Ella Fontanals-Cisneros: "Me equivoqué mucho cuando empecé a coleccionar"

Por: | 19 de octubre de 2014

Ella Fontanals-Cisneros
Cuesta meses encontrar un hueco en la agenda de Ella Fontanals-Cisneros
, 70 años, exesposa del empresario Oswaldo Cisneros, dueño de la Pepsi venezolana, y una de las principales coleccionistas de arte contemporáneo del mundo. Anda estas últimas semanas perdida en Cuba, buscando artistas y dando forma a la adquisición del Archivo Veigas, el contenedor más importante de materiales relacionados con el arte contemporáneo cubano. Porque Ella es cubana de nacimiento, venezolana de adopción y española por pasaporte. De hecho, tiene casa en el barrio de Chamberí de Madrid.

En su otro documento de identidad, el arte, figura una colección de 2.000 obras cuyo eje central es el escenario abstracto latinoamericano. Una pasión que, generosa, comparte. Ha cedido obra a la Tate, a la Pinacoteca de Sao Paulo y al Museo Reina Sofía. Desde 2002 preside la Fundación Cisneros-Fontanals (CIFO), con sedes en Miami y Madrid (abrió en 2011). Un espacio que, entre otros fines, promueve a partir de becas (100.000 dólares) la presencia de artistas latinoamericanos en Estados Unidos.

Sin duda, Ella Fontanals-Cisneros ve el mundo a través de los ojos del arte, pero el arte no le impide ver que hay otros mundos en los que la creación sufre. Empecemos por una isla que, como escribió la novelista Zoé Valdés, "quiso construir una paraíso".

Pregunta. Tiene una relación muy estrecha con Cuba. La semana pasada The New York Times publicaba un artículo pidiendo el fin del embargo a la isla. Si llegara, ¿cómo cambiaría el escenario para los artistas?
Respuesta. Es bueno para todos que el embargo termine. Es bueno para los cubanos que están en la isla, para los que viven fuera, para Estados Unidos. Es bueno para Cuba. ¿Cómo es posible que en un mundo global se siga manteniendo una situación tan arcaica? Un embargo, por cierto, que no ha producido ningún cambio en la isla en los últimos 50 o 60 años. No ha logrado nada desde el punto de vista político ni económico. El pueblo cubano al igual que sus artistas necesita que se quite ese embargo. Sin él, por ejemplo, los creadores podrían viajar y ser conocidos fuera. Ahora, a no ser que alguien se dedique a ir a Cuba a ver los artistas, resulta muy difícil que tengan una oportunidad. Si desapareciera, los estadounidenses podrían ir y ver lo que sucede en el arte cubano. Algunos ya van, pero con muchas dificultades.

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'Bicho -Carrugagem Fantastica– Pq'. 1960.  Aluminio anodizado. Dimensiones variables. Cortesía: The World of Lygia Clarl. Fotografía: Oriol Tarridas. Obra perteneciente a la colección Ella Fontanals-Cisneros.

P. ¿Veremos pronto el fin del embargo?
R. Quitar el embargo es complicado por bastantes razones, pero el presidente Obama puede modificarlo en muchos aspectos. En pleno siglo XXI mantenerlo no resulta lógico.

P. En un tiempo en el que el mercado del arte ejerce una gran presión, ¿hasta qué punto condiciona su colección y sus compras?
R. Hay que estar muy atentos a los artistas que suben y cómo lo hacen. Una subida paso a paso es lógica. El problema es cuando se produce un alza muy veloz en el precio. Es como una bandera roja que te dice que algo está equivocado. Algunas galerías exageran los precios y esto perjudica al artista. Porque un coleccionista serio no va a prestar atención a un artista cuya revalorización no sea consecuente con su carrera. A nosotros, a nuestra colección, esto nos afecta muchísimo. Hay creadores que dejamos de adquirir. Igual que los museos han perdido muchos precisamente por no tener fondos. Existen también coleccionistas de último momento que compran en función de lo que suena en el mercado, pero hay que tener mucho cuidado en no adquirir trabajos de artistas que estén de moda. Porque tienden a bajar a la misma velocidad que subieron.

