Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

La vida en tres tercios

Por: | 21 de marzo de 2013

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Un tweet de Antonio Caño me condujo a un artículo publicado en el dominical del The New York Times en el que Erin Callan, que había sido directora financiera del banco de inversiones Lehman Brothers, exponía sus amargas reflexiones sobre su vida de alta ejecutiva. El título me enganchó inmediatamente pues planteaba una cuestión que, tras cinco años de inmisericorde crisis económica, ha pasado a formar parte del paisaje cotidiano. "Is there life after work?" "¿Hay vida después del trabajo?"

Erin Callan explicaba en ese artículo que cuando trabajaba para Lehman Brothers, su vida entera giraba en torno al trabajo y era tan entusiasta y tenía tanta energía que cuando alguien le preguntó a su marido qué hacía el fin de semana, imaginando que habría estado escalando o algo por el estilo, él contestó la verdad: dormir. Dormir para recargar baterías y afrontar con energía la muy estresante, competitiva y absorbente vida entre las cristaleras de Leman Brothers, repletas de "amos del universo" dispuestos a todo para aumentar la cuantía de sus "bonus".

Mientras leía su testimonio venían a mi cabeza las terribles primeras escenas de la película Margin Call, en las que puede verse cómo un equipo de "ejecutores" llega de repente a la sede del banco y va llamando, por sorpresa y sin previo aviso, uno a uno, a los que ese día tendrán que pasar por el pelotón de ejecución de un despido fulminante. La notificación es irreversible y conforme las palabras que lo materializan salen de boca de los tecnocráticos verdugos, se van cortando materialmente los hilos del cordón umbilical que hasta ese momento les unía a la empresa: la cuenta del teléfono móvil, el acceso al servidor, la tarjeta corporativa....

Erin Callan no explica si a ella también la despidieron de esa gélida manera, ni si le dieron el ignominioso panfleto psicológico destinado a hacerle ver, por si en ese momento de shock le faltaba clarividencia, que el despido no era un asunto "personal" y que lo mejor que podía hacer era tomárselo como una "oportunidad". La oportunidad de un "nuevo comienzo", como se decía ambién en los muy profesionales y expeditivos despidos que habíamos visto en la película Up in the air.

Lo que sí explica Erin Callan es que se sintió devastada. Hasta ese preciso momento, su vida había girado por entero en torno a su carrera profesional y, aunque tenía familia y amigos, apenas era consciente "del resto de su vida". Ahí estaba el problema. Después de 20 años de entrega absoluta, de no vivir su vida, había sido declarada redundante, prescindible, en algún remoto despacho. En el aturdimiento que siguió a la brusca ruptura de esquemas, tenía dificultades incluso para saber siquiera quién era. Porque ella, hasta ese momento, solo era "lo que hacía".

ImagesCAK8EUECLe costó sobreponerse. Ahora, Erin Callan parece haber encontrado el sentido del "conjunto" de su vida, pero se da cuenta de que muchos de los deseos del tiempo perdido son ya irrecuperables. Y otros tal vez no, pero en todo caso serán difíciles de alcanzar. Por ejemplo, la oportunidad, a sus 47 años, de ser madre. Su testimonio ha avivado un debate que antes habían planteado otras altas ejecutivas, como Sheryl Sandberg, diectora de operaciones de Facebook, o Marissa Mayer, CEO de Yahoo, sobre el desequilibrio entre la vida y la profesión

Pero creo que, para llegar a sus últimas consecuencias, a Erin Callan le falta dar un paso más en su reflexión. Porque no es solo una cuestón personal. Le falta preguntarse por qué ella y tantos otros se han visto abocados a esa situación. Si, pese a que seguramente en todo momento se sintió libre de tomar las decisiones que tomó y de hacer las renuncias que hizo, era realmente tan libre como creía.

Ciertamente nadie le impedia vivir de otro modo. De hecho, mucha gente decide dar un vuelco a su vida de ejecutivo estresado y abandona en mitad de la carrera. Pero el ejercicio de esa libertad exige una decisión muy radical: renunciar a todo. Estar o no estar en el sistema. Esa es la cuestión. Porque en el modelo profesional que rige, dominado por una competitividad extrema, no se puede estar medias. Quien no esté dispuesto a entregarse en cuerpo y alma, difícilmente sobrevivirá.

