Una superviviente del Holocausto reclama un tesoro artístico a Cuba

Por: | 22 de diciembre de 2015

Apertura Cuba
Las pinturas se vieron por última vez hace cincuenta años.
Desde entonces no se sabe nada de ellas. Se desconoce el paradero de los goya, degas, van gogh, picasso, hans memling que una vez, allá en 1959, colgaban de las paredes de su casa de la Habana. En su día se tasaron en tres o cuatro millones de dólares. Hoy podrían rondar los 300 millones.

Olga Lengyel (1908-2001) sobrevivió a la barbarie de los campos de exterminio de Auschwitz. Su padre, Ferdinand Bernat-Bernad, fue un próspero industrial judío amante del arte de su tiempo. Cuando en los años treinta del siglo pasado el nazismo irrumpió en Hungría, sintió que no podía quedarse en el país. Huyó con parte de sus propiedades a Francia e incluso allí, a través del conocido marchante, Joseph Schaefer, compró varios cuadros más para su colección. Pensó que en unos tiempos terribles e inestables sería la mejor de las divisas. De alguna forma, no se sabe cómo, tal y como relata el periódico The Art Newspaper, las obras no fueron expoliadas en Francia por los propios nazis o por colaboracionistas galos.

Aun así tampoco pudieron escapar al drama. En 1944 toda la familia fue obligada a subir a un tren con destino a Auschwitz-Birkenau. Solo Olga Lengyel logró salir con vida. En el campo de exterminio perecieron los hijos de Lengyel, sus padres y, también, su marido.

Al final de la II Guerra Mundial Olga se instala en París. Allí escribe sus memorias, que tras diferentes ediciones van cambiando de título. Con él tiempo Five Chimneys: a Woman Survivor’s True Story of Auschwitz será, dicen algunos, una de las fuentes que el escritor William Styron utilizará para escribir en 1979 la famosa novela La decisión de Sophie.

Sin embargo, la historia, ahora, se traslada a Cuba. Allí se establece Olga en 1954. Llega tras una larga estancia en Nueva York y con el pasaporte estadounidense en el bolsillo. Con ella viajan las obras de arte que había milagrosamente escondido a los nazis. Conocedora del tesoro que posee, lo documenta. Una bailarina de Degas, Retrato de una marquesa (Van Dyck), Tres nobles (Goya), Ángel en un paisaje (Hans Memling) y Frutas en un recipiente (Picasso). Una pequeña pinacoteca de grandes maestros.

La_Virgen_y_el_Niño_entre_dos_ángeles_(Memling) El 1 de enero de 1959, Fidel Castro entra en Santiago de Cuba y Olga Lengyel huye a Nueva York donde firma una demanda para que el régimen cubano le restituya las obras que ha abandonado, precipitadamente, en la Habana. Pero la enorme tensión durante décadas entre Cuba y Estados Unidos impide que las telas regresen. No se atiende a ninguna de las reclamaciones de la coleccionista.

En los últimos meses, la relación entre cubanos y estadounidenses ha cambiado mucho. Barack Obama ha abierto la puerta a la isla caribeña y, por ejemplo, la ha sacado de la lista negra de los países que apoyan al terrorismo. Tal vez, por fin, se pueda conocer el destino y la suerte de este tesoro (que fue visto por última vez en Cuba) y que sobrevivió a uno de los periodos más infames de la humanidad.

Por desgracia, si esto ocurre, Olga no podrá contemplar otra vez sus cuadros. Falleció en 2001, y no dejó herederos conocidos. Sus dos hijos murieron en Auschwitz. Por eso son los representantes de su legado quienes, ahora, reclaman las obras. En concreto la Memorial Library, una organización que la coleccionista fundó para que no se olvidará el Holocausto ni el valor del arte.


Fotografía de apertura: Imagen tomada por una aseguradora en los años cincuenta del siglo pasado en la casa de la Habana de la coleccionista Olga Lengyel en la que se ve una obra aparentemente de Degas. Foto: The Art Newspaper.

Fotografía interior: La Virgen y el niño entre dos ángeles, obra de Hans Memling perteneciente al Museo del Prado.