P. Advierte João Fernades, subdirector del Reina Sofía, de la llegada de los “príncipes” a los museos. O sea, coleccionistas millonarios que entran en los consejos de decisión de grandes instituciones con un criterio muy cercano al mercado y cuya aportación es comprar obras a las que, por presupuesto, no pueden acceder las instituciones públicas.
R. Los museos necesitan esos coleccionistas que tienen poder adquisitivo porque muchas veces es la única manera de adquirir los fondos; de llegar a ciertas partes del mercado. Y eso me parece bien. En cuanto a las colecciones, creo que los museos no se dejan llevar mucho por las juntas directivas a la hora de coleccionar sino por los comisarios y la parte técnica. A mí eso no me da tanto miedo. No creo que sea una influencia tan grande como para variar las tendencias de las instituciones estatales.

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Leonardo Drew. 'Number 83E', 2013. Copy: Leonardo Drew.  Cortesía: El artista y The Ella Fontanals-Cisneros Collection.

P. Otra controversia ahora que los museos están asfixiados de fondos es si deben aceptar préstamos temporales. Porque al final lo único que queda es una fotografía en un catálogo.
R. Los museos deben comprar obra y aceptar donaciones para tener un patrimonio que dejarle al país. Eso es bueno. Me parece que a veces los museos exageran un poco en la cantidad de piezas de un cierto artista, algo que perjudica al creador porque se tienen que guardar y no giran en el mercado. Hay que democratizar más los museos. Las obras deben rotar a otras instituciones que tienen menos posibilidades y darle la opción al público de ver ciertos trabajos que no se contemplan en años porque permanecen almacenados. Las donaciones son buenas, pero hace falta tener el suficiente criterio para no aceptar cualquier cosa.

P. Parece que aún seguimos en ese concepto decimonónico de coleccionar heredado de las antiguas potencias coloniales según el cual el mejor museo es el que más obras alberga.
R. El museo enciclopédico está pasado de moda. Creo que hay que renovar lo que significa en general la palabra museo teniendo en cuenta que la producción de obra es ahora más grande que hace siglos.

P. ¿Habría podido existir el boom que estamos viendo del arte latinoamericano si el continente no hubiera vivido ese espectacular crecimiento económico?
R. Ya era hora de que los museos de otras partes del mundo se fijaran en el arte de Latinoamérica. Es importante y necesario que exista todo este interés. Hablamos de un continente muy grande, con muchísimos artistas. Brasil es casi tan grande como Estados Unidos. ¿Cómo es posible que estos creadores no hayan tenido hasta el momento más presencia en otros lugares? No creo que sea tanto el mercado en sí. Los precios suben cuando existe interés por parte de mucha gente en coleccionar esta clase de arte. Estos países emergentes latinoamericanos que han tenido este boom económico han propiciado la creación de un nuevo coleccionista. Lo cual es bueno porque hay un interés mayor por la cultura. Mientras más dinero haya en estos territorios más personas estarán interesadas en coleccionar.

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Rene Francisco. 'Las Figuras y las sombras', 2001. Tinta y acrílico sobre lienzo. Copy: el artista. Cortesía: El artista y The Ella Fontanals Cisneros Collection.

P. Vayamos a España. ¿Seguirá colaborando con el Reina Sofía?
R. Desde luego que sí. Siempre que me necesite estaré ahí. Apoyo al museo y a Manuel Borja [director del Museo Reina Sofía] desde hace mucho tiempo y seguiré haciéndolo.

P. ¿Qué artistas españoles le interesan?
R. Tàpies y Chillida siempre me han atraído. También tengo en la colección a Jordi Alcaraz y José Manuel Ballester. Pero un descubrimiento ha sido el trabajo de Elena Asins. No la conocía y tiene una obra muy interesante. Supe de ella cuando el Museo Reina Sofía le dedicó una exposición, y me encantó.

