Con euros y a lo loco

Sobre el blog

La entrada en el euro de España y otras economías del Sur de Europa les permitió financiarse a unos tipos de interés históricamente bajos. Particulares y administraciones se endeudaron para gastar a lo loco. En el caso español, la fiesta acabó con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Ahora toca pagar esos excesos, aprender del rigor fiscal y capacidad de ahorro de nuestros socios alemanes y reformar la economía para encontrar un nuevo modelo productivo que nos permita volver a crecer. Pero, ¿cuánta austeridad nos podemos permitir en medio de una recesión? Y ¿servirá esta para que Alemania se fíe de sus socios del sur y acceda a reforzar institucional y financieramente la deficitaria unión monetaria? El futuro del euro depende de ello.

Sobre la autora

Victoria Carvajal

Victoria Carvajal, economista por la New York University, fue redactora en la sección de Economía de El País en los años convulsos de la peseta en su recta final hacia la unión monetaria. Ahora en este blog pretende analizar el también convulso momento que vive la zona euro y otros temas relacionados con la economía internacional.

El precio de la indecisión de Rajoy

Por: | 09 de octubre de 2012

Galimatías Rajoy

España y Grecia tendrán en 2013 la peor evolución de entre 185 economías del mundo, según el FMI, y lo único que propone Europa, sometida al dictado de Alemania, es una dosis mayor de austeridad, la medicina que amenaza con matar al paciente. Esta obsesión unida al confuso apoyo de Berlín a importantes decisiones que permitirían a Europa vislumbrar la salida de la crisis de solvencia que padece desde hace tres años, amenazan con romper la tregua dada por los mercados a la eurozona tras la oferta de Mario Draghi de comprar la deuda de los países con problemas para financiarse como España.

Merkel aceptó el plan del Banco Central Europeo, a cambio, claro está, de más recortes. Sin embargo, ahora que España está lista para pedir un nuevo rescate, tras la presentación de unos presupuestos muy restrictivos, que van más allá incluso de lo solicitado por Bruselas, Berlín le dice que no. Tampoco acepta que la ayuda a la banca sea directa, en contra de lo pactado en junio. Mariano Rajoy, mientras, se muestra tranquilo. Se fuma un puro, y no en sentido figurado, y para estupor de muchos declara al Wall Street Journal estar "fascinado" con la situación (¡qué término desafortunado!). No parecen quitarle el sueño los intereses que paga el Estado, cuya factura pesa cada vez más en el déficit y resta recursos a otras partidas de los presupuestos claves para el crecimiento y la cohesión social. Ni tampoco la asfixia financiera del sector privado, que está profundizando la recesión en España. ¿Por qué no esperar a ver si la tregua de los mercados se prolonga hasta las elecciones gallegas del próximo día 21?

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