 

Hay 4 Comentarios

Hoy, cuando termina el año,un 31 de diciembre, quiero también enviar un abrazo a nuestro genio realista, Antoñito López García, el pintor más perfeccionista español, y agradecer su cordialidad, su sencillez, su actitud amistosa y amable de siempre.
¿Recuerdas las horas pasadas juntos en Italia,en el lago de Como, en la Fondazione Antonio Ratti, horas con el crítico Vittorio Sgarbi.y tu dibujo con el árbol de membrillos?
Te deseo lo mejor para el próximo año. en este momento incierto y difícil de los españoles.
Abrazos,

Santiago Palet

Hoy, 31 de diciembre deseo felicitar a Juan Genovés, el mejor artista contemporáneo español,y celebrar que su obra extraordinaria "El Abrazo" pueda ser vista por todos.Un enorme abrazo afectuoso para Juan Genovés,nuestro compañero, amigo. hermano, el artista de la mano solidaria, altruista y amigable.Agradecerle todo lo que ha hecho por muchos de nosotros.Agradecerle todo su Humanismo, un ejemplo de vida, vivida para el bien de los demás, par el arte solidario y social, el arte socialista.
Gracias por tu corazón solidario.
Te deseo una larga vida de salud y bienestar,de creación,y todo lo mejor para el próximo año.
Abrazos,
Santiago Palet.



Un mal olor repugnante de artista.

Uno de éstos días he leído en El Pais un bonito artículo titulado "La misma mierda, pero exquisita", y me ha traído buenos recuerdos, de cuando éramos ingenuos, idealistas, y jóvenes, con talento y sin dinero.
En Roma, en la pasticceria Rosati de Piazza del Popolo, a los extravagantes pintores renovadores, los llamaban, " Giovani, belli e maledetti" y todo se quemaba muy rápido.
Muchos se murieron, a causa de una vida desordenada y bohemia, vivida a toda prisa, entre un extremismo ideológico, y substancias tóxicas. Gioventú brucciata. Una pasión desbordada, sin límites, en una deriva existencial. Otros hemos sido unos sobrevivientes, por suerte, por casualidad, o por el destino.
El autor del artículo, que escribió hace unos meses otra obra literaria titulada “ Porno y baratijas del arte moderno” hace lo que sabe hacer, o sea periodismo. Cuenta cosas que sucedieron, aunque él no las haya visto nunca.
Basquiat se quemó joven,por sus adicciones extremas, a Warhol lo quemaron, otros, y quedó sólo el dinero y la leyenda, y cientos de cuadros, en los museos, o en las manos de coleccionistas.
Recuerdo cuando Andy llegó a Roma, llevaba colgadas una Polaroid y una grabadora, y vino un día a visitar a Mario Schifano, en su casa de frente al Tévere. Le encantaba todo lo antiguo, y decadente. Dijo que le gustaría vivir en una casa como aquella. La vivienda estaba llena de antigüedades romanas, que fascinaban a Andy. Las llevaban allí marchantes de arte que intentaban conseguir a cambio algunas pinturas de Mario.
Warhol estaba filmando una de sus películas, con un contrato, con un guión y un argumento, en una lujosa villa al final de Appia Antica, acompañado de un grupo de insensatos exhibicionistas, excéntricos, improvisados, y un realizador de cine americano serio y profesional. Hasta entonces las películas que había hecho en Nueva York, no tenían guión, ni director, ni movimiento, algo insólito en el cine.
Lo había llamado el productor Charles Bridge, que era el pseudónimo de Carlo Ponti, para que realizara algo innovador, con mucha fantasía y poco presupuesto. Andy inventó historias de vampiros, y vampiras, con algunas escenas bastante eròticas, aunque al final parece que algunas no salieron, porque “L`Osservatore Romano “ imponía mucha censura. No querían que se viera en público lo que algunos hacían ocultamente.
Ellos querían sangre, y ellas, esperma. Usaban pintura roja para unos y yogourt natural para otras.
Se levantaban muy tarde, con el maquillaje de la noche anterior, filmaban algunas escenas improvisadas, que no salían en el guion, inventaban de un momento a otro, escenas grotescas, y trabajaban o se divertían hasta muy tarde, porque los vampiros viven de noche.
Habían llegado unos escenógrafos de Cinecittá, y pintaron en el sótano un cielo tenebroso con luna llena, y en el salón unas montañas de Transilvania, con el castillo de Drácula.
Allí estábamos nosotros, sentados en un porche distante, mirando aquella creación en directo, entre discusiones y sándwiches. Andy estaba en la terraza, fotografiando todo.
Llamaron a Helmut Berger , y el actor austriaco les prometió que vendría, pero no llegó nunca. Era muy miedoso.
Un día que llegó el productor, con su secretario, un joven francés elegante, se hizo una proyección improvisada, y después de ver aquel circo, lleno de imágenes delirantes, dentro y fuera del film, le propuso a Andy que en vez de hacer una película, hiciera dos, de argumento muy parecido, con tantas imágenes absurdas acumuladas sin orden. Ellos se encargarían de montarlas.
Todo era muy divertido, Mario aparecía de vez en cuando para aprender algo de técnica, para sus futuros experimentos, de cine undergraund, después de filmar “Umano non Umano”,y al final se hicieron dos películas muy interesantes. Una se titulò “Frankestein”,creo, y la otra “Dràcula”, aunque los romanos la llamaron “dare in culo”
Aquella fue la única vez que Andy Warhol no ganó ni un céntimo con su talento, y sus ideas. En Norteamérica es impensable trabajar sin cobrar, pero en Roma sucede a menudo, con “il bidone”.
Las películas fueron un éxito, aunque Carmelo Bene dijo que eran una basura repugnante, pero el productor, que se reservó los derechos de la distribución, al final no les pagó ni una lira, a nadie del grupo, ni al director, ni a las actrices, ni a los vampiros, ni a Warhol.
Desde Nueva York, Andy llamó varias veces a Roma, y después envió a Malanga para intentar cobrar su parte, pero fue inútil, recibió sólo invitaciones, saludos, y promesas, pero se volvió a Nueva York sin un sólo dólar. En cambio, Carlo Ponti le dijo a Andy que le enviara un retrato de Sofía Loren, gratis.