P. Como coleccionista, ¿se equivoca mucho?
R. Bastante. Todos lo hacemos. Nadie es perfecto. Me equivoqué mucho cuando empecé a coleccionar porque es parte del proceso que uno tiene que pasar para no equivocarse. Trato de equivocarme ahora menos. Hoy en día soy más específica en lo que compro. Me guío buscando completar huecos de la colección. En estos momentos estoy coleccionando arte cubano en profundidad y me dedico mucho a eso. Cuando entro en algo intento terminarlo.

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Sarah Morris. 'Midtown - Warner Bros. (1 Times Square)', 1999. Esmalte sobre lienzo. Copy: el artista. Cortesía: El artista y White Cube. Fotografía: Oriol Tarridas. Obra perteneciente a la colección Ella Fontanals-Cisneros.

P. Pero ¿qué hace cuando ve que se ha equivocado?
R. Una vez al año revisamos toda la colección. A mí me cuesta mucho trabajo vender cualquier obra porque forma parte de uno y me he comprometido con ella. Pero a veces es necesario vender lo que ya no encaja en ninguno de los grupos que construyen la colección.

P. Todo coleccionista tiene una obra que le han ofrecido y que con el tiempo se arrepiente de no haber comprado. ¿La suya cuál es?
R. Me arrepiento de no haber adquirido muchas piezas. Por ejemplo, sentí muchísimo no comprar un penetrable de [Jesús Rafael] Soto. Pero bueno, otras vienen. Yo digo que siempre llega alguien que te ofrece algo nuevo e interesante.

P. Ah, la veremos por Arco Madrid el año que viene.
R. Desde luego. Allí estaré.


Nota: Las obras que ilustran la entrevista han sido seleccionadas para esta pieza por Ella Fontanals-Cisneros de entre las 2.000 que alberga su colección.

 

Hay 5 Comentarios

me gustaría ponerme en contacto con su fundación.

gracías

Que sencillo es todo cuando te has equivocado tantas veces. Un saludo

UNA CASA EN LA COLINA

En los inicios de los años70, en el sur de Francia había un ambiente muy peculiar, de viajeros cosmopolitas y mundanos, interclasista, alegre, gentes de todas partes frecuentaban los pequeños pueblos de la costa francesa. Recuerdo el bonito viajè del mes de septiembre de 1972,con mi acompañante, la bella alemana Mechtild Spiegel, a Vallauris, el pueblo de la cerámica, muy cercano a Cannes.

Organizamos allì, una exposición, precisamente en las salas donde Picasso habìa trabajado muchas de sus cèlebres ceràmicas. Pablo habìa vivido en Vallauris, muchos años,con Francois Gilot, y sus habitantes estaban acostumbrados a verlo pasar por sus calles, como uno màs de los variados personajes que visitaban aquellos pequeños pueblos, casi todo el año. Allí habìa tanbièn un pequeño Museo Picasso, con su obra “Guerre et Paixª, pintado sobre una base de tablero de madera,y pegado al techo ovalado, de una pequeña hermita, y tambièn su escultura “Hombre con cordero” en las puertas de la Mairie de Vallauris.

En los bares, se veìan, pegados en los muros con un clavo, sus carteles anunciando una exposición de cerámica, o una corrida de toros. Aunque se utilizaban como anuncios, y a veces se tiraban cuando ya había pasado el evento, no eran simples afiches, eran obras muy valiosas, porque Picasso había hecho directamente las planchas con sus manos, no eran reproducciones de dibujos, sino litografías originales Muchas veces estaban incluso firmados a mano, con lápiz rojo o azul, pero los camareros no parecían darle ninguna importancia, eran sólo para anunciar un espectáculo para los turistas.

Un dìa, dimos un paseo hasta Mougins, en el viejo citroen de mi amiga. La carretera de Vallauris a Mougins, se dirige hacia el interior, atraviesa una autopista,y después inicia una cuesta hacia arriba, con curvas, subiendo el monte donde està situado este pequeño y hermoso pueblecito con muros de piedra, de aspecto medieval.

A mitad de camino, en una curva, tuvimos una extraña sorpresa, vimos un cartel señalizador con este tìtulo” Notre Dame da Vie”,que señalaba hacia una zona boscosa. Eran las siete o las ocho de la tarde, y apenas se dintinguìa un pequeño camino de tierra, que se introducìa en el bosque.

