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Los nuevos lenguajes en los medios

Por: | 20 de septiembre de 2012

 

Durante el Congreso Iberoamericano de las Lenguas en la Educación y en la Cultura, IV Congreso Leer.es, promovido por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), se llevó a cabo la mesa redonda “Los nuevos lenguajes en los medios”. Participamos de la misma Juan Cruz (Periodista de El País), Bieito Rubido (Director del periódico ABC), Tiscar Lara (Directora de Comunicación de Escuela de Organización Industrial) y yo. La coordinación y presentación de la mesa estuvo a cargo de Javier Nadal (Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Telefónica). El Congreso, que reunió centenas de participantes de toda Iberoamérica, se realizó en Salamanca, España, del 5 al 7 de septiembre de 2012,

Mi intervención tuvo por objeto señalar algunas tensiones que se producen en los cambios tecnológicos que afectan los lenguajes de los medios y los procesos de aprendizaje escolar. Allí traté de sostener los desafíos que, en términos de igualdad y justicia social, debemos plantear en este necesario debate, reconociendo las oportunidades abiertas y, al mismo tiempo, sus riesgos. Los nuevos lenguajes en los medios no pueden estar disociados de los nuevos lenguajes de la política. Una política que debe sustentarse en el reconocimiento de que la información y el conocimiento son bienes públicos globales y que el acceso a los mismos constituye un derecho humano fundamental para la consolidación y la ampliación de la democracia.

Aquí se reproduce la mesa con los aportes de todos los participantes y en la expectativa de contribuir a un debate ineludible y de gran relevancia para la educación y la cultura contemporáneas.

 

 

