Cosas que importan

Cosas que importan

No tan deprisa. Las cosas importantes no están solo en los grandes titulares de portada. A veces se esconden en pequeños repliegues de la realidad. En este espacio habrá mucho de búsqueda, de exploración, de reflexión sobre las cosas, pequeñas y grandes, que nos pasan. Y sobre algo que condiciona, cada vez más, la percepción que tenemos de lo que ocurre, la comunicación.

¿Por qué haber doblado la esperanza de vida ha de ser una catástrofe?

Por: | 25 de noviembre de 2013

Nunca antes el frágil Estado de Bienestar que habíamos construido en España había sufrido una deslegitimación tan insistente como ahora. La crisis ha sido la excusa, pero el desmantelamiento de lo público forma parte de una agenda política previa, la del neoliberalismo, que tuvo en los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher a sus mejores valedores. Cuando en Inglaterra están ya de vuelta porque han podido comprobar el desastre que ha supuesto la privatización del transporte público o la sanidad, aquí estamos en el camino de ida.

La ofensiva se concreta en una oleada legislativa que debilita las instituciones de defensa colectiva, como la legislación laboral, o de protección frente a la adversidad, como el sistema de pensiones o la sanidad pública. Esas reformas, que en realidad son retrocesos, se justifican en base a dos premisas: que el actual modelo es insostenibles y que resta competitividad a la economía.

En realidad, tales premisas no han sido sometidas a un verdadero debate político porque lo que se pretendía no era discutir cómo preservar el Estado de bienestar, sino justificar la necesidad de recortarlo. Hay que reconocer que esta estrategia ha tenido éxito, y no solo porque el miedo esparcido por la crisis ha disminuido la capacidad de reacción, sino porque ha encontrado el campo ideológico bien abonado. Este tipo de batallas no se ganan o se pierden cuando se vota en el Parlamento la reforma laboral o de la de las pensiones, sino mucho antes. Tal vez décadas antes, cuando se fijan los marcos conceptuales en los que más tarde quedará encorsetado el debate. Y en España, esos marcos se establecieron hace ya tiempo, de la mano de unas ideas liberalizadoras que, a modo de silenciosos caballos de Troya, penetraron en el discurso político sin encontrar apenas resistencia.

Aula tercera edad

El de las pensiones es el ejemplo más claro. ¿Cómo es posible que el que ha sido sin duda el mayor logro de la historia de la humanidad se presente un día sí y otro también en todo tipo de informes y noticias como un problema que amenaza nuestro futuro y el de nuestros hijos? Me refiero al hecho de que en apenas un siglo hayamos logrado, al menos en los países avanzados, doblar la esperanza media de vida. Nunca antes se había producido un salto tan colosal, pero se presenta como una catástrofe económica.

El envejecimiento de la población es el argumento que se utiliza para justificar el recorte de las pensiones. Sin embargo, la biología no determina que los años que hemos ganado de vida hayan de ser improductivos. Ni que todos sean años de dependencia. Diferentes estudios han demostrado que la mayor parte del gasto sanitario y social que hace una persona se concentra en los cinco últimos años de vida, independientemente de la edad a la que muera. El problema no es que vivamos más sino que el actual modelo económico es incapaz de generar actividad suficiente para absorber ese incremento de capacidad. De hecho, ni siquiera es capaz de garantiza pleno empleo a la población en edad de trabajar.

Hace veinte años se utilizaron agoreros pronósticos demográficos que alertaban de los catastróficos efectos que el envejecimiento y la pérdida de población tendrían para el sistema de pensiones, cuya quiebra se pronosticaba como ineludible justo cuando los bancos lanzaban sus planes privados. Apenas unos años después, el país importaba 4,5 millones de trabajadores y la Seguridad Social exhibía un magnífico superávit.

La pirámide de edad es importante, no cabe duda, pero lo determinante es la capacidad de la economía para generar actividad. Y de eso apenas se habla. Los efectos de la longevidad dependerán de que sepamos crear una economía capaz de aprovechar esa productividad ganada. Visto así, el debate no debería ser cómo recortamos y condenamos a la pobreza cada vez a más gente a edad más temprana, sino cómo aprovechamos la capacidad productiva ganada, que es algo muy distinto. Un planteamiento de este tipo llevaría a discutir otro tipo de respuestas, por ejemplo un reparto distinto del trabajo, entre las personas y a lo largo de la vida.