”Notrte Dame de Vie “era el nombre de la casa donde vivìa Picasso.

Poseídos por la emoción y curiosidad, entramos por el estrecho camino de tierra, que subìa una cuesta entre los àrboles. Al lado derecho del camino, corrìa un pequeño canal de agua, de unos 1`50 metros de ancho y apenas medio metro de hondo. Despuès de recorrer unos 500 metros, habìa un desvìo, en una curva, y el camino se dirigía hacia arriba. Decidimos continuar recto, y al final de aquel estrecho camino de tierra entre los àrboles, habìa una verja de hierro cerrada, con un timbre y un citófono o contestador automático, en el lado izquierdo.

Retrocedimos marcha atrás, y nos dirigimos por el otro camino empinado, que subía la cuesta.

Llegados arriba, había otra curva , y el camino se volvía plano, hasta llegar al frente de una pequeña hermita,de piedra, antigua, cerrada. Al lado derecho,del camino, había como una valla de cañas, remendada, que por lo visto había sido rota, agujereada, y tapada o remendada varias veces. Sin embargo habìa un pequreño agujero entre las cañas entrelazadas,y se veían luces encendidas.hacia el interior. Bajamos del Citroen ,y llevados por una curiosidad extraña, miramos a travès del agujero, que debía ser de unos 30 centímetros. Se veìa a corta distancia, como unos 10 metros, dos grandes habitaciones del primer piso de una casa, donde habían unas telas y bastidores de grandes dimensiones, cuadros al revès, apoyados al muro. Un hombre, de espaldas, movía las telas , apartaba un cuadro, y se llevaba una tela hacia el otro lado, después se agachaba y recogía otra pequeña tela, la cambiaba de lugar. El hombre se diò la vuelta,y caminò hacia la ventana. Sentí unos batidos acelerados en el pecho: el hombre era Pablo Picasso. Estaba solo, rodeado por un montón de cuadros apoyados al muro,en el suelo, y dibujos y papeles sobre una mesa,se movìa de un lugar a otro, parecìa estar buscando algo. Después, en unos segundos, desapareció por la puerta que daba a la otra habitación,y le vimos caminar hacia el fondo.Estàbamos muy intrigados y sorprendidos, nos encontràbamos en frente de la casa-estudio de Picasso, y la pequeña capilla cerrada, no era otra que la de Notre Dame de Vie.

Nos quedamos en completo silencio, esperando no ser sorprendidos. Estàbamos viendo en su intimidad a uno de los pintores màs famosos del mundo, en un lugar habitualmente inaccesible para casi todos. En la oscuridad, detràs de aquella alambrada forrada por cañas, que daba a la parte posterior de la vivienda, a la altura del piso de arriba, mirando por aquèl agujero clandestino, veìamos perfectamente las dos salas iluminadas , con decenas de cuadros de gran formato apoyados a las paredes, de espaldas, alguno colgado al muro,y sòlo una mesa y un caballete. Los cuadros tenìan alguna inscripción en negro,a mano, en el retro, generalmente con nùmeros En un instante, Picasso volviò a entrar en la sala, Vestía un pantalón beige y una camiseta blanca,diò la vuelta a un cuadro, y lo mirò unos minutos atentamente, y lo colocò en el caballete.. Estaba fumando , con una mano apoyada en la cintura,y con la otra sosténia el cuadro, se diò la vuelta y se sentó en la mesa, al lado de la ventana. Su cabeza y sus grandes ojos resaltaban bajo la luz de una lámpara.

Conteníamos la respiración, cuando oímos unos perros ladrando, a distancia. Nos temíamos la aparición de algún guardia, o vecino, pero allí no parecía haber nadie.Estaba oscureciendo. Por prudencia, nos metimos en el coche, y poco a poco, descendimos de nuevo el estrecho camino de tierra, con el pequeño canal de agua en la vereda. Màs abajo, varias casas entre los árboles, situadas en un camino a nivel inferior, habìan encendido las luces y los perros ladraban, Habían pasado casi dos horas, cuando alcanzamos de nuevo la carretera de Mougins, y nos dirigimos hacia abajo, en dirección de nuevo a Vallauris.

