El expolio como crimen de guerra

Por: | 08 de septiembre de 2014


Al-Qubba Husseiniya

Los crímenes de guerra también se cometen contra la historia de los pueblos. Son las siete de la mañana en Abusir el-Malek, un enterramiento del Antiguo Egipto a las afueras de El Cairo. Monica Hanna, una reconocida egiptóloga, topografía con su cámara el desastre: cientos de agujeros. Sobre los bordes, esparcidos, huesos humanos que pertenecen a momias desembradas. Despojos del saqueo. “Nunca sabremos la historia de estas personas, cómo vivieron, cómo murieron; cuáles eran sus creencias. Es historia perdida”, se lamenta Hanna. Con los objetos robados se hubieran podido inaugurar tres museos en la zona.

 


Los dos vídeos revelan, a través de los comentarios de la egipotóloga Monica Hanna, el saqueo y pillaje que sufren diversos sitios arqueológicos egipcios.

Desde enero de 2011, los sitios arqueológicos egipcios viven en peligro. El año pasado el museo de Mallawi en Minya (centro del país) fue saqueado casi por completo y en enero una bomba cerca del Museo de Arte Islámico convertía en polvo 74 piezas irremplazables y dañaba otras 90. “¡Hace falta más protección!”, exclama Salima Ikram, profesora de egiptología de la Universidad Americana en El Cairo. Pero su voz resulta débil frente el creciente poder de las mafias. El negocio es colosal. La Unesco estima en 6.000 millones de dólares el dinero que mueve al año el tráfico ilícito de antigüedades en el mundo. En el desvarío, el Estado Islámico (EI) cobra un impuesto a los expoliadores en Iraq y Siria.

En la otra cara del planeta, Sarah Parcak, de la Universidad de Alabama (Estados Unidos), observa las imágenes de infrarrojos vía satélite que capta su ordenador. Ha desarrollado un programa que detecta las excavaciones ilegales. Los hoyos. Se queda atónita. Hay miles; en Siria, Egipto o Iraq. Ciudades sirias donde el ser humano aprendió a ser, y no solo a vivir, como Dura-Europos, Palmira o Apamea están siendo saqueadas. Unas 2.500 personas (arqueólogos, ingenieros, guardas) intentan proteger su patrimonio, algunos, relata Maamoun Abdulkarim, director general de Antigüedades y Museos de Siria, “dando sus vidas en aras del deber”.  

Expolio desde el espacio
La arqueóloga Sara Parck ha desarrollado varios programas informáticos que recogen a partir de imágenes vía satélite el expolio en Siria o Irak.

Pero no se les puede exigir a los sirios que sean héroes. Porque las guerras empujan a muchos a situaciones extremas. “Hay civiles desesperados que desentierran antigüedades pensando en comprar productos básicos o para escapar del país”, matiza Sam Hardy, cuya web Conflict Antiquities alerta del expolio en la zona.

Siria excavaciones 2014
Las 'muescas' del recuadro superior derecho evidencian el saqueo que sufre la historica ciudad siria de Dura Europos.

En Iraq existen más de 4.000 sitios arqueológicos cerca de ser controlados por grupos extremistas armados. Dominan buena parte del noroeste del país. Y en su avance peligran capitales míticas del imperio asirio como Assur, Nimrud, Khorsabad o Nínive. “El patrimonio iraquí enfrenta una nueva ola de destrucción”, advierte Amir Abdulamir al-Hamdani, arqueólogo formado en la Universidad de Bagdad. Esa marea se siente, aunque no se ve. Ocurre en Nínive. El peligro de la guerra y la falta de combustible en los vehículos impiden que los guardas y funcionarios lleguen al yacimiento arqueológico para comprobar su situación. Mientras, los explosivos del EI ya han volado en Irak las mezquitas de Al-Qubba Hussiniya, Saad bin Aqeel Husseiniya y el santuario suní de Yunus (Jonás). Retorciendo la ley islámica, los yihadistas sostienen que las tumbas, los templos, los sitios arqueológicos y los objetos que no sean islámicos deben ser destruidos.

Isis-destroys-iraqi-shrines-01
Militantes del Estado Islámico (EI) están destruyendo mezquitas y templos iraquíes. AP.

Desde luego, el expolio se reduciría si los países limítrofes blindaran sus fronteras al tráfico ilícito (Siria le exige más celo a Turquía), los coleccionistas no adquiriesen objetos dudosos ni las casas de subasta los vendieran. En el número 19 de Crown Passage, en Saint James, abre su galería Rupert Wace, uno de los principales marchantes de antigüedades de Londres. “Ha sido una sorpresa agradable ver que no han entrado piezas de zonas en conflicto”, afirma. No es así. Rosario Pintaudi —experta en papiros— denunció robos en el sitio de Antinoopolis (Egipto) el año pasado y cómo algunos objetos aparecieron en la casa de pujas londinense Bonhams.

 
Si todo drama deja una enseñanza, este es el irrenunciable valor del patrimonio artístico en la identidad de un pueblo. En Grecia, una iniciativa independiente lleva dos años porfiando con una campaña para recuperar las antigüedades que salieron del país. El vídeo suma 100.000 visitas en youtube. Sobre la imagen de una escultura helénica y la música de Ares Kalogeropoulos, una voz en off narra: “Puedes robar una estatua, pero no puedes robarme mi origen; soy griega. Ciudadanos del mundo: he sido secuestrada. Ayúdenme a regresar a mi hogar; a Grecia”. ¿Escucharemos?

 

Una versión resumida de esta pieza se publicó el domingo pasado en el suplemento EPS.

 

Foto de apertura: La mezquita de Al-Qubba en Mosul (Irak) explota en millones de pedazos. AP.

 

 

 

 

Hay 1 Comentarios

Esto es algo cononcido y reconocido en occidente, y que fue lanzado por el tristemente celebre presidente Bush cuando decidió lo de Afganistan e Irak. Nada sucede por casualidad, y los coleccionistas ilegales ya saben que cuando va a haber guerra se pueden forrar. Los norteamericanos curiosamente no hicieron nada de nada para evitar saqueos no ya en sitios arqueológicos sino en museos. Pura casualidad.
En todo caso, tenemos el claro precedente de la guerra civil española, donde todos los expolios franquistas (tierras, casas, viviendas, obras de arte, seres humanos) fueron reconocidos y no se ha vueltoa hablar de ellos. Así que se preparen los iraquíes, sirios y demás.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal