Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

El Congreso Judío Mundial investiga la colección Thyssen

Por: | 30 de marzo de 2016

Ronald Apertura
Ronald S. Lauder, 71 años, es un hombre muy poderoso.
Se siente incluso al teléfono. Por ser uno de los mayores mecenas del planeta arte, por tener una fortuna que supera los 3.100 millones de euros, por ser hijo de la legendaria Estée Lauder —la fundadora del coloso de los cosméticos que lleva su nombre— y por ser el presidente del Congreso Judío Mundial (CJM)Pero desde hace 25 años también persigue con un tesón discreto pero incesante el arte expoliado por los nazis a las familias judías. No quiere hablar de arte “perdido” sino “robado”. Ese empeño le ha llevado hasta el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, cuya colección están “inventariando”. Y advierte: “Habrá sorpresas”.

Pregunta. ¿Hay una fuerte resistencia en los museos a la hora de devolver las obras expoliadas?
Respuesta. No. Existe gente que sostiene que compraron las piezas de buena fe y por lo tanto deberían quedárselas. La única resistencia que puedes encontrar es en personas ajenas al mundo del arte que piensan que no habría que devolver ni una sola obra. Pero creo que la gente en general —y también los museos— entiende que la propiedad robada debe devolverse.

P. Puede ser así, pero hay museos y colecciones europeas y estadounidenses que lo ponen difícil.
R. Hay resistencia en algunos museos, pero no en muchos. Quienes se resisten es porque quieren conservar obras que piensan que son importantes o porque no quieren admitir que tienen piezas que no deberían tener.

P. Muchos museos se escudan en el concepto de compra de “buena fe” para no devolver las obras.
R. La buena fe nunca puede ser una excusa. A veces escandaliza esa separación entre buena y mala fe.

P. ¿Y por qué Suiza se ha quedado con la colección Gurlitt?
R. La realidad es que aceptaron una colección que no sabían qué contenía. Primero porque pensaban que era mucho más valiosa de lo que es. Y segundo, porque creían que serían capaces de averiguar qué piezas fueron robadas y cuáles no. Pero muchos de los dibujos y los grabados que contiene es muy difícil saber de dónde fueron expoliados.  Ya que cuando los nazis robaban de los hogares registraban las pinturas y las esculturas, pero nunca las obras en papel.

Thyssen Pissarro
La familia judía Cassirer reclama a la colección Thyssen desde hace años el cuadro (en la imagen) Calle St. Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro. Por ahora, la Justicia le ha dado la razón al Gobierno español. Sin embargo, el Congreso Mundial Judío insiste en su restitución.

P.
¿Manejan alguna cifra de obras expoliadas en el mundo?
R. Hay peticiones de búsqueda sobre unas 25.000 piezas. Y estas son solo las que están registradas [en la base de datos www.lostart.de]. Algunas fueron destruidas en la guerra, por ejemplo durante los bombardeos. Pero el grueso está intacto y muchas en colecciones privadas.

P. ¿El Museo Thyssen-Bornemisza debería devolver el pissarro?
R. Sin duda. La colección Thyssen es fabulosa y tiene un prestigio internacional. El pissarro [una tela reclamada desde hace años por la familia judía Cassirer] es una de las pinturas menos importantes que tiene. ¿Por qué no debería devolver algo que sabe que es expoliado? Perjudica a la imagen de la institución. También cuando la colección dejó Suiza hubo varios expertos que ya advirtieron que podría contener obras robadas a los judíos. Estamos ahora mismo haciendo el inventario para ver qué piezas entraron durante la guerra y cuáles después.

P. ¿Cuándo terminarán ese inventario?
R. En los próximos 12 o 18 meses.

P. ¿Habrá sorpresas?
R. Creo que habrá sorpresas para mucha gente. 

 

Foto de apertura: Ronald Lauder delante del retrato de Adele Bloch-Bauer en una imagen de 2006. AP.

Ronald Lauder compró (por la entonces cifra récord de 106 millones de euros) en 2006 el retrato de Adele Bloch-Bauer I. Una obra que creó Gustav Klimt en 1907 y que hoy cuelga en la Neue Galerie (un museo que fundó el propio Lauder en 2001) de arte austriaco y alemán, en el Upper East Side de Nueva York.

