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Desigualdades de género, hipocresías de género

Por: | 24 de febrero de 2012

Hace pocos días fue publicado el nuevo Informe sobre el Desarrollo Mundial 2012 – Igualdad de Género y Desarrollo, producido por el Banco Mundial. El documento ofrece un pormenorizado análisis de las disparidades en materia de género, especialmente en los países más pobres (la persistencia de altas tasas de mortalidad en las niñas; las desigualdades educativas; los diferenciales de ingreso; las dificultades de las mujeres en hacer oír su voz, entre otras). La información disponible, muy bien presentada como suele ser habitual en las publicaciones del Banco Mundial, contrasta con la visión pobre y reduccionista que posee esta agencia con respecto al desarrollo humano y a los derechos ciudadanos. El informe sería quizás adecuado, sino fuera por dos motivos.

GENERO 4

Por un lado, para el Banco Mundial, la igualdad de género merece ser defendida porque genera un incremento en la competitividad económica, mejora la productividad de las próximas generaciones (ya que las mujeres controlan mejor los ahorros familiares y cuando son más educadas y sanas poseen hijos más educados y sanos), además de aumentar la representatividad y la pluralidad de opiniones en las sociedades modernas. Ni una palabra acerca de los derechos humanos, ni mucho menos, sobre alguno de los principios de la Declaración que los consagra, la cual, para el Banco Mundial, seguramente es un resabio del pasado a ser descartado por su bajo aporte a la productividad del trabajo.

Por otro lado, el Banco Mundial parece desconocer los efectos que, en este campo y en cualquiera que remita a la cuestión social, han tenido las políticas que, junto con su socio más cercano, el Fondo Monetario Internacional, ha promovido a escala planetaria. Desde su creación, ambos organismos han propagado políticas de restricción de derechos y de ampliación de la exclusión social que, aplicadas sin matices en países que enfrentaban enormes crisis económicas, no hicieron otra cosa que aumentar todas las desigualdades.

Un rasgo nada anecdótico pone en duda el deslumbramiento tardío que el Banco Mundial demuestra por la igualdad entre hombres y mujeres: se trata de una institución que nunca ha tenido entre sus directores a un ser humano del sexo femenino. Desde 1946 hasta la fecha, todos los presidentes del Banco Mundial han sido hombres, blancos, occidentales y, claro está, anglosajones. Un recorrido por la galería de personalidades ilustres que ha dirigido la entidad permite ver que sus rostros son bastante semejantes, comparten el mismo tipo de peinado y, en algunos casos, hasta el mismo tipo de calvicie. No menos llamativo es que su Junta de Gobernadores, constituida por 187 miembros responsables por definir y formular las políticas del organismo, posee sólo 16 mujeres. Quizás el tema no sería tan grave si no fuera porque el propio Banco Mundial reconoce que la igualdad de género es un elemento importante para el dinamismo económico de las sociedades. Una señal de alerta relevante ya que, los que componen la Junta de Gobernadores de la institución, no son otros que los propios ministros de economía de los diferentes países del mundo. Dicho en otras palabras, actualmente, menos del 9% de los ministros de economía de todo el planeta, son mujeres. Lo cual, según el propio Banco Mundial defiende en su Informe de 2012, puede ser un verdadero peligro para el progreso de la humanidad.

La igualdad de género suele ser una recomendación que se limita a los países más pobres porque, como se observa, los que cuidan los intereses de las naciones más ricas, no parecen tener el menor interés en la materia.

  Genero - 2 - 1

Reconozco que uno de mis pasatiempos predilectos es criticar al Banco Mundial y al FMI. Sin embargo, corro el riesgo de estar desviándome del objetivo central de este post. Me preocupa aquí otro asunto, quizás más complejo: la igualdad de género en el gobierno de las universidades latinoamericanas. El tema puede ser relevante, al menos, por dos motivos.

En primer lugar, porque el aumento en la participación de las mujeres en la enseñanza superior de América Latina y el Caribe, ha sido impresionante a lo largo de las últimas tres décadas. Muchas de las universidades de la región tienen más mujeres que hombres entre sus estudiantes y muchas carreras antes masculinas se han feminizado velozmente. En segundo lugar, porque las universidades han sido uno de los espacios más activos en la producción del discurso feminista y progresista comprometido con la lucha por la igualdad de género y la justicia social. Ya que las universidades latinoamericanas tienden a ser más femeninas que masculinas y constituyen la fuente inspiradora de la lucha contra la discriminación sexual, sería de esperar que su desempeño en materia de igualdad fuera mejor que el que presenta el Banco Mundial.