Años después, en 1980, fui a Nueva York, y una tarde, pasamos a visitar a Andy , en su estudio, la Factory, con una chica muy alta, rubia, sueca, que estaba en el mismo hotel, el Chelsea, de la calle 23.La chica me avisó de que a veces le gustaba hacer sus fotos Polaroid de traseros de los visitantes, y no tenía que extrañarme, era sólo una tontería, que él coleccionaba. traseros de chicas y chicos. Me recibió como a todo el mundo, era siempre muy afectuoso, agradable, con una vocecita muy fina. Decía siempre oh! darling, Me mostrò la foto de un trasero, que según él, era de un torero.
Estaba todo el rato sentado en un sofá plateado, mientras Gerard Malanga imprimía los cuadros, en color negro sobre telas con fondos pintados en colores acrílicos. Por el suelo había una prueba en papel, estampada en serigrafía, con una hoz y un martillo rojos. Me dijo: "¿Tù no vas por Italia?, llévatelo, allí los usan mucho". Me senté sobre un cubo de madera, impreso con la marca del detergente Brillo. Estaba por allí una joven galerista de Milano, Gloria, que le encargaba algunos cuadros de pequeño formato. No costaban mucho, entonces, de 20 a 30 mil. Las grandes flores, valían 50.Los retratos de 70x70, los vendía a 25.000.

A veces, se levantaba, se iba a un rincón y hacía un pipì sobre una lámina metálica puesta en el suelo. A todos les parecía normal. El cuarto de baño lo usaban como cámara oscura, para revelar las fotos, y ampliar las películas que grababan en las pantallas serigràficas, con una lámpara de Wood, sobre la pantalla de seda cubierta por una capa fina emulsionada. Había varias, apoyadas al muro. Bastaba poner el color, e imprimir sobre una tela, a mano.Eran 10 minutos. Se podían hacer varios cuadros, en colores diferentes.
Unos años después, lo he visto de nuevo, en una exposición, de la galería Iolas, creo, en Milano, de cuadros con culos y cojones. Eran los dos únicos temas de la muestra. Y tres años más tarde, presentó otra colección con retratos de Leonardo, frente a Santa María delle Grazie. Un mes antes había enviado a su asistente para hacer fotos del mural de Leonardo, “ La última cena”, y después , en Nueva York, imprimió algunos cuadros de la imagen, en diversos colores.
Nos prometió que nos firmaría algunos ejemplares, del afiche, pero de un momento a otro, Andy desapareció, y lo encontramos en la oficina contigua, echado en un sofà, durmiendo, agotado.