El expolio nazi aún cuelga en los museos

Por: | 29 de marzo de 2016

Lucas Cranach Apertura
Las obras de arte expoliadas por los nazis hace 80 años son los últimos prisioneros de la Segunda Guerra mundial. Y en ellas hay rastros de sangre. Metafórica, pero sangre. Porque todas esas piezas llevan, para siempre, la marca invisible de las manos que las han sostenido, las paredes donde colgaron y los dueños que las poseyeron. Décadas después del horror del Holocausto, miles de objetos robados por la dictadura nazi aún permanecen en infinidad de colecciones de todo el mundo. Algunas estimaciones hablan de unos 25.000. Solo en Francia se calcula que hay 2.000. Una cifra que se suma a las más de 235 obras que, por ejemplo, contabiliza la base de datos de arte perdido de los Pinakothek Museums.

Pese al tiempo transcurrido, lo inconcebible es que haya obras expoliadas que todavía cuelguen en los museos y que los legítimos herederos de esas piezas se enfrenten a infinidad de trabas legales para recuperarlas. Además el tiempo se acaba. Los denunciantes envejecen o mueren, los litigios duran décadas y cuestan miles de euros. Y se alzan barreras. Incluso los bancos suizos llegaron a exigir certificados de defunción a los herederos de las obras para iniciar las demandas. Como si los expidieran en Auschwitz o Mauthausen. Desde hace décadas, los museos y las colecciones privadas han complicado la restitución de las piezas. Nadie quiere perder sus tesoros. Demasiadas veces aparecen subterfugios legales, problemas de jurisdicción o periodos de reclamación que expiran. Los museos, claro, se defienden. “Es una impresión absolutamente equivocada que no estamos dispuestos a restituir [las obras]”, aclara un portavoz de los Museos Alemanes.

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Arte expoliado por los nazis almacenado en la iglesia de Ellingen (Baviera) en una imagen tomada en abril de 1945.

Pero la indignación llega al presente. La aparición de unas 1.500 obras de arte en 2012 en los domicilios de Cornelius Gurlitt —hijo del marchante nazi Hildebrandt Gurlitt— revela las carencias. Tras varios años de estudio, solo cinco han podido demostrarse que fueran expoliadas. El resto aumentarán los fondos del Museo de Bellas Artes de Berna (Suiza). Algo que ha encendido a un nombre, habitualmente, muy calmado. El 3 de febrero pasado en Zúrich, Ronald S. Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial (CJM), habló por primera vez en público sobre la restitución de arte expoliado, un tema en el que trabaja, con discreción, desde 1990. “Un crimen cometido hace 80 años continúa manchando el mundo del arte hoy”, lanzó. “Que Suiza haya aceptado la colección Gurlitt es una locura. Imaginen que se hubiera llamado colección Heinrich Himmler [ideólogo del Holocausto]. ¿También la habría aceptado Berna? Difícilmente”. De hecho la extrañeza de que solo cinco obras hayan sido trazadas se justifica porque casi toda la colección Gurlitt son grabados y dibujos. “Los nazis” —aclara Lauder— “tenían excelentes registros del arte que robaban. Las esculturas y pinturas estaban bien documentadas, pero el resto lo catalogaban como grabados o dibujos; en general. De ahí que sean difíciles de rastrear”.

Gurlitt

En la colección del marchante nazi Hildebrandt Gurlitt solo se han podido localizar cinco obras expoliadas.

Nada que ver con la colección de Hermann Göring —lugarteniente de Hitler—, muy bien documentada en doscientas páginas de anotaciones a mano bajo el epígrafe: Collection Göering, inventaire des peintures. Once años de compras (1.376 piezas) y saqueos que empiezan en abril de 1933 con un óleo de Jacopo de’ Barbari —adquirido en Roma por 12.000 liras— y que finaliza, abruptamente, en la primavera de 1944. Aunque es a partir de 1940 cuando sus adquisiciones de grandes maestros se vuelven obsesivas. Rubens, Renoir, Tintoretto, Monet, Botticelli, Cranach, Goya. “Admito sin reservas que tenía pasión por coleccionar”, se justifica Göring en los Juicios de Núremberg. Es la única asunción que hace de sus atrocidades, poco días más tarde se suicida con cianuro.