Tardé horas en salir del asombro, y aquella noche soñé que Pablo pintaba sin parar toda la noche en las salas que había visto, un cuadro tras otro.

Al dìa siguiente, intrigados, fuimos hasta allí de nuevo. En la luz de la mañana , todo parecía un poco distinto. Dimos un rodeo por arriba, y pasamos otra vez por delante de la pequeña capilla, Después, màs allá, el terreno se volvía plano, y había una gran extensión de pasto y hierba verde, junto al camino. Seguimos adelante, y a la vuelta del camino se encontraba otra puerta de entrada de la finca de Picasso. Al contrario de lo que creìan casi todos, era muy fácil entrar en la propiedad del cèlebre artista. Allí, en la entrada posterior, no habìa ninguna valla, ni puerta,ni muro divisorio, sólo una cadena, en el suelo, arqueada, a la altura de unos 50 centímetros, agarrada a dos pequeños pilares de hierro, distanciados unos 10 metros. Cualquiera podria entrar caminando, la puerta principal de la casa se encontraba a unos 150 metros de distancia. En pocos minutos, llegó un pastor caminando con un rebaño de ovejas, y atravesó la cadena, entrando en la finca de Picasso, en direcciòn hacia abajo, y cruzaron toda la propiedad, les abrieron la puerta metàlica de la entrada, i continuaron bajando por el camino de tierra, al lado del canal.

Simplemente, aquel camino era un antiguo paso de animales en trashumancia, era un paso habitual de los corderos. Ellos tenían consentimiento para pasar por delante de la casa del pintor más famoso del mundo algo negado a casi todas las personas, a no ser que Mariano De Miguel, su secretario, al que los franceses llamaban "Monsieur no", le acordara una cita.El responpia al teléfono sòlo por las mañanas.

No había nadie en el jardín rústico, delante de la puerta central de la casa. Solo una escultura que era la réplica del bronce situado en Vallauris, de frente a la puerta del Ayuntamiento, “El hombre con cordero”.Un conejito de color pardo atravesó fugazmente el jardín.

Volvimos hacia atrás, haciendo el mismo camino a la inversa,y allí finalmente terminamos en frente de la verja de hierro , cerrada, con el timbre en el lado izquierdo.

Estuvimos allí unos momentos. La casa tenia tres pisos de color blanco crema, era muy ancha, y estaba construida sobre dos niveles, de terreno inclinado. con muchas ventanas. Debía tener unos 100 años. Mirando al lateral derecho del camino de la entrada, pasaba el estrecho canal, y no había ninguna valla, Tenia unos bordes de piedra de unos 50 centímetros, Sólo unos pasos por el borde del canal de agua, y estaríamos en el interior del jardín. Cualquiera podía entrar caminando por el borde del canal. Al fondo, un perro alegre color pardo,de los llamados Labrador, jugaba con pequeños saltos.

Picasso descansaba generalmente por la mañana,hasta las 10, trabajaba un poco, y después del almuerzo dormía una siesta.Era un artista bastante nocturno. La única hora permitida para visitas era a partir de las cinco de la tarde.

Volvimos hacia abajo, en dirección a Vallauris, porque,en pocos días, en el mes de septiembre se inauguraba la exposición “Rencontré de Hommage a Picasso” con una colección de obras dedicadas, de numerosos artistas, amigos o admiradores de su obra.

En la puerta de la sala , nos encontramos con un señor , de media estatura, que nos saludó en español. y nos miraba fijamente. Era Eugenio Arias, el barbero de Picasso, desde hacia treinta años, un republicano exiliado en Francia. Nos dijo que tenía referencias de que ya se vivía bien en España, aunque èl no pensaba volver. Cada semana subía hasta Notre Dame da Vie, para cortar el pelo a su pisano Pablo,

Después nos recibió el alcalde de Vallauris, un señor muy mayor,vestido de traje negro.Tambièn estaban los hermanos Salinas, litógrafos en el pueblo, y algunos españoles, llegados desde Parìs, y otros lugares.