Viendo ahora aquellas fotos en blanco y negro, algunas tomadas durante una sesiòn de proyecciòn de alguna pelìcula experimental, recordando las noches en el estudio de Mario, se siente una nostalgia enorme. Allí estaba, sentada en el suelo, María Schneider, la chica del “último tango”, con la melena muy rizada, falda corta, braguitas rosas, botas altas, y la cara ausente, estaban las jóvenes actrices, Sydne Rome, Eleonora Giorgi, Agostina Belli, un activista de Prima Línea, o de Lotta Continua, buscado por la policía, la cantante Patty Pravo, el famoso guitarrista inglés, Keith Richards, que después se casaría con la novia de Mario, Anita Pallenberg, una chica delgada con un flequillo negro, que estaba siempre sentada sobre las rodillas de Mario. Parece que Anita fué despuès a Londres con Mario, y se quedó.
El poeta Sandro Penna, Tano Festa, Alberto Moravia, Marco Ferrerri, los bohemios viajeros, cosmopolitas, envueltos en un humo de olor inconfundible, de hierba, pero que se mezclaba con el olor a pintura de esmalte industrial, que usaba el asistente de Mario, para pintar los fondos de los cuadros.
Sandro Penna , el poeta neovanguardista, decía que acababa de llegar de Barcelona, con Pasolini, donde visitaba a los poetas novísimos, y traía libros en catalán.
En Roma se quedó, una larga temporada, con Mario, Marianne Faithfull, la novia de Mike Jagger ahora convertida en el nuevo amor de Schifano, el pintor más pop de Italia. Decían que les gustaban el sexo, las drogas, y el rock and roll, y en esta ocasión, esta chica tan agradable, y complaciente, eligió los dos primeros, y dejó que el rock se volviera a Londres, solo. Mike Jagger actuó para una de las películas underground de Mario, vestido con un traje rosa, bailando en un escenario improvisado.

Parecía que el futuro sería maravilloso, y nosotros podíamos cambiar el mundo. Todo era posible. La belleza, el amor y el placer eran gratis y fugaces, el arte y el dinero circulaban en abundancia, era facilísimo obtenerlos.
En aquella ciudad tan divertida, y exhibicionista, sin embargo, había tres enigmas que han vivido siempre ocultándose: Alberto Burri, Cy Twomly, y Balthus.

