Arte y especulación, enemigos históricos

Por: | 21 de agosto de 2014

Pierre Cheng

El mercado del arte funciona con sus propias leyes de la atracción. Hay una máxima no escrita que explica que una pintura de un Maestro Antiguo no debe revenderse —al menos de forma pública— antes de cinco años. Si no se corre el riesgo de que su precio se desmorone. Ya que alguien podría hacerse la pregunta: ¿qué le ocurre a la obra para que vuelva a salir tan pronto a la venta? ¿Tendrá algún problema? Le sucedió el mes pasado a un retrato de 1509 de la noble romana Lucrecia firmado por Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553). Su propietario lo adquirió en Sotheby’s en enero de 2012 por 5,12 millones de dólares (3,83 millones de euros). El quinto precio más alto para un cuadro de este artista. El récord —fijado en 1990— anda en 8,6 millones de dólares (6,4 millones de euros). Antes, en 1988, esa misma pieza, se había colocado por 352.000 dólares. Pues bien, en julio volvió a buscar postor en la subasta La contemplación de lo divino, organizada también por la casa inglesa de pujas. Al ser una venta privada no ha trascendido sí finalmente el cranach se remató ni a qué precio.

Lucas Cranach
Este retrato de Lucrecia (alrededor de 1509), firmado por Lucas Cranach, el Viejo, se ha revendido dos veces en menos de cinco años, contraviniendo una ley no escrita del mercado de Maestros Antiguos.

A ese mundo de la especulación, de comprar y vender en un suspiro a la búsqueda de la ganancia rápida, se ha acercado un reciente trabajo del periódico The New York Times. El rotativo encargó a dos consultoras (Beautiful Asset y Tutela Capital) especializadas en el mercado del arte que averiguaran sí los coleccionistas actuales trataban a las obras como activos de Bolsa (acciones, futuros, opciones). O sea, sí compraban y al poco tiempo vendían para hacer caja. Sí especulaban con ellas. En el fondo era comprobar la veracidad de esa idea tan extendida de que nunca en la historia del arte ha habido tanta especulación —y especuladores— como estos días.

Oscar-Murillo-Foto Rex
Exposición del pintor colombiano Óscar Murillo, quien se ha convertido en uno de los creadores que más sufre la especulación en los precios de sus obras. Foto: Rex.

Porque en los últimos años hay legión de artistas, además, muy jóvenes, cuyo trabajo ha sufrido el acoso de los coleccionistas-especuladores. Óscar Murillo, Jacob Kassay, Parker Ito, Lucien Smith, Sterling Ruby, Jeff Elrod son solo seis nombres de una lista enorme. Chicos que empezaron vendiendo por 6.000 dólares, o menos, sus trabajos y que, un par de años después, ya superan los 200.000 dólares. El mercado del arte ha tomado tal fuerza que incluso surgen propuestas como ArtRank (a quien dedicaremos una entrada en el blog) que simple y llanamente recomiendan artistas a los que comprar y vender. Sin más miramientos. Como si fuera el mercado de valores. De hecho, la plataforma tiene secciones tan explícitas como liquidate (down) y sell know (peaking). Deshacerse y vender ahora.

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La plataforma ArtRank da consejos de compra-venta de artistas como si fueran una acción de Bolsa.

Todo este mundo lo analizan esas dos consultoras, y los resultados sorprenden. La especulación es la misma que ha existido en otros periodos del arte. Este es el largo titular que deja el estudio. Pero ¿es así? Beautiful Asset sostiene, en The New York Times, que “mientras, históricamente, el porcentaje de obras revendidas en un plazo de cinco años resulta más elevado que hace dos décadas, también es verdad que ha ido bajando desde 2008”. O sea, cae a partir del comienzo del crash financiero. La consultora ha averiguado que los coleccionistas que vendieron piezas el año pasado a través de Christie’s o Sotheby’s las habían tenido en propiedad por término medio algo más de 11 años. ¿Es el fin de la especulación en el arte? No lo parece.

