El Congreso Judío Mundial investiga la colección Thyssen

Por: | 30 de marzo de 2016

Ronald Apertura
Ronald S. Lauder, 71 años, es un hombre muy poderoso.
Se siente incluso al teléfono. Por ser uno de los mayores mecenas del planeta arte, por tener una fortuna que supera los 3.100 millones de euros, por ser hijo de la legendaria Estée Lauder —la fundadora del coloso de los cosméticos que lleva su nombre— y por ser el presidente del Congreso Judío Mundial (CJM)Pero desde hace 25 años también persigue con un tesón discreto pero incesante el arte expoliado por los nazis a las familias judías. No quiere hablar de arte “perdido” sino “robado”. Ese empeño le ha llevado hasta el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, cuya colección están “inventariando”. Y advierte: “Habrá sorpresas”.

Pregunta. ¿Hay una fuerte resistencia en los museos a la hora de devolver las obras expoliadas?
Respuesta. No. Existe gente que sostiene que compraron las piezas de buena fe y por lo tanto deberían quedárselas. La única resistencia que puedes encontrar es en personas ajenas al mundo del arte que piensan que no habría que devolver ni una sola obra. Pero creo que la gente en general —y también los museos— entiende que la propiedad robada debe devolverse.

P. Puede ser así, pero hay museos y colecciones europeas y estadounidenses que lo ponen difícil.
R. Hay resistencia en algunos museos, pero no en muchos. Quienes se resisten es porque quieren conservar obras que piensan que son importantes o porque no quieren admitir que tienen piezas que no deberían tener.

P. Muchos museos se escudan en el concepto de compra de “buena fe” para no devolver las obras.
R. La buena fe nunca puede ser una excusa. A veces escandaliza esa separación entre buena y mala fe.

P. ¿Y por qué Suiza se ha quedado con la colección Gurlitt?
R. La realidad es que aceptaron una colección que no sabían qué contenía. Primero porque pensaban que era mucho más valiosa de lo que es. Y segundo, porque creían que serían capaces de averiguar qué piezas fueron robadas y cuáles no. Pero muchos de los dibujos y los grabados que contiene es muy difícil saber de dónde fueron expoliados.  Ya que cuando los nazis robaban de los hogares registraban las pinturas y las esculturas, pero nunca las obras en papel.

Thyssen Pissarro
La familia judía Cassirer reclama a la colección Thyssen desde hace años el cuadro (en la imagen) Calle St. Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro. Por ahora, la Justicia le ha dado la razón al Gobierno español. Sin embargo, el Congreso Mundial Judío insiste en su restitución.

P.
¿Manejan alguna cifra de obras expoliadas en el mundo?
R. Hay peticiones de búsqueda sobre unas 25.000 piezas. Y estas son solo las que están registradas [en la base de datos www.lostart.de]. Algunas fueron destruidas en la guerra, por ejemplo durante los bombardeos. Pero el grueso está intacto y muchas en colecciones privadas.

P. ¿El Museo Thyssen-Bornemisza debería devolver el pissarro?
R. Sin duda. La colección Thyssen es fabulosa y tiene un prestigio internacional. El pissarro [una tela reclamada desde hace años por la familia judía Cassirer] es una de las pinturas menos importantes que tiene. ¿Por qué no debería devolver algo que sabe que es expoliado? Perjudica a la imagen de la institución. También cuando la colección dejó Suiza hubo varios expertos que ya advirtieron que podría contener obras robadas a los judíos. Estamos ahora mismo haciendo el inventario para ver qué piezas entraron durante la guerra y cuáles después.

P. ¿Cuándo terminarán ese inventario?
R. En los próximos 12 o 18 meses.

P. ¿Habrá sorpresas?
R. Creo que habrá sorpresas para mucha gente. 

 

Foto de apertura: Ronald Lauder delante del retrato de Adele Bloch-Bauer en una imagen de 2006. AP.

Ronald Lauder compró (por la entonces cifra récord de 106 millones de euros) en 2006 el retrato de Adele Bloch-Bauer I. Una obra que creó Gustav Klimt en 1907 y que hoy cuelga en la Neue Galerie (un museo que fundó el propio Lauder en 2001) de arte austriaco y alemán, en el Upper East Side de Nueva York.

