Aníbal Jozami: "Los verdaderos coleccionistas no son ricos"

Por: | 02 de diciembre de 2014

Aníbal Jozami Aníbal Jozami (Buenos Aires, 1949) es sociólogo y empresario. Su mujer, Marlise Ilhesca, es una periodista brasileña editora de la revista Archivos del Presente. Ambos —patronos del Museo Reina Sofía— atesoran una de las mejores colecciones de arte moderno y contemporáneo de Latinoamérica. Son 40 años de un entusiasmo que se ha inventariado en más de 1.000 piezas. Pero la contabilidad poco importa. Lo trascendente es que la atraviesa una única mirada. El compromiso social y político. La visión de los otros.

Jozami empezó a coleccionar en 1974. Estaba en paro. Había sido despedido de la empresa argentina donde trabajaba. Eran años difíciles para un militante político implicado en su tiempo. Un día, caminando, se topó con la galería L’Atelier de Raquel Silbenam. Entró. Después de varias visitas salió con dos cuadros bajo el brazo y el compromiso de ir pagándolos —a pesar de estar desempleado— cuando pudiera. Poco a poco. Cumplió su acuerdo. Desde entonces nunca ha vendido una sola obra y es la prueba, junto a su mujer, de que coleccionar es ante todo un ejercicio de reunir pasión, no de amasar dinero.

Pregunta. Es sociólogo y su mujer, periodista. ¿Son una evidencia de que se puede coleccionar arte sin ser millonario?
R. Exactamente. Estoy de acuerdo con usted. Pero le voy a duplicar la apuesta. Los verdaderos coleccionistas no son personas muy ricas. Sino gente apasionada por el arte que hace un enorme esfuerzo por comprar las obras. Hay muchos ejemplos. Por ejemplo, el matrimonio Ganz [Victor y Sally]. Reunió una colección muy importante [en los años cincuenta] y una parte se vendió en Christie’s. De hecho, tengo alguna pieza de esos coleccionistas. Hay un galerista que contaba que cuando compraron un cuadro de Picasso, Sally Ganz casi lloraba. El marchante le preguntó ¿por qué se ponía tan triste si acababa de adquirir una tela maravillosa? La coleccionista le contestó: “Otro año más voy a estar sin poder cambiar de abrigo”. Hay muchas grandes colecciones que se han hecho a partir del esfuerzo. En nada se parece a ser muy rico y convertirse en coleccionista de un día para otro adquiriendo un montón de cuadros de una vez.

Anibal Jozami Fundación Lázaro Galdiano
Vista de la colección Jozami durante su exhibición en la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid. Foto: Cristóbal Manuel.

P.
Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un coleccionista millonario y usted? ¿De qué forma cambia la manera de coleccionar?
R. Es en la búsqueda de las piezas cuando esas colecciones se ven que son de verdaderos coleccionistas, que han investigado mucho. Porque, a lo mejor, no pueden comprar diez cuadros de un mismo autor en el mismo momento. Piensan bastante hasta encontrar la pieza que les parece realmente importante. Entonces ves la colección y te dices: "¡Qué buenas obras; son de verdad las trascendentes!" Otra de las características de un buen coleccionista es que no compra lo que está de moda. Los grandes han sido aquellos que supieron comprar a contracorriente. Porque adquirir lo que está de moda resulta muy fácil. Pero el papel del coleccionista también es preservar para el futuro aquello que la sociedad en un momento histórico determinado no supo valorar.

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Aníbal Jozami y Marlise Ilhesca forman parte del patronato de la Fundación Museo Reina Sofía.


P.
¿Acierta más que se equivoca en sus compras? ¿Qué hace cuando yerra?
R. Siento que no cometo nunca un error porque siempre adquiero lo que me gusta. Entonces jamás me equivoco. El fallo puede ser visto desde los ojos de otro. Si yo tengo algo que a usted no le gusta podría pensar que me equivoqué. Pero yo lo adquirí porque me gustaba. Así que no existe error. El error puede proceder de alguien que opine que con ese dinero podría haber comprado otra pieza que se hubiera revalorizado el triple. Pero no estoy preocupado por el valor material de la colección. Que un cuadro valga más o menos puede servir para ponerme contento diciendo: “Qué buena compra hice, ahora vale tres veces más”. Pero como no voy a vender nunca, lo que me importa es crear series y completar huecos que pueda tener mi colección con obras que me gustan.

P. Más que a ese tipo de error, me refería al cambio de criterio o de gusto personal.
R. Sí. Eso me puede haber ocurrido. Pero no muchas veces. Porque a medida que pasa el tiempo, que el mundo cambia, que el arte cambia; también puedes encontrar cosas que te gustan. Cuando veo obras que compré hace 35 o 36 años, cuando empezaba, todavía me siguen gustando. Además cada pieza tiene un valor que excede el marco de la obra en sí. Porque la compra de arte es el resultado de muchas cosas. Es el resultado de haberla encontrado, de que te ha gustado, de que entendiste porqué el artista la hizo, incluso es la respuesta a situaciones personales que vivías en ese momento. No es un mero objeto, sino que está enriquecido por el hecho de que tú lo buscaste o lo hallaste y por una serie de circunstancias relacionadas con ese encuentro.