“Especuladores ha habido desde casi siempre. Los japoneses (y su pasión por los impresionistas franceses) en los años ochenta; los industriales estadounidenses y alemanes a comienzos del siglo pasado; los oligarcas árabes y rusos, los fondos de alto riesgo, los emprendedores tecnológicos de Silicon Valley, los banqueros de Wall Street, vamos; los patriarcas del capitalismo financiero”, desgrana Marcos Martín Blanco, quien posee una de las principales colecciones de arte contemporáneo de España.

Richter

Un visitante lee una cartela con información sobre un lienzo de Gerhard Richter, el pintor vivo más caro del mundo.

El coleccionista segoviano reconoce que ha vendido a través de Sotheby’s y Christie’s. Aunque “para conseguir fondos con los que completar huecos de la colección. Nunca, desde luego, por especular. Solo para adquirir más obra [su colección supera las 800 piezas]”, recalca.” Eso sí, unas veces me ha ido muy bien y otras regular”, apunta, sincero. Por ejemplo, vendió el año pasado en subasta por 750.000 dólares una tela de una pintora americana (prefiere no dar el nombre) por la que pagó en 2004 unos 50.000 dólares. De las “regular”, mejor no hablar.

Warhol Subastas I
Andy Warhol es uno de los artistas del que más piezas se revenden en el mercado del arte.

En el fondo, para muchos coleccionistas, la opción de vender una obra comprada hace relativamente poco no está ligada a la idea de la especulación sino a la de equivocarse, ya sea con la pieza o con el autor. O con ambos. “Hay qua aprender a filtrar una colección”, apunta el coleccionista mallorquín Juan Bonet.Nos equivocamos muchas veces, pero entiendo una colección como algo vivo, que cambia con el tiempo a medida que nosotros también cambiamos de ideas y formas de pensar. Por lo tanto, si una pieza deja de aportar algo, deja de sumar, lo mejor es venderla o cambiar, y seguir avanzando”. Y para quien quiera escuchar cita algunos nombres de ese avance. Valerie Snobeck, Michiel Ceulers, Néstor Sanmiguel Diest, Trisha Baga o Pablo Rasgado.

Un discurso similar es el que aporta Solita Mishann, una de las coleccionistas de referencia en América Latina: “El mercado del arte es caprichoso y obedece a muchas variantes que son muy frágiles y hace que bastantes veces lo que se vende por cantidades increíbles sea producto de una burbuja, y luego, esa misma obra, o artista, cae también de manera insólita”.

Saatchi
El pintor Peter Doig ha decidido no vender más obra al coleccionista Charles Saatchi (en la imagen) por su rapidez para ponerla en el mercado.

Y en ese descenso, el principal damnificado es el artista. Todo el mundo del arte recuerda lo que le sucedió a Sandro Chia cuando su principal coleccionista, Charles Saatchi, decidió vender a finales de los ochenta una decena de obras en un año. Sus precios nunca más volvieron a ser los mismos. Ni tampoco el propio Chia. Así que cuando dos periodistas de The New York Times levantaron el teléfono y llamaron al estudio en Trinidad del pintor escocés Peter Doig y le preguntaron por una obra que en su día compró Saatchi se llevó un buen susto.

Entre 2006 y 2007 —cuenta el periódico neoyorkino— la pintura de gran formato White Canoe de Peter Doig se vendió dos veces en subasta. En su última puja alcanzó los diez millones de dólares, en aquel momento era la obra más cara del artista en segundo mercado. “Estaba muy nervioso después de la venta. Tenía la sensación de que las cosas podrían cambiar para mí. La gente hablaría más de eso [el precio de la obra] que del propio trabajo. Además me hacía más difícil pintar. Me preguntaba, por qué lo hago: ¿estoy haciendo más ricos a los ricos?”, reflexiona Doig en The New York Times.

Peter Doig
'White Canoe', de Peter Doig. La tela perteneció a Saatchi. El coleccionista británico revendió en un solo año siete telas del pintor.