Hay 8 Comentarios

Gabino Amaya Cacho es un pintor español, nieto del famoso escultor Gabino Amaya Guerrero. Él eligió el arte como su profesión desde muy temprana edad y aprendió pintura figurativa en el estudio de su abuelo. Ahora nos vuelve a sorprender con su nuevo trabajo, el puntillismo abstracto figurativo, te invito a admirar su nueva obra, es excelente!!!

Santiago Palet
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Me ha gustado mucho este artículo publicado en El Pais, titulado “También la amistad fue arte”.
Se refiere a la amistas de los artistas en Paris en los años 50, y la afinidad que sentían entre ellos.

Aunque fueran personas tan distintas, ellos vivieron en una época en que los pintores, los escultores, los poetas, eran amigos,y su comunicación era muy fácil.Con una botella de vino, era una fiesta toda la tarde, hasta altas horas de la noche.
.También sabían donde encontrarse,de forma muy espontanea e improvisada.Existía una gran solidaridad, y complicidad.Lo compartían todo.

No sentían un afán de competición entre ellos, ni tampoco existía un mercado del arte tan alterado, como ha existido después.En aquellos tiempos, el arte ha sido un estilo de vida, una filosofía, y una cultura.Después ha sido un gran mercado, y un gran negocio.
Casi todos se hicieron ricos rápidamente, en una época en que la vida costaba poco.
A partir de los 80, la rivalidad por la cotización de sus obras, les ha distanciado, y ahora, todo se ha ido dispersando.los artistas apenas se conocen entre ellos.Son individualistas.
Ya no existen los grupos, ni los manifiestos, ni los cafés, ni sus eternos debates y discusiones apasionadas por las últimas tendencias de vanguardia.

Ahora todo es sólo un mercado.
Un mercado en una gran crisis creativa, ideológica,existencial, económica, y social.

Un vacío.

En realidad, los verdaderos artistas están asustados, y desorientados.
Los cuadros ya no sirven, si no se venden.

Los críticos de arte han desaparecido.
La tecnología ha sido un enemigo feroz.Internet produce millones de imágenes, ordinarias y vulgares,sin identidad,y sin ninguna estética,alienantes, y gratis.
Los colores de las pantallas son muy feos, y contienen una pseudo realidad virtual, deslizante.

Esperemos que la conciencia, el espíritu, la percepción sensitiva, y la inteligencia emocional,permanezcan.

Santiago Palet

Imagino que este es el sitio para hablar de esto, aunque no tenga que ver con la colección Thyssen, pero me gustaría que investigaran un poco sobre el último concurso del Museo del Prado, pues al parecer se ha presentado, con todas las posibilidades de ganarlo, una empresa que está imputada en el escándalo de la Alhambra. A dicha empresa, llamada Stendhal, le acusan de estar de acuerdo con la dirección de la Alhambra para apropiarse de 4 millones de euros. Por las condiciones que ha puesto el Museo del Prado para ganar el concurso ha propiciado que esta empresa sea la única con posibilidades de ganarlo: es que el Museo del Prado está buscando también llevarse 4 millones de euros con esta empresa?? Por favor, puedes investigar de qué va esto??

Me sumo a la opinión de Federico. Este terreno es demasiado resbaladizo para aventurarse por el.

El legado que ha dejado el barón Thyssen no pienso que haya sido un expolio a los judíos, él debió comprar esas piezas de arte por el valor que tuvieran, y si ahora el Congreso Mundial Judío piensan que se los robaron, como es algo difícil de demostrar, deben hacer lo mismo, pagar por ellas para poder recuperarlas.

Una obra de arte no es una mercancía. Simplemente es una propiedad de la Cultura Universal. Gracias a la creación de los Museos tales obras siguen existiendo para disfrute de todos aquellos que aman la belleza. Convertirlas en propiedad privada es lo mismo que "esconderlas" bajo la cama.

Me encantaría saber si este señor tiene en agenda ejercer con todo su dinero presión, para devolver los territorios expoliados a los Palestinos por los Judios.

Me encantaría saber si este señor tiene en agenda ejercer con todo su dinero presión, para devolver los territorios expoliados a los Palestinos por los Judios.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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