Y lo es. Pero poco, muy poco.

Un relevamiento que he realizado en las 200 universidades más importantes de América Latina y el Caribe, muestra que sólo 16% de ellas poseen mujeres a cargo de sus rectorados. El resto, 84%, son dirigidas por hombres. Nada mal si se lo campara con las universidades europeas, donde sólo 9% están gobernadas por mujeres y 18% de los catedráticos son del sexo femenino. (En buena parte de Europa, las mujeres llegan a casi 59% del estudiantado). (1)

De las 20 universidades más destacadas de América Latina, sólo una tiene como rectora una mujer. Naturalmente, los ranking sobre calidad de las universidades nunca consideran la igualdad de género como un elemento positivo a ser ponderado. Al menos un dato es alentador: las mujeres han superado a los obispos en la dirección de las principales universidades latinoamericanas.

No deja de ser curioso que las instituciones de educación superior tengan una aguda capacidad para juzgar a la sociedad y muy poca para juzgarse a sí mismas.

En efecto, la discriminación de genero opera, como lo demuestran numerosas investigaciones académicas, porque encuentra su anclaje en una cultura institucional y en una serie de factores que se ocultan por detrás de argumentos técnicos o supuestamente objetivos para justificar o naturalizar las ventajas de los hombres sobre las mujeres. Antes, las evidencias utilizadas para explicar por qué ellos solían tener el privilegio del mando y ellas la obligación de la obediencia, se centraban básicamente en la débil capacidad cognitiva y emocional de las mujeres y en el temple, el coraje y la inteligencia varoniles. Las cosas han cambiado y en las universidades casi nadie cree en semejantes tonterías. Sin embargo, si esto es así, no deja de llamar la atención que tanto el acceso a los cargos de dirección como la distribución de beneficios y ventajas académicas, se establezcan entre hombres y mujeres como si ambos fueran iguales y sus trayectorias de vida no enfrentasen ciertas especificidades como, por ejemplo, la maternidad. ¿Cómo es posible que se compare con los mismos parámetros cuantitativos la productividad académica de dos personas de 40 años, si una de ellas ha sido madre una, dos o tres veces y la otra no? La producción académica profesional comienza a los 25 años, momento en el que también, para muchas mujeres, se inicia el período de la maternidad. Si el ingreso a la carrera docente se produce a los 35, es obvio que las mujeres que han sido madres corren con cierta desventaja. Los hijos, claro, ofrecen muchas alegrías, pero no cuentan puntos en los sistemas de evaluación académica que se utilizan para determinar quién manda y quién obedece, quién gobierna y quién acata en nuestras universidades. También, cuánto ganan unas y otros. En la medida en que los salarios docentes se componen cada vez más de premios e incentivos a la productividad académica, las desigualdades de ingreso entre hombres y mujeres en el campo universitario no tenderá a disminuir sino probablemente a aumentar.

Tampoco debe llamar la atención que las mujeres llegan muy poco a los rectorados, pero lo hacen mucho más que los hombres a las Secretarías Académicas. El dato podría ser interpretado como un avance en la lucha por la igualdad de género o, menos efusivamente, como una redefinición de la división sexual del trabajo en el gobierno universitario: los hombres se ocupan de las tareas relevantes y las mujeres de cuidar a los hijos, en este caso, la población estudiantil.

GENERO 3

Las universidades, ese espacio que tanto nos ha ayudado a pensar que en la división social del trabajo se tejen las raíces de la discriminación y la exclusión, parecen no ser capaces de observar que la distribución sexual de responsabilidades académicas no tiene nada de natural ni, mucho menos, es producto del mérito o de la capacidad de unos sobre otras.

Que más mujeres estén al mando de nuestras universidades no garantiza que la calidad académica de las mismas vaya a mejorar. Tampoco que la productividad del trabajo de docentes y alumnos aumentará, como sugiere el Banco Mundial cuando pretende encontrarle razones a la igualdad de género. Se trata de una cuestión de derechos. Y cuando los derechos se respetan, mejora la calidad democrática de nuestras instituciones académicas y, por añadidura, de nuestras sociedades.

“Nuestro cuerpo nos pertenece” continúa siendo una de las banderas del movimiento feminista. Hombres y mujeres debemos luchar para que ampliemos esa expresión de libertad a todas las instituciones fundamentales para el gobierno de la sociedad. Que las universidades pertenezcan también a las mujeres debería ser el horizonte de cada uno de los que trabajamos en el campo académico, haciendo que las declaraciones por la igualdad de género dejen de ser una inocultable hipocresía.