Noé, Luis Felipe,(1933) Percepción de los sonidos, 1980 acrílico 90x130
'Percepción de los sonidos' (1980). Obra de Luis Felipe Noé perteneciente a la colección de Aníbal Jozami y Marlise Ilhesca.

P. Dice el artista John Baldessari —en relación a este boom mundial de ferias de arte— que creer que se puede hacer una buena colección comprando en ellas es como pensar que es posible hallar el amor en un prostíbulo.
R. [Risas]. También en un prostíbulo puedes enamorarte si no te interesan los antecedentes de la señora. En las ferias, además de los artistas más comerciales y evidentes que las galerías llevan para vender y cubrir gastos, también, si buscas, encontrarás otros. Creo que está bien orientado su razonamiento pero al mismo tiempo es un ámbito para encontrarte con galeristas con los que mantener conversaciones inteligentes y aprender. Es cierto que el número de ferias resulta excesivo. Por eso voy a pocas: FIAC (París), Basel (Miami y Basilea) y Arco (Madrid).

P. ¿Cómo lidia con la presión del mercado? Porque no solo afecta a los grandes nombres sino incluso a chicos de treinta y pocos años que venden por 200.000 o 300.000 euros o, incluso, más.
R. Hay que diferenciar entre los artistas jóvenes que a veces ya están endiosados por el mercado de aquellos que uno piensa que realmente el trabajo que están haciendo resulta importante. Compro tanto nombres que están bien considerados por el mercado como aquellos a quienes el mercado ignora. Pero para mí, y para mi mujer, la obra tiene que tener vinculación personal. Hace diez años que estamos juntos y ella ya coleccionaba arte brasileño. Da igual que sea un creador reconocido o no. Si lo es pues fenomenal. De lo contrario, tienes la gratificación de haber encontrado un artista que otros no vieron.

 

P.
La falta de dinero estatal para adquisiciones obliga a dar entrada en los patronatos de los museos públicos a coleccionistas particulares con un enorme bolsillo que influyen de forma directa en los artistas y en las obras que compran. El capital se impone a la reflexión. ¿Cómo lo interpreta?
R. Evitar que ese fenómeno afecte al mundo de los museos depende de la inteligencia de sus directores. Si dirigen la institución pensando en sus amigos o, por el contrario, en la sociedad. Personas que además de tener suficiente dinero para dar una cuota anual al museo sean coleccionistas serios. Gente que sabe con profundidad intelectual lo que es el arte. Estas personas sí son una ayuda para la institución. Creo que todo dependerá, como le he dicho, de la inteligencia de quienes dirijan los museos. Saber a quiénes convocan. En el caso del Museo Reina Sofía creo que se ha logrado. Los miembros de la Fundación son personas que, independientemente de tener más o menos dinero, están ligados al mundo del arte y poseen colecciones serias e importantes.

De la Vega, Jorge, Desnudo, 1960 óleo 120x100 P. Cuenta el director del MoMA, Glenn D. Lowry, que para crear una buena colección hace falta dedicarle, al menos, el mismo tiempo que su propietario dedica a sus negocios.
R. Como sabe, tengo una vida muy ajetreada. Viajo mucho. Soy rector de la universidad argentina Tres de Febrero desde hace muchos años, cuento con una fundación [Foro del Sur, dedicada a la investigación política], tengo negocios privados ligados al comercio exterior y la energía y, además, edito una revista de política internacional. Pero esos viajes, a la vez, me permiten recorrer museos o bibliotecas. Es mi hobby principal. Ese tiempo también lo dedico a reunirme con comisarios, ver artistas, recorrer galerías, hablar con marchantes… No podría cuantificarlo. En todas estas actividades también participa mi mujer.

P. ¿Cuál será el futuro de su colección?
R. No está definido. Eso es algo que veremos en los próximos años.

P. ¿Tienen asesores?
R.  No. Compramos de una forma personal e intuitiva. En algún momento podemos pedir opinión sobre un determinado tema a algún experto, pero no sobre qué comprar.                                                                                          

Jozami lazaro P. Con esta sobredosis de información en la que vivimos y los miles de artistas que hay activos en el mundo, ¿coleccionar, o sea, seleccionar, es más difícil que nunca?
R. No creo que sea un momento especialmente difícil. Hay bastantes artistas pero también muchos lugares donde se puede ver obra. La criba que uno tiene que hacer es analizar el trabajo para detectar quién aporta algo original. Porque el problema es que hay mucha duplicación de ideas.

P. ¿Qué artistas españoles le interesan?
R. Como sabe, nuestra colección es fundamentalmente de arte argentino, uruguayo y brasileño. En fotografía y vídeo sí tenemos una colección más internacional. Le doy algunos nombres. Ana Laura Aláez, Ángel Marcos, Begoña Montalbán o Pilar Albarracín, entre otros.

 

Sobre estas líneas, una de las piezas que mejor representan la colección de Aníbal Jozami y su mujer, 'Juanito Laguna going to factory', de Antonio Berni.

 

Hay 3 Comentarios

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Por favor! corrupto si los hay el turco jozami. La malversacion de fondos públicos desde su rectorado en la Untref es mas que conocida. Si hasta los clásicos picnics de sombreros que hace la brasilera de su esposa son pasados como gastos personales...meta champagne y Bossa...

Todo lo que sea cultura me encanta, me gusta el artículo.

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Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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