Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

Los "lobbys" no hacen escraches

Por: | 20 de abril de 2013

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Tanto escándalo con los escraches, y ya se ha visto el poder de coacción que tiene este denostado procedimiento de protesta. Nulo. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca los había convocado para presionar a los diputados del PP para que adoptaran las propuestas contenidas en la iniciativa legislativa popular que había presentado en el Congreso de los Diputados con el aval de casi un millón y medio de firmas. El movimiento había cosechado un primer éxito al torcer la pretensión inicial del PP de no tomar siquiera en consideración el proyecto legislativo. La rectificación hizo albergar esperanzas de que, con la ayuda de la oposición parlamentaria y la presión ciudadana, las propuestas de la plataforma pudieran tener recorrido legislativo. Ya se ha visto que no. El PP ha aplicado el rodillo de su mayoría absoluta no solo para evitar que la iniciativa legislativa popular llegara a votarse, sino para que el proyecto de ley refundido, en cuyo contenido no se reconocen ni la plataforma ni los partidos de la oposición, pueda salir adelante sin tener siquiera que ser debatido en el pleno del Parlamento.

A este proceder, en puridad, no se le puede llamar coacción, porque es legal, pero es una afrenta para los ciudadanos que apoyaron la iniciativa y supone el desprecio prepotente de este procedimiento de participación ciudadana en las tareas legislativas. Semejante burla no deja de ahondar la crisis de intermediación en la que ha caído la política representativa. 

Toda la polémica creada en torno a los escraches ha sido utilizada además para distraer la atención de lo fundamental: el colosal conflicto de intereses que se dirime en esta ley. Lo que se decide es quién y en qué medida ha de pagar esta parte del desaguisado de la burbuja inmobiliaria. Si los costes derivados de la crisis financiera se han de repartir de forma más equitativa entre el deudor y el acreedor, o ha de recaer fundamentalmente como hasta ahora sobre el desahuciado.

PolisCada parte ha sacado sus mejores armas. Y ya se ha visto que eran muy desiguales. Simplificando: lobbys contra escraches. Pese al escándalo que ha rodeado el “acoso” público a los políticos en la puerta de sus casas, los escraches han demostrado infinitamente menos poder de persuasión e intimidación que el que ha logrado ejercer, con la discreción de las serpientes, el sistema bancario. La “presión de los pobres” como se ha bautizado a estos escraches, es alborotadora y molesta. El lobby de mantel en cambio es discreto y no solo es mucho más agradable para sus señorías, sino también mucho más efectivo. Y sobre todo, no perturba la paz de las calles, no rompe las reglas del juego.

Ocurre sin embargo que estas reglas son cada vez más discutidas. Cada vez hay más gente dispuesta a saltar por encima de ellas, dada la nula efectividad de los canales previstos para defender sus legítimos intereses. Se podrán discutir las formas y los límites que han de tener los escraches, pero no cabe duda de que son una respuesta defensiva frente a la insensibilidad de los gobernantes. Y si han causado tanta incomodidad es por lo que rtienen de transgresión de unas reglas percibidas como tramposas por quienes no tienen otro modo de presión que llevar a la calle su desesperanza

Se puede  acosar y oprimir por decreto, llevar a las personas a la miseria sin que hayan tenido nada que ver con la crisis financiera que les ha sentenciado, se puede indultar con descaro a los poderosos y hasta cambiar toda una legislación para beneficiar a una sola persona si es un banquero, pero no se puede “señalar” a quienes cometen tales atropellos. Y por supuesto, no se puede someter a escarnio público a quienes, con el poder que les ha concedido la ciudadanía, lo permiten.

Resulta sorprendente la vehemencia que han puesto en la defensa de la esfera privada de los políticos unos cargos electos que comparten escaño y hasta consejo de ministros con quienes no solo no hacen esos distingos a la hora de relacionarse con el poder económico, sino que en su vida privada aceptan confetis y prebendas a través de los vasos comunicantes que han establecido entre sus cargos públicos y sus cuentas corrientes.

TresLos escraches han puesto en evidencia las enormes carencias de un sistema de representación política que no contempla la rendición de cuentas más allá de las elecciones que se celebran cada cuatro años. Un sistema que permite que los cargos electos puedan transgredir el contrato que establecieron con el ciudadano a través del programa electoral cada vez que le convenga sin tener que dar explicaciones a nadie más que a quien les ha colocado en las listas.

Los escraches son perturbadores, ciertamente, pero ni son "nazismo puro" como sostiene Dolores de Cospedal, ni la expresión de un "anarquismo disolvente" como dice Felipe González. Quienes los califican con tanta severidad deberían preguntarse por qué estas protestas han tenido y siguen teniendo tanto apoyo ciudadano. Hasta un 89% de quienes respondieron hace un mes a la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS expresaron su apoyo a ellas. Y a pesar de la feroz campaña de criminalización lanzada por el PP contra la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y su líder, Ada Colau, el poyo seguía siendo hace unos días del 78%.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca valora suspender de momento la campaña de los escraches. Pero la crisis se ha cerrado en falso. Puede que de momento este modo cínico de ejercer el poder se haya salvado, pero también puede ocurrir que el deteriorado sistema de representación que lo ampara no sobreviva mucho tiempo para contarlo. Y hasta es deseable que esto suceda.

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Hay 12 Comentarios

Muy bueno el artículo.