Steve Jobs, el creador de Apple, en un discurso dirigido a directivos de las grandes corporaciones les aconsejaba regalar a sus subordinados ordenadores y móviles de última generación, sin reparar en gastos, porque eso redundaría en beneficio de la empresa. De lo que se trataba era de facilitar que todos sus cuadros pudieran trabajar "en todo momento". “A veces una idea genial surge estando en la bañera”, argumentaba. Las empresas no solo exigen una dedicación total a sus cuadros
directivos. Quieren también una identificación total.

Pero las condiciones de este tipo de relación vienen determinadas, en último término, por un modelo productivo general que tiende a dividir la vida en tres tercios, desconexos y hasta antagónicos. El primer tercio, que ya casi llega hasta los treinta, es de preparación. De acumulación de conocimiento, habilidades y destrezas profesionales orientadas a la fase productiva. En este tiempo, en general dependiente, son la familia y el Estado quienes asumen el coste.  

El segundo tercio es el de realización. Comienza al entrar, de forma más o menos estable, en el mercado laboral. Cuando eso ocurre, hay por delante, si hay suerte, treinta años de profesión. Al principio parecen muchos, pero pasan rápido. Enseguida se percibe que hay que ir deprisa y a por todas, porque el tiempo vuela y no se puede perder ninguna oportunidad. Hay que darlo todo en esa etapa que es también de acumulación, pero en este caso de bienes materiales.

Margin-call-pelicula-5[1]La competencia es feroz y si se quiere progresar y llegar profesionalmente vivo a los 60, no se puede descuidar ni un segundo porque, como dice Zygmunt Bauman, en estos tiempos líquidos, “el progreso se ha convertido en algo así como un persistente juego de las sillas en el que un momento de distracción puede comportar una derrota irreversible, una exclusión inapelable”. La amenaza de perder la silla está siempre ahí, omnipresente, de manera que “en lugar de grandes expectativas y dulces sueños, el progreso evoca un insomnio lleno de pesadillas en las que uno sueña que se queda rezagado, pierde el tren o se cae por la ventanilla de un vehículo que va a toda velocidad, y que no deja de acelerar”, dice Bauman. La entrega, pues, ha de ser total, y más ahora, sabiendo que a los 55, el profesional más brillante puede ser declarado prescindible. 

Al tercer tercio de la vida pocos entran de forma plácida. Muchos son arrojados a ella abruptamente: o los han despedido o se han ido a pique con la propia empresa. Con suerte, quedan por delante otros treinta años. Pero la jubilación anticipada no supone solo la muerte profesional. En muchos casos puede significar también la muerte civil. Y en aquellos que durante el tercio productivo han confundido el ser con el hacer, tal vez un pasaje a la depresión. Treinta años improductivos, cualquiera que sea la experiencia y la sabiduría acumulada, de caída forzosa de los ingresos y sin otro horizonte que esperar el declive final.  

La vida en tres tercios. Este es el modelo y no resulta fácil escapar de él. El primero de preparación y espera para llegar al segundo, tan absorbido por el trabajo que se dejará de lado “el resto de la vida” para poder alcanzar en buenas condiciones el tercero, al que de todos modos se llegará exhausto. En esta cultura mercantilista en que todo tiene un precio, ¿qué valor contable le damos a la vida que hemos dejado de vivir? ¿Qué sentido económico tiene explotar hasta hasta anularla la vida de una persona, y tirar después por la borda sus altas capacidades sin la menor consideración? 

¿No sería mejor un poco más de armonía vital, unas transiciones más suaves en las diferentes etapas y un mejor balance entre vida y profesión? Para eso haría falta cambiar muchas cosas.

 

Imágenes: Cartel publicitario de Margin Call; Eric Callan, alta ejecutiva de Lehman Brothers, y Demi Moore, actriz que encarna a una directiva del mismo banco en la película.