Ahora se abre paso la idea de que el sistema sanitario público será insostenible. De momento se ha comenzado por privatizar una parte de la gestión, pero el siguiente paso puede ser proponer un sistema de prestaciones básicas para todos, a complementar cada cual con una póliza privada. Se vestirá como una medida inevitable y además justa, en la medida que garantizará una cobertura mínima igual para todos. Pero será la puntilla del principal valor de un sistema público: la equidad.

Si la discusión se reduce a los términos económicos, la batalla estará perdida. Porque, ¿en cuánto podemos valorar la tranquilidad que da saber que si el azar nos depara un cáncer, tendremos las mejor respuesta que la medicina pueda ofrecer sin tener en cuenta nuestra posición social. ¿Y qué valor monetario damos a la cohesión social que eso proporciona? Solo un dato: en EEUU, el país que más gasta en sanidad —el 18% de su PIB— hay 40 millones de ciudadanos sin cobertura médica, a los que ahora Obama quiere rescatar. Y el 63% de las quiebras económicas familiares son por emergencias de salud. Nosotros, con un gasto del 8% del PIB, podemos ofrecer una cobertura tan buena como la de cualquier país avanzado y a toda la población. Luego no es una cuestión de dinero, sino de modelo.

PS.

Luis Recuenco, sociólogo y politólogo, profesor en la Universidad Pompeu Fabra, que investiga sobre políticas públicas (económicas y sociales) pensiones y jubilación, aporta a través de Twitter (@Recuenco3) algunos datos sobre la tesis de este artículo que reproduzco aquí por su interés.

El número de pensiones contributivas se incrementó en España desde 7.556.230 en 1996 a 8.227.243 en 2006. Sin embargo, en 1999 gastábamos el 9,6% del PIB en pensiones mientras que en 2006 era el 8,9%. La evolución supuso un menor gasto, ya que la productividad aumentó en mayor medida que el nº de pensionistas.

Imagen: Alumnos de un Aula de la Tercera de Edad, en Valencia. /Mónica Torres

Hay 8 Comentarios

El estado de bienestar es inviable cuando en vez de tener un banco central que apoye la política de los estados tenemos un BCE que da dinero a los bancos al 0.25% para que encima, en vez de financiar a la economía real, se dediquen a adquirir la deuda pública que tenía que haber financiado el dichoso banco centra, cobrando el 4% o más y si el estado no puede pagar, la UE dice que rescata al estado cuando lo que hace es rescatar los beneficios del banco. En Grecia van sabiendo un poco de esto. Tenemos una clase dirigente chupasangres.

La democracia representativa es perfecta para el poder económico: el poder económico vota siempre, indistintamente del candidato, con su dinero en cualquier momento (comprando voluntades, puertas giratorias, presión mediática). El ciudadano, sólo cada cuatro años.

Lo de un distinto reparto del trabajo me parece una idea genial. No sé cómo será en España, pero acá en Alemania existen numerosísimos maestros y maestras que están hartas o ya no quisieran enseñar más en sus vidas, médicos y médicas que ya no pueden ver sangre, masajistas que desearían demoler a sus pacientes, camareros y camareras que quisieran no volver a servir un solo plato en sus vidas, choferes que detestan el tráfico, y sigue la lista. Por otra parte, la huelga 'de la basura' de Madrid ha demostrado la capital importancia que ese trabajo tiene para la vida de todos. Sin embargo, ¿quién lo aprecia? Una sociedad igualitaria debería obligar (mejor: animar) a toda persona no a servir por ley al ejército un par de años de su vida (una necedad que solo alimenta las arcas de la industria armamentística): sino a servir en restaurantes, en asilos, en hospitales, cárceles y en el sistema de limpieza de la ciudad. Nos haríamos todos más civilizados y nos divertiríamos haciendo cosas diferentes que contribuirían a que volviéramos con más entusiasmo a nuestro trabajo original. Comprenderíamos que, al millonario que no quiere limpiar su propio detritus, de poco le valdría su dinero y que un empleado de limpieza es tan primordial como un empresario. Con empleados y empleadas de la limpieza que ganasen más que el promedio: tendríamos casas, edificios y ciudades enteras relucientes y muy bien cuidados. El problema es que tal vez no queremos una sociedad igualitaria.