 

(Desde Río de Janeiro)

 

 

 

¿Igualdad de género? La distribución entre rectores y rectoras en 200 universidades latinoamericanas y caribeñas

País

Rectores

Rectoras

Argentina

18

4

Chile

5

-

Paraguay

1

-

Uruguay

3

-

México

47

10

Brasil

13

2

Bolivia

5

1

Colombia

15

4

Ecuador

12

-

Perú

17

4

Cuba

4

2

Haití

1

-

Puerto Rico

2

-

Rep. Dominicana

12

1

Costa Rica

1

1

El Salvador

2

-

Guatemala

2

-

Honduras

2

1

Nicaragua

3

1

Panamá

3

1

 

168

32

Total

                200

Elaboración propia, sobre las bases de datos de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe y la Red de Macro-Universidades de América Latina y el Caribe Latina

 

Hay 42 Comentarios

Sin la inclusión absoluta de la mujer en el mundo real, no sólo en la vida laboral, sino en el disfrute de sus derechos con las mismas libertades y garantías que un hombre, no hay futuro, no hay capacidad de progreso. Y eso no tiene que contárnoslo el maldito BM.

http://casaquerida.com/2012/02/24/el-desolador-funeral-publico/

Trabajo en medios de comunicación. Hace un par de años leí un informe que decía que sólo el 2% de los periódicos españoles tenía una directora mujer y que, "casualmente", la mayoría de estas directoras (que, creo, venían a ser 8) tenía relación de parentesco con el propietario del diario.

Excelente, y digo excelente, pues aunque parezca CANSINO para muchos o pocos, Pablo ha topado una realidad de nuestra América y sobretodo pone en el tapete una gran verdad "Que más mujeres estén al mando de nuestras universidades no garantiza que la calidad académica de las mismas vaya a mejorar" lo que tenemos que hacer es dar más oportunidades a las mujeres, no podríamos decir que las mujeres pueden hacer un mejor trabajo administrativo como lo es ser Rector porque hablariamos de hembrismo, sino que estoy de acuerdo con la igualdad de condiciones tal como lo propone el feminismo. Tenemos que acabar de alguna manera también con la invisibilidad del poder que con sus discursos nos ponen una franela en los ojos y nos esquivan de las verdades, como esta, que en Ecuador de 12 universidades, no exista una sola mujer en el asiento del rectorado.
Saludos.
Byron

Tengo una hermana feminista radical. Tenia una leon y una leona, al leon le corto la melena y a la leona le enseño kunfu. Actualmente estan todos ella y los leones en en psiquiatrico.

Excelente!

Qué buen artículo, gracias. Aunque se aprecia tu reconocimiento a la desigualdad que genera el hecho de tener hijos precisamente en el momento en que se supone aumenta la productividad académica, quizás sería buena mencionar que si el padre también se hiciera cargo de la/s criatura/s seguramente la maternidad tendría menos impacto en esos índices de productividad y las mujeres seríamos más libres. Seguramente no es que la maternidad nos cambie las prioridades. Lo que nos cambia las prioridades es tener que hacerlo solas.

Para conseguir la igualdad, haría falta un esfuerzo por que las mujeres obtuviesen un trabajo justo y el lugar que merecen en la sociedad. Pero también, que los hombres lucharan por su parte del pastel en cuanto a la vida familiar y del hogar. Si la lucha es asimétrica es imposible ganarla.

Sinceramente, y aún siendo una feminista convencida, y luchando yo misma por tener un trabajo digno y bien considerada en este mundo de hombres blancos heterosexuales, considero igualmente que mucho se pierden, cegados por el prestigio social, aquellos que dedican su vida, finalmente, a trabajar. En el equilibrio está seguramente la clave.

Creo que les falta también consciencia de todo lo que pierden.

Coincido con toda tu argumentación, Pablo! Una vez más, subalternidad e inferiorización, son dos de las categorías claves de la lectura crítica que formulás al documento del Banco Mundial. Pero así como hay dominación económica, simbólica y cultural, también hay contra-poder, resistencias, luchas....

Solo la educación nos hace libres de verdad. Y solo la educación nos permitirá sobrevivir.