La obra en discordia la vendió Saatchi. El publicista británico había adquirido siete piezas de Peter Doig en 2006. Se deshizo de todas en solo un año. Desde entonces el artista ya no le vende. “Todo el mundo sabe lo que hace”, puntualiza Doig. No es un caso aislado. El estudio del fotógrafo brasileño Viz Muniz (un creador que aparece constantemente en los catálogos de las casas de subasta) maneja una lista negra de coleccionistas que revenden especulativamente sus obras. Sus galeristas están advertidos: a ellos no se les vende obra.

Viz Muniz

Fotografía de Viz Muniz. El artista brasileño trabaja con una lista negra de coleccionistas a quienes ya no vende obra por haberla revendido en poco tiempo. Foto: Galería Elba Benítez.

 


Foto de apertura: El coleccionista Pierre Cheng tiene fama de vender y comprar a la misma vertiginosa velocidad. En la imagen aparece con una obra de Gerhard Richter, la cual vendió en subasta hace un par de meses.

 

 

Hay 7 Comentarios

es un mercado especulativo en donde actuan artistas ,galeristas y supuestos coleccionistas,y la culpa tambien la tienen los compradores insinceros que solo compran a los artistas que venden en subastas y su guia son los precios de venta de la ultima subasta ,se de galerias que ponen las obras en subastas y ellos mismo mandan a comprarlas con coleccionistas fisticios,inflando los precios y luego ganando con las que han comprado al artista a precio de gallina flaca,lo peor,el artista sabe eso y se deja especular y cae en el maldado juego.El Arte Verdadero todavia esta oculto y es desconocido por el gran Mercado especulador de las subastas.

Lo grande es lo del "inversor" que compró el cuadro de Cranach para venderlo 6 meses después y en la misma casa de subastas.
Supongamos por el bien de la especie que tuvo algún motivo para ello...
art Sumiada - Arqueologia y Arte Antiguo

No nos engañemos; o estás dentro del mercado y por ende asumes sus reglas por muy obscenas que sean o estás fuera. No hay otra. Estos artistas tratan de arreglar el mar para que no haya olas. Eso se consigue por un instante...hasta que llegan las olas

Hola Barceló, como ves me leo casi todos los blogs. Aunque creo que me estoy obligando a desacostumbrarme.
Y como yo, creo que much@s. Los comentarios de casi todos están a cero.
Lo que tiene de positivo es que conocemos a otr@s que no sabía que existían. Nos veremos por el espacio sideral.

Eso me digo ¿que pasa con el blog de Harquindey?
¿Tanto molestamos?
Pues nos podrían preguntar al resto si estamos molestos por algo, han sido muchos años aportando a la empresa. Y la entrevista al sr;Caño, mejor alguna de sus respuestas no tenían un pase. ¿Se va a automantener el medio? Nos están echando a cajas destempladas.

Pues eso, de especulación, especuladores y corrupción en general es de lo que hablábamos mientras tomábamos los cubatas que daban en El Frontón (alias "el Guarro"), el bar que hay a espaldas de El País, donde he pasado buenas tardes/noches en compañía de mis antiguos compis, Harguindey incluido, aunque la mayoría de ellos hayan desaparecido por fallecimiento, jubilación o despidos por ERE. Por cierto, ¿qué pasa con el blog del mencionado Harguindey, que ya no admite comentarios?

Que gran ejemplo dan esos artistas que no quieren vender su obra a coleccionistas especuladores.
No solo se especula al máximo en el mercado del arte. Hasta en las multinacionales farmacéuticas se especula con la rentabilidad de un medicamento, cuando sacarlo al mercado y si producción a gran escala, es mas rentable que una produccion restringida por el uso de sus patentes.
La especulación está tan metida en nuestro sistema que hasta influye en lo que comemos, nos cura o nos hace feliz.
Si la ética funcionase en este mundo tan amoral, a todos nos iría mejor. Viva el arte y los artistas con dignidad moral

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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