Daniel Canogar: "Un artista crece equivocándose"

Por: | 06 de abril de 2014

Daniel Canogar

Como un moderno Lázaro, las obras de la última exposición de Daniel Canogar se levantan de entre los muertos. En su propuesta Small Data, el artista madrileño da vida a desvencijados teléfonos móviles, teclados de ordenadores, calculadoras, discos duros, impresoras, escáneres, circuitos electrónicos… Sobre ellos cala un orvallo tamizado a través de una proyección digital que les otorga una nueva existencia. Los aparatos han sido rescatados de la basura. Antes fueron abandonados por la implacable celeridad de la obsolescencia tecnológica de nuestro tiempo. Son nueve obras que Canogar plantea como bodegones contemporáneos. Al igual que un sánchez cotán del siglo XXI. Piezas que nos recuerdan, inmisericordes, nuestro propio proceso de envejecimiento y nuestro tiempo finito. Tic-Tac. Tic-Tac.

 
Esta es la carpintería de su segunda exposición en la galería neoyorkina Bitforms. Una reivindicación de Canogar como un arqueólogo, que busca —y encuentra— los mimbres de su trabajo entre montones de desecho de chatarrerías y centros de reciclaje (aunténticos cementerios para los cadáveres de la electrónica de consumo). Obras que después organiza en estanterías individuales. Sin duda, frágiles restos de una época pasada.

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La exposición 'Small Data' explora la vida y la muerte de la electrónica de consumo.

Pero esta muestra también es algo más. Supone una enseñanza. Es el ejemplo de que la visibilidad de un artista español ahí fuera depende, en primer lugar, de él mismo. Ni de las instituciones, ni de las galerías, ni siquiera, si me apuran, de los comisarios. Al final es un trabajo solitario, que uno tiene que hacer por sí mismo. No se puede delegar. Daniel Canogar ha tardado años en tener representación en Nueva York. Ahora lo ha conseguido. Orgulloso, directo y sincero lo cuenta en el vuelo que le lleva desde México DF a Nueva York. Escuchémosle.

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'Small Data' cuenta que cuando desechamos nuestros dipositivos tecnológicos estamos tirando algo de nosotros mismos.

Pregunta. ¿Hasta qué punto esta exposición en Bitforms supone un punto de inflexión en su trabajo?
Respuesta. Small Data continúa mi investigación sobre la memoria social e individual atrapada en las tecnologías que desechamos. Para mí la novedad radica en su escala, que es pequeña y frágil, muy al contrario de las instalaciones de grandes dimensiones que generalmente caracterizan mi propuesta.

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Es la segunda muestra de Daniel Canogar en la galería neoyorkina Bitforms.

P.
Su planteamiento es muy tecnológico. ¿Es un arte frío?
R. Nunca he oído a nadie describir mi trabajo como “frío”. Todo lo contrario. Creo que ante todo intento dotar a la tecnología de características humanas. Esta actitud no es un antojo estético; sé que los aparatos son inertes, pero siento que se comportan como si estuvieran vivos. Por otro lado, tenemos una relación extremadamente íntima con nuestros aparatos de consumo electrónico. En ellos depositamos tanto de nosotros mismos: nuestras memorias, ideas, sueños, secretos… Al subrayar este fenómeno, creo que el resultado dista mucho de ser frío.

Dc_sd_pcb3Una proyección digital cae sobre un destartalado circuito electrónico.

P. Es de los pocos artistas españoles que tienen galería en Nueva York. ¿Qué reflexiones se hace? ¿Por qué esa carencia en los creadores españoles?
R. Para mi tener galería en Nueva York ha sido un viejo sueño, alimentado durante años. Viví en esa ciudad casi diez años entre los ochenta y noventa, y tuve enormes dificultades para dar a conocer mi trabajo. Esto me generó una gran frustración que finalmente me motivó a volver a España, donde encontré un hueco y pude concentrarme totalmente en mi proceso artístico. Un artista crece exponiendo una y otra vez, arriesgando todo en cada proyecto, cometiendo errores y aprendiendo de ellos. Es esta dedicación la que permitió que mi trabajo madurara. Avalado por un manojo de proyectos sólidos, con tiempo mi propuesta se hizo notar en Nueva York. Ha sido un viaje de ida y vuelta, de mucho trabajo y entrega, pero finalmente muy gratificante ya que ahora empiezo a tener bastantes proyectos en esa ciudad.

Al final, uno tiene que ir donde buenamente pueda desarrollar su trabajo, porque es la obra artística —la realizada con dedicación y entrega total— la que mejor te puede abrir las puertas a los grandes centros de arte contemporáneo.

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Colocadas las piezas en baldas, semejan un pequeño 'sánchez cotán' del siglo XXI.

P.
Ahora se “lleva” un arte muy conceptual realizado con pocos medios. Usted maneja medios y sus propuestas tienen una lectura rápida en el público. ¿Nada a contracorriente?
R. Creo que mi obra siempre ha sido algo particular, diferente de lo que se llevaba en cada momento. Pero nunca he buscado una diferenciación de forma consciente. Me he dejado llevar sobre todo por mi curiosidad, intentando entender mejor el mundo que me ha tocado vivir.

Uno de los conceptos centrales de mi investigación artística ha sido el espectáculo como fenómeno radical que vertebró a la sociedad contemporánea. He utilizado de forma consciente las herramientas del espectáculo, zambulléndome directamente en este poderoso fenómeno para entender mejor sus complejas dinámicas. Intento atrapar la mirada del público, perpetuamente distraído por un sinfín de información, con el objetivo de que pueda detenerse ante la obra y hacer una reflexión posterior. Si mi trabajo se quedara en una lectura rápida, no tendría sentido para mí; y espero que tampoco para el público que ve mis obras. En cuanto a los medios que utilizo, gran parte de mis piezas han sido creadas con basura, encontrada gratuitamente o por escaso dinero en chatarrerías, centros de reciclaje y mercadillos. Esta producción barata del material escultórico es lo que me permite poder invertir más en los aspectos tecnológicos de mi obra.

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Canogar se sirve de dispositivos inservibles, como estos mandos a distancia, para insuflarles nueva vida.

 

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Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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