Buen artículo de una comentarista que parece haber ido dejando a la espalda unos antecedentes de "corrección política" de dudoso valor periodístico. Y excelente manera de plantear un debate socio-político que es de candente actualidad en un país cada vez menos sumiso y acomodaticio. A mi entender, el periodismo debe ser lo que la Sra Oliva tan sagazmente ha expuesto en su columna. Felicidades

Creo, espero y deseo que esto sólo sea el comienzo. Cada vez están conviertiendo a más gente en anti-sistema, y llegará un día en que los "anti-sistema" nos cargaremos el sistema. Nuestra paciencia tiene un limite. Ya está bién de ampararse en esta supuesta democracia para defender a los mas poderosos, de utilizar la excusa de la crisis para cargarse un Estado del bienestar que nadie nos ha regalado, ha costado la lucha de mucha gente, e incluso algunos muertos. Y lo peor es que no lo hacen para salir de la crisis, sino por motivos ideológicos. Y sinceramente, cada vez tengo más claro que están justificando el uso de la violencia. Una violencia mucho más grave es que echen a ancianos, a familias con hijos de sus casas para dárselas a unos Bancos a los que previamente hemos rescatado con dinero público. Es el colmo del cinismo.

Muy de acuerdo con Vd. Creo que es hora que haya una reforma a fondo del sistema democratico, introduciendo procedimientos de democracia directa, como el voto por internet y aprobacion del presupuesto por los ciudadanos y el voto de censura al presidente. El sistema actual es una tomadura de pelo al ciudadano y a la democracia. A la casta política no le interesa que esto cambie, acunados como estan por los poderes económicos que son cualquier cosa menos democráticos.

Perfecto

Vídeo de la Plataforma en Defensa de las Libertades Democráticas (PDLD)." Con l@s trabajador@s. Por las libertades”: http://www.youtube.com/watch?v=T4tgXDJ1H6g

De acuerdo con usted. Hay demasiadas razones Los deshaucios es una de ellas, (pero, ni mucho menos, es la más importante y poderosas) que demuestran que no estamos en una democracia representativa, si no en una oligarquia o, sencillamente, una democracia. Ante esta situación, a la ciudadanía le corresponde defenderse y, sobre todo, intentar instuarar otro tipo de democracia: los filósofos políticos contemporános no dejan de indicar la oportunidad de una democracia "por consenso". Los tiempos cambían y los ciudadanos del siglo XXI no son los del siglo XVII, ni siquiera los de la primera mitad del siglo XX.

No cabía otra solución, si acosando, insultando o persiguiendo a sus domicilios se hubiese conseguido lo que pedían, a partir de mañana todos sabríamos lo que teníamos que hacer para obtener nuestros objetivos. Y todos significa todos: fachas, nazis o anarquistas, da igual, todos se sumarían a los métodos de la coacción. La democracia no funciona por la coacción, sino por la razón y el convencimiento y la Colau no lo ha entendido y con su ceguera se ha cargado un colectivo de personas que deberían haber obtenido más comprensión de su situación. Los afectados por las hipotecas fueron a caer en manos de una radical que les ha dejado sin nada.

Los objetivos de este tipo de movimientos que se han puesto de moda en la sociedad española no suelen ser lo que reivindican sino otros, mas particulares, de las personas que los lideran. Objetivos como el de lograr protagonismo mediático que luego de una u otra forma rentabilizan. Ada Colau ha fortalecido su liderazgo liderando una causa que no le afectaba de forma directa y sin lograr nada, algo que en el futuro le puede abrir muchas puertas, en la política, en el sindicalismo, dentro del mundo de las ONG,s , además acaba de publicar un libro.

Los ciudadanos y ciudadanas, las familias somos la base de la sociedad, el pueblo raso es el que sustenta la maquinaria del estado, y las instituciones.
Sostenemos el estado pagando todo el gasto.
Consumimos los productos fabricados, y somos la correa de transmisión que da vida a toda la producción nacional y a la industria de país.
La gente en general, somos el principal fundamento y el fin de la sociedad.
Nos dotamos de leyes y normas que regulan nuestra convivencia porque existimos como personas que viven en comunidad.
Las personas somos anteriores a las normas, su razón de ser y no al revés.
Las normas no fallan, aunque sean algunas de ellas un poco antiguas.
Ni las instituciones del estado tampoco fallan.
Al igual que los coches, ni se estrellan solos ni cometen accidentes por muy potentes que sean.
Son las personas que conducen responsables de los mismos los culpables del mal uso de las máquinas.
Son las personas responsables de velar por el buen funcionamiento de la maquinaria de la sociedad, quienes permiten la comisión de errores sociales que dañan a la sociedad.
A la gente se nos pide el pago ineludible de los impuestos con los que mantener el estado.
Y la gente debe exigir el cumplimiento fiel de la responsabilidad en la función pública a los responsables que la ejercen.
No se nos pueden meter goles continuamente a la ciudadanía, impunemente y que nadie sea responsable.
La democracia es responsabilidad y solvencia y no que cada cual haga lo que le venga en gana.
Y menos que nos cuenten una excusa de mal pagador, intentando justificar el patinazo culpando al personal que sufre las consecuencias.
Encima.


Excelente y valiente artículo. Lástima que la línea editorial de El Pais esté justo en las antípodas de lo que ud. afirma.

Excelente artículo de opinión. Por un momento tras leer el titular pensaba que el contenido sería diametralmente opuesto. El sector de la abogacía debería apoyar incondicionalmente a estos movimientos sociales, amparados en uno de los derechos fundamentales que más se han vulnerado.

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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