La 'cama deshecha' de Tracey Emin, un icono de los noventa, se vende

Por: | 30 de mayo de 2014

My Bed

Es la cama más famosa del arte contemporáneo. Y también, junto con el tiburón en formaldehido de Damien Hirst, el icono de toda una generación de artistas que empezaron a destacar en el Reino Unido a principios de los años noventa del siglo pasado. My Bed es la obra central del trabajo de Tracey Emin. Un grito interior en una época en la que se protestaba poco. Una pieza que en su día sacudió la mirada del espectador, y que el verano próximo Christie’s subastará por una cifra que oscila entre 800.000 y 1.200.000 libras (de 984.000 a 1.477.000 euros). Unos números que, sin embargo, no convencen a todo el mundo. Su marcharte neoyorkino, David Maupin, apunta que es un precio muy bajo para una “obra histórica”. Tanto, que para él ninguna cifra le haría justicia.

My Bed es el resultado de unos tiempos muy duros. Después de una relación fallida, en 1998, Tracey Emin atravesó una fuerte depresión, que acompañó con borracheras continuadas y relaciones sexuales imposibles de recordar al día siguiente. Esta vía autodestructiva llegó al paroxismo una noche. La resaca era tan intensa que pensó: “Si no bebo agua me moriré”. Lo cuenta en el periódico The Telegraph, Colin Gleadell, periodista y amigo de Emin. Tambaleando recorrió el camino de vuelta desde la cocina y miró sorprendida a la cama: “¡Puaggg!”, pensó. “Es asqueroso. Pero de repente, un segundo después de que me pareciera horrible, se transformó en algo que procedía de mi interior, algo hermoso”. En el fondo no deja ser un ready-made en la más pura tradición del urinario de Marcel Duchamp. Aunque también se puede leer como un autorretrato que no necesita recurrir a su propia imagen.

Mybed
'My Bed', de Tracey Emin, se vende por un precio estimado que oscila entre 984.000 y 1.477.000 euros. Foto: Christie's.

La cama, desecha, era un testimonio de la locura de aquellos días. Condones usados, botellas vacías de vodka, test de embarazos, compresas con orina y unos pantalones bombachos manchados de sangre. Ese fue el material con el que se armó la obra. Un diario de la autodestrucción.

Tracey Emin My Bed fue una de las piezas finalistas en 1999 del famoso Turner Prize. No lo ganaría Tracey Emin (imagen de la izquierda) sino el cineasta Steve McQueen, quien presentó Deadpan. Pero sin duda fue el trabajo que más impactó y casi todos los medios británicos recogieron la provocación, el guante lanzado por la artista. La cama la adquirió el publicista y coleccionista británico Charles Saatchi por 150.000 libras. Una cifra elevada en ese tiempo para una obra de una creadora muy joven. Pues bien, ahora la vende aprovechando el buen momento en el mercado que tienen los Young British Artists (YBAs). De hecho, artistas que pertenecen a esa generación como Jenny Saville, Gary Hume o la propia Emin han alcanzado este año sus precios más elevados en subasta.

Narra Tracey Emin que la venta de My Bed es como “el fin” de una era. Y algo de cierto hay en esas palabras.

 

 

Nota: En una versión anterior de la entrada figuraba la expresión "desecha" en el titular. Se ha cambiado por "deshecha".

Hay 20 Comentarios

XD x2

En España nos gustan las camas y las mejores que le vamos a hacer.

un blog de mis favoritos. Se puede pedir muchas cosas, pero en este no se quedan cortos de contenido.

Para gustos los colores

hay gustos para todo a la hora de comprar

El problema no es que esté deshecha, eso puede pasar en cualquier buena casa de Españoles, el problema es que acumula una cantidad de mierda en el suelo que no es normal.

también se puede tener así la cama por demasiada conexión

Todo un icono de mucha gente

Sinceramente he visto peores jejeje

mucho dinero para una cama,pero ya se sabe que hay gente para todo.

Mucha pasta por una cama

Hay gente para todo

vaya tela con la camita

Si que se puede conseguir mas.

BASURAN ANGLOSAJONA

Yo lo completaba con un bidón de gasolina y una cerilla encendida. Pero sí , resume perfectamente su época, la "década de la podredumbre", 1996-2006...Ahora la resaca la tenemos todos.

Es una obra capital. Muy importante. Con mucho contenido. Representativa del momento artístico. Lo de un "diario de la autodestrucción" te lo copio. Bellisimo. El mercado pondrá un precio acorde a esa importancia. Es un icono. Podrá multiplicar por 10 la salida

A uno le gustaría que, en efecto, representase "el fin de una era", pero me temo que eso sea demasiado optimista (aún). Como dijo en cierta ocasión Andrés Trapiello, refiriéndose precisamente a lo que ahora es moda llamar "arte" (repárese en las muy deliberadas comillas), "lo mejor de este tiempo nuestro es que ya está pasando".

Pues realmente si representa bastante aquella época.

Puaaag!

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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