Goering
El lugarteniente de Hitler Heman Göering (en la imagen) fue uno de los responsables directos del expolio nazi. Llegó a atesorar más de 1.300 obras.

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Tracey Emin 'se casa' con una roca

Por: | 23 de marzo de 2016

Tracey Emin
Ella es así. Tracey Emin se ha casado con una roca. De las de verdad, no de las metafóricas. Un enorme pedrusco que convivía con ella desde hace años en el jardín de su casa del sur de Francia. En una artista que ha extraído de las relaciones de pareja la mejor parte de su material artístico, esa roca tiene otras resonancias. “En algún lugar, sobre una colina mirando al mar, hay un bellísima piedra milenaria. Y no va a ninguna parte. Estará allí esperándome”, contó la artista al periódico The Art Newspaper en la inauguración de su exposición I Cried Because I Love You (Lloré porque te quiero) en Hong Kong. En el fondo, explicó, era “un ancla, algo con lo que te puedes identificar”.

Desde los tiempos clásicos, el amor ha tenido interpretaciones que trascienden la lógica. Narciso se enamoró de su propio reflejo, y pagó por ello. Y en la Metamorfosis, el gran poeta romano Ovidio describe como el dios Apolo besa a Dafne y ésta, para protegerse, se transforma en el árbol de laurel.

En los mitos y en la realidad el amor transita por veredas extrañas. En la entrevista que recoge The Art Newspaper y que cita, también, The Guardian, Tracey Emin cuenta que ha estado leyendo la correspondencia que durante años sostuvo Juan Pablo II con la filósofa Anna-Teresa Tymieniecka. Una amistad que reveló en febrero la BBC y que en principio no tenía una mirada carnal. Este espacio es el que, a su singular manera, explora la artista. Una idea de trascendencia más allá de lo físico. De hecho el periódico británico lleva al recuerdo otra relación, también, a contracorriente. La apasionada amistad entre Miguel Ángel, católico, genio y homosexual, y la poetisa Vittoria Colonna durante el siglo XVI, en los últimos años de vida del maestro. Un amor espiritual que Tracey Emin afirma haber encontrado el verano pasado en una roca.

Fotografía de apertura: Tracey Emin delante de su instalación 'My Bed'. Foto: AFP.

 

Picasso S.A., una máquina de pintar dinero

Por: | 11 de marzo de 2016

Pablo Picasso VI
Cuando Picasso falleció hace 43 años dejó 
tras de sí más de 45.000 obras, y un inmenso dolor de cabeza: multitud de herederos y ningún testamento.

El catálogo de su producción artística a su muerte resultó increíble. Legó 1.885 pinturas, 1.228 esculturas, 7.089 dibujos, 30.000 grabados, 3.222 obras en cerámica y 150 libros de apuntes y bocetos. Un inventario al que hay sumar tapices, libros, 4,5 millones de dólares de la época en metálico, 1,3 millones en oro y dos chateaux, entre otras viviendas. Además de una cantidad no determinada en acciones y bonos. Un patrimonio ingente. Tanto es así que para almacenarlo “hubiera hecho falta alquilar el Empire State Building”, contará Claude Picasso, hijo del genio y de Françoise Gilot, tras finalizar el recuento.

Pero como con el malagueño nada es sencillo, la historia se complica más al sumarle los inmensos problemas que generan la autentificación de las obras, la gestión de sus derechos o los acuerdos de reproducción de las imágenes de las piezas. Al fin y al cabo hablamos de una herencia valorada en miles de millones de euros. Muy lejos de los parcos 250 millones de dólares con los que se quiso tasar en 1980.

Picasso Apertura
A su muerte, Picasso dejó más de 45.000 obras, infinidad de herederos y ningún testamento. Escultura de Picasso durante una exposición en el MoMA de Nueva York. Foto: Andrew Burton (Getty/AFP).

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Anish Kapoor compra el negro más negro del mundo

Por: | 04 de marzo de 2016

Kapoor apertura
Negro como el tizón. O más. El artista angloindio Anish Kapoor ha comprado en exclusiva los derechos de un pigmento y ha puesto en pie de guerra al mundo del arte.