Burri era el más esquivo, desde los tiempos de via Aurora, muy cerca de Villa Borghese, donde conoció a su mujer, Minsa, Craig, el àngel celestial, una bailarina americana,que se hospedaba en un hostal del piso superior, justo detrás de de via Veneto. Minsa me contò que desde su balcón, veía a Burri salir al patio, y poner a secar al sol sus cuadros de “catrame”.Tenía curiosidad, y un día, Burri la invitó a visitar su estudio. Era el año 1956.Ya no se separaron nunca más. Minsa ha estado enamorada de “Buri”como lo llamaba, hasta el final de su vida.
De noche dormía allí por el suelo el poeta Emilio Villa, su amigo, pobre y genial. Después, Burri estuvo en el estudio de Passeggiata di Ripettta, cerca del Tevere, y màs tarde había huido finalmente hasta Grottarossa, un lugar inalcanzable, saliendo por la Cassia.De invierno se iba a Los Angeles, vivía en una bellísima casa en la colina, y en primavera, solía estar a veces en una antigua casa solitaria de piedra de dos pisos, en medio de los bosques, entre los pinos y los castaños, sobre las montes de Città di Castello. No había un camino de acceso para llegar hasta allí, solo un estrecho sendero.Era un lugar totalmente aislado.
De cuando en cuando, llegaba a Città di Castello algùn coleccionista , que querìa comprar uno de sus famosos “Sacco”, pero Burri les hacìa responder que no tenìa ninguno, porque habìa dejado de hacerlos en los años 50.Sin embargo, en su casa paterna, de vìa Plinio il Gionvane,en la planta baja, guardaba un gran nùmero de ellos, ocultos, casi nadie lo sabía, Era el museo secreto de Burri.
En los últimos años de su vida, Burri, golpeado por un enfisema pulmonar,a causa del humo de los plásticos que quemaba, se escondió en Beauliu sur Mer, en una bonita casa frente al mar, llamada Marou te Poari, un nombre Polinesiano, en la altura,a unos 5 kilómetros del pueblo, cerca de la carretera que subía hacia Eze Village, donde poseía otro estudio, con un jardín y un enorme pino. Alli había una especie de microclima suave.Se veía abajo el puerto, y al fondo, toda la bahía, azul de mar y cielo.
Allí ha creado la última serie de su vida, el “Oro e Nero” con color opaco, contrastando con el color brillante de vinavil, y con los relieves de grietas.
En 1995, Alberto, maltratado y crucificado por las enfermeras del hospital de Niza, murió, una noche,solo. Minsa había ido a descansar a casa, creía que estaba bien. Burri, después de medianoche, estaba un poco agitado, casi no respiraba, llamó a las enfermeras, no hablaba francés, y éllas lo ataron cruelmente a los barrotes de la cama, sentado, para que estuviera quieto. Así murió, de noche, solo, sufriendo, agonizando. Así lo encontró Minsa al día siguiente, atado por los brazos y la cabeza, con cinturones de cuero a los barrotes de hierro de la cama, como si fuera un violento peligroso.
Así murió el mejor artista abstracto del siglo XX, y un hombre de buen corazón, tratado sin piedad.
Al dia siguiente, todos los canales de televisión anunciaban su muerte y la enfermera, estuvo visitando a Minsa casi a diario, arrepentida.
Con Minsa pase en Beaulieu algunos dìas de serenidad y afecto.. Sólo 3 o 4 personas tenían acceso a la casa. Hasta allí le llevé unos cactus de Sant Cugat, que ella había visto en mi casa , le gustaban mucho, y los plantamos al lado de las gradas de la entrada, en su jardín. También tenía un árbol de limones y una buganvilla de color lila, que cubrìa todo el muro superior. En primavera, florecìan colores rosas y se expandía un perfume que corrìa con la brisa marina.
Todo el dia lo pasaba escribiendo la biografia de Burri, y vivìa como si el artista estuviera allì con ella.No hacìa nada que èl no hubiera aprobado.

Nadie conocía los números de teléfono, secretos, ni su dirección, y muy pocos tenían acceso a estos artistas.
No querían dejar muchas obras, ni acumular dinero, la mayor parte las guardaban para su fundación.

Balthus vivía en Villa Medici, y alguna rara vez, a las siete de la tarde, se reunía con algunos amigos selectos, entre ellos Federico Fellini. Nunca mostraba sus cuadros a casi nadie, y decía siempre que no estaban terminados. Trabajaba minuciosamente , con un estilo muy realista, y tomaba cientos de fotos Polaroid para recordar los detalles. Tardaba años en pintar las figuras de sus jóvenes modelos, con mucha exactitud.
Años después, se escondió en un castillo en Umbria, y después se retiró a una enorme mansión en un pequeño pueblo suizo, con su mujer japonesa, en un lugar apartado y desconocido.

