muy mainstream. Es el momento de cambiar. Pero creo que viendo esta nueva generación de galeristas y artistas que llega hay esperanza. Y también hay una obligación ética, dado que los museos y las instituciones culturales de algún modo garantizan un espacio de libertad intelectual que está desapareciendo en la sociedad de consumo. Es el momento de las personas y de replantear ideas nuevas.


Juan Muñoz

Vista de la exposición de Juan Muñoz en el Museo Reina Sofía.

P. Las subastas van de récord en récord. En una época de crisis casi mundial, ¿no es una muestra de una profunda fractura social? Es decir, una élite muy poderosa y rica frente a una clase media en franca desaparición.
R.
En el arte existe una burbuja enorme. No hay nada de vanguardia histórica que salga por menos de seis millones de dólares. Tenemos que ser conscientes de que la historia no solo se representa; es un lugar de poder, un espacio donde tú influyes. El problema es que podemos tener una cierta amnesia. Aquello que no compras, aquello que no adquieres, es algo que no tendrás. Y la crisis, justamente, nos ha cogido en ese momento. Tenemos que saber que el miró que no puedas tener ahora no lo vas a tener. Ahí es donde hay que cambiar de estrategia para ser capaces de poder contar tu propia historia. Hay que impedir esta amnesia. Sobre todo en este sistema en el que, como comenta, hay un élite muy amplia, pero global, que lo que está haciendo es almacenar obra en manos privadas. Un mundo amnésico da miedo. 


Hay 4 Comentarios

Creo que el museo público debe tener una responsabilidad con la gente que en el trabaja y cumplir con los límites que es la ley. No podemos subcontratar con empresas que trabajan de aquella manera en el Reina y mirar para otro lado porque de ese modo contribuimos a la exclavitud y a la explotación laboral. Todo el mundo tenía muchas esperanzas cuando Manuel Borja llegó, pero se deshicieron rapidamente. Que hay gente manipulando obra que cobra en negro, no cobra o trabaja mil horas; ah, yo no sé nada ¡ Pues no, no vale.

extrañamente el pensamiento se transforma con rapidez. estas nuevas ideas nacidas de la era digital me parecen sumamente sugerentes., por ello, deben ser justamente interpretadas.
elena asins

Muy interesante entrevista ,gracias.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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