Se puede decir, entonces, que es un modelo económico especialista en guerras preventivas: en otras palabras, antes de que sean un problema directo para mí (los ancianos, los sin techo, los enfermos, etc.), me los cargo. Y eso, a pesar de que el sistema se creó justamente para protegerlos. El problema principal tal vez sea que el modelo se define a partir de la acumulación: de bienes, de productos, de capital y de poder. Vale decir, es, por definición, devorador. Para acumular solo tienes dos caminos: producir o quitarles a otros lo suyo (legal o ilegalmente, vendiendo más que los demás o saqueándolos en sus momentos de debilidad). Pero es más fácil devorar lo de los demás y a los demás que producir. Por otro lado, el modelo permite y alienta la existencia de monopolios cada vez más fuertes, por lo tanto, tiene muy poco de 'libre' y solo defiende sus intereses. Lo triste es que las metas particulares son tener diez coches, cientos de diamantes, un par de palacios, esas cosas que, bien vistas, son pura vanidad y, sin embargo, hacen daño a tanta gente. La llamada prensa del corazón y la prensa real, entre otras (El Maíz ya se plegó), son por eso un verdadero veneno social.

http://nelygarcia.wordpress.com Las ideologías conservadoras supuestamente, están al acecho y cuando la oportunidad se presenta, dan el zarpazo de los recortes.

Para conseguir "un reparto distinto del trabajo, entre las personas y a lo largo de la vida", necesitamos encontrar una cura alternativa a la "demencia senil del capitalismo", estimada Milagros.

Porque el mundo no está preparado para tanta gente. Hay superpoblación. Antes se solucionaba con más guerras pero ahora somos demasiados para un sistema tan mal organizado http://xurl.es/9ik46

Es claro que si no hubiera crisis se la tendrían que inventar porque les ha venido de perlas para justificar los recortes de todo tipo. Sin embargo hay un recorte que ya no es al estado del bienestar sino al de la democracia en tanto que sistema representativo de intereses contrapuestos y de separación de poderes que va en paralelo y, creo, como colaborador necesario para conseguir que el resto de recortes vayan fraguando. No se puede conseguir tanto como están recortando en derechos sin antes haberse asegurado la falta de respuesta a esas políticas y lo han hecho tejiendo pacientemente un sistema supuestamente representativo, pero que no lo es. Los partidos no representan los intereses de la gente, ni en ellos se practica una verdadera democracia, hace años que está cada vez más claro. Las conexiones entre políticos en activo y las grandes corporaciones económicas y empresariales son obscenas. PP y PSOE podrán diferir en aspectos parciales de la organización social, pero muchos recortes ya los empezaron los mal llamados socialistas, o el PP con la inestimable colaboración de sindicatos otrora respetables (¿recuerdan al ínclito José María Fidalgo y las privatizaciones iniciadas en el antonces INSALUD con su aquiescencia?) Recortan porque pueden, apenas quedan agentes sociales con fuerza moral, ni prestigio para oponérseles. Desgraciadamente han conseguido tener una sociedad prácticamente indefensa. Eso sin contar con las colaboraciones, también necesarias, aunque insuficientes, de medios de información afines (RTVE, RTVV, La Razón, y un largo etcétera)

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Sobre el autor

Milagros Pérez Oliva. Me incorporé a la redacción de EL PAÍS en 1982 y como ya hace bastante tiempo de eso, he tenido la oportunidad de hacer de todo: redactora de guardia, reportera todoterreno, periodista especializada en salud y biomedicina, jefe de sección, redactora jefe, editorialista. Durante tres años he sido también Defensora del Lector y desde esa responsabilidad he podido reflexionar sobre la ética y la práctica del oficio. Me encanta escribir entrevistas, reportajes, columnas, informes y ahora también este blog. Gracias por leerme.

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