Al dìa siguiente de la inauguración, en las páginas de “Nice. Matin”, estaban las fotos y el artículo con la noticia de aquella curiosa exposición, y en las calles y bares de Vallauris se veía el cartel diseñado por Rafael Alberti:”Una paloma para Picasso”.

Pasaron unos dìas, y una tarde, vimos pasar en automóvil al alcalde de Vallauris, junto con Eugenio Arias, el barbero., por el centro del pueblo. Nos llamaron, y subí al automóvil, iban en dirección a Mougins, a vistar a Picasso, querían pedirle algo relacionado con el pequeño Museo Picasso del pueblo.

El automóvil subiò hacia Mougins, se desviò por el camino de tierra, y llegó hasta la verja de de hierro de la casa de Pablo. El chofer, asesor a la cultura del pueblo ,bajò y tocò el timbre de la casa, y despuès de dos o tres palabras, la verja se abrió, accionada desde el interior de la vivienda. Llegamos frente a la puerta de entrada y nos recibió una mujer, que nos llevò hasta un amplio salon interior. Habìa libros, dibujos y ceràmicas por todas partes. Picasso estaba sentado en una mesa redonda, debajo de una fotografía con su retrato. Fumaba cigarrillos “Gitanes”

De inmediato Pablo me dijo ;” ingeniosa exposición, habéis hecho, Eugenio me ha contado todo. Estoy agradecido con todos, especialmente con el Joan”.Se referìa probablemente a Joan Mirò.

A mi lado, habìa una silla con decenas de grabados, de pequeño formato, apoyados sobre unos periòdicos. Pablo tomò uno de ellos, lo dibujò por encima con pasteles de colores, en unos minutos, y me lo puso en la mano.

Tomamos una infusión o tè acompañados por Jacqueline, y después algunos de los presentes se dispersaron, para hablar de asuntos que se referían probablemente al museo de Vallauris, las ceràmicas de Madoura,y los proyectos futuros,

Finalmente, salimos de nuevo al jardìn,vi la puerta abierta de la planta baja, con una sala llena de esculturas de bronce,y de yeso, algunos fundidos en varias copias, casi idènticas,El alcalde de Vallauria,esperaba recibir alguna de ellas,para colocarla en la puerta del pequeño museo,visitado por cientos de personas diariamente.

Aquel jardìn rústico, sin flores ni plantas, daba hacia el lado sur, tenía una vista al mar sobre los árboles. En el lado superior, unos jardineros de origen marroquí, cortaban la hierba.Pablo nos mirò fijamente.

“ El mar y los pinos de Barcelona son mucho màs bonitos que èstos” nos dijo.

Supimos que unos días después Pablo llamò a Joan Mirò a Mallorca, y que èste le visitò en Mougins, el 25 de octubre, dìa de su cumpleaños.

Pablo cumplía 91 años,y seguía pintando al ritmo de siempre en aquella casa de la colina, escondida entre los pinos.

Hoy 25 de octubre,lo recordamos con afecto.

Santiago Palet





Es que el Alma humana es tan versátil, que,difícilmente una misma obra pueda brindar regocijo a su observador, por mucho tiempo. Es como el estado de Felicidad. O lo posees, en alguno de los recovecos del Espíritu, y siempre está ahí, o vives aguardando su llegada.

Casi todos lo coleccionistas se equivocan en elegir sus piezas en un momento de su vida ,pero en el momento que educas tu visión ,tu ojo ,adquieres maravillas ,ves el arte por el arte ,aunque para cada ser humano debe interesar comprar la pieza con la que pueda convivir armoniosamente toda su vida o el tiempo que posea esa pieza de arte, y también debe de ser visionario en caso de nuevos pintores o no muy conocidos al valorar la calidad de las piezas si lo que desea es especular y proteger su inversión en caso de en un futuro vender y no solo , no perder sino ganar en su venta, claro que no hay cosa mas hermosa que adquirir una pieza de arte , que al verla te llene el espíritu y el alma ...

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Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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