El turista como expoliador moderno

Por: | 28 de diciembre de 2014

Pompeya apertura 1

Hasta hace poco tiempo era un expolio silencioso. Quedo. Ahora llega con un enorme ruido. Los turistas, al menos algunos de ellos, están comprometiendo el patrimonio artístico de muchas ciudades y países. Aunque, quizá, en ningún lugar como Italia el problema se revela tan grave. El Coliseo, Pompeya, Herculano, la Vía Apia… el turismo vandálico no respeta nada.

Cada vez es más frecuente en aeropuertos romanos como el de Fiumicino o Ciampino que las autoridades requisen pequeñas teselas, trozos de pavés de calzadas romanas, mojones, pedazos de cerámicas o partes de frescos arrancados de sus lugares de origen. “Es un tipo de ladrón que hasta hace poco era raro pero ahora sucede más y más a menudo”, relataba a la prensa italiana en abril pasado el jefe de policía Antonio Del Greco. Muchas de estas piezas ni siquiera tienen valor monetario, simplemente se sustraen del patrimonio cultural. Como si fueran un souvenir. Tal es la rapiña que en las mochilas de algunos viajeros se han llegado a encontrar incluso grandes mojones de mármol que directamente habían arrancado de la Vía Apia.

Pompeya apertura
Cientos de piezas han podido desaparecer del recinto arqueológico de Pompeya (Italia).

Desde luego el turismo, al menos cierto tipo, es una amenaza para algunos patrimonios. Aseguran las autoridades italianas que la mayoría de las personas que detienen en el aeropuerto son ciudadanos británicos o del norte de Europa. Una vez pillados con las manos en la masa, relatan los Carabinieri, sienten la enorme vergüenza de ver, frente a sus compañeros de pasaje, cómo se extraen las piezas robadas de sus mochilas. Muchos se enfrentarán al cargo de robo del patrimonio artístico.

El tema es serio y preocupante. Massimo Osana, director del sitio arqueológico de Pompeya —la ciudad italiana sepultada por las cenizas del volcán Vesubio en el 79 d.C.—, sostiene que en los últimos años han sido devueltos cientos de fragmentos de todo tipo (teselas, yesos, ladrillos, piedras) al museo por parte de turistas que en su día los sustrajeron. En ocasiones llegan acompañados de una carta de disculpa. “Finalmente puedo dormir en paz. Me he liberado de un peso que a medida que me hacía mayor era más y más difícil de soportar para mi conciencia”. Esa fue la explicación que dio Lisa (no ha trascendido más acerca de su nombre), una turista canadiense que en junio de 1964, durante su luna de miel, robó una pieza de terracota que adornaba uno de los techos de una domus (casa) pompeyana. Lisa viajó desde Montreal para devolver lo sustraído y achacó su comportamiento a la “impetuosidad de la juventud”.

Fresco antes del robo

Fresco robado

Fragmento de fresco arrancado con cincel y escoplo de la Domus di Nettuno (Pompeya). Antes y después del robo.

Un “ímpetu” similar han debido sentir quienes en marzo pasado arrancaban de la Domus di Nettuno (otra vez Pompeya) a golpe de cincel y escoplo un fragmento de 20 centímetros de diámetro que formaba parte de un fresco que representaba a los dioses Apolo y Artemisa. Los ladrones lo robaron en una zona que no está abierta al público y evidencia, también, la degradación que sufre el recinto arqueológico. “Quién sabe cuántos otros fragmentos y piezas arqueológicas han sido robadas”, señaló, con preocupación, en el canal de televisión SkyTG24, Antonio Irlando, presidente del Observatorio del Patrimonio Cultural Italiano.

Coliseo

El Coliseo de Roma ha sufrido robos y actos de vandalismo.

Porque nada parece ajeno al robo, al expolio o simplemente al vandalismo. Un estudiante canadiense de 15 años era detenido en marzo con una piedra del Coliseo en su mochila; un turista alemán fue sorprendido con una roca de nueve kilos que había hurtado de algún monumento romano; dos visitantes (alemán y holandés) fueron arrestados por la seguridad del Coliseo mientras trataban de garabatear sus nombres con una moneda en uno de los pilares del monumento; un médico de urgencias estadounidense de 56 años rompía un dedo de la estatua de la Virgen María en el Museo dell'Opera del Duomo (Florencia) mientras comparaba su mano con la de la figura. Sería que andaba flojo en anatomía.

Dedo roto florencia
Fotografía del dedo roto por un turista en la estatua de la Virgen María en el Museo dell'Opera del Duomo de Florencia.

Todas estas historias (hay muchas más) han sido recogidas por la prensa internacional en escasos meses y todas nos recuerdan que en la mochila de cualquier turista debe viajar, ineludiblemente, la educación y el respeto por el patrimonio y la cultura, tanto propia como ajena. Algo que a veces se echa mucho de menos.

Foto de apertura: Detalle de las ruinas de Pompeya (Italia). Foto: Eric Vandeville (Contacto).

 

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Gracias por tan interesante artículo.

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Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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