Hay 1 Comentarios

Estimado Pablo:
Acabo de ver al video completo. Si me pusiera a realizar un análisis detallado de los diversos detalles que noté y cosas que se infieren, tanto desde el conjunto como desde cada exposición… sería tan extenso como lapidario.
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Rescato que la tuya fue, y alevosamente, la mejor de las exposiciones; a pesar de lo apurado por el tiempo, que te llevó a “ametrallar” casi sin pausa a las palabras y conceptos. Y también, a pesar de que abordaste al tema base de “los nuevos lenguajes en los medios” bastante de refilón (o sólo en un aspecto), ya que “códigos” y “normas” no son “lenguajes”, algo que también confundieron otros panelistas, especialmente Tiscar, a quien la sobrepasaban los nervios, ansiedad y su pobrísima capacidad de expresarse con palabras precisas, sin irse por ramas ni redundar con obviedades.
Es una verdadera lástima que en “mesas redondas” o conferencias y similares, sea una constante la reiteración de obviedades, que rara vez profundizan realmente en algo, cuando no son completamente improvisadas con poca objetividad o yéndose por ramas para hablar mucho diciendo poco.
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En este caso no se llegó a CONCLUSIONES (consensuadas por el grupo) por procedimiento de análisis secuenciado, contemplando a los diversos factores que se concatenan e influyen desde cada área de panelistas. Que es lo que SE SUPONE que debería pasar en una “mesa redonda” (que de redonda no tiene más que la alternancia de las opiniones, en forma cíclica), para dar lugar a cada óptica por especialidad que tiene relación con el tema a abordar y RARO que alguna se vez se cumpla así. Personalmente CASI NUNCA presencié alguna bien realizada (salvo periodísticas por TV y muy a las perdidas), regida por tal concepto que, obviamente, incluye al público presente tras las primeras breves exposiciones de los panelistas para INTRODUCIR sintéticamente al tema a debatir, con la actualidad de panorama o punto de vista de la propia área o especialidad. (¿Tanto se ha perdido la congruencia y criterio en los seres humanos?).
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Por ejemplo, coincido en que:
a) Los avances en formas o medios de comunicación son cada vez más veloces y más complejos.
b) Sí, tienta a las personas, no solo periodistas, a informar con ligereza por sobre el rigor de cerciorarse adecuadamente de los detalles (generalmente, o como mínimo, contrastando la veracidad de los hechos por otras vías).
c) Obviamente, también es correcto que hay que “democratizar” a los medios de comunicación, considerando a los mismos como también al acceso a informaciones veraces y al conocimiento en sí, como “cosa pública” y derecho inalienable de todos los seres humanos.
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Pero…
1.- ¿Cómo se podrá acceder a la información cuando, como bien lo has dado a entender y también Tiscar, buen parte o sectores ni siquiera tienen acceso a internet, computadoras/ordenadores o ELECTRICIDAD. (Con lo cual acontece una discriminación social terrible, por la impotencia de algunos al acceso, que quedan marginados y en condiciones muy inferiores hasta para defenderse en la vida o subsistir, ya que hoy, la actualización en informaciones específicas, como el acceso a formación y conocimientos mediante internet, se ha vuelto algo elemental en muchas cuestiones o ámbitos).
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2.- Entre los nuevos lenguajes y códigos (que no son lo mismo) no sólo está lo que mencionó de pasada Bieito, del Abc, de las caritas o emoticones con signos como éstos ;-) para manifestar emociones y ánimos; sino también las abreviaturas típicas de los SMS (mensajes de texto de telefonía), trasladados también a chat e, incluso, redes sociales como Twitter entre otras. Muchos de estos modismos de comunicación ya son códigos específicos que sólo dominan algunos sectores (o no todos), como si fueran encriptaciones de textos, o dialectos específicos, similares a los de algunos profesionales académicos cuyas expresiones están pletóricas de tecnicismos o denominaciones muy propios de la profesión. Sin ir más lejos, como antes pasaba con abogados y médicos, después economistas, ahora nos invade la terminología cibernética como “SMS”, “enlaces” (links), “Placa madre” (matherboard); “Memoria RAM”, Apps (aplicaciones); etc.
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3.- Lo que implica la combinación de avances en su velocidad, estilo “viento” como lo denominó Juan, con la brevedad de texto que impone el chat, SMS y redes sociales como Twitter; que es la de una rapidez de interpretación como de respuesta harto limitadas. Lo cual conlleva NO TOMARSE EL TIEMPO NECESARIO PARA ANALIZAR más que superficialmente a lo leído y, también, a responder de modo impreciso y subjetivo, por la limitación de caracteres, más el “apuro psicológico” del hábito social en el prejuicio de “domino bien la forma de expresarme” sobre todo por el “igual me entienden”. Lo cual lleva cada vez más a exigir empatía de los demás para descifrar qué habrá querido expresar con exactitud, por ir perdiéndola cada uno, en la comodidad intelectual del “se me entiende” y “entendí perfectamente” (lo que lea) cuando sólo captó algún detalle, en el cual centra su respuesta muchas veces errónea, por subjetiva de dar por obvio a lo que no lo es y ¡así surgen discusiones absurdas hasta interminables! (Suele notarse en infinidad de comentarios en blogs y noticias).
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Lo peor de la combinación de velocidad y brevedad: La tendencia a pensamiento binario y extremo: Si no es blanco, es negro (raro que gris, como si no pudiera haber colores). O si no es bueno, es malo. Me gusta o no. Y otras varias similares, que incluyen a la catalogación y descripción de los demás seres humanos en forma tan extrema. ¿Mejor ejemplo que las reacciones polares, que tanta violencia suscitan en lo político, religioso, y demás cuestiones sociales y humanas? (incluye a las violencias de género, familiares, entre colegiales que estigmatizan a compañeros y otras varias).
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Si a esto sumamos la excesiva confianza del teórico anonimato que ofrece internet en general (o dificultad de identificación específica de los desubicados o prepotentes). añadido a la distancia física (no podrán llegar a tu presencia para darte un puñetazo o similar)… demasiados se animan a decir cosas a la ligera o, por el contrario: cuando se solicitan datos identificatorios varios o precisos, la desconfianza a que éstos puedan caer en manos de pícaros y afectar al usuario, le lleva a no participar ni involucrarse, por pura desconfianza ante exigencias en un medio “poco confiable” como es internet, de tantas noticias de seguridades vulneradas que abundaron, aún hasta en los sitios “más seguros”.
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También hay otro factor: La PEREZA de participar, por el TRABAJO que implica PENSAR (y escribir correctamente) una respuesta o comentario más o menos lúcido o que aporte algo. Sobre todo por el AGOBIO psicológico de la sobreabundancia de información, acontecimientos y responsabilidades u obligaciones.
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En definitiva, porque no quiero pasar por panelista que aquí realiza su exposición, las nuevas tecnologías impusieron más lenguajes, más complejización (saturación y agobio con tantos datos y novedades) y menos tiempo. Con lo cual se pierde el criterio sensato y la capacidad de empatía (humanidad y valores) por FALTA DE SUFICIENTE REFLEXIÓN, tanto en lo que se recibe como información, como en lo que se expresará y cómo. Lo cual, también, afecta a la capacidad de análisis para toma de decisiones profundas y sensatas, que abarquen a múltiples factores o elementos que se concatenan e influyen. En otras palabras: pérdida de criterio y capacidad racional analítica, junto con la de sensibilidad social y valores éticos y humanos.
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Obviamente: Es a lo que PREDISPONEN los avances tecnológicos y nuevos lenguajes, pero está en cada uno (y en todos) colaborar a contrarrestar y evitar que esta situación, que se percibe en lo masivo y cotidianamente, continúe aconteciendo y hasta profundizándose.
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(P.D.: Si quieres, te puedo pasar por e-correo, 3 pág en Word, a la exposición de Juan Cruz, que la escribí íntegra para poder realizar citas textuales, pero desistí por demasiadas y extensas. Resulta casi incoherente, por expresiones inconexas de pensamiento desperdigado. Cuesta creer que sean palabras de un periodista profesional con muchos años de oficio).

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Sobre el autor

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires y desde hace más de 20 años ejerce la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Es Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Coordina el Núcleo de Política Educativa de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET) y el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (UMET/FLACSO/UERJ).

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