Agnes Martin: la pintora engullida por el desierto

Por: | 22 de agosto de 2015

Agnes Martin Apertura

En la sala seis de la exposición que la Tate Modern de Londres dedica (hasta el 11 de octubre) a Agnes Martin (1912-2004) hay escritas en un pasillo que comunica dos estancias unas frases, breves, de 1975, de la artista norteamericana. “Estos grabados expresan inocencia en la mente. Si puedes retenerla y mantener tu mente tranquila y vacía y admitir al mismo tiempo tus sentimientos entonces conseguirás una respuesta plena a este trabajo”.

Son 30 estampas, aparentemente sencillas, que en 1973 se exhibieron por primera vez en el MoMA. Líneas horizontales y verticales que, en ocasiones, construyen una retícula. Al igual que un niño dibuja formas basicas en el colegio a través de la escuadra y el cartabón. Y, sin embargo, impresionan. La sinceridad, la humildad, la repetición nada mecánica nos lleva a una de las artistas más trascendentes de la última mitad del siglo XX. Porque si la obra de Agnes Martin es extraordinaria, su vida también.

Hoy el trabajo de Martin se encuentra en todos los grandes museos del planeta y sus cuadros valen millones de euros. Pero, desde luego, no siempre fue así. Durante años no existió.

Agnes Martin I

'Untitled 5 1998', de Agnes Martin. La artista utiliza cinta de carrocero para trazar las líneas rectas.

Su relato comienza en una granja aislada en la provincia canadiense de Saskatchewam. Agnes Martin nace el 22 de marzo de 1912 (el mismo año que Jackson Pollock) en el seno de una familia de pioneros escoceses presbiterianos. Su educación será espartana y difícil, incluso confesará a su amigo, el periodista Jill Johnson, haber sufrido abusos emocionales en la niñez. De cualquier forma en esos años adquiere un sentido de la disciplina, el esfuerzo y la renuncia que la acompañarán durante sus 92 años de vida.

Sin embargo, antes de ser artista probó otras cosas. Intentó entrar en el equipo Olímpico de natación, estudio magisterio y con 20 años empezó a dar clases en poblaciones remotas del noroeste del Pacífico. Entre el océano y las Montañas Rocosas. Un nomadismo que será parte central de su existencia. Hasta 1941 no entró en contacto con la pintura. Ese año se traslada a Nueva York y empieza a estudiar arte en la Universidad de Columbia. Durante los próximos tres lustros va y viene entre Nueva York y Nuevo México dando clases en diferentes centros. Sin prisas, y en secreto, da forma a su mirada de artista. Como explica la escritora Olivia Laing, en una recomendable pieza en el periódico The Guardian: “Muy poca obra de esa época ha sobrevivido, debido a su hábito de destruir todo aquello que no alcanzara sus requisitos de madurez”.

Agnes Martin II
'Amistad', 1963. Obra expuesta en la Tate Modern de Londres.

Ahora la artista tiene 45 años y ha encontrado un espacio en Nueva York donde trabajar. Es un loft en un edificio casi abandonado de armadores del Bajo Manhattan. Carece de agua y las paredes son frágiles. Pero la comunidad artística a su alrededor es muy potente, joven y, mayoritariamente, gay. Robert Indiana, Ellsworth Kelly, Robert Rauschengerg, Jasper Johns. Es la primera vez que tiene un espacio estable de trabajo y encaja muy bien con esa generación de brillantes artistas. Aun así tiene que lidiar con sus nubes negras.

Desde joven padece esquizofrenia paranoide y sufre alucinaciones sonoras, voces, trances catatónicos y depresión. “Sus voces, como ellas las llamaba, dirigían casi todos los aspectos de su vida, a veces para castigarla y a veces para protegerla”, relata Olivia Laing. Desaparece durante días, vagabundea y tiene que ser internada durante esos años neoyorkinos en diferentes hospitales. El tratamiento, a veces, incluye electroshocks. Incluso los médicos la prohíben que escuche música o la radio porque le afecta tanto que entra en trance. Imposible obviar que todo esto repercute en su trabajo. Sin embargo, continúa volcándose en la retícula, la línea y sus encuentros y separaciones. “Cada vez más y más excluyo de mis pinturas todas las curvas, hasta que finalmente mis composiciones consisten solo en líneas verticales y horizontales”, explica Agnes Martin en una entrevista de 1967.

Agnes Martin III

'Sin título', 1959.