El problema de estos sesudos estudios, es que no dicen cual es el ideal que persiguen, por ejemplo, la mera paridad de nùmero no creo que sea lo que se quiera, o aùn dadas las mismas oportunidades no se logre tal, la discrimaciòn positiva a favor de alguien no deja de ser discriminaciòn por lo que no acabo de entender --- que por causa de gènero---- se debe de privilegìar una u otra situaciòn, pues eso es otra forma mas de reduccionismo pero que goza actualmente de la popularidad de lo "bueno"

Las mujeres de verdad son como mi madre, que con 3 hijos trabajaba 15 horas al dia cosendo por 4 duros. Eso de que con las mujeres al poder las cosas van mejor no se lo cree nadie, votad a la Merkel ( directora económica de europa ) la Tacher o a Esperanza Aguirre. Han existido centenares de reinas ( la católica, etc... ) que eran igual o más sádicas que los hombres. Vaya tema mas cansino!!!!!!!!!!!

Antonia!!! como puedes ser mujer y decir eso??? Que a la mujer la dejen con el uso del piso y reciba una pensión esfalso, eso es pensado para y por el bienestar del niño no para la madre. En caso que la madre utilice ese dinero para irse de viaje, por ejemplo,se le puede llegar a sancionar, dado que la discriminación es tal, a las mujeres les cuesta encontrar trabajo y si lo encuentran les pagan un 20% menos que su compañero de pupitre, de aqui estas pensiones compensatorias, para igualar las desigualdades sociales. Los gastos del niño son a medias no solo las paga el padre. El niño es de los 2. Las pensiones compensatorias o división de bienes son cosas que se saben de antemano, hay muchos casos de hombres que no trabajan que se casan con mujeres ricas y se separan al año y se quedan con la mitad. La ley es igual para todos.

Brillante el análisis !!!

La palabra machista fue creada para sugestionar a los hombres a conveniencia. La verdad incluso es que su significado mismo cambia según los intereses del momento de aquel que quiere sugestionar. La supuesta igualdad no existe, y nunca existirá, por eso esas ideas de igualdad entre hombres y mujeres, tampoco hay igualdad entre los mismos hombres (ni entre las mujeres), es lo más falso que he escuchado. Incluso desde el momento que dice que las mujeres son mejores en esto o en aquello, es desigualdad. Lo curioso de todo esto es que si yo digo que los hombres son mejores en esto o en aquello y por lo tanto son mejores para X cargos, aparecen diciendo que tengo un comentario machista, pero a la inversa como es el caso del mismo artículo, nada pasa. La igualdad no existe y nunca existirá por cuestiones naturales pese a quien le pese y, lo que si existe es mucha mentira e hipocresía, mucha manipulación, y eso lo saben los que manejan en secreto los hilos del mundo, por eso le exigen a otros igualdad, pero ellos en secreto no lo implementan ¿Por que será?

¿Se dedica en ese informe sobre la "igualdad de género" al menos una línea al hecho de que el servicio militar obligatorio sigue siendo prácticamente sólo para varones? ¿Se habla en algún momento de las posibilidades que tiene un varón, en caso de divorcio, de obtener la custodia de sus hijos? ¿Se compara la esperanza de vida de hombres y mujeres? ¿Se compara el porcentaje de hombres y mujeres en prisión?

Estupendo artículo, aunque ya siento que sólo una minoría de población llegue a captar lo que encierra y su importancia. El comentario de Ana aporta la clave argumental de toda desigualdad de género porque, efectivamente, "hablamos de poder".

Hola Pablo, muy buenos los comentarios.

Evidentemente, todos tenemos un pasatiempo. Por mi parte, me cansé de criticar informes y visiones economicistas. Y me entretengo más observardo las prácticas machistas cotidianas. Por ejemplo, algunos comentarios del tipo: Ana, por qué trabajas tanto?

En este sentido, hace tiempo que observo cómo los (y también las) grandes criticos/as, siguen reproduciendo las prácticas tradicionales de poder. Por que, cuando hablamos de género hablamos de poder, no?

En mi caso concreto, a pesar de haber pasado las 4 décadas, muchas veces me sigo sintiendo ninguneada, ya que bien se sabe que la combinación de joven y mujer es la de menor prestigio y consideración.
Aunque, me causa un poco de gracia y simpatía, debo decir, que me sigan considerando joven.

Ojalá el paso del tiempo, nos permita avanzar en dirección a la democratización de los roles, de cuidado y protección. Ya que en algo me toca disernir: hijos tenemos todos ;-)

Abrazo

Ana

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Sobre el autor

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires y desde hace más de 20 años ejerce la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Es Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Coordina el Núcleo de Política Educativa de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET) y el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (UMET/FLACSO/UERJ).

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