Hay 12 Comentarios

Siempre va bien tener una idea de las circunstancias de quien escribe. Erin Callan no fue declarada redundante 'por algun remoto despacho', ella no era un currito de a pie. Era la CFO (la que manejaba las cuentas) de Lehman Brothers que aseguraba que todo estaba divinamente a finales de 2007. Se merecia despido, carcel y ser declarada enemiga de la humanidad, pero se libró con una citacion del juez. Ahora se encuentra con 47 años, mucho tiempo libre y millonaria. Ya podemos sentarnos a ver la pelicula y a disfrutar sus lagrimas de cocodrilo.

Excelente entrada. Aunque, por mi parte, la extendiera a todos los trabajadores, no solo a los directivos. Nuestro sistema económico-social nos obliga a ser competitivos, a dedicar prácticamente todo el tiempo que estamos despiertos a trabajar. Es algo incompatible con los adelantos científico-técnicos que desembocaron en sucesivas Revoluciones Industriales, dirigidas a la construcción de máquinas que pueden sustituir al ser humano en todas aquellas actividades, menos las especificamente humanas, aquellas que nos caracterizan como pertenecientes a la especie humana.
Necesitamos cambiar el sistema, para poder desarrollar todas nuestras potencialidades, tener más tiempo para la familia y las amistades (el ser humano es un ser social), para disfrutar pensando y creando, para hacer lo que realmente nos gusta, para colaborar en la búsqueda de soluciones a los problemas que, actualmente, tiene la humanidad, en definitiva, para ser realmente, hombres y mujeres.
Trabajar menos, ganar menos, consumir menos, ser más felices, menos desigualdades económicas, mayor respeto a los derechos humanos.

Me ha gustado mucho este comentario. Estoy completamente de acuerdo con la esquematizacion de nuestra vida en tres tercios. Tenemos que pensar el lo que es realmente importante para nosotros. Sin duda el trabajo es muy importante, y es verdad que en el segundo tercio de nuestra vida mucho tiempo lo pasamos trabajando: es normal buscar felicidad y satisfacion en esto. Pero aquì en Italia decimos que tenemos que trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Hay otro ademàs del trabajo: en el segundo tercio de nuestra vida yo creo tambien que tengamos que prepararnos al ultimo tercio, que llegarà inexorablemente y muy ràpidamente. Yo estoy en el medio del segundo tercio de mi vida. Soy bastante satisfecho de mi profesìon, tambien si cuando empezè a trabajar despues mucho sacrificios durante mis estudios esperaba en algo mejor: me consolo piensando que otros no han tenido mi suerte: una familia, una esposa maravillosa, dos hijos sanos. Qué quiero mas ?

No creo que la decisión sea tan tajante como estar dentro o fuera del "sistema" - pero eso sí, la decisión hay que tomarla antes de meterse en puestos directivos. Se puede trabajar hasta tu hora e irte a casa todos los días si te conformas con menos sueldo y no tener ascensos. Muchos lo hemos hecho, y el que quiera vivir por y para la empresa ya sabe lo que le espera - incluyendo el despido fulminante, por supuesto, pero eso nos puede pasar a todos y no nes hemos llevado los bonus que se llevan ellos.

Lo felicito por un maravilloso comentario, introduzca los pensamientos muy hermosos

Ahora prestamos atención a una directiva de Lehman Brothers. Curioso que alguien pretenda hacernos creer que alguien de esa empresa tiene alguna autoridad, siquiera derecho, a enseñarnos algo o ser escuchado, cuando el nombre de esa empresa debería estar ardiendo en una pira.