Precisamente en el verano de 1967 se produce la fractura. Desaparece del mundo del arte. Décadas después explicará qué sucedió. “Dejé Nueva York porque todos los días sentía que quería morir y estaba relacionado con la pintura. Tardé varios años en descubrir la causa de este desmedido sentido de responsabilidad”. Lo cierto era que su amigo Ad Reinhardt (cuyas pinturas adoraba) acababa de morir, su relación (llevaba su homosexualidad con una enorme discreción) con la artista griega Chryssa (1933-2013), famosa por sus obras con neones, había acabado y el edificio donde vivía en la ciudad, que tanto le gustaba, iba a ser demolido. Se había quedado sin asideros. Estaba sola sobre la grieta. Así que con el dinero que acababa de recibir de una beca compró una autocaravana y se esfumó durante un año y medio. Nunca se ha aclarado dónde estuvo ese tiempo ni qué hizo, pero aun así escuchamos su voz sobre el arte. “Era amigo de Barney Newman. Hablamos sobre Picasso, era un buen pintor porque trabajaba duro. Pero tenía muchas ideas disparatadas. Me gustaba Andy Warhol, pero sentía miedo de sus amigos”.

El caso es que en 1968, de improviso, reaparece en una gasolinera de Cuba (Nuevo México). Una población en medio del desierto casi deshabitada donde el polvo parece maquillaje sobre la piel. Hasta 2010 Cuba no superará los 700 habitantes. Allí contacta con la mujer del dueño de la estación de servicio que le ofrece un terreno en alquiler. En este paisaje desolado se instala y comienza a construir una sencilla casa con ladrillos de adobe y un pequeño estudio con tres árboles que derriba gracias a una motosierra. Sin luz, sin teléfono, sin vecinos.


Agnes-Martin IV

Detalle de Sin título  #1 2003 de Agnes Martin. Fotografía cortesía: Estate of Agnes Martin.

Es su retorno al mundo del arte. “Mis pinturas no son objetos, ni espacio, ni formas. Son luz, claridad; rompen la forma”, contará Agnes Martin. Así es. Su manera de entender el trabajo artístico es tan excepcional como ella. Esperaba a tener una “visión”. Una proyección mental de la pintura. Luego comenzaba a aplicar fórmulas matemáticas, escalaba la tela, la dividía y usaba lápiz y cinta de carrocero para trazar sutiles líneas en un lienzo enyesado. Después aplicaba algunos de sus colores fetiches como el rosa claro o un azul frío. Como si pretendiera capturar toda la luz de Nuevo México. Terminaba la pintura y, entonces, aguardaba a una nueva visión.

En este mundo espartano (apenas comía) sobrevivió durante décadas. “Sus años en Nueva México están marcados por una retirada del mundanal ruido, una vida de renuncia y restricciones que a menudo parece masoquista, aunque Martin insistía que su intención era espiritual: una guerra interminable contra el pecado del orgullo. Sus voces eran estrictas en sus limitaciones. No le permitían comprar discos, tener una televisión o un perro o un gato que le hicieran compañía. En el invierno de 1973 vivía de nada excepto de algunos tomates, nueces y queso”, narra Olivia Laing.

 
Pero nunca cesó de trabajar, expone en la galería Pace de Nueva York y su trabajo gana poco a poco reconocimiento. En este círculo se mantendrá hasta el final de sus días. Llegan en diciembre de 2004. En la enfermería de la residencia de ancianos de Taos (Nuevo México) donde se había internado voluntariamente. A su alrededor, su familia y sus amigos más cercanos. Tenía 92 años. Y un talento claro y azul como el desierto.

 

Fotografía de apertura: Agnes Martin fotografiada cerca de Cuba (Nuevo México, Estados Unidos) en 1974. Foto: Gianfranco Gorgon/Cortesía: 'The Guardian'.

 

 

Hay 1 Comentarios

La Audiencia Nacional ha archivado la querella interpuesta por una plataforma de minoritarios contra Abengoa a raíz de una supuesta falsedad documental en sus cuentas presentadas en septiembre-2014.La bolsa debe reflejar el valor real de las acciones en cada momento,(valor de una empresa en la m.economico=m. bursatil)asi ocurre en los EEUU. En China estas empresas estan supervaloradas porque el capitalismo popular invierte todos los recursos en las empresas chinas, 80 millones de inversores que desean que sus empresas no dejen de expansionarse,invierten a futuro. El problema es Europa que es muy debil (los grandes fondos internacionales y brokers tienen hundida la zona euro) y las empresas estan infravaloradas y no pueden financiarse en el mercado, teniendose que hipotecar lo que le resta capacidad de competir con las anteriores y ademas se ven limitadas en sus planes de expasion, investigacion,....ABENGOA que deberia ser un orgullo y una necesidad para todos los europeos,....HUNDEN CUANDO QUIERAN, CUALQUIER VALOR, CUALQUIER EMPRESA, PARA VERGUENZA DE EUROPA. PARA VERGUENZA DE ESPAÑA.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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