Takashi Murakami estrena ‘Jellyfish Eyes’, su primera película

Por: | 11 de mayo de 2014

 
Takashi Murakami es un artista que adora el mercado del arte y el mercado del arte le adora a él. En 2008 fue capaz de vender en subasta una escultura (My Lonesome Cowboy) de inspiración hentai de un hombre eyaculando por más de 15 millones de dólares (unos 11 millones de euros). Su propuesta de unir alta y baja cultura (sobre todo a partir de una relectura del mundo anime y manga) entorno a la pintura superflat (superplana) ha encontrado acogida entre infinidad de coleccionistas, que se disputan obras tasadas en seis ceros. La crítica, en general, utiliza ese mismo concepto, superplano, para calificar su trabajo.

Murakami 1Escena de la película de animación de Takashi Murakami 'Jellyfish Eyes'.

Para Murakami todo es susceptible de convertirse en expresión artística. Desde los bolsos que diseñó para la marca de lujo Louis Vuitton a camisetas, bolígrafos o toallas con las que ir a la playa.
Todo sirve. Desde la pintura al vídeo de animación. Por eso era cuestión de tiempo que Murakami entrara en el cine. Un territorio en el que muchos artistas plásticos contemporáneos como Steve McQueen, Julian Schnabel, Andy Warhol o Matthew Barney hace tiempo que velan, con resultados muy distintos, armas.

El creador japonés de 52 años llega al cine estos días en Estados Unidos con Jellyfish Eyes. Una película de 90 minutos que nos traslada a Japón tras el terremoto de 2011 y el desastre de Fukushima. La historia (mezclando animación y personajes reales) narra el periplo de un niño, Masashi, que ha perdido a su padre y a quien su madre traslada a una ciudad donde habitan unas extrañas criaturas que solo él puede ver. Cuando Masashi vuelve a casa, tras su primer día de clase, descubre una criatura, similar a una medusa (jellyfish, en inglés), llamada Kurage-bo, de la que pronto se hará amigo. Poco tiempo después averiguará que todos sus compañeros de clase tienen mascotas similares (a las que denominan F.R.I.E.N.D.S), que se controlan a través del teléfono móvil, y que los niños ponen a combatir entre ellas. Pero a pesar de resultar amigables, las mascotas tienen sus propios planes…

Murakami 5 Este es el argumento que traza Murakami en la que es la primera entrega de una trilogía. En ella aparece gran parte de su peculiar universo. Criaturas con múltiples ojos, monos rosas, medusas voladoras de colores brillantes e incluso tiene su espacio Miss ko2 (foto de la izquierda), una de las imágenes más conocidas del artista. En la “vida real” es una escultura de fibra de vidrio de una colegiala rubia que en 2003 se remataba en Christie’s por más de medio millón de dólares. Con todas ellas, Murakami ha construido su particular imperio a través de Kaikai Kiki Co, la empresa que gestiona todos sus proyectos artísticos.

Jellyfish-eyes 2 Ha sido complicado sacar adelante Jellyfish Eyes sobre todo porque es difícil trabajar con Murakami. Tanto, que él mismo lo reconoce. Dio a los ilustradores una serie de bocetos de los personajes e instrucciones de cómo debían animarse. Y les emplazó en un mes para ver los resultados. Cuando los analizó, los rechazó una y otra vez. “No resulta un proceso sencillo ni amable. Al final de la película, el equipo estaba tan harto que no quería trabajar en el segundo filme”, relata el artista a The Wall Street Journal. De todas formas, está decidido a completar las tres películas. La primera ha costado unos siete millones de dólares (cinco millones de euros) y con las ventas de sus obras en subasta y galería espera conseguir cerrar los presupuestos para las dos próximas entregas.

Jellyfish_eyes_mb05Murakami ha invertido siete millones de dólares (unos cinco millones de euros) en el filme.

Sea como fuere, su marchante neoyorkino, Blum & Poe, ya ha organizado una serie de presentaciones de la película. De Dallas a Nueva York pasando por Washington, Chicago y Los Ángeles.

Jellyfish 4'Jellyfish Eyes' recrea buena parte del universo creativo de Takashi Murakami.

Y, claro, hablando de Murakami no podía faltar en Jellyfish Eyes toda su mercadotecnia. Juguetes de los principales personajes, llaveros, póster y camisetas diseñadas por Billonaire Boys Club, la línea de ropa del músico Pharrel Williams. Con el creador japonés, la ecuación está clara: arte = mercado.

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En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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