Los poco ejecutivos que, exitosos, llegan al último tercio bien forrados, con sus buenas mansiones, yates etc. no creo que se cuestionen la forma en que han vivido, en todo caso lo harán los fracasados y aún dentro de éstos pocos se preguntarán, como dice la señora Milagros, si fueron realmente libres al elegir hacer el gilipollas y menos aún los que se respondan que lo fueron efectivamente.
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Porque, al menos en Europa, no sé si en la misma medida en USA, dentro de las empresas hay una cosa que se llama sindicatos que facilita la posibilidad de contrastar para elegir si se está ciegamente con la dirección o con reservas legales y legítimas. Que tal posibilidad de contraste existiera durante el tercio productivo debería animar a estos ejecutivos a poner su granito de arena, al menos en ese tercer tercio: los yayoflautas

Todos sabemos que tenemos en esta vida un tiempo, un tiempo que mucho o poco es limitado, evidentemente esto te obliga a elegir, y el hecho de poder elegir ya es una suerte, hay muchas personas en el mundo que trabajan jornadas de trabajo extenuantes y no han escogido esa vida , sino que les ha venido impuesta. Cuando ella decidió dedicarse intensamente a su trabajo, escogió un camino que la hizo feliz muchos años, ahora ha tenido un tropiezo, toca adaptarse.

Hace unos días estuve en una residencia de ancianos, limpia y luminosa, con un amplio patio interior que tenía un porche, a modo de claustro como el de los monasterios. Salvo que, en vez de una sucesión de pinturas describiendo la vida de un santo, se mostraba una colección de fotocopias coloreadas agrupadas bajo el título “El verano”. Entre ellas, había una en la que podía verse un niño sonriente con un cubo y una pala, otra en la que aparecía una enorme pelota de playa, otra más con un barquito y así sucesivamente. Al parecer, se trataba de una exposición de los trabajos artísticos de los abuelos. Los mismos que hacen los niños de tres y cuatro años. Es de suponer que, próximamente, habrá otra exposición sobre “La navidad”.

Los extremos se tocan y el círculo se cierra. Después de una larga vida de esperanzas y trabajos volvemos a colorear las fichas que nos ofrecen unas señoritas. Precisamente en este momento en el que tenemos la oportunidad de deseducarnos, de desaprender.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/desaprender

Excelente entrada...
Acabo de acceder al segundo tercio, aspecto laboral exitoso, realización y expectativas. Vida familiar en orden, armoniosa y feliz. Ahora, no hay día en que me levante por la mañana o al ir a la cocina a por un vaso de agua en mitad de la noche, no piense en lo feliz que sería cumpliendo muchos tópicos felices... Huerta, sol, aceitunas, viento... Pero, sería posible conseguirlos sin un sustento?
Sin duda es uno de los problemas más grandes que nos encontramos en esta sociedad y este sistema... La lucha existencialista de no entender la vida como quisiéramos al estar subsumidos y confundidos por el prisma de lo material

Debo ir al psicólogo????

Le doy la enhorabuena por escribir sobre un tema del que casi nadie quiere hablar. Ya se sabe, no nos gusta que nos pongan el espejo delante.

A mi modo de ver, el quid de la cuestión es que pensamos que las grandes empresas nos darán la seguridad que buscamos, y no es cierto. El miedo no debería ser el motor de nuestras decisiones.Cuando la mayoría de las personas se da cuenta, ya es tarde ( o casi).

El proyecto más importante es el de "diseñar" nuestra propia vida. Hay otras formas de volcarse en los proyectos profesionales sin renunciar a uno mismo. Deberían estar desprestigiadas las empresas que exigen esa identificación total que lleva a inmolarse. Todavía no se han dado cuanta de que para pensar, ser creativo y productivo hace falta tener tiempo para realizar actividades que nos nutran, y dormir. Únicamente con mucho arrojo y fuerza uno mismo se puede construir un modelo distinto de vida en el que quepan los diferentes ámbitos que intervienen en la consecución de una vida harmónica y enriquecedora (en la medida de lo posible).

Si por armonia vital, la autora entiende un balance equilibrado de la vida de una persona además de un mejor balance entre vida y profesión , que sería solamente un aspecto de esa armonía vital, pienso que sería excelente conseguir esa armonía vital. Recomiendo la lectura del libro de B. Ware,enfermera australiana que trabajó en curas paliativas, The top five Regrets of the Dying. La falta de armonía entre profesión y vida es solamente un aspecto a considerar en el balance de una vida.

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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