Cy Twomly estaba en vìa Monserrato, cerca de Pizza Navona, en casa de los Franchetti, de antigua nobleza romana. Era prácticamente imposible visitarlo, si no eras conocido. Su teléfono no respondía a nadie. Sólo dos o tres veces tuve esta oportunidad. Su secretario me dijo que pasara al dia siguiente, por la mañana. Era un hombre alto, aristocrático, y tranquilo, muy educado, que vivía en la privacidad del arte, con lentitud, en silencio, acompañado de su secretario y su mujer. En el muro, tenía un enorme cuadro blanco, con pinceladas de color blanco marfil sucio, y líneas de lápiz ,de crayón pastel ocre, unas tachaduras en lápiz rojo, y garabatos de tiza grises, muy tenue.
Me mostró su estudio, enorme, con algunas obras de su amigo Bob Rauschenberg, y una pequeña escultura de Miró.
En los últimos años, Twomly se retiró a Gaeta, un pequeño pueblo junto al mar. Allí murió, hace algunos años, acompañado de su socio y amigo.
Sin embargo, casi nadie sabe que Twomly ha tenido por muchos años un almacén lleno de cuadros, justo al lado del enorme estudio loft de Schifano, al final de Vía delle Mantellate, en el Trastèvere, de frente a la cárcel, donde Mario pasó una temporada por culpa de una amiga que le traía un poco de su afición preferida, volviendo de Sudamèrica, apenas unos gramos, y se lo contó todo a los guardias de aduanas del aeropuerto de Fiumicino.
Allì, en aquel almacén, había cuadros que los museos estaban dispuestos a pagar a precios escandalosos. Pero Twomly apenas permitía que se vendieran unos 5 o 6 cuadros al año.
Llegaban a veces desde Zurich, para llevarlos al Museo de Arte Moderno, o a casa de algùn coleccionista.
Ni siquiera Mario lo sabía, hasta que se lo contó el noctámbulo artista conceptual Gino De Domenicis, famoso por presentar en la Biennale di Venezia a un hombre mongólico handicapado, en persona, en estado puro, al natural, que había encontrado de noche por la calle, como una obra de arte única. Años antes tuvo su estudio allí. Era un artista muy extravagante, que vivía de noche , y de día dormía. Había visto que de noche, allí traían o llevaban algunos cuadros, envueltos en plásticos de burbujas.

En cambio, no era difícil sentarse a charlar con Giorgio De Chirico, en el Antico Caffé Greco, siempre con corbata, los cabellos blancos bien peinados, serio, muy educado, y pasar a visitarlo, allí cerca, en Piazza di Spagna n° 31, de frente a la fontana del Bernini “La Barcaccia” a su casa y estudio, situado en el quinto piso. En el estudio donde pintaba, había una ventana desde la que se veía una enorme palmera, del patio posterior, al lado de las escaleras, la famosa “Scalinata “de Trinitá dei Monti, y podías pasar, si tenías suerte y conseguías burlar la vigilancia de Isabelle Far, la terrible agregada militar del artista. No se lo que hubiera ocurrido si los numerosos turistas americanos y japoneses que paseaban por allì, hubieran sabido que a pocos metros se encontraba el Maestro Pictor Optimus, creador de la legendaria Pittura Metafìsica.
Su estudio estaba siempre muy ordenado, tenía una gran alfombra persa y un escritorio, y una tela sobre el caballete, con dos caballos. Pintaba con pequeños pinceles muy finos redondos de pelo de marta, con colores al óleo y una especie de resina transparente, que mezclaba con el color.
No había que hablarle del arte moderno, ni nombrarle a ningún artista abstracto, porque se exaltaba mucho. Tampoco tenía buena opinión de ningún pintor moderno español, aparte de uno, que conoció de joven en Montparnasse. ”Parla piano, Giorgio”, le ordenaba su mujer. Ella escribía artículos que firmaba con el nombre de Giogio De Chirico, y se publicaban en “Paese Sera”, que provocaban escándalo y polémica. No sospechaban que no los había escrito él, cuando se lo comentaban en el café Greco. Apenas los había leído.
Mientras en las calles se organizaba la revolución y surgían las últimas vanguardias, que destruían la pintura tradicional, él se había vuelto más clásico, quería pintar como Tiziano, y ya no recordaba casi nada de la pintura Metafísica, que había creado, ni de las escenas surrealistas pintadas por su hermano, Alberto Savinio, cuando estaban en Parìs.

