Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

Las víctimas de la inequidad

Por: | 21 de mayo de 2015

Apertura desigualdad buena
Alberto Ovalle (nombre falso de una persona real) duerme tres horas al día. Tiene dos trabajos.
Uno comienza al alba, otro cuando se cierra la noche. Por la mañana, de ocho a once, conduce el autobús de un centro de ancianos; por la noche, de ocho a tres de la madrugaba, vigila unas oficinas de lujo a las afueras de Madrid. Gana 1.100 euros, tiene 35 años y hace siete que llegó de Santo Domingo. Nunca ha oído hablar del economista francés Thomas Piketty, ni de su superventas El capital en el siglo XXI. Pero siente la inequidad. “Quiero estudiar ingeniería industrial. Sería una salida”, relata.

Es difícil hablar con Piketty. Convertido en el economista más célebre del planeta encuentra un hueco mientras viaja. Tengo clara la pregunta. “¿Puede su libro cambiar la vida de Santiago?” “¡Creo que las ideas transforman las sociedades!”, exclama. ¿Aunque piensen diferente? “Mi libro no es un libro para la izquierda o la derecha; es para todos aquellos que leen libros y que creen que temas como las rentas y la riqueza; la deuda pública y el capital privado; las tasas de crecimiento y los tipos de interés son demasiado importantes para dejarlos en manos de un pequeño grupo de expertos”.

Apertura Inequidad

Ningún texto económico en los últimos 30 años había calado tanto. Incluso Barack Obama ha advertido en el discurso del estado de la Unión del peligro que representa la desigualdad. Imposible obviarlo cuando el economista Emmanuel Saez ha descubierto que las 160.000 familias más ricas de Estados Unidos acumulan tanto dinero como las 145 millones más pobres. Un mazazo al sueño americano y su postulado esencial de que cualquiera —con esfuerzo— puede llegar lejos en la vida. En el empeño por recuperar el “capitalismo de la clase media” Obama subía el salario mínimo y lanzaba una pregunta. “¿Aceptaremos que solo a unos pocos les vaya bien?” Algunos creen inevitable este trágala. “Las sociedades occidentales están envejeciendo rápidamente y los ancianos no lideran protestas ni revueltas”, reflexiona Tyler Cowen, autor del libro Average is over (Se acabó la medianía), que cartografía un mundo fracturado entre una élite que ha ganado con la gran recesión y el resto que debe sobrevivir en el universo precario.

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Las empresas abandonan sus colecciones de arte contemporáneo

Por: | 18 de mayo de 2015

Centro Botín
“Toda vida es un proceso de demolición”.
Esta frase del escritor Francis Scott Fitgerald acude, veloz, cuando converso con Nimfa Bisbe, directora de la colección de arte contemporáneo de la Fundación Bancaria La Caixa.

Trato de averiguar qué ha sucedido con las colecciones de las empresas privadas durante estos inacabables años de crisis. Recuerdo que la del banco estadounidense Lehman Brothers fue vendida al mejor postor. El mismo destino compartieron los fondos de Afinsa y Forum Filatélico, ambas enlodadas en un fraude piramidal que asfixió el futuro de miles de personas. También sé que la implosión del ladrillo obligó a subastar en Londres los estupendos chillida, kapoor y baselitz de la promotora española Urvasco. O que el NRB Bank alemán vendió en noviembre pasado dos warhol por 121 millones de euros. Oscuros presagios.

Joseph Beuys, VEGAP, Barcelona, 2015 'Se cuenta detrás del hueso. Espacio de dólor'. 1983. Planchas de plomo, hierro y anillas de plata. La primera obra que la Caixa adquirió para su colección de arte contemporáneo.

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Giacometti y Picasso suman 287 millones de euros a una subasta histórica

Por: | 12 de mayo de 2015

Apertura Picasso

Ni una sola silla libre. Ni un hueco. Los asistentes con el teléfono móvil en la mano grababan un momento único en la historia del arte y los dineros. En la mítica sala del Rockefeller Plaza de Nueva York, la casa de subastas Christie’s volvía a repetir el milagro de los panes y los peces.

Cuando se pensaba que el mercado del arte se daría un respiro tras los precios de vértigo en los que lleva emborrachado desde hace un par de años, una pintura fechada en 1955 de Picasso, Les femmes d’Alger (Version O), se convertía en la obra más cara vendida nunca en subasta. Un comprador anónimo ha pagado 179.365.000 dólares (160.675.000 euros) por una tela que reinterpreta el conocido cuadro de 1834 de Eugène Delacroix, Mujeres de Argel

La última vez que el picasso salió al mercado fue en noviembre de 1997, cuando se vendió en Christie's por 31,9 millones de dólares. Fue adquirido por un coleccionista de Arabia Saudí que lo ha tenido guardado en su residencia de Londres.

Delacroix
'Mujeres de Argel', de Eugène Delacroix. Obra que reinterpreta Picasso en 'Les Femmes d’Alger (Version ‘O’)'.

De esta forma desbancaba del ranking de la obra más costosa al tríptico Three Studies of Lucian Freud (Tres estudios de Lucian Freud), que fue rematado en noviembre de 2013, también en Christie’s, por 142,4 millones de dólares. Esa fue la cifra que pagó por los tres lienzos Elaine Pascal Wynn, exmujer del magnate de los casinos Steve Wynn.

Bacon
'Three Studies of Lucian Freud' de Francis Bacon. Hasta la venta de 'Les femmes d'Alger', de Picasso, era la obra de arte más cara de la historia rematada en subasta.

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La aristocracia inglesa le hace un roto al patrimonio del país

Por: | 04 de mayo de 2015

Castle Howard with Atlas Fountain [-® Mike Kipling] (Small)
Es una sangría que no cesa
, y desde hace un par de años se ha intensificado. Los vertiginosos precios que maneja el mercado del arte (solo hay que ver las subastas que preparan Christie’s y Sotheby’s para este mes de mayo) han provocado que grandes colecciones aristocráticas inglesas se deshagan de algunos de sus mejores tesoros, casi siempre pinturas de Maestros Antiguos.

La pérdida de obras es tan grande en el país (algunas fuentes cifran en 30.000 los objetos artísticos que pierde Inglaterra al año) que influyentes medios de comunicación, como el rotativo The Guardian, ya han pedido un cambio de legislación para bloquear esta fuga. El problema es que Londres, junto con Nueva York, es el gran centro del comercio de arte del planeta. Por lo que cualquier norma restrictiva iría contra sus propios intereses económicos. De momento, la legislación inglesa permite a la Administración un tiempo de unos seis meses para frenar la marcha de una pieza al extranjero. En ese lapso debe igualar el precio de venta y ejercer su derecho de compra. Sin embargo conseguir fondos públicos y privados para “salvar” pinturas antiguas de las manos de compradores foráneos es, estos días, casi, una quimera. De ahí la magnitud de la pérdida.

Castle Howard - Venice, View of the Grand Canal
Belloto pintó esta 'veduta' de Venecia con solo 16 años. La familia Howard vende la tela por entre 3,1 y 4,7 millones de euros. Foto: Sotheby's.

El conde de Derby, informa The Art Newspaper, está vendiendo dos pinturas de Bernardo Bellotto (1721-1780) por unos 20,5 millones de libras (27,7 millones de euros al cambio actual).
Se trata de una transacción privada a través de Christie’s y lo más factible es que acaben en alguna colección estadounidense. Los cuadros (La fortaleza de Königstein vista desde el sur y La Fortaleza de Königstein vista desde el norte) fueron un encargo de Augusto II de Sajonia y habían permanecido en la familia durante más de 200 años.

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