Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal

Sobre los autores

Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal son periodistas españoles en China desde 2007 y 2003, respectivamente. Juntos han escrito el libro "La silenciosa conquista china" (disponible ya en español, mientras se traduce a cinco idiomas), una investigación de dos años por 25 países en el mundo en desarrollo para comprender la expansión del gigante asiático y sus consecuencias. Ahora le siguen los pasos también a la irrupción de China en Occidente.

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UE-China: una relación asimétrica

Por: | 01 de junio de 2012

La asimetría en las relaciones económicas y comerciales entre China y la Unión Europea quedó convenientemente plasmada, hace pocos días, con la aprobación en la Eurocámara de un informe no vinculante que reclama a la Comisión Europea que tome medidas para corregir unos desequilibrios que juegan a favor de las empresas chinas y en contra de las europeas. Parece, por tanto, que Bruselas se ha decidido por fin a plantar cara a cuestiones como la competencia desleal china o la ausencia de reciprocidad que sufren las empresas europeas en el mercado chino.

El momento de la iniciativa no es casualidad, pues acontece en plena ofensiva china en territorio europeo. En los últimos meses, por ejemplo, ha adquirido activos estratégicos en países como Grecia (puertos) o Portugal (participaciones en compañías públicas lusas en el sector eléctrico), ha tomado participaciones de control en empresas europeas punteras en tecnología y ha comprado deuda soberana de países con dificultades financieras. Europa es ahora la cabeza de puente desde la que China quiere dar el salto adelante que le permita reducir su dependencia tecnológica de Occidente, al tiempo que ejerce una influencia creciente.

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Puerto de El Pireo, Atenas, gestionado por 35 años por la china Cosco.

Una Europa tambaleante y necesitada de inversiones ofrece a China gangas y oportunidades únicas, de ahí que con su iniciativa los parlamentarios europeos han pretendido lanzar un aviso a navegantes y alertar sobre los riesgos. Una de las recomendaciones de mayor calado es la de que la UE cree un organismo de control y supervisión de las inversiones extranjeras, que estaría inspirado en el que ya existe en Estados Unidos. En la práctica ha servido a EEUU para filtrar y bloquear proyectos de inversión chinos en sectores estratégicos, como las telecomunicaciones o el petroquímico.

Ello lleva directamente a un asunto que levanta ampollas en determinados ámbitos europeos: la competencia desleal de las compañías chinas, las cuales juegan con las cartas marcadas al contar con la ventaja comparativa que otorgan los subsidios gubernamentales o la financiación preferencial que conceden los bancos estatales chinos a sus empresas. La tecnológica Huawei, corporación puntera que simboliza como ninguna otra las fortalezas de la nueva China y los temores que despierta su emergencia, está desde hace tiempo en el punto de mira de Estados Unidos por sus vínculos con los servicios de inteligencia chinos, su falta de transparencia y los subsidios que supuestamente recibe de su Gobierno.

Huawei

Es por todo ello que, según se ha sabido esta semana, Bruselas estaría estudiando abrir una investigación formal contra Huawei y ZTE, la otra gran tecnológica china, por estar recibiendo supuestamente subvenciones ilegales de Pekín. Según las “evidencias sólidas” reunidas por los técnicos de la UE, según el Financial Times, ambas corporaciones chinas habrían vendido sus productos en Europa por debajo de su precio de coste, contribuyendo a su imparable expansión por todo el Viejo Continente. Si se prueba el dumping, lloverán las sanciones.

Por último, Bruselas trata también de corregir la falta de reciprocidad que sufren las empresas europeas en el mercado chino, mientras las del país asiático tienen vía libre (ahora más que nunca en medio del recrudecimiento de los efectos de la crisis) para desembarcar en Europa sin obstáculos. El asunto ha sido una queja tradicional de los empresarios europeos con intereses en China, quienes denuncian el trato de favor de Pekín a sus competidores chinos, las crecientes barreras de acceso al mercado y las dificultades para acceder a los contratos públicos chinos.

Por tanto, es sin duda una buena noticia que, pese a las urgencias de la crisis, Europa haya visto por fin las orejas al lobo y se plantee contrarrestar a China mientras no se restablezca la simetría en las relaciones bilaterales. La gran cuestión, con todo, es cómo va a poder ejercer Bruselas su influencia ante el coloso asiático.

El País

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