No es un pigmento cualquiera. Su nombre es Vantablack (un desarrollo de la firma británica NanoSystems) y es la substancia más oscura que se conoce. De hecho absorbe el 99,96% de la luz. Este particular prodigio se debe a un sistema de microtubos que hace que la luz rebote entre ellos y nunca llegue a reflejarse. Hasta ahora, las aplicaciones habían sido militares (como pintura para el fuselaje, por ejemplo, en aviones espías) y en equipos astronómicos. Pero Kapoor lleva pintando con esta sustancia desde 2014 y los resultados han sido espectaculares. “Es como una pintura, es tan negra que casi no puedes verla. Tiene un tipo de cualidad casi irreal y siempre he dibujado con materiales exóticos, por lo que te hacen sentir”, explica el artista en la BBC.

Vantablack Kapoor ha comprado, por una suma desconocida, los derechos del pigmento Vantablack.

Desde luego, no es la primera vez que un artista monopoliza un color. En 1960 el creador francés Yves Klein patentó un azul mate, que se ha conocido desde entonces como International Klein Blue (IKB).

Eso sí, Kapoor ha adquirido este pigmento con una restricción: solo lo puede utilizar para fines artísticos. Desde luego el escultor tiene derecho a adquirir el pigmento que estime conveniente. Sin embargo esta explicación no ha contentado a todos. El pintor Christian Full, quien lleva tiempo empleando Vantablack en sus telas, se ha quejado y, al mismo tiempo, ha abierto la puerta a un debate en las redes sociales. ¿Resulta ético que un artista posea el control de un color?

Kapoor
Hasta ahora, la principal aplicación del Vantablack había sido como pintura del fuselaje de aviones espías.

“Nunca había visto a un artista que monopolizara un material”, relata Christian Full en el periódico británico The Daily Mail. “Usar negro puro en una obra de arte tiene una gran tradición. Los mejores artistas siempre han mostrado predilección por él: Turner, Manet, Goya. Este negro es dinamita en el mundo del arte”. Un explosivo que a partir de ahora solo pertenece a Kapoor.

 

Foto de apertura: El artista angloindio Anish Kapoor/Cordón Press.

Una obra perdida de Caravaggio se expone por primera vez

Por: | 03 de marzo de 2016

Caravaggio extasis
“Conozco un caravaggio cuando lo veo”. Mina Gregori, 91 años, presidente de la fundación Roberto Longhi, con sede en Florencia (Italia), lo dejó claro nada más ver la pintura. Una de las voces más reputadas del mundo en el maestro barroco acababa de encontrar una obra del genio perdida desde hace siglos.

Frente a ella, el original (se conocen ocho copias) de la María Magadalena en éxtasis. Una tela única. Por lo que cuenta el lienzo y por lo que representa en la obra de Caravaggio. Para la experta italiana no había dudas. “El cuerpo, las variaciones de color, la intensidad del rostro… Pero también las muñecas fuertes y las manos entrelazadas y flácidas con extraordinarias variaciones de color y luz y con una sombra oscureciendo la mitad de los dedos son los aspectos más interesantes de la pintura. Es Caravaggio”, explicó en el diario transalpino La Repubblica.

A esa reflexión basada en la mirada y en años de connosseur se une un documento, a su juicio, irrefutable. Estaba detrás de la tela y la familia dueña del lienzo le pidió a la experta ayuda para traducirlo y situarlo en su contexto. Pues los propietarios ya tenían sospechas de que, tal vez, Caravaggio andaba tras esa tela. En el bastidor había una nota del siglo XVII escrita a mano y con el lenguaje de su tiempo en el que se aludía a la María Magdalena de Caravaggio para “el Cardenal [Scipione] Borghese de Roma”

El cuadro apareció en 2014 por sorpresa en una colección europea y poco más se sabe. Sus dueños, por ahora, prefieren no venderlo. Aunque una obra así podría acercarse a los 80 millones de euros.

Si ninguna tela de Caravaggio es una tela cualquiera, esta mucho menos. Es una de las contadas pinturas que llevaba consigo a Roma —para ganarse el favor de su gran mentor, el Cardenal Scipione Borghese— cuando le alcanzó la muerte en Port’ Ercole, un pequeño puerto de la toscana italiana. Pensaba el maestro que con esos cuadros podría ganarse además del apoyo cardenalicio el perdón del Papa por un asesinato cometido años antes en Roma, que le supuso el exilio y la huida. Pero la historia fue otra.

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