Schifano era muy accesible y sociable, y siempre estaba dispuesto a venderle 20 o 30 cuadros a un amigo, que hacía en 15 días, si le dabas un anticipo de cinque milioni,
Mario tenía en el estudio, subiendo arriba por la escalera de caracol que llevaba al altillo, su refugio personal, un maletín negro lleno de cheques bancarios,y billetes de centomila, debajo de la mesa, porque estaba perseguido por el fisco, y también una bolsa llena de polvo blanco, que tampoco olía a nada, aunque se lo pusieran en la nariz.
Pecunia non olet. Allí, a veces, se veía también a una chica, debajo de la misma mesa, sin permiso de Mario, que estaba distraído mirando los varios canales en los televisores y los fotografiaba con su Polaroid. Esta chica hacía cosas allí debajo, que no se pueden contar a todo el mundo. Llegaban muchas, sin avisar, porque èl tenía la manía de regalarles a varias un poco de marihuana, y prestarles su tarjeta de crédito, si tenía un buen día. Ellas, a cambio, ofrecían a veces, unos cuantos besos nocturnos, clandestinos, y fugaces. Para conocer algunas chicas guapas, el estudio de Mario era un lugar ideal. Estaban dispuestas a casi todo, la misma noche.
Dos horas más tarde, ya estaban en la discoteca Easy Going o el Art Caffè, o el Piper Club,o en el Notorius, donde iban los actores, las modelos, los políticos, las actrices, las secretarias, las princesas, pero nunca vi a un pintor, ni a un escritor, o un poeta, bailando o bebiendo. Sòlo una vez me encontré con el pintor Piero Dorazio en la puerta.Un día llegaron los actores y actrices de la película de Warhol, con sus vestidos y maquillajes de vampiros, y se organizó un show notable.

Resulta extraño leer a un periodista que escribe con desprecio de las obras de arte, y de los artistas, que no ha visto, ni conocido, ni comprendido. Es lógico que él no pueda entenderlos, porque para ello es necesario nacer con un don natural, una cualidad que ellos no poseen, la percepción estética visual, un instinto sensitivo, que no es razonable, ni lógico, una especie de sensación, de suaves cosquillas que se sienten en la frente, entre los dos ojos.

La diferencia entre un periodista y un artista, es que el artista posee un cerebro creador, que trabaja investigando enormes territorios desconocidos, inexplorados, y hace descubrimientos estéticos, inéditos, insólitos, islas, archipiélagos, paisajes submarinos inexistentes, cielos nocturnos imaginarios, de vivos colores imposibles, mientras que un periodista, trabaja en un territorio conocido, en la descripción narrativa de las cosas que suceden, es decir, que reproduce, o representa la realidad, lo que ya existe, no crea nada, sólo recrea.
Es lógico que un artista sea casi siempre incomprendido, hasta que su trabajo es asimilado.
Una obra de arte existe sólo a partir de que un artista la ha creado, y al principio, antes de ser vista repetidamente, con el tiempo, y asimilada, puede escandalizar a los puritanos. “Esto no es arte”.
Mario Schifano no escandalizaba a la gente, provocaba afecto, era un poco infantil, pero Piero Manzoni, Lucio Fontana , Alberto Burri, y Gianni Dova, sí que escandalizaron a una burguesía adinerada, que después , al final, acabó comprando sus cuadros con gran entusiasmo.
Piero Manzoni murió joven, como Basquiat. Un dìa lo encontraron muerto en el suelo de su estudio de vìa Fiorichiari, a pocos pasos de la Accademia Pinacoteca di Brera, la mejor escuela de Bellas Artes de Europa, donde Piero nunca puso los pies.
En Brera, y en la comunidad de artistas corrió el rumor de que se había suicidado, y empezó su leyenda. En realidad, se murió de una cirrosis, según me contó su madre, la condesa Valerie. Un par de años después, sus cuadros empezaron a venderse, después los galeristas hacían subir los precios, y ahora cuestan muchísimo. Pero siguen siendo provocativos, escandalosos, y en España algún periodista escribe artículos denigrándolos.
Piero fuè uno más de los “Giovani, belli, e maledetti.”
Los periodistas italianos llamaban a Piero Manzoni “ Il pittore que non usa i pennelli”,el pintor que no usa los pinceles. Algunos lo llamaban “schiffoso”, y “ merdoso”, o “pazzo”.
De acuerdo, pero al menos, habían entendido que era un artista
Santiago Palet

Enhorabuena por el artículo, Miguel Ángel. Me ha gustado mucho. Con tu permiso, me gustaría recomendar a tus lectores algunos libros fundamentales para acercarse al horror de Auschwitz http://despuesdelhipopotamo.com/2015/01/27/7-libros-auschwitz/ Un saludo cordial

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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